El porfiriato o porfirismo fue un período de la historia de México en el que el gobierno estuvo bajo el control (total o mayoritario) del militar y político Porfirio Díaz, entre el 28 de noviembre de 1876 y el 25 de mayo de 1911. Díaz se acercó al Congreso y llevó una política conciliadora. Promovió la no reelección, principio de sus levantamientos, y en 1880 cedió el poder al general Manuel González, muy cercano a él.Treviño, Héctor (1997). Historia de México. México: Castillo.

El período se acota entre las dos fechas en las que ocupó la presidencia del país por primera y última ocasión, respectivamente: el 28 de noviembre de 1876 Díaz inició su primer mandato presidencial de facto meses después de vencer a los lerdistas e iglesistas y el 25 de mayo de 1911 meses después de haber estallado la Revolución renunció a la presidencia y salió por exilio rumbo a Francia.

Díaz pacificó al país y disolvio rebeliones, siendo en todo momento apoyado por los rurales y la policía secreta. Las rebeliones más conocidas fueron las de Trinidad García de la Cadena y Heraclio Bernal, en 1886 y la de Ramón Corona, en 1889. Los cuerpos de rurales se encargaban de aplastar violentamente todo rasgo de rebelión que apareciera en el país. Así sucedió con los yaquis de Sonora y con los mayas en Yucatán. La más importante de las rebeliones fue la de Tomóchic, en noviembre de 1891, debido al pésimo estado de los campesinos que vivían miserablemente y no podían defender sus derechos. En los últimos años del régimen, las huelgas eran cada vez más frecuentes.

Díaz logró el crecimiento de la economía y aliarse con los poderosos de la época. Obtuvo prestigio gracias al progreso de la economía y también a que respetó los cacicazgos de los pueblos, a fin de evitar rebeliones. Con el ingreso de Díaz a la presidencia se generó una estabilidad política, paz social y las condiciones que permitieron que se impulsara un proyecto de Estado-nación. Inventó la ley fuga, que fue una acción llevada a cabo por los cuerpos policíacos que simulaban la huida de un preso para después matarlo.

Historia Porfirio Díaz fue un militar que destacó por su participación en la guerra de Reforma y en la Intervención francesa, en la que logró recuperar para la causa republicana la Ciudad de México y Puebla. Conocido como el héroe del 2 de abril, contendió por la presidencia contra Benito Juárez, en 1867 y 1871, y al ser derrotado proclamó el Plan de la Noria. Vencido, a la muerte de Juárez, por Sebastián Lerdo de Tejada, Díaz se retiró a Veracruz donde logró posicionarse políticamente gracias a la impopularidad creciente de Lerdo. Al acercarse la reelección de este, Porfirio Díaz decidió rebelarse militarmente en su contra. Díaz gozaba de gran prestigio entre los militares y de renombre en los círculos políticos del país. El triunfo del Plan de Tuxtepec, lo llevó a la presidencia de México para gobernar desde 1876 hasta 1911, con una breve interrupción durante el gobierno de Manuel González.

En los 31 años de Porfiriato se construyeron en México más de 19 000 kilómetros de vías férreas gracias a la inversión extranjera; el país quedó comunicado por la red telegráfica; se realizaron inversiones de capital extranjero en minería, agricultura, petróleo, entre otros rubros y se impulsó la industria nacional.

Con la entrada de José Ives Limantour en Hacienda en 1893 surgió un auge de las compañías enajenadoras de terrenos comunes baldíos, se modificó la Constitución de 1857 para permitir las reelecciones y se aprobó la ley que otorgaba la gran explotación minera a los capitales de los Estados Unidos y el Reino Unido. Limantour, tras la crisis de 1891, abrió el país a la inversión extranjera y promovió la creación de nuevas industrias.

La corrupción, el fraude electoral y la represión fueron las propuestas de la administración Díaz a las tensiones sociales, nacidas del contraste entre una oligarquía poderosa, controladora de los resortes económicos y políticos y una población de casi 13 millones de personas ligadas mayoritariamente a la tierra. La crisis de 1907 y las luchas de sucesión en el seno del gobierno favorecieron el inicio de la revolución mexicana, dirigida por Francisco I. Madero.

En este periodo se continuó el esfuerzo iniciado con Manuel González por superar la educación en todos sus niveles; hombres de la talla de Joaquín Baranda, Ezequiel Chávez, Enrique C. Rébsamen, Ignacio Manuel Altamirano y Justo Sierra Méndez le dieron lustre a este proceso que incluyó, desde los jardines de niños, hasta la educación superior, pasando por la formación de maestros.

Aunque Porfirio Díaz reiteraba que ya el país se encontraba listo para la democracia, presentó su candidatura para una nueva reelección, la cual fue rechazada por el sector obrero. Ante estos hechos, Madero convocó a la rebelión, la cual surgió el 20 de noviembre de ese año y terminó con la entrada triunfal a la ciudad, derrotando al dictador.

Chihuahua fue el principal escenario de las derrotas porfiristas, ya que Pancho Villa y Pascual Orozco conquistaron Ciudad de Guerrero, la ciudad de Mal Paso, venció en la batalla de Casas Grandes, Chihuahua y la toma de Ciudad Juárez, por el Sur, Emiliano Zapata al frente de sus tropas campesinas, amagaban la capital y derrotaron en Cuautla al 5.º Regimiento de Oro (el mejor batallón del Ejército federal) aunque irrelevantes en el plano militar, fueron las batallas que facilitaron el camino de los revolucionarios hacia la victoria contra la dictadura. Habiendo tenido esos fracasos en el terreno militar y otros en el plano de las negociaciones, Díaz prefirió renunciar a la presidencia y abandonó el país, en mayo de 1911, viviendo en el exilio en París, Francia, hasta su muerte.

Finanzas públicas y desarrollo económico Díaz heredó una hacienda pública en quiebra. Las deudas con el extranjero y con prestamistas nacionales eran considerables. Para el arreglo de las finanzas los ministros de hacienda (Matías Romero, Manuel Dublán y José Yves Limantour) recurrieron a diversas vías: Redujeron gastos públicos y administraron los recursos de forma adecuada. Ejercieron mayor control de los ingresos. Crearon nuevos impuestos que no obstaculizaban al comercio. Gracias a un nuevo préstamo, reestructuraron la deuda interna y externa, lo que permitió ganar la confianza de los inversionistas y obtener otros empréstitos e inversiones. Se llegó a un acuerdo con los acreedores con el fin de diferir los pagos y establecer una tasa de interés fija. Así, la administración de los recursos nacionales se hacía con participación pública y privada. El Banco Nacional Mexicano, fundado en 1882, se fusionó con el Banco Mercantil Mexicano y dio origen al Banco Nacional de México en 1884. En este banco participaba capital mexicano y español, y tenía las siguientes funciones: recaudaba impuestos, otorgaba préstamos y anticipos al gobierno y se encargaba de la Tesorería General. Con todas estas medidas, en 1894 se registró un superávit.

Porfirio buscaba que el país se ligara a la economía internacional como exportador de productos agrícolas o minerales, pero también fomentó el desarrollo de la industria y del comercio interior; y sin duda, México se convirtió en un importante exportador de materias primas, además de que se produjo en el país la primera revolución industrial; empero, se trató de un desarrollo desigual que benefició solo a algunos sectores, regiones y grupos. Díaz crea nuevas haciendas privadas y amplía las antiguas. Hasta 1910, aproximadamente once mil haciendas controlaban 57 % del territorio nacional mientras quince millones de campesinos, alrededor de 95 % de las familias rurales, carecían de tierra.

Actividad marítima y portuaria

alt=Díaz con uniforme de soldado|miniatura|Díaz con uniforme de gala. Durante esta época la marina mercante nacional recibió un impulso inusitado. Se legisló mediante códigos de fechas 1884 y 1889, se reconoció que la marina se encontraba en un estado deplorable. El jefe del Departamento de Marina, de la Secretaría de Guerra y Marina, opina que la Marina Mercante Nacional es una idea tan noble como levantada y por lo mismo, había que fomentar la construcción de astilleros y de barcos para ella. En 1897 fue inaugurada la Escuela Naval Militar en la que se preparaban oficiales para la marina de guerra. También se crearon las compañías Transatlántica Mexicana, la Mexicana de Navegación y la Naviera del Pacífico, que perduraron por varias décadas.

Al final del Porfiriato se intensificó el tráfico marítimo en el Golfo de México, toda vez que llegaban periódicamente buques de diez compañías navieras, entre europeas, estadounidenses y mexicanas. Por lo que toca al Pacífico, solo una línea británica y dos mexicanas daban servicio. Con el crecimiento del tráfico marítimo hubo necesidad de acondicionar varios puertos, como los de Veracruz, Manzanillo, Salina Cruz y especialmente el de Tampico. Motivo de preocupación del gobierno, fue el enlace de los puertos con el interior del país y para ese fin se construyeron las vías férreas que comunicaron a Veracruz con la capital, Salina Cruz y Coatzacoalcos; no se concluyó la de México a Acapulco y solamente una parte de la México a Tampico.

Los trabajos se realizaron de manera continua durante el gobierno del general Díaz, y hacia fines del siglo se indica que se firmaba un contrato para mejorar y sanear el puerto de Manzanillo; se reconocían la costa e islas orientales de Yucatán para el establecimiento de su señalización; se instalaban las oficinas del servicio de faros en los puertos de Progreso, Puerto Ángel y Mazatlán, dándose principio a las obras de instalación del faro en punta de Zapotitlán y se encontraba ya en servicio el de Isla Mujeres; se hacían trabajos de reconocimiento en la costa de Campeche para estudiar la mejor localización del puerto; se llevaba a término el proyecto del nuevo puerto de Altata; continuaban las obras del puerto y saneamiento de Manzanillo. En Tampico se comenzaban los trabajos para la reconstrucción del muelle fiscal; se inauguraban varios faros en la costa oriental de Yucatán y en Puerto Ángel, Oaxaca, así como algunas balizas luminosas en Antón Lizardo, Veracruz y en el Puerto de la ciudad de La Paz, Baja California Sur. Los puertos de Veracruz, Tampico y Salina Cruz, siempre merecieron la más alta atención del gobierno del general Díaz.

Obras públicas El 13 de mayo de 1891 se promulgó una ley expedida por el Congreso, virtud a la cual se establecía la distribución de los quehaceres públicos del Poder Ejecutivo en siete Secretarías de Estado, entre las que figuraba por primera vez la de Comunicaciones y Obras Públicas, lo que viene a significar un cambio en la política de construcción de caminos, considerándose que las carreteras y su desarrollo eran indispensables para impulsar la economía del país. miniatura|derecha|Pulquería en Tacubaya. A fin de organizar las instancias administrativas dispersas que atendían los servicios de comunicación nacional, quedaron incorporados a este nuevo Ministerio 12 sectores: Correos Internos, Vías Marítimas de Comunicación o Vapores, Faros, Unión Postal Universal, Telégrafos y Teléfonos, Ferrocarriles, Monumentos, Carreteras, Calzadas y Puentes, Lagos y Canales, Consejería y Obras con el Palacio Nacional y Chapultepec, y Desagüe del Valle de México. Esta Secretaría (llamada por muchos autores Ministerio) de Comunicaciones y Obras Públicas conservó su estructura institucional durante el período revolucionario.

Cultura y sociedad