Pedro Ortiz de Zárate o simplemente Pedro de Zárate (Orduña, ca. 1500 - Lima, 1547) fue un licenciado en leyes y magistrado español. Se desempeñaba como alcalde mayor de Segovia cuando fue nombrado en 1543 como uno de los cuatro oidores de la primera Real Audiencia de Lima, por lo que se trasladó a América. Intentó oponerse a la intransigencia del virrey Blasco Núñez de Vela en aplicar las Leyes Nuevas. Enfermo y agotado, acabó por fallecer en plena rebelión de Gonzalo Pizarro. Es el protagonista de una de las más célebres tradiciones de Ricardo Palma, titulada «Los tres motivos del oidor».
Biografía
Pedro Ortiz de Zárate nació en Orduña hacia el año 1500, siendo hijo del capitán Lope Ortiz Mendieta y Sáenz de Angulo y de Juana Hernández de Zárate. En dicha ciudad hubo un incendio en 1535 que la afectó en gran parte, obligando a sus habitantes a mudarse a otras poblaciones; es por esa razón que se ha perdido mucha información sobre personas nacidas allí. Los Ortiz de Zárate se trasladaron a Villalba de Losa.
Era hermano de Juan Ortiz de Zárate, que fue gobernador colonial del Río de la Plata y el Paraguay; y tío materno de Juan de Garay (hijo de su hermana Catalina Lucía de Mendieta y Zárate), de cuya crianza se encargó; este Juan de Garay se destacaría como colonizador de Río de la Plata y fundador de Buenos Aires.
Pedro Ortiz de Zárate se desempeñaba como alcalde mayor de Segovia cuando el 1 de marzo de 1543 fue nombrado por Carlos V oidor de la primera Real Audiencia de Lima, en el Virreinato del Perú, siendo sus colegas Diego Vásquez de Cepeda, Juan Lissón de Tejada y Juan Álvarez. De todos ellos, él era el magistrado más ecuánime y honrado.
Se embarcó en Sanlúcar de Barrameda, con el resto de oidores y con Blasco Núñez Vela, que fuera nombrado primer virrey del Perú y presidente de la Audiencia. Le acompañaban su esposa Catalina de Uribe y Salazar, su hijo mayor el capitán Pedro de Zárate, así como su sobrino Juan de Garay, que apenas era un adolescente. Realizaron la travesía del océano Atlántico y tras arribar a Nombre de Dios, cruzaron el istmo panameño hasta llegar a Panamá.
El flamante virrey, que iba dispuesto a hacer cumplir las llamadas Leyes Nuevas, decidió adelantar su viaje a Lima para tomar posesión del gobierno. Zárate le recomendó que actuara mansamente y que no aplicase esas leyes mientras no estuviera instalada la Audiencia y elegidos sus hombres de confianza en los cargos públicos. También le aconsejó informar al rey sobre aquellas leyes que generaban descontento a los conquistadores del Perú (23 de enero de 1544). Pero el virrey se mostró intransigente en hacer cumplir las leyes de manera inmediata, atizando así la rebeldía de los conquistadores.
Al lado del resto de los oidores Ortiz de Zárate zarpó de Panamá y desembarcó en Tumbes, continuando el viaje por tierra hacia Lima. Pero por hallarse ya viejo y achacoso, permaneció algún tiempo en Trujillo mientras sus colegas continuaban el trayecto.
Ya recuperado, continuó el viaje a Lima y recién con su llegada pudo instalarse la Audiencia. Quiso al principio actuar en coherencia con el virrey, pero cuando este dio muerte injusta al factor Illán Suárez de Carbajal, e incluso amenazó de muerte a otros prominentes vecinos, dejó de concurrir a las deliberaciones de los oidores.
Cuando los demás oidores acordaron poner en prisión al virrey y enviarlo de vuelta a España, se opuso a tal extrema medida; asimismo, no quiso firmar la provisión que convertía al oidor Cepeda en presidente de la Audiencia, gobernador y capitán general del Perú.
Embarcado el virrey y ocupada Lima por las tropas de Gonzalo Pizarro, se negó a firmar una nueva provisión que nombraba a dicho caudillo como gobernador y capitán general, pero finalmente lo hizo, dejando constancia de que actuaba contra su voluntad solo para evitar mayores males.
El escritor Ricardo Palma evocó este episodio en una de sus más conocidas tradiciones, titulada «Los tres motivos del oidor» y pone en boca del viejo oidor que todas sus razones para declinar se resumían en una sola: el miedo.
Lo misma excusa del temor arguyó cuando fue forzado a consentir que su hija Ana Salazar se casara con un hermanastro del Gonzalo Pizarro, llamado Blas de Soto. Todos estos aflicciones agravaron más su enfermedad y falleció a los pocos días de haber tomado unos supuestos polvos medicinales que le dio el mismo Gonzalo Pizarro, y que al parecer aceleraron su muerte, según el relato del cronista Antonio de Herrera.
Referencias
Bibliografía
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