El monasterio de Santa María del Parral, o simplemente monasterio de El Parral, es un monasterio de clausura de la Orden de San Jerónimo ubicado en la ciudad de Segovia, en la comunidad autónoma de Castilla y León en España.
El monasterio de El Parral se encuentra a extramuros de la ciudad, en el barrio de San Lorenzo, junto a la iglesia de la Vera Cruz y muy cercano al convento de San Juan de la Cruz y a la antigua fábrica o casa de la moneda, en la orilla derecha del río Eresma en el paraje conocido como "La alameda". Mantiene el uso para el que fue creado, perteneciendo desde su origen a la actualidad a los monjes de clausura de la Orden de San Jerónimo.
Los diferentes edificios que componen el conjunto monacal están distribuidos en torno a varios claustros de estilos gótico, mudéjar y plateresco. Lo mandó construir el rey Enrique IV de Castilla en el año 1447. En 1454 el rey emprende a sus expensas la construcción de las dependencias monacales incluso antes que la iglesia. De esta relación entre el monarca y el monasterio da testimonio las representaciones heráldicas con las armas del monarca y las ramas de granado que se ven en varios sitios del edificio.
El monasterio de Santa María del Parral, junto con el convento de dominicos de Santa Cruz y con el convento franciscano de San Francisco, del que resta el claustro, conforma la trilogía de la arquitectura de primera calidad de la Segovia del .
En su interior destaca el retablo mayor de la iglesia, realizado en el , obra de Juan Rodríguez y de un conjunto de escultores abulenses de estilo renacentista. El nombre se debe a que en él se venera a la virgen del Parral, escultura románica procedente de un templo anterior.
Historia La fundación miniatura|Fachada de la iglesia del monasterio miniatura|Escudos de Diego López Pacheco y Juana Enríquez en la fachada de la iglesia miniatura|Capilla de la Virgen de El Parral. Escultura románica que da nombre al monasterio Lo mandó construir Enrique IV en 1447 siendo todavía príncipe. Por ello lo hizo bajo el nombre de Juan Pacheco (marqués de Villena desde 1445), su camarero mayor, ya que no estaba bien que no siendo rey levantara edificios. Lo ubicó en un paraje que él mismo describe como
La ermita de la Virgen del Parral era propiedad de la catedral y de devoción de los ciudadanos de Segovia desde el . Junto a la ermita existía un parral y esta estaba rodeada de huertos que pertenecían, como la propia ermita, al cabildo de la catedral ya que en 1301 la señora María Molina se los había donado.
El 7 de diciembre de 1447 Enrique IV compra al cabido catedralicio la ermita y los terrenos que la rodean por diez mil maravedíes y hace cesión a fray Rodrigo de Sevilla, prior del monasterio de San Blas de Villaviciosa (Guadalajara) de la adquisición para fundar en esos terrenos un nuevo monasterio que fue erigido por el canónigo Nuño Fernández de Peñalosa, en nombre del cardenal obispo, don Juan de Cervantes. fray Rodrigo de Sevilla sería el primer prior del mismo.
La bula fundacional fue dada por el papa Nicolás V y en ella se recogían los mismos privilegios que el monasterio de Guadalupe. La dejación del marqués de Villena mantiene a la comunidad de frailes en precario hasta que en 1454 se proclama rey Enrique IV, a la muerte de su padre Juan II, y ordena comenzar las obras de los diferentes edificios que conformarían el complejo monasterial. Fray José de Singüenza describe la construcción de la siguiente manera:
En la descripción, Sigüenza comenta la riqueza de los artesonados mudéjares, los policromados del techo del claustro alto, refectorio, librería y celda del Prior.
A Enrique IV se debe casi toda la capilla mayor, pero no la nave, que no pudo completar debido a problemas en sus reinos.
La consolidación de El Parral En 1474 muere el rey Enrique IV y comienza una guerra por la sucesión en el trono que enfrentó a la hija del rey Juana la Beltraneja y a su hermanastra Isabel. Durante la contienda las obras se paralizaron. En 1479 Isabel sube al trono de Castilla y comienzan de nuevo las obras de El Parral. El prior del monasterio en esa época, fray Pedro de Mesa, logra un acuerdo de financiación con el marqués de Villena que permitió acabar las obras en 1503.
miniatura|izquierda|Fotografía antigua del monasterio La concepción del monasterio se hizo según los requisitos exigidos por la Orden Jerónima. El primer maestro de obras fue el segoviano Juan Gallego, quien diseñó la recogida de aguas y las primeras trazas de los edificios. Según relatan los propios frailes, Juan Gallego dispuso de la siguiente forma
En 1472, Juan Pacheco, marqués de Villena, contrató las obras de la capilla mayor. En ella realizaría el retablo y los sepulcros del propio marqués de Villena y su esposa María de Portocarrero, después de la firma del contrato en Segovia en el año 1528. Describe fray José de Sigüenza, monje del monasterio, que el rey Enrique IV quería el lugar del retablo para su enterramiento, pero se lo solicitó el marqués de Villena para su uso, como relata fray José de Sigüenza:
El contrato para su ejecución fue firmado el 23 de marzo de 1528 por los entalladores Juan Rodríguez y Jerónimo Pellicer, discípulos de Vasco de la Zarza, junto con el pintor Francisco González, todos ellos vecinos de Ávila, quienes se comprometían a realizarlo según las condiciones que se estipulaban por una cuantía de 400.000 maravedís. Bosarte, Isidoro, (1804) pp.55-60 y 355. Del dorado y policromado se encargó Diego de Urbina, vecino de Madrid, quien suscribió el contrato el 19 de octubre de 1553 junto con la hechura de una cortina en grisalla «con los pasos de la Pasión al natural» para cubrirlo en Semana Santa. Bosarte, Isidoro (1804), pág. 355.
La naves se acabarían de cerrar en 1503. En 1654 un incendio destruyó buena parte de los edificios monacales, que serían reconstruidos poco después bajo la dirección de fray Pedro de Huete. Durante más de trescientos años de historia el monasterio fue creciendo.
La decadencia del En el comienza un periodo de decadencia que culminó en 1837 con la desamortización de Mendizábal que motivó el abandono del monasterio de El Parral y la dispersión de muchas obras de arte, documentación y tesoros que en él se guardaban.
En 1808 las tropas de Napoleón Bonaparte bajo el mando de los generales Lasalle y Frere irrumpen en el monasterio saqueando la sacristía y al año siguiente dispersan el archivo. La comunidad de monjes se ve obligada a abandonar El Parral hasta que puede regresar en 1813. En noviembre de 1820 se disuelve la comunidad que abandona nuevamente las instalaciones. En julio de 1823 los monjes volverían al Parral. El 10 de noviembre de 1835 se disuelve la comunidad por orden de las leyes desamortizadoras, el año anterior había entrado el último monje, fray Juan Durán, y en ese momento la comunidad estaba formada por 27 monjes, 4 criados y 4 estudiantes.
miniatura|«Sepulcro en el monasterio del Parral de Segovia», dibujo de Jenaro Pérez Villaamil para España artística y monumental, 1850 El proceso desamortizador provocó la dispersión de las obras de arte y la biblioteca, así como el abandono de los edificios que componían el conjunto monacal. Entre las obras de arte dispersadas destacan las siguientes; parte de la biblioteca se traslada al Trinity College de Dublín y sus estanterías acaban en la capilla de Viejos de Segovia; la sillería del coro se divide entre el Museo Arqueológico Nacional y la iglesia de San Francisco el Grande, ambos en Madrid; la tabla La Fuente de la Gracia, de la escuela de Jan van Eyck, pasa al Museo de la Trinidad y de ahí posteriormente al Museo del Prado; la más estimada reliquia, un hueso de santo Tomás de Aquino, acaba en el convento de dominicos de Ocaña, las laúdes de bronce y la verja de hierro forjado de la capilla mayor se vende como chatarra y se pierden los cuadros de Ricci que adornaban el claustro así como muchos retablos de las capillas. El retablo mayor se pretende trasladar a la catedral de Segovia, el traslado es impedido por la Academia de la Historia.
El abandono de los edificios hace que su estado empeore tanto que en 1839 se piense en la demolición del monasterio. El duque de Frías, Bernardino Fernández de Velasco, descendiente de la casa de los marqueses de Villena, reclama el monasterio en 1844 argumentando que es fundación de su familia. Esta reclamación detiene la amenaza de derribo. Tres años después, en 1847, una orden real dispone que el conjunto monacal pase a depender del superintendente de la Casa de la Moneda ordenando que se realicen los arreglos necesarios en la iglesia. Esta reparación se hizo conforme al proyecto de Vázquez de Zúñiga. Un monje, fray Julián Casado, intentó mantener en condiciones el conjunto monacal en un trabajo en solitario. izquierda|mini|Vista exterior del monasterio hacia 1869, obra del historiador del arte y arquitecto inglés Matthew Digby Wyatt Fray Julián Casado consiguió ubicar en las viejas y abandonadas instalaciones a una comunidad de Concepcionistas y emprende una labor de salvación, trasladando a otras iglesias de la ciudad de Segovia algunos ternos, altares y esculturas. Hasta logra salvar el órgano depositándolo en La Fuencisla.
A principios del muchas cubiertas se había desplomado y ya había muchos muros dañados. En 1914 es declarado Monumento Nacional y se emprenden trabajos de restauración en la iglesia. En 1916 bajo la dirección de Ricardo Velázquez Bosco se encauzan las aguas que corrían por la nave y se cambia la armadura de madera por otra de fábrica. Al año siguiente se redacta, de mano de Eladio Laredo, un proyecto para la adecuación del monasterio en seminario. En este proyecto se contemplaba la creación en el claustro de la Botica de un salón de actos. En 1919 se desploma el artesonado de la sala capitular.
El resurgimiento de los Jerónimos y de El Parral A finales del la Orden de San Jerónimo se quedó sin miembros (la orden no desapareció ya que deben transcurrir cien años para que una orden quede extinta, según las leyes eclesiásticas). En 1915 se comienzan a realizar los procesos tendentes a la restauración de los jerónimos. Estos procesos tienen dos actores principales, la rama femenina de la orden y Manuel Sanz. En agosto de 1925 llegan los primeros postulantes de la Orden Jerónima al monasterio de El Parral, con anterioridad, el 27 de abril de ese año la Dirección General de Rentas Públicas había puesto a disposición del obispado de Segovia el conjunto monacal. Entre 1926 y 1928 se recuperan los edificios, bajo proyecto del arquitecto Luis Saínz de los Terreros, reconstruyendo el claustro principal y otras dependencias (no se actúa en la parte de la Hospedería).
En 1931 se abandonan las obras de reconstrucción y una parte de la comunidad abandona el monasterio quedando solamente cinco monjes. En 1941, después de la guerra civil, basándose en esos cinco monjes, se comienza a recrear la orden. Santa María del Parral se convierte en la Casa Madre de la Orden y de allí saldrán monjes para los monasterios de Santiponce en 1956, Yuste en 1958 y Jávea en 1964.
La reconstrucción se reanuda en 1940 y acaba en 1943. De la mano del arquitecto Francisco Javier Cabello Dodero se recuperan, entre otras estancias, el claustro principal y la sala capitular. Poco después, en 1947, se restaura la bóveda de la capilla mayor y diez años después, en 1958, el parteluz de la portada de la iglesia. En 1961 se actúa en el pavimento del claustro Principal y en las capillas de la parte norte del mismo (con actuaciones que perjudicaron algún elemento barroco de la capilla de Adrados).