miniatura|350px|Bandera del orgullo bisexual, creada en 1998 El borrado bisexual es la tendencia en diferentes sociedades a ignorar, eliminar, falsificar o reexplicar las pruebas sobre bisexualidad en los registros históricos, materiales académicos, noticias y otras fuentes primarias. En su forma más extrema, el borrado bisexual niega la existencia de la bisexualidad. A pesar de la prevalencia del borrado bisexual, existe un creciente apoyo, inclusión y visibilidad en la sociedad, especialmente en la comunidad LGBT, que intenta incluir a la bisexualidad en los esfuerzos de luchar contra el fenómeno de Borrado LGBT.
El borrado bisexual puede incluir discursos según los cuales toda bisexualidad debe entenderse como una fase, preludio del momento en que los individuos bisexuales «escogerán un lado», siendo las opciones validez la homosexualidad o heterosexualidad. Uno de los prejuicios asociados al borrado bisexual es el que asocia la bisexualidad a la indecisión. Los estereotipos describen a las personas bi como seres hipersexuales, en especial las mujeres, eliminando todo tipo de diferencias constatadas entre las diferentes experiencias de la bisexualidad, borrando esas vivencias con clichés. Aun así, una variante del borrado bisexual consiste en aceptar como normal la bisexualidad femenina mientras que se niega la existencia en el caso de los hombres. Para estos últimos, así como para las personas de género no binario, la menor presencia de estereotipos contribuye a un borrado total.
El borrado bisexual es a menudo una manifestación de bifobia, aunque no implica necesariamente antagonismo o malicia. El borrado vuelve la experiencia de las personas que se identifican como bisexuales más difícil y dificulta el reconocimiento de dichas dificultades, puesto que no solo tienen que luchar para ser reconocidos y respetados en sus comunidades y familias sino también dentro de la misma comunidad LGBT. El borrado bisexual es una forma de estigma con consecuencias adversas para la salud mental de las personas bi.
Razones
Generales Según el jurista Kenji Yoshino, hay tres inversiones principales que explican la doble tendencia en espacios tanto homosexuales como heterosexuales para olvidar la existencia de los bisexuales como parte de la lucha LGBT. La primera sería que el proceso de fijar una orientación sexual estable serviría para aliviar tanto a gais como a personas hetero de la ansiedad de ver su orientación cuestionada. Esta motivación explicaría la comodidad de pensar que los bisexuales son homosexuales o heterosexuales cuya identidad aún no se ha fijado, marginando e invisibilizando la bisexualidad en el seno de la comunidad LGBT. La segunda motivación es la de no cuestionar la importancia que pueda tener el género en el proceso de atracción sexual y romántica, que se considera parte consustancial en diversas culturas, mientras que la existencia misma de la bisexualidad pondría en entredicho esa certeza. La tercera motivación es el mantenimiento de la monogamia, puesto que se suele asumir que los bisexuales serían intrínsecamente no monógamos, lo cual es falso. Juana María Rodríguez se suma al argumento de Yoshino y postula que la bisexualidad rompe con las concepciones tradicionales de la sexualidad y el binarismo de género. De esa forma, tanto los individuos tanto de la cultura dominante como los de la comunidad queer se resisten a reconocer completamente la bisexualidad.
En un artículo de 2010 escrito para el 10.º aniversario de la obra de Yoshino, Heron Greenesmith argumenta que la bisexualidad es inherentemente invisible en la ley, yendo el borrado más allá de la eliminación deliberada. En primer lugar la bisexualidad sería jurídicamente irrelevante para los demandantes, a los cuales se considera sistemáticamente como heterosexuales o, en sju defecto, homosexuales. En segundo lugar cuando la bisexualidad es jurídicamente relevante, se borra dentro de los procesos judiales puesto que la bisexualidad complica las discusiones jurídicas alrededor de la sexualidad.
La psicóloga Beth Firestone affirma que desde la publicación de su primer libro sobre la bisexualidad en 1996, "la bisexualidad ha ganado visibilidad, aunque el proceso no es uniforme ay el reconocimiento de la bisexualidad sigue estando ausente en muchas regiones los EE.UU así como internacionalmente".
El caso masculino Otro psicólogo especializado en la homosexualidad, Richard C. Friedman, ha afirmado que una gran cantidad de hombres que se identifican como gais han tenido fantasías eróticas con mujeres o han tenido sexo con mujeres aún convencidos de su homosexualidad. De la misma manera, muchos hombres heterosexuales han tenido fantasías con hombres o llevan a cabo prácticas sexuales gais de forma discreta, como pueda ser el cruising. A pesar de tener deseos o prácticas bisexuales, estos hombre se consideran a ellos mismos heterosexuales o gais. Este borrado puede provenir de un necesidad la importancia de dichos elementos en un esfuerzo para mantener una identidad sexual y evitar el rechazo por parte de su comunidad. De esta forma, un hombre puede ocultar o quitarle importancia a una experiencia sexual con una mujer para seguir considerándose un "hombre gay" así como su pertenencia a una comunidad gay. De la misma forma, un hombre bisexual puede quere negar su atracción hacia otros hombre para mantener su estatus en una sociedad heteronormativa, así como evitar el rechazo y la violencia social de la bifobia u homofobia.
Un estudio indicaría que el 20,7% de los hombres heterosexuales consumen pornografía gay y un 7,5% declararan haber mantenido relaciones sexuales aquileanas en los últimos seis meses, mientras que el 55% de los hombres homosexuales habían visto pornografía heterosexual y el 0,7% declararon haber mantenido relaciones sexuales con una mujer en los últimos seis meses. Señalando que la mayoría de los hombres identificados como homosexuales veían pornografía heterosexual, pero pocos habían tenido relaciones heterosexuales recientemente, sugiere que muchos hombres autoidentificados como homosexuales tienen fantasías sexuales con mujeres y que, en un mundo ideal, serían abiertamente bisexuales y explorarían libremente el sexo con mujeres, pero la presión social empuja a esos hombres a elegir un sexo u otro para expresar su atracción.
Robyn Ochs, autora bisexual, defendió que los hombres gais eran menos aprensivos a considerar la posibilidad de ser homosexuales de los que lo eran las mujeres lesbianas. De esta forma, habría mucha menos hostilidad hacia hombres bisexuales que se consideran gay de la que se encontrarían las mujeres bisexuales que se ven como lesbianas. En algunas comunidades, puede haber mucha fluidez sexual entre hombres bisexuales y homosexuales, lo cual facilitaría que muchos hombres categorizados como gais puedan admitir sentir una atracción ocasional hacia mujeres. También podría haber una tendencia entre hombres bisexuales en declararse homosexuales para alinearse políticamente con la actividad y el imaginario gay. Ochs también afirmaque muchos de estos hombres que salieron del armario como gais pueden intetar evitar "salir del armario una segunda vez" o "complicar las cosas".
El activista gay Carl Wittman, en su libro Refugees from Amerika: A Gay Manifesto, defendía el borrado bisexual, afirmando que los hombres bisexuales deberían identificarse como "gays" aunque se acostaran con mujeres y sólo deberían convertirse en bisexuales una vez que la sociedad acepte la homosexualidad:
El caso femenino miniatura|Julie Bindel, feminista radical partidaria del lesbianismo político así como de la exclusión bisexual del movimiento LGBT en 2015
Históricamente, muchas mujeres han sido tachadas por lesbianas feministas como culpables "evasión apolítica" por declararse bisexuales. Otras mujeres han sido percibidas como "no lo suficientemente radicales" debido a su atracción por hombres cisgénero. Rodríguez afirma que la bisexualidad fue considerada antifeminista por muchas activistas lesbianas debido a los "deseos implícitos de penetración, dominación sexual y sumisión".
Un ejemplo de esta posición vendría de Julie Bindel, que en 2012 condenó la bisexualidad femenina como una "tendencia de moda" causada por el "hedonismo sexual", y abordó la cuestión de si la bisexualidad existe siquiera: «La bisexualidad se vende a las mujeres heterosexuales como un tipo de actividad recreativa lejos de su 'hogar natural' del sexo heterosexual. Para una mujer heterosexual, tener novia es como tener el último bolso de Prada». Feminista lesbiana activa desde hace mucho tiempo, expresó su malestar por la inclusión de las comunidades con diversidad sexual y de género en la creciente "alianza arco iris": «El mantra actual en las reuniones "gays" es un trabalenguas LGBTQQI... Se trata de una alianza poco santa. Nos han metido juntos en una habitación y nos entendamos».
Otra característica de la bisexualidad femenina es que las mujeres son más propensas y se sienten más seguras al declararse bisexuales que los hombres: un 33% frente a un 12%. En toda la población LBGTQ+, se percibe que las mujeres bisexuales y las lesbianas son más aceptadas socialmente que los hombres gais, bisexuales o transexuales. Dentro de la comunidad bisexual, la aceptación percibida es del 33% para las mujeres, alrededor del 8% para los hombres y el 3% para los transexuales y no binarios.
En espacios LGBT Como ya se ha dicho, los que niegan la bisexualidad pueden afirmar que las personas bisexuales son exclusivamente homosexuales (gais/lesbianas) o exclusivamente heterosexuales. Una manifestación común de esta tendencia consiste en referirse a los bisexuales como heterosexuales cuando están íntimamente involucrados con personas del sexo opuesto y ser etiquetados como homosexuales cuando están involucrados con personas del mismo sexo. De la misma manera, estos discursos consideran que toda relación entre un hombre y una mujer sería heterosexual, independientemente de si solo uno o ninguno de los participantes son ellos mismos heterosexuales.
El borrado bisexual puede tener su origen en la creencia de que los bisexuales no merece el mismo estatus que los gais y lesbianas. Esto puede tomar la forma de omitir la palabra bisexual en el nombre de una organización o evento que sirve a toda la comunidad LGBT o bien incluyéndola como "bi-sexual", implicando que solo hay dos orientaciones sexuales auténticas, o simplemente tratando las temáticas relativas a la bisexualidad de forma despectiva.
En 2013, un estudio publicado en el Journal of Bisexuality encuestó a treinta personas que se identificaban como parte de las comunidades de lesbianas, gais, queer o bisexuales y sus experiencias individuales con la salida del armario. Diez de estas personas declararon que primero se habían etiquetado como bisexuales y después habían vuelto a salir del armario como lesbianas, gais o queer. La conclusión que surgió en este estudio introdujo el concepto de "apologética queer", en la que una persona intenta reconciliar su atracción por el mismo género con la norma social de la heterosexualidad.
Los bisexuales han habitualmente pasados por alto en el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo: allí donde el matrimonio entre personas del mismo sexo es ilegal, quienes hacen campaña a favor de él no han destacado las incoherencias de las leyes matrimoniales en relación con los bisexuales, cuyo derecho a contraer matrimonio depende únicamente del sexo de su pareja. En segundo lugar, cuando existe el matrimonio entre personas del mismo sexo, la pareja bisexual suele denominarse lesbiana u homosexual. Por ejemplo, la ya citada Robyn Ochs fue una de las primeras personas que se casó con una persona del mismo sexo en Estados Unidos y los medios la calificaron en aquel momento como lesbiana, a pesar de que en las entrevistas se identificó como bisexual.
Borrado académico
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