Los Asesinatos de Marsella hacen referencia a la muerte por parte de terroristas macedonio-búlgaros y croatas del rey de Yugoslavia Alejandro I y del ministro de Exteriores francés Louis Barthou el al poco de desembarcar el monarca en la ciudad de Marsella.

El rey yugoslavo realizaba una visita oficial a Francia con el fin de estrechar relaciones con el Gobierno francés, en el marco del clima prebélico en que se encontraba Europa. En una operación conjunta de los grupos extremistas nacionalistas ustachas (croatas) y Organización Interna Revolucionaria de Macedonia (búlgaro-macedonia), Vlado Chernozemski consiguió aproximarse hasta el vehículo del monarca y disparar a bocajarro sobre Alejandro I, que murió en el acto. Barthou falleció también poco después, desangrado. El asesino, el búlgaro Chernozemski también falleció en las horas posteriores, a consecuencia de las heridas recibidas por la escolta, y los gendarmes franceses y la muchedumbre. Asimismo, once espectadores resultaron alcanzados por el tiroteo, dos de los cuales murieron, así como un policía.

Francia y Gran Bretaña, empeñadas en recabar el apoyo de Mussolini contra las ambiciones de Hitler, lograron evitar la acusación yugoslava contra Italia —protectora de los ustachas— ante la Sociedad de Naciones. El asunto se saldó con una condena genérica a Hungría, lugar de donde provenían los terroristas y la formación de una comisión sobre terrorismo. De los diversos miembros de la célula enviada a Francia para asesinar a Alejandro, tres fueron detenidos por la policía francesa y condenados a trabajos forzados de por vida. Los instigadores del atentado, sin embargo, no fueron capturados.

Contexto La situación en Yugoslavia Guerrilleros búlgaro-macedonios, enfrentados a las tropas serbias y luego yugoslavas en Macedonia.|thumb|left|180px Stjepan Radić, principal dirigente croata, asesinado en el Parlamento yugoslavo en 1928. Este homicidio agudizó la crisis política y llevó al rey a proclamar la dictadura en 1929.|thumb|left|180px Tras la segunda guerra balcánica, Serbia y Grecia se repartieron la mayor parte de Macedonia; Bulgaria perdió la inmensa mayoría de los territorios que había ocupado durante la primera guerra balcánica. Serbia mantuvo desde la adquisición del territorio una dura política represiva y de asimilación de la población, muy mezclada y, a menudo, poco partidaria de la soberanía serbia. A las duras medidas opresivas del Gobierno de Belgrado se opusieron bandas armadas macedonias, autoras también de crímenes, a veces apoyadas por Bulgaria. La más importante organización antiserbia, que contaba con el apoyo intermitente del Gobierno de Sofía, era la Organización Interna Revolucionaria de Macedonia (OIRM), con gran poder en la propia Bulgaria, pero muy dividida internamente en diversas corrientes. Durante el periodo de entreguerras, la OIRM y el Gobierno yugoslavo mantuvieron un constante enfrentamiento en Macedonia que se saldó con cientos de muertos. La OIRM, con su sede en Sofía, contaba además con apoyo propagandístico y financiero italiano.

Tras el asesinato en el Parlamento del destacado político croata Stjepan Radić, dirigente del mayor partido croata, a manos del diputado serbomontenegrino Puniša Račić, se agudizó la crisis que desde la creación de Yugoslavia en 1918 enfrentaba, principalmente, a los nacionalistas croatas con el Gobierno centralista de Belgrado. Después del rechazo de la oferta de secesión del rey, que el sucesor de Radić declinó por temor a Italia, de la retirada de los diputados del partido de Radić del Parlamento y del fracaso de mediación del nuevo Gobierno del dirigente esloveno Anton Korošec, el monarca abolió la Constitución el , inhabilitó al Parlamento y empezó a acumular poderes dictatoriales. El 3 de octubre, convirtió al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos en el Reino de Yugoslavia, y modificó la organización territorial del reino. Ya antes del asesinato, Alejandro estaba convencido de lo inadecuado del sistema democrático como método de gobierno del país, aunque sus tácticas de gobierno tampoco favoreciesen la estabilidad, con su tendencia a apoyarse en militares sin ideas políticas y políticos más fieles que capaces.

Los primeros meses del gobierno real, sin embargo, estuvieron marcados por el rigor y la aplicación de reformas muy necesarias para el país (creación del Banco Agrario, obras públicas, unificación legislativa, renovación del funcionariado y de los mandos del Ejército,etc). Pronto se extendió al resto del país, sin embargo, la represión que había sido habitual en Macedonia desde 1913. La desilusión de muchos de los partidarios iniciales del gobierno autoritario real, su incapacidad para resolver la crisis económica mundial y el fracaso cada vez más claro de los Gobiernos de la dictadura para acabar con el problema de los nacionalismos menguaron el apoyo original. El Gobierno, que se había creado con el objetivo de cohesionar al país y más tarde se había tenido que enfrentar con la necesidad de sacarlo de la crisis económica, fracasó en ambos empeños, convirtiendo el país simplemente en un Estado policial. Hacia finales de 1932, el desprestigio del régimen era palmario.

La policía del régimen llevó a cabo asesinatos de miembros de la oposición, intentó asesinar a otros y detuvo a algunos, como al sucesor de Radić al frente del prohibido Partido Campesino Croata, Vladko Maček, lo que reforzó la hostilidad croata hacia la dictadura. Mientras, se mantenía la dura represión en Macedonia.

En política exterior, sin embargo, el régimen real desarrolló una gran actividad, respaldada en el país: se fomentó un reforzamiento de la Pequeña Entente, se creó la Entente de los Balcanes, se reforzó la tradicional alianza con Francia y mejoró al mismo tiempo la relación con Alemania, aunque la actitud hacia la Unión Soviética seguía siendo hostil. Mejoró incluso la relación con Bulgaria, que Alejandro visitó a finales de septiembre de 1934. Yugoslavia sabía que solo un acuerdo con Sofía podía poner fin a la actividad de la OIRM en Macedonia. El golpe de Estado en Bulgaria de la primavera de 1934 que condujo a la toma del poder por Zveno y la Liga Militar facilitó el acercamiento de los dos países ya que los nuevos gobernantes también tenían intención de acabar con la influencia de la OIRM. El trato con la Italia fascista, por el contrario, seguía siendo malo: Yugoslavia seguía temiendo las ambiciones italianas en la costa dálmata, recelaba del apoyo de Mussolini a las organizaciones separatistas croatas, temía el apoyo que prestaba al revisionismo húngaro y condenaba la opresión de las minorías eslovena y croata en el país vecino. Los sucesivos intentos de acercamiento de Alejandro a Mussolini durante el periodo de la dictadura real hasta la muerte del monarca fracasaron en la obtención de un acuerdo que garantizase la paz en el Adriático y acabase con la tensión entre los dos países.

Los independentistas croatas

La organización independentista ustacha, dirigida por el antiguo diputado del Partido Puro por los Derechos Ante Pavelić, mantenía campos de entrenamiento en Italia y sus dirigentes, desde su exilio de 1929, pasaron por Bulgaria, Hungría e Italia.

En 1932 introdujeron algunos comandos en Yugoslavia, que fueron detenidos y condenados a duras penas. En 1931-1932 alquilaron una granja en las cercanías de la frontera húngaro-yugoslava donde realizaron entrenamiento de tácticas terroristas. Desde 1931 llevaron a cabo varios atentados en Yugoslavia, incluyendo el intento de asesinato del rey en diciembre de 1933. La organización contaba con el respaldo de los Gobiernos italiano y húngaro. En abril de 1934, tras las repetidas protestas de las autoridades yugoslavas, las magiares clausuraron la base de los exiliados croatas. Meses más tarde, en julio se logró un acuerdo que redujo la tensión fronteriza entre los dos países.

El «Locarno oriental» y el acercamiento italo-francés Barthou (derecha) junto a ministro de Asuntos Exteriores polaco Beck, que rechazó las propuestas francesas.|thumb|right Ante la llegada al poder de Hitler a comienzos de 1933, Francia trató de reforzar su sistema de alianzas. En la primavera de 1934, el ministro de Exteriores francés, Louis Barthou, comenzó a desarrollar actividades para lograr la firma de un tratado similar al de Locarno que garantizase las fronteras en Europa oriental. El temor de Mussolini a las pretensiones alemanas en Austria ofrecían a Barthou la posibilidad de lograr el acercamiento a Italia, pero el revisionismo italiano en Dalmacia y su apoyo al húngaro hacían difícilmente compatible esta mejora de relaciones con el no perjudicar a la vez las relaciones de Francia con la Pequeña Entente. Barthou era consciente de la necesidad de un acercamiento italo-yugoslavo para lograr a su vez una alianza entre Italia y Francia contra Hitler.

El monarca yugoslavo visitó diversos países vecinos en 1933: Rumanía (30 de septiembre), Bulgaria (3 de octubre) y Turquía (4 de octubre). Durante esta gira, algunas de las naciones balcánicas, incluida Bulgaria, expresaron su intención de formalizar una alianza defensiva. Yugoslavia —directamente amenazada por los designios de Mussolini— se unió a la Entente de los Balcanes en febrero de 1934. Bulgaria, empeñada en lograr grandes revisiones territoriales a su favor, finalmente se negó a unirse al acuerdo.

En junio de 1934, Barthou logró que Rumanía y Checoslovaquia estableciesen relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y se le recibió con entusiasmo en las capitales de los dos países mientras que, por el contrario, Polonia no se mostraba muy partidaria del proyecto francés. Tras el rechazo polaco y alemán a los planes franceses en septiembre, Barthou se concentró en lograr una mejora de relaciones en los Balcanes. El rey Alejandro se avino a aceptar un acuerdo con Italia que consistiría en concesiones económicas a los italianos a cambio de que estos garantizasen la independencia austriaca y albanesa y respetasen las fronteras yugoslavas. Se invitó al rey a firmar en Francia un acuerdo franco-yugoslavo que había de permitir al ministro de Exteriores francés tratar luego con Mussolini. Tras una nueva fructífera visita a Bulgaria que pareció augurar el fin de la rivalidad serbo-búlgara —que había llevado a los dos países a enfrentarse militarmente cuatro veces en medio siglo—, Alejandro partió para visitar Francia, el aliado más estrecho de Yugoslavia, para continuar las negociaciones con Barthou. La visita debía servir para reforzar la tradicional alianza entre los dos países, que se había debilitado en los últimos tiempos, en especial por los intentos franceses de acercamiento a Italia, que los yugoslavos veían con recelo, además de por el acercamiento francés a la Unión Soviética, que Alejandro —profundamente anticomunista— había criticado.

Los preparativos y los intentos de desbaratar el atentado Conversaciones entre los ustachas y el OIRM Cuando se anunció la próxima visita de Alejandro a Sofía y París, el comité central ustacha comenzó a preparar un nuevo atentado contra al monarca. El anterior, que había tenido lugar en Zagreb el 16 de diciembre de 1933 con motivo de la visita del rey a la ciudad para celebrar su cumpleaños, había fracasado por la indecisión de los tres ustachas enviados para asesinar a Alejandro. Vlado Chernozemski, chófer del dirigente de la OIRM Ivan Mihailov, acudió a Italia y se hizo cargo del entrenamiento en prácticas de tiro de los ustachas, que se realizaba con figuras del soberano yugoslavo a tamaño natural. Hacia finales de agosto de 1934, el propio Mihailov viajó a Italia para tratar con Pavelić los detalles del ataque al rey; la reunión tuvo lugar bajo protección italiana y el inspector general Ercoli Conti de la policía secreta italiana asistió. El conde Ciano recibió en dos ocasiones a Pavelić y Mihailov.