miniaturadeimagen|Evaluación La evaluación es un proceso que se utiliza para determinar, de manera sistemática, el mérito, el valor y el significado de un trabajo o capacidad, ya sea intelectual o física. Se realiza siguiendo unas normas. Conduce a un juicio de valor y se expresa mediante la opinión de que ese algo es significativo o importante.

Para lograr este juicio, se explora la manera en que un objeto reúne un conjunto de criterios determinados. Así, la evaluación es esencialmente comparativa y cuantitativa. El concepto aparece en el con el proceso de industrialización que se produjo en Estados Unidos. En este marco, surgió el moderno discurso científico en el campo de la educación, que incorporó términos tales como: tecnología de la educación, diseño curricular, objetivos del aprendizaje o evaluación educativa.

Para otros autores, la evaluación aparece con los mismos comienzos de la sociedad, la cual siempre ha buscado dar juicios de valor a las acciones y actitudes de los estudiantes. La evaluación como disciplina ha sufrido profundas transformaciones conceptuales y funcionales a lo largo de la historia, especialmente en los siglos y .

En el contexto de los sistemas de calidad, es necesaria la evaluación para la mejora y la continuidad de la calidad de un elemento.

Enfoques de evaluación Enfoque tradicional El enfoque tradicional o tradicionalista suele estar ligado al desarrollo de exámenes, evaluaciones y pruebas. Su razón de ser, es definida en función de instrumentos o técnicas. El rol fundamental de la evaluación tradicional está organizado como la fase final del proceso de enseñanza–aprendizaje, con la finalidad de determinar la cantidad de conocimiento o contenidos, mas no las capacidades, las actitudes y los valores que maneja el alumno durante un tiempo de enseñanza.

Enfoque crítico Integración de los tres enfoques anteriores.

El proceso de obtener evidencias (medición) que nos permita juzgar (juicio) el nivel del logro (congruencia) de los objetivos de aprendizaje. Las nuevas acepciones señalan a la evaluación como fuente de información para la toma de decisiones. Evaluación para la mejora, renovación, cambio de las prácticas habituales del sistema. Actividad permanente y flexible, cada vez más científica.

Tipos de evaluación Existen distintas formas de clasificar la evaluación educativa, ya sea según sus propósitos, su referente de comparación, el momento en que se aplica o los agentes involucrados. Estas tipologías permiten comprender con la mayor precisión las funciones que cumple la evaluación en el proceso de enseñanza.

Clasificación de la evaluación según su intencionalidad o propósito Una de las clasificaciones utilizadas comúnmente, distingue entre evaluación sumativa, evaluación formativa continua y evaluación inicial, que también se denomina evaluación diagnóstica. Según estas categorías, la evaluación tendrá el objetivo de certificar aprendizajes, de orientar un proceso o de identificar cuál es el punto de partida de los/as estudiantes.

Evaluación formativa inicial o de diagnóstico Es un tipo de evaluación que a menudo se denomina diagnóstico y se utiliza al inicio de un proceso de enseñanza con el fin de identificar los conocimientos previos de los/as estudiantes, además de sus necesidades de aprendizaje para potenciar la mejora a través del ajuste de las planificaciones al inicio de un proceso educativo. Busca reconocer el punto de inicio del aprendizaje, asegurando una coherencia entre lo enseñado y lo que necesitan los estudiantes.

Posee un rol importante en la toma de decisiones tempranas, ya que la información recogida permite anticipar obstáculos y realizar propuestas de apoyo pertinentes debido a que está enfocada en orientar el proceso de enseñanza y no en otorgar una certificación o calificación en una instancia final.

Evaluación formativa continua Es un tipo de evaluación que se lleva a cabo de manera sistemática a lo largo del proceso de enseñanza. Su principal objetivo es monitorear el progreso de los/as estudiantes y realizar ajustes oportunos en las estrategias pedagógicas utilizadas, para asegurar la calidad y la mejora de los aprendizajes. Busca entregar retroalimentaciones mientras el proceso de aprendizaje está ocurriendo, no antes ni después.

Está centrada en el estudiantado y corresponde a una evaluación para el aprendizaje, no del aprendizaje. Por ello, pretende guiar el avance hacia los objetivos de aprendizaje por parte de los estudiantes, a partir de criterios explícitos, continuos y conocidos. Su eficacia dependerá de que las retroalimentaciones sean comprensibles, frecuentes y que estén orientadas a acciones concretas.

A pesar de la relevancia que la literatura atribuye a la evaluación formativa continua, diversos estudios muestran que su implementación efectiva sigue siendo un desafío.Aunque muchos docentes declaran adherir a enfoques formativos, inclusivos o centrados en el aprendizaje, en la práctica persisten modelos tradicionales basados en pruebas escritas, énfasis en la calificación y criterios poco explícitos. Esta distancia entre las concepciones declaradas y las acciones evaluativas reales evidencia que la transición hacia una cultura de evaluación para el aprendizaje aún es incipiente y requiere apoyos sistemáticos, desarrollo profesional y condiciones institucionales que permitan consolidarla.

Evaluación sumativa Es un tipo de evaluación orientada a la certificación del nivel de logro que ha sido alcanzado por los/as estudiantes al finalizar un proceso de enseñanza. Esto se realiza habitualmente a través de una certificación o de la asignación de una valoración o juicio.

Su propósito es comprobar si se han cumplido los objetivos de aprendizaje, poniendo el foco en el resultado o producto final, más que en el proceso formativo. Esto significa que demuestra aquellos aprendizajes que ya fueron logrados y gracias a su rol acreditativo, entrega información para tomar decisiones institucionales como la promoción o el acceso a otros sistemas educativos y profesionales.

Clasificación de la evaluación según los agentes involucrados La evaluación también puede clasificarse según quién participa en ella, lo que influye directamente en cómo se interpreta y utiliza la información obtenida. Involucrar a distintos agentes permite ampliar la mirada sobre el aprendizaje y avanzar hacia prácticas más formativas, superando el enfoque tradicional centrado únicamente en el juicio del docente.

Heteroevaluación La heteroevaluación se caracteriza por la valoración realizada por una persona externa al estudiante, generalmente el docente, siguiendo un modelo tradicional centrado en la medición y el control del aprendizaje. Este enfoque ha predominado históricamente debido a su vínculo con prácticas evaluativas orientadas a comprobar resultados más que a comprender procesos, lo que limita su aporte a la mejora continua del aprendizaje.

Coevaluación La coevaluación implica la participación conjunta de distintos agentes (como estudiantes entre sí o estudiantes y docentes) en la valoración del aprendizaje. Esta modalidad favorece la comprensión compartida de los criterios y promueve la reflexión colectiva, aspectos fundamentales para una evaluación con carácter formativo. Además, amplía la mirada sobre el proceso evaluativo y contribuye a enriquecer la información disponible para la toma de decisiones pedagógicas.

Autoevaluación La autoevaluación sitúa al estudiante como protagonista de su propio proceso, permitiéndole analizar sus avances, reconocer dificultades y tomar decisiones informadas sobre su aprendizaje. Esta práctica es coherente con modelos que conciben la evaluación como una herramienta para aprender, ya que promueve la autorregulación y transforma la evaluación en un proceso continuo orientado a la mejora. Asimismo, se alinea con enfoques cualitativos que buscan que la evaluación deje de ser un mecanismo sancionador para convertirse en un elemento formativo integrado al currículo.

Clasificación de la evaluación según referente Otra clasificación relevante se basa en el referente utilizado para interpretar los resultados. Dependiendo del punto de comparación elegido, la evaluación puede orientarse hacia la clasificación, la verificación del logro de objetivos o el análisis del progreso individual, lo que determina el tipo de información disponible y su utilidad pedagógica.

Evaluación normativa La evaluación normativa compara el desempeño de un estudiante con el de un grupo de referencia, siguiendo una lógica psicométrica centrada en la posición relativa del alumnado. Aunque útil para ciertos análisis comparativos, este enfoque ofrece información limitada para orientar la enseñanza, ya que no permite comprender el proceso de aprendizaje ni identificar con precisión las necesidades de apoyo.

Evaluación criterial La evaluación criterial utiliza como referente un conjunto de criterios u objetivos previamente establecidos, lo que permite valorar el grado de logro de los aprendizajes esperados sin recurrir a comparaciones entre estudiantes. Este enfoque resulta especialmente adecuado para la evaluación formativa, ya que facilita la retroalimentación específica y la toma de decisiones pedagógicas ajustadas al progreso real del alumnado.

Evaluación idiográfica La evaluación idiográfica toma como referente el propio progreso del estudiante, comparando su desempeño actual con su desempeño previo. Este enfoque reconoce la singularidad de cada trayectoria y permite valorar avances reales independientemente del punto de partida. Su orientación hacia la mejora continua lo convierte en un recurso especialmente valioso en modelos centrados en el aprendizaje y en la personalización de la enseñanza.

Más información sobre los tipos de evaluación

La evaluación funcional se refiere al fin que pretende conseguir mediante el proceso evaluativo respecto al estudiante, determinando el uso que se hará de los resultados del mismo, generalmente en la bibliografía se encuentra ligada a la dimensión de temporalidad. De acuerdo con la naturaleza de la evaluación como actividad proyectada sobre todos los componentes del proceso didáctico, las decisiones tanto iniciales o diagnósticas, como continuo‐formativas y finales, se proyectarán sobre la misma función docente, la metodología, los recursos y las circunstancias contextuales.

La evaluación inicial o evaluación diagnóstica proporciona información acerca de los conocimientos y las habilidades previas del sujeto. Debe considerarse siempre en términos de su utilidad para facilitar adaptaciones constructivas de los programas educativos a los individuos. En este sentido, cumple con la función reguladora que asegure que las características del sistema se ajusten a las de las personas a quienes se dirige; es decir, que va a servir de base para adoptar decisiones relativas a la realización de actividades de apoyo, específicamente orientadas a la superación de problemas que presente el alumno, o bien dará lugar a modificaciones específicas en otros componentes de la enseñanza en función de los problemas detectados.

El concepto de evaluación formativa urgió en los Estados Unidos a mediados de la década de 1960, cuando Michael Scriven acuñó el término junto con el de evaluación sumativa en 1967. La evaluación formativa se desarrolló como una reacción crítica frente a la concepción dominante de evaluación promovida en la aplicación de pruebas estandarizadas, en el marco de lo que se conoce como el movimiento de estandarización de la evaluación. A su vez, Angulo Rasco, unos años más tarde, hablaría de las problemáticas que puede traer la estandarización de evaluaciones tipo test y la normalización de que organizaciones externas la escuela o al estado queden a cargo de la evaluación de los estudiantes, ya que estas buscarían imponer sus ideas de que es estar educado o "inteligente".