thumb|350px|El Bal des Ardents en una miniatura ilustrada del siglo XV en las Crónicas de Froissart. La Duquesa de Berry con sus faldas azules oculta casi por completo a Carlos VI de Francia mientras que los bailarines intentan arrancarse sus vestimentas en llamas. Uno de los bailarines se ha zambullido en el recipiente con vino; mientras en la galería superior los músicos continúan tocando.
El Bal des ArdentsTuchman (1979), 503–505 («Baile de los ardientes») o Bal des SauvagesVeenstra (1997), 89–91 («Baile de los salvajes») fue un baile de máscarasDistintas fuentes no se ponen de acuerdo sobre si el evento fue un baile de máscaras o una mascarada. realizado el 28 de enero de 1393 en París en el cual Carlos VI de Francia realizó una danza junto con cinco miembros de la nobleza francesa. Cuatro de los bailarines fallecieron en un fuego causado por una antorcha que portaba un espectador, que era Luis, Duque de Orleans, hermano de Carlos. Carlos y otros bailarines lograron sobrevivir. Esta danza era uno de diversos eventos que tenían por finalidad entretener al joven rey, quien el verano anterior había tenido un ataque de locura. El evento socavó la confianza que inspiraba Carlos en cuanto a su capacidad para gobernar; los parisinos consideraron a este evento una prueba de la decadencia de la corte y amenazaron con rebelarse contra los miembros más poderosos de la nobleza. La ira del pueblo forzó al rey y a su hermano de Orleans, a quien un cronista contemporáneo acusó de intento de regicidio y brujería, a ofrecer disculpas por el evento.
Isabel de Baviera, esposa de Carlos, organizó el baile para celebrar el nuevo casamiento de una dama de compañía. Los estudiosos creen que puede haber sido un charivari tradicional, con bailarines disfrazados como hombres salvajes, seres míticos a menudo asociados con demonios, los cuales eran representados con frecuencia en la Europa medieval y fueron documentados en escritos del período Tudor en Inglaterra. El evento fue relatado por escritores contemporáneos tales como el Monje de San Denis y Jean Froissart en crónicas de la época, y fue ilustrado en varios manuscritos ilustrados del por pintores tales como el Maestro de Antonio de Borgoña.
Contexto En 1380, luego de la muerte de su padre Carlos V de Francia, Carlos VI fue coronado rey a la edad de 12 años; por su edad, inicialmente cuatro tíos fueron sus regentes.Tres tíos eran hermanos de Carlos V: Luis de Anjou, Felipe de Borgoña (comúnmente llamado Felipe el Calvo), y Juan de Berry. Luis de Borbón se casó con la hermana de Carlos V. Véase Tuchman (1978), 367Tuchman (1978), 367 Al cabo de dos años, Felipe de Borgoña, a quien el historiador Robert Knecht ha descrito como "uno de los príncipes más poderosos de Europa",citado en Knecht (2007), 42 pasó a ser el único regente del joven rey luego de que Luis de Anjou vaciara el tesoro real y partiera en campaña militar hacia Italia; los otros dos tíos de Carlos, Juan de Berry y Luis de Borbón, no se interesaron en gobernar. En 1387, a la edad de 20 años, Carlos tomó el control de la monarquía e inmediatamente apartó a sus tíos y nombró nuevamente a los Marmouset, los consejeros tradicionales de su padre. A diferencia de sus tíos, los Marmouset querían la paz con Inglaterra, disminuir los impuestos, un gobierno central fuerte y responsable, políticas que condujeron a una tregua por tres años con Inglaterra, y que el Duque de Berry fuera relevado de su cargo como gobernador de Languedoc a causa de sus impuestos elevados.
thumb|Coronación de Carlos VI de Francia pintada por Jean Fouquet en las Grandes Chroniques de France, a mediados del .
En 1392 Carlos sufrió el primero de una serie de ataques de locura que tuvo a lo largo de su vida, el cual se manifestó mediante una "furia insaciable" frente al intento de asesinato de Olivier de Clisson, Condestable de Francia y líder de los Marmousets, llevado a cabo por Pierre de Craon pero organizado por Juan V de Bretaña. Convencido de que el ataque fallido contra Clisson era un acto de violencia contra él y la monarquía, Carlos rápidamente planificó la invasión de Bretaña en represalia con la aprobación de los Marmousets, y al cabo de algunos meses partió desde París al frente de un grupo de caballeros.Knecht (2007), 42–47Tuchman (1978), 496–499
En un cálido día de agosto en las afueras de Le Mans, mientras se encontraba con sus fuerzas camino a Bretaña. Sin mediar aviso, Carlos empuñó sus armas y cargó contra los caballeros de su propio grupo, entre los que estaba su hermano Luis de Valois, con quien tenía una buena relación, al grito de "¡Adelante contra los traidores! ¡Ellos quieren entregarme al enemigo!"citado en Tuchman (1978), 498 Carlos mató a cuatro hombresHenneman (1996), 173–175 antes que su chambelán lo tomara por la cintura y lo lograra controlar, luego de lo cual cayó en estado de coma, en el que permaneció durante cuatro días. Pocos pensaron que podría recuperarse; sus tíos, los duques de Borgoña y Berry, se aprovecharon de la enfermedad del rey y rápidamente tomaron el poder, se restablecieron como regentes y disolvieron el consejo de los Marmouset.
El rey fue llevado a Le Mans, donde Guillaume de Harsigny, un viejo médico muy venerado de 92 años de edad, lo atendió. Luego de que Carlos volviera en sí, y disminuyera la fiebre, Harsigny se lo llevó de regreso a París, desplazándose lentamente de castillo en castillo, y con paradas de descanso intermedias. A fines de septiembre Carlos estaba lo suficientemente recuperado como para realizar un peregrinaje para agradecer a Nuestra Señora de Liesse cerca de Laon, luego de lo cual regresó nuevamente a París.
thumb|left|Carlos VI atacando a sus caballeros, ilustración en las Crónicas de Froissart.
El repentino ataque de locura del rey fue considerado por algunos un signo de ira divina y castigo, y por otros la consecuencia de un acto de brujería; historiadores modernos como Knecht especulan que Carlos podría haber sufrido el comienzo de una esquizofrenia paranoide. Carlos continuó con sus facultades mentales "frágiles", creyendo que estaba hecho de cristal, y según el historiador Desmond Seward, corría "aullando como un lobo por los pasillos de los palacios reales".Seward (1987), 143 El cronista contemporáneo Jean Froissart escribió que la enfermedad del rey era de tal severidad que se encontraba "totalmente perdido; ninguna medicina podía ayudarlo".citado en Seward (1987), 144 Durante los peores momentos de su enfermedad Carlos no reconocía a su esposa, Isabel de Baviera, y exigía que ella fuera sacada de su habitación; pero tras su recuperación Carlos realizó arreglos para que ella fuera la guardiana de sus hijos. Así, la reina Isabel se convirtió en la guardiana de su hijo, el futuro Carlos VII de Francia (n. 1403), lo cual le dio un gran poder político y le aseguró un asiento en el consejo de regentes en caso de una recaída.Gibbons (1996), 57–59
En la obra Un espejo distante: El calamitoso siglo XIV, la historiadora Barbara Tuchman indica que el médico Harsigny, tras rechazar "todos los ruegos y ofrecimientos de riquezas para que se quedara",citado en Tuchman (1978), 502 dejó París y ordenó a los cortesanos que blindaran al rey de sus responsabilidades de gobierno y liderazgo. Le recomendó a los consejeros del rey que fueran "cuidadosos a fin de no preocuparlo o irritarlo .... Denle tan pocas tareas como sea posible; para el rey son mejores el placer y el olvido que cualquier otra cosa". Para rodear a Carlos con una atmósfera festiva y para protegerlo de los rigores del gobierno, la corte se dedicó a preparar entremetimientos elaborados y modas extravagantes. Isabel y su cuñada, Valentina Visconti, Duquesa de Orleans, utilizaban vestidos adornados con joyas y complicados peinados con trenzas enlazadas que formaban elevadas torres e iban cubiertas con hennins dobles que hicieron que fuera preciso ampliar las puertas del palacio para que pudieran pasar.
El pueblo consideraba que estas extravagancias eran demasiado, pero aun así querían a su joven rey, a quien llamaban Carlos le bien-aimé ("el bien amado"). Se le echó la culpa de los excesos y gastos innecesarios a la reina extranjera, que había sido traída de Baviera a petición de los tíos de Carlos. Ni Isabel ni su cuñada Valentina (hija del brutal Duque de Milán) eran apreciadas por la corte o el pueblo. En sus Crónicas, Froissart indicó que los tíos de Carlos aceptaban las frivolidades ya que "mientras que la reina y el Duque de Orleans bailaran, no eran peligrosos y ni siquiera molestos".citado en Tuchman (1978), 503
Bal des Ardents y eventos posteriores thumb|300px|Bal des Ardents por el Maestro de Antonio de Borgoña (c. década de 1470). En el centro a la izquierda se observa a Carlos arropado bajo la falda de la Duquesa de Berry y los bailarines se encuentran al centro en llamas. El 28 de enero de 1393, Isabel organizó un baile de máscaras en el Hôtel Saint-Pol para celebrar el tercer casamiento de su dama de compañía, Catherine de Fastaverin.El Monje de San Denis indicó que la mujer había enviudado tres veces, con lo cual este era en realidad su cuarto casamiento. Véase Veenstra, 90 Tuchman explica que la vuelta a casar de una viuda era una ocasión tradicional para la mofa y la diversión, a menudo celebrada con baile de máscaras o charivari caracterizado por "todo tipo de desparpajos, engaños, desórdenes y fuerte música disonante y sonido de címbalos".Tuchman (1978), 503 Siguiendo una propuesta de Huguet de Guisay, a quien Tuchman describe como notorio por sus "ideas extravagantes" y crueldad, seis caballeros de alto rango realizaron una danza vestidos con disfraces de hombres salvajes. Los disfraces, que fueron cosidos sobre los hombres, estaban fabricados de lino empapado en resina a la cual se adhirió linaza, "de forma que tenían un aspecto primitivo y peludo de los pies a la cabeza". Máscaras fabricadas con los mismos materiales cubrían las caras de los bailarines y ocultaban sus identidades a la audiencia. Algunos cronistas indican que los bailarines estaban unidos por cadenas. La mayor parte de la audiencia desconocía que Carlos fuera uno de los bailarines. Se habían dado órdenes estrictas que prohibían el encendido de las antorchas del recinto y se prohibió la entrada al recinto durante el acto de toda persona que portara una antorcha, para minimizar el riesgo de que los disfraces fácilmente inflamables se prendieran fuego.
Según el historiador Jan Veenstra los hombres saltaban y aullaban "como lobos", decían obscenidades e invitaban a la audiencia a adivinar sus nombres mientras bailaban en un frenesí diabólico.Veenstra (1997), 91 El hermano de Carlos, Luis de Orleans, llegó junto con Phillipe de Bar, tarde y borracho, y entraron en la sala llevando antorchas encendidas. Los relatos varían, pero es posible que Luis haya colocado su antorcha sobre la máscara de un bailarín para averiguar quien era, cuando cayó una chispa, que prendió fuego a la pierna del bailarín. En el , William Prynne relató que "el Duque de Orleans ... colocó una de las antorchas que portaban los sirvientes tan cerca del lino, que uno de los disfraces se prendió fuego, y de esta manera el fuego se propagó entre los bailarines, y así todos formaron una gran fogata brillante",citado en MacKay (2011), 167 mientras que un cronista contemporáneo indica que "lanzó" la antorcha a uno de los bailarines.Veenstra (1997), 89–91