La expedición Vancouver (1791-1795) fue un viaje de exploración y diplomacia organizado por la Marina Real Británica que fue comandado por el capitán George Vancouver y tomó cinco años. La expedición circunnavegó el mundo, tocó cinco continentes y cambió, probablemente, el curso de la historia de varias naciones. La expedición estaba compuesta, según las etapas, entre dos y cuatro buques, y hasta 153 hombres, y todos ellos, menos seis, regresaron a salvo a casa.
Desde el punto de vista geopolítico, la expedición ayudó a eliminar a España como potencia en el Pacífico Norte y a definir las fronteras del conflicto anglo-estadounidense allí. También ayudó a la unificación del reino de Hawái y estableció además la dominación británica de Australia y Nueva Zelanda. La expedición también nombró cientos, quizá miles, de accidentes geográficos y especies botánicas y animales y se descubrieron dos grupos de islas en el Pacífico, las islas Snares y las islas Chatham.
Origen thumb|250px|Una recreación del barco HMS Discovery. El valor estratégico y comercial de la exploración del Pacífico, tanto por su riqueza en ballenas y pieles, como por ser una ruta comercial hacia el Oriente, ya había quedado establecido en varios expediciones de exploración, en particular los tres viajes que realizó James Cook (1728-1779). Gran Bretaña estaba especialmente interesada en mejorar su conocimiento de la pesca de las ballenas del Pacífico Sur, y en particular, en la ubicación de las estratégicamente situadas Australia, Nueva Zelanda, el Paso del Noroeste y la ficticia isla Grande. Se adquirió un nuevo barco, que tras ser acondicionado y adaptado, se bautizó como HMS Discovery, el mismo nombre de uno de los barcos de Cook. Se nombró como capitán a Henry Roberts (1757-1796) y Vancouver fue designado como teniente.
Los planes cambiaron cuando el aventurero irlandés John Meares (c. 1756–1809) informó de que los españoles habían confiscado sus posesiones en la isla de Nutca, adquiridas antes de 1789 a los indígenas locales, así como cientos de miles de libras de mercancías. España en defensa de sus intereses, había desalojado a Meares, pero eso dio pie a una confrontación entre España y el Reino Unido conocida como Crisis de Nutca, que amenazó con una guerra por el control del Pacífico y en la práctica, de América del Norte. Rusia era también una parte interesada, debido a su presencia comercial en la costa de Alaska y sus reclamaciones se extendían hasta California, siendo la principal razón por la que los españoles intentaron consolidar sus posesiones en la zona.
Aunque ahora se sabe que las afirmaciones de Meares sobre las pérdidas eran un poco exageradas, Gran Bretaña había derrotada recientemente a España en guerra y parecía estar lista para otra oportunidad. El Parlamento preparó la flota en la crisis de Nutca, y Roberts y Vancouver dejaron el HMS Discovery para servir en la flota del Canal (Channel Fleet) mientras que el HMS Discovery se convirtió en un barco de apoyo para transportar a las víctimas del alistamiento. Los españoles e ingleses finalmente llegaron a un acuerdo pacífico y la ahora conocida como Primera Convención de Nutca fue firmada en Madrid el 28 de octubre de 1790 por el conde de Floridablanca (1728-1808) y Alleyne FitzHerbert, primer barón de St Helens (1753–1839). España debía devolver las edificaciones y terrenos (exigían la totalidad de las ensenadas de Nutca y de Clayoquot«La crisis de Nutca en las sesiones de la Junta de Estado de 1790», de Emilio Soler Pascual.), indemnizar a los británicos por los bienes expropiados y reconocer la libre navegación y pesca en el Pacífico y en los mares del Sur. Fueron enviados a Nutca, como comisionados, por España, Juan Francisco de la Bodega y Quadra (1743–94) y, por el Reino Unido, Vancouver, para materializar el acuerdo en el lugar, aunque sus instrucciones no eran del todo compatibles: los británicos situaban los límites de las posesiones españolas a la altura de San Francisco y los españoles lo hacían en Nutca o en el estrecho de Juan de Fuca y tampoco había acuerdo sobre los terrenos adquiridos por Meares a los indígenas.
Vancouver regresó al HMS Discovery como comandante de la expedición. De acuerdo con sus órdenes, iba «a recuperar en forma de restitución los territorios en que los españoles se habían asentado, y también para hacer un estudio exacto de la costa, desde el grado 30º de latitud norte al noroeste hacia el río Cook; y, además, obtener todas las informaciones posibles que pudieran recoger respetando el estado natural y político de esa región» [«to receive back in form a restitution of the territories on which the Spaniards had seized, and also to make an accurate survey of the coast, from the 30th degree of north latitude northwestward toward Cook's River; and further, to obtain every possible information that could be collected respecting the natural and political state of that country»]. Estas exploraciones eran en parte descubrir la comunicaciones navegables en el interior de América del Norte (ya fuese el paso del Noroeste o, más probablemente, ríos navegables), y facilitar las investigaciones botánicas de Archibald Menzies, un naturalista y cirujano que acompañaba la expedición que estaba muy bien relacionado políticamente .
Tras el motín del Bounty (1789), el Almirantazgo había adoptado la precaución de que los buques británicos no hicieran largos viajes solos; por ello, armaron un segundo barco, el HMS Chatham, comandado por el teniente William Robert Broughton, y lo asignaron a la expedición. El HMS Daedalus debía incorporarse un año después con suministros en el estrecho de Nutca. La expedición debía durar dos o tres años.
Tripulación
El embarque de la expedición lista una tripulación de 153 hombres. La mayoría eran oficiales navales o marineros, muchos de ellos conocidos ya que se distinguirían en servicios futuros, como Peter Puget, Joseph Baker, Joseph Whidbey, William Broughten, Zachary Mudge y Robert Barrie. Había un gran destacamento de infantes de marina, sin que se informase sobre si su cometido era ayudar a la exploración en territorio hostil o, más bien, desalentar cualquier rebelión. Dos jóvenes aristócratas de 16 años, el honorable Thomas Pitt (sobrino del primer ministro) y el honorable Charles Stuart (hijo de un marqués), iban a bordo como marineros, y su presencia sería problemática.
Entre los supernumerarios estaba Menzies (que llevaría un meticuloso diario de la expedición) y su sirviente John Ewin (o Ewing). Un hawaiano llamado Towereroo, a quien el capitán Charles Duncan había llevado a Inglaterra, iba en el HMS Discovery de regreso a casa. Por último, el embarque incluía el habitual en aquella época «Widow's Man», el hombre de la viuda, un marinero nominal inexistente cuya paga iba destinada a las viudas de los marinos que habían perdido la vida y que en su mayoría quedaban en la miseria.
Año 1791 El 1 de abril de 1791 zarparon el HMS Discovery y el HMS Chatham. Llegaron a Santa Cruz de Tenerife el 28 de abril, en una escala de descanso y una oportunidad para recoger especies botánicas, pero la escala terminó en una pelea de borrachos en el que varios oficiales fueron golpeados y arrojados a la bahía.
El 7 de mayo los dos barcos salieron de Tenerife; el HMS Chatham llegó el 6 de junio a Ciudad del Cabo y dos días después arribó el HMS Discovery. Tras más botánica, socialización y contratación para reemplazar a los desertores, los barcos partieron nuevamente el 17 de agosto. El cirujano enfermó durante un brote de disentería, que ocasionó la muerte de un marinero. Menzies asumió sus funciones durante el resto de la expedición.
El 28 de septiembre arribaron a la costa australiana, en un golfo que Vancouver nombró en honor de su rey como King George Sound. Rápidamente realizaron el reconocimiento de la costa sur de Australia y siguieron su viaje hasta llegar a la costa de Nueva Zelanda, donde desembarcaron el 2 de noviembre, en el Dusky Sound, para el reabastecimiento y nuevas recolecciones botánicas. Partieron el 21 de noviembre, navegando ambos barcos por separado y descubriendo ambos las subantárticas islas Snares (23 de noviembre), que Vancouver consideró como peligrosas para la navegación (de ahí el nombre de «islas Trampas»). En la ruta hacia Tahití, la tripulación del HMS Chatham descubrió además las islas Chatham, antes de arribar Tahití el 26 de noviembre. El HMS Discovery llegó tres días después.
Hicieron escala en Tahití y Vancouver hizo cumplir la rígida disciplina para evitar las conexiones personales que habían llevado al motín del Bounty. Pitt fue azotado por intercambiar una pieza de hierro del buque por los favores románticos de una mujer. Towareroo, que no estaba sujeto a tal disciplina, decidió que prefería la comodidad de Tahití y quería casarse con una chica local. Sin embargo, las órdenes del Almirantazgo eran claras y Vancouver debía de devolverle a Hawái y no atendió sus deseos. El jefe local, Pomarrey, protegió a Towereroo unos días, pero después de «mucha investigación, y alguna coacción...»«...much investigation, and some coercion...» encontró al joven y lo devolvió a los británicos.
Año 1792
Partieron para pasar el invierno en Hawái, donde Vancouver llegó en marzo de 1792. Siendo un joven guardiamarina, 13 años antes, había estado en la desgraciada escala de Cook y por eso trató de evitar llegar a la costa en la bahía de Kealakekua.
Vancouver descubrió que la isla natal de Towereroo, Molokai, estaba sufriendo una hambruna. Fue a visitar al jefe Kaiana con regalos, que el jefe aceptó de inmediato. De acuerdo con el entonces teniente Peter Puget, los exploradores encontraron a Towereroo «de utilidad infinita en su trato con los nativos».«of infinite use in the management of the Natives»
El diario de Menzies menciona que por haber sido útil al rey hawaiano Kamehameha I, Towereroo había obtenido una plantación y otra más por haberse casado con la hija de un jefe, y que, en última instancia, controlaba alrededor de 200 «vasallos». En las trifulcas de la política de Hawái, su rápido ascenso y estrecha relación con los británicos eran tanto un activo como fuente de celos y por lo menos una vez Vancouver tuvo que interceder por su vida. Visitantes posteriores de la isla, como Frances Barkley del Halcyon, señalaron que hablaba un inglés perfecto y que hacía uso del nombre inglés «Charles». Poco se sabe del final de este joven, que en su tiempo fue el más viajero de los hawaianos.
Tras realizar los arreglos de su pequeña flota para pasar el invierno, se reabastecieron en Hawái para el resto de la expedición y el HMS Discovery y el HMS Chatham siguieron hacia América del Norte. El 16 de abril llegaron a tierra a unos 39°N y comenzaron un estudio detallado hacia el norte. (the dates given in Vancouver's published journal are one day off due to not having taken into account his crossing of today's International Date Line). El 28 de abril, se encontraron con el capitán estadounidense Robert Gray a bordo de la Columbia Rediviva, con el que tuvieron un fructífero intercambio de información, aunque Meares les había advertido que muchas de las exploraciones de Gray eran meras ficciones.
En junio de 1792, el HMS Discovery y el HMS Chatham anclaron en una bahía que llamaron bahía Birch.