El cristianismo liberal (liberale Theologie, también theologischer Liberalismus o liberalismo teológico) es un movimiento de investigación desarrollado principalmente en Alemania durante el . Al lado de la teología restaurativa (restaurative Theologie) y la teología de la mediación (Vermittlungstheologie), la teología liberal constituye la tercera corriente teológica decimonónica con más incidencia. Se podría decir incluso que en lo que atañe a la teología, el fue liberal. Con raíces que se hunden en el espíritu de una época muy marcada por la ilustración, la irrupción de la teología liberal supuso una serie de contribuciones a la exégesis bíblica, a la crítica histórica del dogma y, con ello, dejó programáticamente establecida la agenda de la discusión teológica contemporánea.

Supuestos generales La teología liberal no tuvo, en cuanto movimiento, una fisonomía claramente unitaria, pero al menos pueden distinguirse una serie de rasgos distintivos comunes y una meta bastante clara: colocar a la teología dentro de los cánones del humanismo moderno, de la ciencia y de la crítica histórica, y en conjunción con esto, abjurar de toda dependencia respecto de dogmas fundamentalistas, de tradiciones eclesiales asumidas autoritariamente y de contenidos meramente fideístas. En el fondo, de lo que se trataba era de esclarecer el cristianismo desde un punto de vista moderno.

Las consignas básicas de la teología liberal son asimismo el insertar a la Iglesia en la cultura y sobre todo el secularizar los contenidos mitológicos del cristianismo (lo que, consecuentemente, implicaba el desmitologizarlos), a saber, todos aquellos contenidos de la fe cristiana (por ejemplo, los relatos de eventos milagrosos que a todas luces disputan contra las leyes férreas de las ciencias naturales) que resultan inaceptables para un hombre moderno con cierto grado de educación y cultura. Se trataba de mantener una fe cristiana actual que no implicara de suyo el sacrificium intellectus. La teología liberal es, pues, una corriente típicamente moderna y, en este sentido, saca provecho de las consecuencias más extremas de la ilustración y de la crítica de la superstición y del dogmatismo acrítico, que fueron por antonomasia las banderas izadas por la crítica del supernaturalismo tan sintomático de la modernidad que se apegaba al lema de Kant: Sapere Aude!

La designación "teología liberal", por lo demás, aparece por primera vez en Institutio ad doctrinam Christianam liberaliter discendam de J. S. Semler (1725-1791) y se convirtió en una expresión consuetudinaria y bastante extendida en su uso a mitad del (también en el si bien, en este caso, para mentar un movimiento que debía de ser atacado y superado).

Como figuras fundantes, suele contarse también al deísta Hermann Samuel Reimarus y a Gotthold Ephraim Lessing (quien, por cierto, se atrevió a publicar los controvertidos fragmentos de Reimarus), y Friedrich Schleiermacher, el autor de unos famosos discursos Sobre la religión (Über die Religion. Reden an die Gebildeten unter ihren Verächtern, 1799) suele ser denominado el 'padre de la teología liberal' (Vater der liberalen Theologie). En efecto, el año 1799 se considera la fecha fundante de la teología liberal, precisamente por la publicación de los mencionados discursos de Schleiermacher, dirigidos - según reza el subtítulo de la obra - a los menospreciadores cultivados de la religión.

La teología liberal se nutre de la ilustración y toma de ella la confianza en la razón y el progreso, y del idealismo, aprovecha el camino hacia la interioridad y la idea de la libertad religiosa. De tal forma, emplaza la crítica bíblica y dogmática dentro de los cánones ilustrados, saluda el criticismo kantiano, lo mismo que el subjetivismo de Schleiermacher y la filosofía histórico-especulativa de la religión de Georg Wilhelm Friedrich Hegel. A partir de estos supuestos, se erige lo que bien podría denominarse la pregunta central de la teología liberal: ¿Cómo es posible hacer comprensible la verdad de la fe cristiana en términos del pensamiento moderno? El pensamiento moderno se siente extrañado respecto de una visión del mundo básicamente mitológica y antigua. Hace falta, por ello, una suerte de traducción, de modo que se comprenda aquello esencial del cristianismo que aún queda por más que se deba renunciar a ciertos contenidos fideístas inaceptables. En esto la influencia de Schleiermacher es notable, puesto que en sus discursos la religión no aparece como un saber o algún tipo de conocimiento de verdades dogmáticas, ni tampoco como alguna acción que deba ser efectuada, sino como provincia exclusiva del sentimiento (Gefühl). En su Glaubenslehre (1821), en efecto, Schleiermacher había definido la religión como «el sentimiento de dependencia incondicional» (Gefühl der schlechthinnigen Abhängigkeit); definición que, sin duda, significa un cambio bastante marcado de dirección en comparación con la dogmática tradicional, puesto que las proposiciones doctrinales pretendidamente objetivas del saber teológico se convierten ahora en proferencias de fe que son del dominio exclusivo de la experiencia religiosa. Así, la influencia de Schleiermacher, como lo demuestra su designación de "Padre de la Iglesia del " (pace Karl Barth), es enorme. El último defensor de esta teología del sentimiento fue el teólogo de la Universidad de Marburgo, Wilhelm Herrmann (1846-1922), quien también fuera uno de los profesores de Rudolf Bultmann y de Karl Barth.

No obstante, ni Schleiermacher ni los teólogos influenciados por Hegel se llamaban a sí mismos teólogos liberales. La voz 'teología liberal' llegó entrado el de la mano de los racionalistas tardíos, que también entretuvieron ideas políticas de naturaleza más liberal. Por ello, es dable pensar que la teología liberal pertenece a un espectro de ideas más amplio: aquel que buscaba un protestantismo cultural (Kulturprotestantismus) más acorde con los tiempos, de la misma forma que con la idea de una nueva nación. En este respecto, la teología liberal obedece al ideal de secularizar la religión; algo que, según las pretensiones de la época, coadyuvaría con la secularización del mismo estado.

Fases de la teología liberal La primera fase de la teología liberal se caracteriza por la crítica encarnizada del dogma y de los textos bíblicos, y esto de la mano de la filosofía especulativa del idealismo alemán (sobre todo, por influencia de la filosofía de la religión de Hegel). En la segunda fase el filósofo central es Kant por el influjo de la teología de Albrecht Ritschl, mientras que en la tercera fase la 'escuela de la historia de la religión' (religionsgeschichtliche Schule) se convierte en la dirección investigativa principal. Estas 'fases' de la teología liberal, desde luego, no pueden distinguirse estrictamente dado que no se trata de compartimentos estancos, ni mucho menos. Lo usual es que las fases se hallen yuxtapuestas y mezcladas. Tampoco pueden delimitarse nítidamente respecto de la teología de la mediación (Vermittlungstheologie)y del librepensamiento.

Crítica bíblica y crítica del dogma Ferdinand Christian Baur (1782-1860), cuenta como el fundador de esta fase y como el seguidor más destacado de J. S Semler (1725-1791). Para Baur, el fundador de la Escuela de Tubinga, los epítetos 'histórico' y 'crítico' significan exactamente lo mismo, es decir, remitirse a los textos bíblicos con una actitud histórica significa, al mismo tiempo, ser crítico respecto de los textos que son el objeto de estudio. El método histórico y filológico que se utiliza para investigar textos antiguos profanos debe ser también utilizado, y de la misma forma, con los textos sagrados.

Tanto Baur, como la Escuela de Tubinga, dependen filosóficamente de las contribuciones de Hegel y, en general, del historicismo decimonónico. Tan radical como Baur fue su principal discípulo, David Friedrich Strauß (1808-1874). En su Leben Jesu (1835), Cristo es presentado como la misma encarnación de la idea de Cristo. Para Strauß, el dogma no es ninguna verdad revelada divinamente, sino que ha surgido históricamente y por tanto debe ser, de la misma forma, investigado por medio del método histórico y crítico. En este respecto, según reza la afamada citación de Strauß, «la verdadera crítica del dogma no es más que su historia» (Die wahre Kritik des Dogmas ist seine Geschichte).

El influjo de Strauß es bastante ingente, tomando en cuenta que puede ser considerado el fundador de la investigación de la búsqueda del Jesús histórico (Leben-Jesu-Forschung). Para teólogos posteriores que trabajaron bajo la influencia de Strauß, una investigación verdaderamente histórica de la vida de Jesús no podía derivarse solamente del estudio de los evangelios. Así pensaron Franz Overbeck (1837-1905), William Wrede (1859-1960), Rudolf Bultmann (1884-1976) y Albert Schweitzer (1875-1965), para quienes una comprensión adecuada de los textos bíblicos implicaba de suyo una familiarización con otros textos antiguos.

La crítica histórica del dogma y de los textos bíblicos permaneció como la dirección dominante dentro de la teología liberal hasta mitad del .

Ritschl, Herrmann, von Harnack

Si bien la Escuela de Tubinga estuvo sobre todo influenciada por Hegel, la teología liberal de finales del y principios del se nutrió, sobre todo, de fuentes kantianas. Esto, claro está, es coincidente con el hundimiento del idealismo alemán (que implicó la desconfianza en los sistemas idealistas metafísicamente fundados) y con el surgimiento correlativo del neokantismo.

En esta fase, es de gran importancia e influencia Albrecht Ritschl (1822-1889), quien quebró con la teología de la Escuela de Tubinga. Para Ritschl, el llamado de Cristo consiste en fundar el reino de Dios en 'el más acá', y esta fundación debe comprenderse como el verdadero propósito de la historia. Aquí hay una afinidad notable con la creencia en el progreso típicamente decimonónica y con ideas de Baur.

Wilhelm Herrmann (1846-1926), aunque tuvo acentuaciones y acuñaciones propias, siguió expandiendo la influencia de Ritschl. En especial, porque en su teología, Cristo era descrito como un caso ejemplar de moralidad, y porque los efectos de la fe deberían reflejarse de la misma forma en la moralidad de la sociedad. Rudolf Butlmann, un estudiante de Herrmann y luego famoso profesor en Marburgo, muestra cierta influencia herrmanniana en su teología kerigmática (Kerygma-Theologie), por lo cual, y con razón, suele categorizarse a Bultmann bajo el marbete de teólogo neoliberal. Para Bultmann, el encuentro con Dios no aporta ninguna mostración del Jesús histórico, sino solo un encuentro con la proclamación de Jesús, la cual provee una nueva comprensión de lo que significa liberarse del mundo (Entweltlichung)). En cualquier caso, se trata siempre de reinterpretar el evangelio a la luz de la inmanencia e historización modernas.

Entre los discípulos más reputados de Herrmann hay que contar a Adolf von Harnack (1851-1930). Harnack es muy conocido por su inmensa obra Lehrbuch der Dogmengeschichte (3 Vols. 1886–1890), en que caracterizó el dogma como la manifestación de la helenización del cristianismo. La esencia del cristianismo (título de otra de sus obras: Das Wesen des Christentum) consiste entonces en la simplicidad del evangelio de Jesús de Nazaret; la simplicidad del mensaje moral de Jesús que no constituye ningún peligro para la conciencia del hombre moderno. El 'reino de Dios' es la conciencia religiosa y la convicción del valor del alma humana. La tarea de los hijos del amante Dios padre es hacer su voluntad. De ahí se derivan para Harnack responsabilidades morales y cívicas que le competen exclusivamente a la comunidad cristiana. Esta es la incipiente concepción de un cristianismo cultural (Kulturprotestantismus) que Harnack ayudó a forjar y que estuvo en boga en el cambio del al .

La escuela de la historia de la religión