thumb|250px|Nuestra Señora de Montevergine. A partir del siglo XX, se le empezó a considerar como patrona de la comunidad LGBT en Italia. Hablar de la homosexualidad y el catolicismo es referirse a la relación de la religión católica con respecto a la homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad, la transexualidad, la intersexualidad y, en general, otras orientaciones, identidades y prácticas sexuales, así como con las personas y comunidades LGBT+.
Para la Iglesia católica los actos y conductas homosexuales (y la sodomía en general) constituyen un grave pecado mortal debido a que atentan contra el orden natural de la sexualidad humana creado por Dios.
Las tendencias u orientaciones no heterosexuales en sí mismas no constituyen pecado ya que la tentación no es susceptible de condena.Asimismo llama a la feligresía no heterosexual a estar en comunión eclesial y vivir en castidad y abstinencia. También rechaza todo acto de discriminación y violencia.
Para la Iglesia católica es una enseñanza moral que las relaciones sexuales deben, por mandato de ley natural y divina, tener una finalidad procreativa y realizarse dentro del matrimonio, que es indisoluble y conformado por la unión de un varón y una mujer según su identidad biológica.
Desde la llegada de Francisco al papado, la Iglesia católica ha ingresado en un estado de tensión entre los sectores progresistas y tradicionalistas debido a algunas posturas ambiguas. Sin embargo cabe destacar que los comentarios de Francisco sobre el tema no cambiaron la doctrina de la Iglesia, pero supusieron una significativa ruptura con sus predecesores en los enfoques pastorales.
El papa Francisco en enero del 2023 ratificó la posición tradicional de la Iglesia, afirmando que cualquier acto sexual fuera del matrimonio entre un hombre y una mujer es un pecado, pues está en contra de la Palabra y la Ley de Dios. Precisó que los actos homosexuales son objetivamente pecaminosos; la inclinación homosexual es desordenada, pero no objetivamente pecaminosa, invitando por ello a estas personas a la castidad y que toda discriminación injusta contra personas homosexuales debe ser condenada. También dijo que el problema no es tener esa tendencia, sino constituir un lobby (un grupo de presión).
Algunas organizaciones y comunidades LGBT+ han denunciado y criticado a la Iglesia católica y al catolicismo en general, ya que consideran que predica un mensaje homotransfóbico, discriminatorio o de intolerancia ante la diversidad sexual y de género. En relación con el movimiento LGBT+ el papa Francisco comenta que "ningún lobby es bueno" y que "el problema es hacer lobbies" en general.
En los últimos tiempos muchos católicos han mostrado una mayor tolerancia hacia la homosexualidad y demás sexualidades LGBT, sobre todo cuando no se expresa en actos sexuales, a la vez que han aparecido grupos organizados no oficiales de católicos con una valoración positiva de la homosexualidad y las sexualidades LGBT en todas sus formas, como la asociación DignityUSA fundada en 1968, el grupo de católicos LGBT New Ways Ministry —fundado en 1977 por la monja Jeannine Gramick y el sacerdote Robert Nugent—, o el sacerdote jesuita James Martin, recibido en 2019 por el papa Francisco, quien lo designó asesor de comunicación y lo invitó a hablar en la Cumbre de la Familia, patrocinada por la Santa Sede. La mayoría de las personas católicas en Europa occidental y Estados Unidos están a favor de que se reconozca a las personas homosexuales su derecho a contraer matrimonio.
A lo largo del tiempo se ha registrado una considerable cantidad de sacerdotes y monjas homosexuales. El padre jesuita Donald Cozzens estimó el porcentaje de sacerdotes homosexuales en 2000 entre 23 % y 58 %, considerando que su proporción es mayor que en la sociedad general. Se encuentra documentado que algunos papas fueron homosexuales o tuvieron compañeros sexuales varones, como Benedicto IX, Paulo II, Sixto IV, León X, Julio II y Julio III.
Catolicismo y orientaciones sexuales
En la actualidad, el catecismo vigente de la Iglesia católica distingue entre homosexualidad y actos homosexuales. La homosexualidad en sí misma no es considerada incompatible con el catolicismo, pero es definida como "objetivamente desordenada", razón por la cual las personas homosexuales deben mantenerse castas. El catecismo ordena también que los homosexuales "deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta". No obstante, el catecismo católico desaprueba los actos homosexuales:
Desde la perspectiva de la teología moral católica, más concretamente en la argumentación de Santo Tomás de Aquino, esta posición se considera justificada por dos razones: primero, porque las prácticas homosexuales serían contrarias a la ley natural ya que, según esta, el fin natural primario del acto sexual es la procreación y, dado que dicha procreación se debería realizar a partir de un proceso de fecundación sexual entre un varón y una mujer, la homosexualidad resultaría contraria al fin mismo del acto; segundo, porque dichas prácticas homosexuales solamente pueden ser realizadas para obtener placeres carnales, y no con un fin procreativo, lo que hace que queden inherentemente asociadas con el pecado capital de la lujuria.
Esta postura no está limitada a la homosexualidad. La Iglesia católica también prohíbe todas las demás conductas sexuales que no permitan la procreación dentro del matrimonio, tales como la contracepción, el adulterio, las relaciones sexuales prematrimoniales, la pornografía y la masturbación. En materia de sexo oral y anal dentro del matrimonio, algunas fuentes afirman que "la Iglesia está en contra del sexo anal", mientras que otras sostienen que está permitido en la medida que el hombre no eyacule en la boca o en el ano de la mujer. El matrimonio es considerado como un sacramento administrado entre un varón y una mujer, por ello las relaciones sexuales son consideradas un acto sagrado del amor conyugal que debe estar abierto a la fecundidad.
En 2019 la Congregación para la Educación Católica (CEC), perteneciente a la curia romana, publicó un documento titulado «Varón y mujer los creó: para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación». El documento cuestiona la existencia del género y considera que se trata de una ideología. Partiendo de la frase bíblica "Varón y mujer los creó", la CEC sostiene no debe admitirse el cambio de género, ni la percepción personal del propio género. El documento fue criticado por los colectivos LGBT católicos por constituir "una contribución al fanatismo y a la violencia".
En el caso de las personas intersexuales, la Iglesia Católica sostiene que se trata de una «alteración patológica» que debe ser corregida quirúrgicamente o por cualquier otro método en el sentido que dispongan los médicos, ya que es la "medicina la que interviene para una terapia. En estas situaciones específicas, no son los padres ni mucho menos la sociedad quienes pueden hacer una elección arbitraria". En el caso de las personas transexuales y la decisión de realizar tratamientos hormonales o quirúrgicos con el fin de hacer coincidir las características anatómicas con el sexo autopercibido, no ha habido ningún pronunciamiento oficial del Magisterio de la Iglesia. La Iglesia católica tampoco se ha pronunciado explícitamente sobre otras orientaciones sexuales como la asexualidad —muy cercana a la virginidad, que es un estado virtuoso para el catolicismo— y el BDSM —aunque algunas prácticas BDSM como las flagelaciones y cilicios han sido practicadas sistemáticamente por diversas órdenes para fines ascéticos.
Con respecto a la poligamia y el poliamor, la Iglesia católica la tiene condenada como pecaminosa en su magisterio oficial, aunque algunos afirman que "ocasionalmente permitió segundos matrimonios de líderes políticos". La posición católica se remonta a tiempos de los Padres de la Iglesia, como por ejemplo Tertuliano, quien escribió una obra contra dicha práctica.
Posición oficial 250px|thumb|Sergio y Baco, son considerados como una pareja homosexual santificada como mártir cristiana. Muchas veces los matrimonios homosexuales estadounidenses y europeos (ya sea simbólicos, reconocidos o a través de rituales religiosos) se celebran bajo su protección.Cf. por ejemplo: Daniela Tuscano, "La santità è compatibile con l’omosessualità? Perché no?", en Gionata o "Santità e omosessualità", in Παρρησία - Teologia e liberazione, (consultados el 3 de julio de 2011). La Iglesia ha declarado que los «deseos» o «atracciones» homosexuales no son necesariamente pecaminosos en sí mismos. Son «trastornos» en el sentido de que son tentaciones para hacer algo que es pecaminoso (es decir, el acto homosexual), pero las tentaciones, si van unidas al autocontrol, no son consideradas pecaminosas. Así, mientras la Iglesia se opone a las tentativas de legitimar actos sexuales entre personas del mismo sexo, también proclama oficialmente respeto y amor por aquellos que tienen atracción por personas del mismo sexo.
Por lo tanto la Iglesia Católica se opone oficialmente a la persecución y la violencia contra ellos:
Para aquellos que tienen atracción por personas del mismo sexo, la Iglesia Católica ofrece el siguiente consejo:
La Iglesia llama a la castidad universal para todas las personas de acuerdo con su estado en la vida. Sin embargo, los católicos heterosexuales tienen la opción de expresar su castidad a través del amor en el matrimonio y los homosexuales pueden tener relaciones interpersonales unos con los otros, con tal de que sean célibes.
En documentos más recientes, el Magisterio de la Iglesia ha vuelto a ocuparse del tema de forma más concretas y actual.
Así, en el año 2003, la congregación para la doctrina de la fe publicó, con el consentimiento del papa Juan Pablo II un documento titulado Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales. En la introducción aclara que se trata de un documento que retoma lo ya afirmado en el magisterio sobre la homosexualidad para −a partir de ello− dar orientaciones a los políticos católicos sobre el tema. Luego de recordar las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio, afirma que no se puede establecer una analogía entre el designio divino sobre el matrimonio y las uniones homosexuales que irían contra la ley natural. Así mismo recuerda la condena que desde la Sagrada Escritura existe sobre los actos homosexuales.Según el documento, aun cuando en ocasiones el Estado pueda asumir una actitud de tolerancia en relación con estas uniones, conviene que busque contener el fenómeno dentro de “los límites que no pongan en peligro el tejido de la moralidad pública”.n. 5 de las Consideraciones. Invita a los políticos católicos a oponerse clara e incisivamente ante cualquier intento de reconocer legalmente las uniones homosexuales. A estas indicaciones prácticas siguen algunas de carácter más teórico sobre la función de la ley civil y su relación con la ley moral, la imposibilidad de adopción de niños por parte de estas parejas y las consecuencias de una posible redefinición de la noción de matrimonio. Dado que las parejas homosexuales siempre pueden acudir al derecho común para que sus derechos y reivindicaciones en situaciones jurídicas de mutuo interés sean tutelados, el documento afirma que no se puede invocar este motivo para normar tales uniones al estilo del matrimonio. Finalmente ofrece a los políticos católicos las pautas de acción: ha de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar en contra de cualquier propuesta de ley en favor de la legalización de uniones homosexuales. Si la ley estuviera ya en vigor, se ha de oponer a ella con todos los medios legales a su disposición y, si esto no fuese posible, la Congregación para la doctrina de la fe recuerda una frase de la Evangelium Vitae: