thumb|Sierra del Cantón desde Macisvenda thumb|Almendros en flor de Macisvenda thumb|Parroquia de San Juan Bautista thumb|Fachada de San Juan Bautista thumb|Cementerio de Macisvenda Macisvenda es una pedanía perteneciente al municipio de Abanilla en la Región de Murcia, España. Se encuentra situada en el nordeste de la Región de Murcia, en el centro-norte del municipio de Abanilla, y a tan sólo 5 km de la provincia de Alicante. El pueblo se localiza sobre una pequeña superficie aplanada que se continúa por Alicante con la depresión de los Hondones (de los Frailes y de las Nieves) bajo la Sierra de El Cantón (927 m) y por encima de lo que es la cuenca neógena de Abanilla-Fortuna, de la que se disfrutan increíbles vistas desde los barrios situados sobre el desnivel que rompe esta llanura.

Con una superficie de 11,23 km² es una de las pedanías más grandes de Abanilla. Se encuentra situada a 10 km del centro urbano de Abanilla y es un cruce de caminos hacia Algueña, El Cantón, Hondón de los Frailes y Hondón de las Nieves. En la antigüedad, fue frontera entre el Reino de Aragón y el Reino de Castilla.

Historia

El origen de esta pedanía de Abanilla no está documentada, tan sólo podemos afirmar que aparece ya en 1750 en el catastro del Marqués de la Ensenada, como Macilvenda, aunque sería probable que hiciera referencia a un caserío o finca. Algunos investigadores han vinculado su origen, al igual que la vecina Barinas, a la subasta de bienes de realengo llevada a cabo a finales del . Se habla incluso del terrateniente Ramón Cabrera como el comprador de los terrenos, poseedor ya de fincas en La Roda, Villar de Chinchilla y otras zonas de Abanilla.

El vínculo histórico de Abanilla al período de dominación árabe ha generado una teoría que relacionaría esta pedanía con la localidad mozárabe de Mazaraveda, voz árabe que significaría mansión u hostería, si bien no existen suficientes datos documentales para afirmar que se trate de las mismas villas.

Restos prehistóricos de carácter paleontológico, vestigios de cultura argárica, villas romanas, referencias árabes y frontera con los reinos de Castilla y Aragón en siglos medievales, son algunas de las referencias históricas que rodean a esta pedanía y a su municipio.

Historia medieval y moderna

Según algunos investigadores, la antigua voz Macilbenda significaría hostería o mansión. Quizá se trate de la misma aldea que en documentos mozárabes aparece con el nombre de Mazaraveda. En todo caso, la génesis de esta población podría situarse ya en el período árabe. Sin duda el dominio árabe de las tierras de Abanilla tuvo un carácter significativo, dada la cercanía de este territorio a su vecina Orihuela y la relación comercial tan estrecha, además de administrativa, que tuvo con ella.

Durante el , Abanilla pertenecía a Orihuela, existiendo documentación sobre el trato comercial entre ambas poblaciones. Los productos abanilleros se vendían en el mercado de Orihuela. Los documentos nos hablan del alajú, el pan de dátil, las almendras, los higos, las nueces, la miel... El geógrafo al-Idrisi hacía mención expresa de los tejidos de al-Bayala (¿Abanilla?) y sus tapetes.

La reconquista del territorio por las coronas cristianas de Castilla y Aragón transformaron el devenir de este territorio de frontera. Así en 1281 pasaría a formar parte, como aldea, del señorío otorgado a Ramón de Rocafull. En 1434, y tras diversas rivalidades políticas, la administración de la aldea pasó a manos de la Orden de Calatrava. No sería hasta 1501 cuando los Reyes Católicos la elevaran al rango de villa.

Historia contemporánea

Los orígenes de Macisvenda se sitúan en el , en el terreno conocido como roal de abajo (rodal de abajo). Esta aldea se iría extendiendo hacia las proximidades de la iglesia, construida a principios del .

A finales del los terrenos de Macisvenda fueron subastados y comprados por el terrateniente Ramón Cabrera, dueño de varias fincas en Abanilla y Albacete (concretamente en La Roda y en Chinchilla). Cabrera tenía un criado manchego llamado Marco Benda, que sufría bronquitis crónicas de las cuales mejoraba al trasladarse a las posesiones de su señor en Abanilla. Esta curiosa historia es un aporte más al posible origen de Macisvenda, comprada en 1820 por Cabrera para facilitar la mejora física de su criado, y en la que construiría una casa solariega en el conocido rodal de abajo.

El nombre de la villa vuelve a surgir en las crónicas locales tras la Guerra civil española, fue entonces cuando la pedanía pudo disfrutar de nuevas carreteras y sistemas de comunicación, que facilitaron la vida de su creciente población que fue extendiéndose y dedicando progresivamente más hectáreas de su terreno a los cultivos de secano. Macisvenda, en la actualidad, es una pedanía de unos seiscientos habitantes que sigue cultivando la tierra, si bien el progresivo deterioro global del clima ha obligado a los macisvenderos a modernizar sus cultivos para poder sacar beneficio a sus extensiones de vid (con una destacada producción vinícola), almendro y olivo, así como a su pequeña huerta.

Clima y paisaje

El clima de Macisvenda destaca por unos veranos calurosos y unos inviernos suaves que favorecen la gran cantidad de monte bajo que se da en sus parajes, con irregulares y escasas precipitaciones que apenas superan los 300 mm anuales. La temperatura media anual es de unos 18 °C, llegando a mínimas de hasta 0 °C en invierno y con máximas que sobrepasan los 40 °C en verano.

Una parte del pueblo es generalmente plana y la otra desigual, estando muchas casas construidas en pequeñas elevaciones del terreno, como ocurre con el rodal de abajo.

El paisaje que rodea a esta población es muy diverso, con relieves montañosos, zonas llanas y ámbitos de ramblas. Al norte de la población se extiende la Sierra de Barinas (854 m), mientras que al sur desemboca una de sus ramblas en el conocido río Chícamo, cuyo paisaje se ha comparado al de Palestina.

Naturaleza

La naturaleza que hoy día puede apreciarse en Macisvenda y en los parajes de Abanilla es algo distinta a la que los habitantes de la zona podían disfrutar durante el período de dominio árabe, época de la cual existen numerosas referencias documentales sobre la riqueza de las tierras abanilleras.

Abanilla era un territorio con abundantes bosques de coníferas y plantas medicinales, hecho que los geógrafos e historiadores árabes mencionan en sus estudios, además de plantas propias del monte bajo que se extiende por el territorio.

Aunque estos terrenos han seguido un proceso natural de deforestación, durante la Edad Media y la Edad Moderna los parajes de Abanilla disfrutaban de bosques de coníferas relevantes. El hecho de que las Reales Atarazanas de Cartagena firmaran, en 1744, un contrato con la Orden de Calatrava para que esta la abasteciera de madera, contribuyó a la desaparición de gran cantidad de masa forestal en el municipio.

Las palmeras datileras son otro de los elementos que distinguen la naturaleza de Abanilla y Macisvenda, palmeras cuya producción de dátiles era renombrada y parte de su actividad económica, al igual que el esparto y los productos que se manufacturaban con él.

Macisvenda no posee grandes relieves rocosos pero sí barrancos y simas en terrenos áridos. Se trata de un suelo de depósitos miocénicos, con margas y arcillas con gran acúmulo de carbonato cálcico y materiales aluviales que se acumularon tras el plioceno y el cuaternario por las tierras colindantes.

Flora y fauna

Al norte de Macisvenda se sitúa la Sierra de Barinas, un relieve con un pico de 854 m, mientras que al sur de la pedanía se extiende la Sierra de Abanilla (674 m). La villa se ubica entre dos cadenas montañosas, en una cuenca que tiene en el río Chícamo su aporte hídrico.

El Chícamo, que se alimenta precisamente de alguno de los aportes de los ramblizos de la Sierra de Barinas, nace en la pedanía de Macisvenda y participa, al sur de su recorrido, cercano ya a la Sierra de Abanilla, de uno de los paisajes más peculiares de la región murciana. En estos parajes se concitan algunos cultivos de huerta, como tomateras, habas y alcachofas.

Conocida es la similitud de la naturaleza que rodea al Chícamo con Palestina, la abundancia de palmeras, sobre todo en Macisvenda, al igual que la aridez del terreno le han valido este paralelismo a los parajes de Abanilla.

Abunda en estas tierras una flora propia de los terrenos áridos y de rambla, adelfas, tarays, carrizos, cañas y juncos son las especies que se reparten por las zonas de ramblas mientras que el esparto, el albardín, el tomillo y el romero forman parte del monte bajo de sus parajes.

Las especies arbóreas, además de las mencionadas palmeras, son escasas, sobre todo de pino carrasco, conífera que facilita las labores de repoblación forestal por sus cualidades. También se pueden observar enebros y sabinas comunes.

La fauna de los parajes de Abanilla y las inmediaciones de Macisvenda llegó a tener siglos atrás, según consta en estudios paleontológicos, ciervos, jabalíes, corzos, lobos y cabras hispánicas. Pero la paulatina deforestación del territorio fue reduciendo el número de especies que habitaban estas zonas del sudeste, si bien la caza menor en Abanilla siempre ha sido abundante, como lo prueba una de sus recetas gastronómicas más conocidas, el arroz y conejo.

La actividad cinegética, además de conejos y liebres, posee perdices rojas, paloma torcaz y tórtolas. A estas aves, y siendo propias de las zonas arcillosas de ramblas, se debe añadir el abejaruco.

Entre los anfibios podemos encontrar, en las zonas de charca y fundamentalmente proximidades del río Chícamo, ranas comunes y el conocido como galápago leproso y las culebras de agua.

Río Chícamo

El nacimiento del río Chícamo es producto de las aguas que fluyen procedentes del drenaje natural del acuífero de la sierra de Quibas (948 m). Es la salida natural de lo que los hidrogeólogos han denominado subsistema acuífero Chícamo, de 25 km², perteneciente al sistema acuífero de Quibas de 243 km². En la actualidad su caudal es deficiente aunque, a juzgar por las canalizaciones y vestigios de otras épocas, debió ser muy abundante siglos atrás.

El río cruza el término de Abanilla de norte a sur. Tiene la afluencia de muchos barrancos y ramblas, como las de Balonga, Zurca y Campules. A lo largo de su historia las riadas han llegado a ser en ocasiones muy fuertes. En una de ellas rompió y arrasó el azud de El Partidor, el puente de "la tía María la Reina", el badén de la carretera de Abanilla a Santomera y el cementerio de Benferri, inundando la zona del Palmeral de Orihuela. El azud de El Partidor se construyó de sillería a mediados del para evitar en lo posible su destrucción total durante las lluvias torrenciales.

A pocos metros del nacimiento de las aguas, éstas eran recogidas por el azud construido a tal efecto y conducidas para su aprovechamiento industrial en el molino denominado del Chícamo. Se construyó en el año 1844 por la Comunidad de Regantes de la Huerta de Abajo y Sahués que lo arrendaba en puja durante cuatro años. Dejó de funcionar a principios de los años 60.

Desde la salida del referido molino, las aguas discurren parapetadas por la garganta de El Cajel -o Cajer-, sobre terreno de arenisca fosilizada, que el tiempo y la erosión se han encargado de excavar y moldear a capricho.

En el año 1933 la instalación de una pequeña central eléctrica conocida popularmente como la "fábrica de la luz" posibilitó el alumbrado eléctrico en La Umbría, Macisvenda, El Tollé, El Partidor, etc. Las aguas, al salir del molino del Chícamo, se recogían en una acequia que se construyó al efecto, por toda la escarpada cresta de la margen derecha de El Cajel -o Cajer- y tras unos pequeños acueductos de madera y un túnel se conducían hasta este lugar. Dejó de funcionar en los años 70.