La historia del urbanismo en España es la historia de las ciudades de España, su germen griego y fenicio; sus inicios romanos, para pasar luego por las ciudades medievales y de la Edad Moderna. Todo esto englobado en la ciudad preindustrial. La ciudad industrial comenzaría con el , que es fruto de los lentos cambios socioeconómicos que afectaron al país en ese mismo siglo, hasta la ciudad actual con una preocupación más fuerte por los servicios.

A partir de la época romana, podemos hablar de hecho urbano. Uno de los aspectos de la urbanización en este periodo fue la adaptación de estos enclaves a los criterios urbanísticos de Roma. El plano es de tipo ortogonal, que presenta el cardus y el decumanus, que atravesarían la ciudad en forma de cruz. En otras ciudades se implantan diferentes organismos para poder controlar la población y también habrá obras como acueductos como en Tarraco, Augusta Emerita, etc. Ya en la Edad Media, la invasión musulmana trajo consigo la desaparición de núcleos del sur y en el norte aparecen varios de nueva planta.

Durante la Edad Moderna, el carácter defensivo cobra importancia, lo que se refleja en el plano de la ciudad, sobre todo en las fronterizas y costeras que refuerzan su carácter de fortificaciones considerándose como. No hay que olvidar la creación de nuevas ciudades en el Nuevo Mundo, creación que en número no ha sido superado todavía, y que responden a una serie de patrones recogidos en la Leyes de Yndias, en la recopilación hecha en tiempos de Felipe II. Las ciudades tenían calles trazadas a cordel y la situación de los principales edificios (casa de Gobierno, Iglesia Mayor...) y espacios públicos (plazas) están perfectamente determinados.

En el se da el cambio de dinastía produciéndose una reactivación económica donde predominan las ideas barrocas. La voluntad real buscó el prototipo de ciudad ilustrada, habiendo construcciones racionales, funcionales, grandiosidad formal, atracción por los espacios abiertos y proliferación de edificios dedicados a la enseñanza y sanidad. Destaca Carlos III en Madrid, que trazó el paseo del Prado y abrió gran parte de los pasos: Puerta de Alcalá, edificios monumentales en las entradas de la ciudad.

Una vez que se empezó a afianzar la industrialización a madiados del , las capitales provinciales empezaron a recibir aporte de población, las más beneficiadas serán Cataluña y Asturias. Entonces, el plano urbano pasó a caracterizarse por el ensanche que surge de las intervenciones de la burguesía y que sigue un modelo de cuadrícula donde el espacio establecido es conocido como generador de renta. Son casi como una auténtica ciudad nueva, Barcelona fue el primer ejemplo, después se dio en Bilbao, Madrid y San Sebastián. En Barcelona, las autoridades para hacer frente al crecimiento demográfico y diferentes epidemias mandan crear un ensanche al ingeniero Ildefonso Cerdá que efectuó el proyecto de reforma en 1859. En 1860 se aprobó el de Madrid llevado a cabo por Carlos María de Castro. Los ensanches tienen un punto de inflexión en 1892 cuando se dictó la Ley de ensanche que facilita la proyección de ensanches de todas las ciudades españolas.

Hasta la Guerra Civil se sigue con la continuidad de los procesos urbanísticos anteriores. Hay una reforma interior de los centros históricos, derribos, realineaciones, saneamientos, etc. También se articuló el espacio urbano con la consolidación de los ensanches y potenció el desarrollo ya que era una forma válida de producir espacio urbano. Posteriormente, entre 1939 y 1959, se da la autarquía económica. Es una situación de declive llamada "etapa de la miseria urbana". A partir de aquí se inicia un intervencionismo total.

En la actualidad se da la recuperación de los centros históricos para turismo, embellecimiento urbanístico, espacios verdes y ocio, difusión del tejido urbano de baja densidad (adosados), papel de los servicios en la comunidad y nuevos usos del suelo en la periferia como residencia y mercados, parques de ocio, científicos. Al llevarse la industria fuera del espacio urbano se sustituye con importancia para las vivencias y servicios.

Edad Antigua

Antes del el hecho urbano no existía, si había una serie de factorías comerciales de fenicios y griegos como Malaka o Gadir que eran asentamientos protourbanos. Junto a estos habría enclaves de carácter defensivo o planta circular (castra) o rectangular (oppida).

miniaturadeimagen|Plano romano de Caesaraugusta, encuadrado en la Zaragoza actual. Puede verse el decumanus maximus (1), el cardus maximus (2), el foro de Caesaraugusta (3), el puerto fluvial (4), los baños públicos (5), el teatro (6) y la muralla (7).

Edad Media

Dejando aparte la contribución de Roma a la urbanización de la península, el que debería considerarse como primer urbanista español (y quizá europeo, tras la etapa clásica) fue el fraile valenciano Eiximenes, que en el trató la forma de la ciudad ideal en sus escritos teológicos, obras que tuvieron gran repercusión en la forma de los nuevos poblados que por entonces se iban creando en el reino de Valencia, conforme avanzaba la Reconquista, e incluso en el frontero reino de Castilla.

Eiximenes propone una ciudad con calles que se cortan ortogonalmente, un trazado en damero, ya conocido desde los griegos (creado por Hipodamo de Mileto), añadiendo una cierta sectorización de usos.

La ciudad musulmana se organizaba por la presencia de una alcazaba que protege a la ciudad, dentro de esa muralla se inserta la mezquita, baños y la alcaicería. Fuera en los arrabales también podía haber barrios. El plano urbano se integra por una serie de calles sinuosas que desde el centro de la ciudad iban hacia la muralla, las calles principales se dividían en secundarias, también sinuosas y estrechas y solían unirse a callejones. En las zonas de encrucijadas se instalaba el zoco y la plaza no existía. Es irregular y con gran preocupación de la vivienda y su espacio interior. Esta ciudad tuvo su esplendor en el y . La posterior ocupación cristiana significó la adaptación cristiana a esas ciudades.

La ciudad cristiana presenta variedad de formas. Destaca el Camino de Santiago que da lugar a la formación de elementos urbanos a los que los reyes concedían bastantes privilegios como Jaca, Pamplona, Astorga o Burgos, con plano lineal en torno al camino. Ya en el la reconquista toma un nuevo impulso y se conceden privilegios a la población que ya existía y los propios reyes fundan ciudades con trazado regular o irregular, aunque predominan las regulares, reflejo de la organización social y económica de este periodo, existiría una calle para los nobles, la iglesia sería muy importante, habrá zonas para las manufacturas, otra para los judíos. En esta época aparece, en los territorios de la Corona de Aragón, el influjo del fraile Eiximenis. El elemento más diferenciador es la presencia de la plaza como sustituto del Zoco, que en muchas ciudades conservará el nombre de Azogue. En el bajo medievo la labor de urbanización fue llevada a cabo por otras instituciones feudales destacando los señores de Vizcaya y las órdenes militares.

Edad Moderna

Durante la Edad Moderna en España no aparecen señales de que hubiera preocupación por el trazado urbano, y las poblaciones siguieron la tónica de crecimiento orgánico de las ciudades mediterráneas, pero el influjo de Eiximenis se nota en la aventura de la Colonización española de América. Las nuevas ciudades que se crearon en Hispanoamérica, con una gran repercusión en el urbanismo del resto del continente, deben mucho a sus ideas. Y no hay que olvidar que ningún otro imperio ha creado tantas ciudades como los españoles, fundamentalmente en América.

Quizá la aportación más importante de España al urbanismo de entonces se hace en las Leyes de Indias, especialmente en la época de Felipe II, con una auténtica normativa urbanística (Ordenanzas de Felipe II, publicadas el 3 de mayo de 1576 en San Lorenzo de El Escorial) en la que se legisla sobre la forma que han de tener las ciudades, desde el trazado, en planta hipodámica, hasta la orientación o el ancho de las calles en función de las direcciones de los vientos dominantes o el clima de la zona. Se determina si el lugar es bueno para fundar una ciudad matando animales silvestres y viendo si tienen las entrañas sanas, lo que significa que las aguas y los aires son sanos. Se dice la situación del edificio de gobierno, de la iglesia mayor, de la plaza, etc. Y siguiendo esas leyes, en las Indias Occidentales se hicieron cientos de ciudades.

También en su reinado se construyó una nueva población, la de San Lorenzo de El Escorial, alrededor del monasterio, con proyecto inicial de Juan Bautista de Toledo.

Urbanismo de la Ilustración

Durante el , siguió la preocupación por el urbanismo, centrado en las nociones de racionalismo y salubridad, que se llevaba haciendo en América desde siglos antes, con la particularidad de que ahora, con las ideas procedentes de Francia y de Italia, se añadió la preocupación por la reforma de las ciudades de la península, además de sobre la creación de nuevas.

La situación a la llegada de la dinastía borbónica a España se caracterizaba por la existencia de una arquitectura de estilo barroco, desconectada de las corrientes clasicistas europeas. La mala administración económica de los últimos Austrias había agudizado los problemas tradicionales de la ciudad peninsular: hacinamiento, falta de infraestructuras sanitarias, mala calidad de la edificación o ausencia de espacios libres dentro de los recintos amurallados.

Uno de los esfuerzos del programa arquitectónico borbónico (quizá el más visible) se dirigió al embellecimiento de Madrid y de los Reales Sitios donde de representaba el poder del monarca, siguiendo el modelo de la corte francesa. En este aspecto, el programa urbanístico más notorio fue el eje del Prado, con la intención de dar continuidad a la ciudad por el este y unirla al Buen Retiro. José de Hermosilla diseñó el Salón del Prado, entre las actuales glorietas de Cibeles y Neptuno. Este paseo se prolongó posteriormente hacia el sur, con la idea de crear un eje científico, con el Jardín Botánico, el Museo de Ciencias (actual Museo del Prado) y el observatorio (todo ello bajo la dirección de Juan de Villanueva), y el Hospital de San Carlos. La aparición de esta avenida monumental en sentido sur-norte marca el eje del futuro crecimiento de Madrid y la línea divisoria entre la ciudad antigua y el futuro ensanche. A partir del Paseo del Prado, desde la actual plaza de Atocha, se trazaron también otros paseos (como el de los 8 hilos) para enlazar el Prado con el Manzanares.

El Prado madrileño sirvió de modelo para otras ciudades, en las que la construcción de este tipo de paseos fue promovida por las Sociedades de Amigos del País (Campo de San Francisco en Salamanca, el Espolón en Burgos o Floridablanca en Valladolid).

Sevilla mantuvo su esplendor por el monopolio con América, tenía habitantes y se crearon nuevos barrios con una estructura ordenada y también se remodelaron barrios cercanos al casco histórico, destacan los edificios del clero, nobleza y concejo. Por otra parte, hubo en Madrid despreocupación urbana contraria a otras ciudades europeas, los caminos que iban hacia Toledo, Alcalá de Henares, Fuencarral y Hortaleza sirvieron de organización y crecimiento urbano, también hubo edificaciones hacia el camino del monasterio de San Jerónimo, lo único que se proyectó racionalmente fue la Plaza Mayor, se edificaron a su alrededor palacios y conventos. La presencia en la vida urbana de la Iglesia da lugar a la ciudad conventual que tiene un rico número de edificios religiosos para el culto y su logística.

Nuevas poblaciones