El fascismo es una ideología, un movimiento político y una forma de gobierno de extrema derecha de carácter totalitario, antidemocrático, ultranacionalista, estatista, corporativista, conservador y anticomunista.Publicaciones que han definido al fascismo como de extrema derecha:Nació en la Europa del siglo XX después de la Primera Guerra Mundial como un movimiento que prometía solucionar los problemas en ese contexto, empezó en la Italia de Benito Mussolini, desde dónde se expandió hacia otros países en los que se implantaron otros regímenes similares.
miniatura|Benito Mussolini, dictador de Italia (izquierda), y Adolf Hitler, dictador de Alemania (derecha), fueron notorios líderes fascistas.
El término proviene del italiano fascio (‘haz, fasces’), y este a su vez del latín fascēs (plural de fascis), que alude a los signos de la autoridad de los magistrados romanos. Entre sus rasgos definitorios se encuentran, por un lado, la exaltación de valores como la patria o la raza para mantener permanentemente movilizadas a las masas, lo que lo llevó con frecuencia a la opresión de minorías —especialmente en el caso alemán debido a su importante componente racista— y de la oposición política, y, por otro, un fuerte militarismo. Sin embargo, desde sus mismos orígenes, es uno de los movimientos más difíciles de definir con exactitud para las ciencias políticas, posiblemente porque no existe una ideología ni forma de gobierno «fascista» sistematizada y uniforme como sí tendrían otros sistemas políticos contemporáneos.El fascismo. Pg 4. Por Stanley G. Payne. 1980. Alianza Editorial, edición de 2009. (Consultar la versión en línea del libro en español): Para consultar una cronología sobre los «estudios sobre el fascismo» ver El concepto de fascismo . Reseña de Stanley G. Payne de las obras sobre el fascismo de Paul Gottfried y David D Roberts. Publicado en Revista de Libros en 2017. Fragmento:
La Gran Guerra fue decisiva en su gestación, al provocar cambios masivos en la concepción de la guerra, la sociedad, el Estado y la tecnología. El advenimiento de la guerra total y la completa movilización de la sociedad acabaron con la distinción entre civiles y militares. Dado que el fascismo se opone al pluralismo y a la igualdad social, así como a movimientos considerados de izquierda política como el liberalismo, la socialdemocracia, el anarquismo, el socialismo, el comunismo y el marxismo, una mayoría de especialistas coincide en situarlo en la extrema derecha del espectro político tradicional, mientras que ellos mismos rehúyen esa categoría y se autodefinen como de «tercera posición».
Características y definición
El fascismo es una ideología política y cultural fundamentada en un proyecto de unidad monolítica denominado corporativismo, por ello exalta la idea de nación frente a la de individuo o clase; suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único y los localismos en beneficio del centralismo; y propone como ideal la construcción de una utópica sociedad perfecta, denominada cuerpo social, formada por cuerpos intermedios y sus representantes unificados por el Estado a través de un gobierno central, y que este designada para representar a la sociedad.
Para ello el fascismo inculcaba la obediencia de las masas (idealizadas como protagonistas del régimen) para formar una sola entidad u órgano socioespiritual indivisible.En toda Europa se utilizaron mucho —con fines polémicos y bastante alejados del propósito de los autores— el libro de explícito título La rebelión de las masas (de José Ortega y Gasset), así como otros como La decadencia de Occidente (de Oswald Spengler), éste en polémica con A study of history (de Arnold J. Toynbee).
El fascismo se caracteriza por su método de análisis o estrategia de difusión de juzgar sistemáticamente a la gente no por su responsabilidad personal sino por la pertenencia a un grupo. Rodero Antón entiende que aprovecha demagógicamente los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda,Emma RODERO ANTÓN: Concepto y técnicas de la propaganda y su aplicación al nazismo. y los desplaza contra un enemigo común (real o imaginario, interior o exterior), que actúa de chivo expiatorio frente al que volcar toda la agresividad de manera irreflexiva, logrando la unidad y adhesión (voluntaria o por la fuerza) de la población.
Ideológicamente, se autodefine como de «tercera posición»«Según Ignacio Ramonet, ya en los años treinta se hablaba del surgimiento de una «tercera vía», el fascismo, alternativa a los dos mundos nuevos que surgieron tras la Primera Guerra Mundial», citado en Enrique Fernández M, Guidens, Blair y Lagos, la tercera vía. caracterizada por eliminar el disenso. El funcionamiento social se sustenta en una rígida disciplina y un apego total a las cadenas de mando; en sostener un fuerte aparato militar cuyo espíritu trascienda a la sociedad en su conjunto, junto a una sólida educación en los valores castrenses; y en un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas, que conduce a la violencia contra los que se definen como enemigos.
En materia económica, no buscó abolir la propiedad privada, pero sí subordinarla a las decisiones del Estado. En 1930, cuando la Gran Depresión afectó al sector financiero italiano, Benito Mussolini, temiendo una crisis crediticia con los subsiguientes despidos masivos y una ola de malestar social, comenzó a tomar el control de las participaciones de los bancos en grandes empresas industriales (como acero, armas y productos químicos). Al mismo tiempo, Mussolini intentó inyectar capital en empresas en quiebra mediante la creación del Instituto para la Reconstrucción Industrial (IRI). Aunque inicialmente concebido como una medida temporal, el IRI continuó operando durante todo el período del régimen fascista y mucho después. Aunque el IRI no estaba destinado a llevar a cabo nacionalizaciones reales, se convirtió en el propietario y operador de facto de un gran número de grandes bancos y empresas.Gianni Toniolo, editor, Manual Oxford de la economía italiana desde la unificación , Oxford University Press, 2013, pág. 59 En enero de 1934, el IRI tenía una incidencia de propiedad nominal del 21,49%. Posteriormente en 1937 fue transformado en un órgano permanente, que se convirtió en un holding del Estado que cada vez tenía un peso mayor en la economía italiana, siendo el principal grupo industrial de Italia durante los 50 años comprendidos entre el final de la Segunda Guerra Mundial y los años 90. El historiador político Martin Blinkhorn señaló que «este nivel de intervención estatal superó ampliamente al de la Alemania nazi, dando a Italia un sector público solo superado por el de la Rusia de Stalin».Martin Blinkhorn, Mussolini y la Italia fascista, 2.ª edición, Nueva York: NY, Routledge, 1994, pág. 35 De esta manera, aunque se mantuviera la propiedad privada, el Estado era quien dictaba precios, salarios y metas de producción. Esto llevó al historiador italiano Gaetano Salvemini a sostener que la propiedad había pasado a ser una «ficción jurídica», documentando cómo los empresarios italianos perdieron la autonomía sobre precios y salarios bajo el sistema corporativista. El artículo VII de la Carta del Lavoro, documento fundacional de la política económica fascista, establecía que la iniciativa privada es útil, pero el Estado es responsable ante la nación y puede intervenir cuando la iniciativa privada sea «insuficiente o políticamente contraproducente».https://docenti.unimc.it/g.mecca/teaching/2022/26166/files/la-carta-del-lavoro-1927 El fascismo considera que el libre mercado, por sí solo, es «anárquico», genera conflictos de clase destructivos y es incapaz de servir a los intereses superiores de la Nación. Por eso Mussolini expresaba que si el fascismo puede entenderse como la fase moderna del capitalismo, su camino «conduciría inexorablemente al capitalismo de Estado, que es ni más ni menos que el socialismo de Estado dado la vuelta. En cualquier caso [ya sea que el resultado sea el capitalismo de Estado o el socialismo de Estado], el resultado es la burocratización de las actividades económicas de la nación».Mussolini, Benito (14 de noviembre de 1933). «Address to the National Corporative Council». Fascism: Doctrine and Institutions. Fertig, 1978.
Mussolini afirmó que el capitalismo había degenerado en tres etapas, comenzando con el capitalismo dinámico o heroico (1830-1870), seguido por el capitalismo estático (1870-1914) y luego alcanzando su forma final de capitalismo decadente, también conocido como supercapitalismo a partir de 1914.Falasca-Zamponi, Simonetta. Fascist Spectacle: The Aesthetics of Power in Mussolini's Italy. University of California Press, 2000. pp. 136. Es esta última etapa la que, de acuerdo a Mussolini, provocaría la «estandarización de la humanidad» a través de un consumo excesivo.Falasca-Zamponi, Simonetta. Fascist Spectacle: The Aesthetics of Power in Mussolini's Italy. University of California Press, 2000. pp. 137. Mussolini afirmó que en esta etapa del supercapitalismo «[es] entonces cuando una empresa capitalista, cuando surgen las dificultades, se arroja como un peso muerto en los brazos del Estado. Es entonces cuando comienza la intervención estatal y se hace esta más necesaria. Es entonces cuando los que alguna vez ignoraron al Estado, ahora lo buscan con ansiedad». Mussolini, Benito; Schnapp, Jeffery Thompson (ed.); Sears, Olivia E. (ed.); Stampino, Maria G. (ed.) (2000). «Address to the National Corporative Council (14 November 1933) and Senate Speech on the Bill Establishing the Corporations (abridged; 13 January 1934)». A Primer of Italian Fascism. University of Nebraska Press, pp. 158. Debido a la incapacidad de las empresas para operar adecuadamente cuando enfrentan dificultades económicas, Mussolini afirmó que esto probaba que la intervención estatal en la economía era siempre absolutamente necesaria para estabilizar la economía. Algunos movimientos fascistas, excepcionalmente, practicaron políticas de privatización aunque siempre dejando a la empresa privada a merced de las decisiones del Estado.
Por su parte, Adolf Hitler describe en su obra Mi lucha su aversión a los que cree son los males gemelos del mundo: El marxismo y el judaísmo, y manifestaba que su propósito era erradicarlos. Según Hitler: «La doctrina judía del marxismo, rechaza el principio aristocrático de la Naturaleza y coloca en lugar del privilegio eterno de la fuerza y del vigor, la masa numérica y su peso muerto. Niega así [...] el mérito individual e impugna la importancia del nacionalismo y la raza[...]». Sostuvo además, que «el sindicalismo en sí, no es sinónimo de antagonismo social», cosa que el marxismo usó como arma del «judío internacional» para su lucha de clases. Por eso el nacionalsocialismo debe imponerse. También criticó el sistema democrático occidental al ser «la precursora del marxismo, el cual seria inconcebible sin ella» y proporciona «a esta peste mundial el campo de nutrición». (Ver antisemitismo)
Las diferencias de planteamientos ideológicos y trayectorias históricas entre cada uno de estos regímenes son notables. Por ejemplo, el fascismo en la Alemania nazi (o nacionalsocialismo) añade un importante componente racista, que solo es adoptado en un segundo momento y con mucho menor fundamento por el fascismo italiano y el resto de movimientos fascistas o fascistizantes. Para muchos de estos, el componente religioso —católico u ortodoxo según el caso— fue mucho más importante: Así, el historiador británico Trevor-Roper evoca un «fascismo clerical» (como sería el caso del nacionalcatolicismo español, que no era racista).H. R. Trevor-Roper: «The phenomenon of fascism», en S. Woolf (ed.): Fascism in Europe (especialmente pág. 26). Londres: Methuen, 1981. Citado en Roger Eatwell: Reflections on fascism and religion.