thumb|250px|Instrumentos y partituras en el Museo Diocesano de Albarracín. La música de Aragón, al igual que la realizada en otras regiones de Europa Occidental, se puede dividir en tres grupos, la música culta o clásica, la música folclórica o tradicional y la música moderna popular, a veces llamada pop o rock. Aragón ha dado destacados compositores, intérpretes y cantantes en las tres ramas: En la música culta hay que destacar la escuela de polifonía aragonesa de los siglos y , con nombres universales de la talla de Melchor Robledo, Pedro Ruimonte, Sebastián Aguilera de Heredia o fray Manuel Correa. Del también son el genial organista Pablo Bruna, «el ciego de Daroca», y fray Pablo Nasarre y algo posteriores Gaspar Sanz y Francisco Javier García. La decadencia posterior no ha evitado que surgieran voces geniales como las de Miguel Fleta o Pilar Lorengar y pianistas como Pilar Bayona. Zaragoza es además sede de la que quizás sea la institución musical más antigua de España todavía en funcionamiento, el coro de los Infanticos del Pilar, cuyo origen está en el . Dentro de la música tradicional, el género que sin duda eclipsa a los demás es la jota aragonesa, cuyo sonido y baile son reconocibles como «aragoneses» en toda España. Pero también existen innumerables otros, como mazurcas, paloteados, villanos, boleros o valses por citar solo algunos ejemplos, con una riqueza tal, que en la Comunidad se cantan en tres lenguas: en castellano, en aragonés y en catalán. La música popular aragonesa ha dado algunos de los artistas de más éxito en España e incluso de Europa, como es el caso de Héroes del Silencio en la década de 1990. Además de Héroes, hay que mencionar a Santiago Auserón, líder de Radio Futura, Amaral y Violadores del Verso, quizás el grupo de Hip Hop más importante del país. El movimiento de cantautores, conocido como la Nueva Canción Aragonesa, también tuvo un impacto importante en las décadas de 1970 y 80, destacando el nombre de José Antonio Labordeta.

Música culta Véase también la música en La Seo y en la Basílica del Pilar. Inicios 250px|thumb|Capitel medieval de la Catedral de Jaca. El capitel muestra al rey David tocando la viola de arco o el rabel, rodeado por diversos músicos. Se considera que la tradición musical autóctona de Aragón comienza en el , con un manuscrito musical que se encuentra en la Biblioteca Central de Barcelona (Ms. 556). Hasta ese momento la tradición musical aragonesa se subsumía dentro de la tradición musical común de la Corona de Aragón, distinta de la castellana. Este Canto de Pasión del se conserva en un pergamino con el texto de la Pasión y neumas sobre dos líneas, una roja (fa) y una amarilla (do). Permanecen los neumas correspondientes de todos los papeles, Cristo, Turbae, Soliloquentes, a excepción de los del narrador, que solo se han conservado en parte.

A partir de la segunda mitad del ya se puede hablar de un carácter propio de la música aragonesa.

La escuela polifónica aragonesa

Aunque es cierto para cualquier época, las catedrales —Zaragoza, Albarracín, Barbastro, Huesca, Jaca, Tarazona y Teruel— y colegiatas —sobre todo las de Borja y Daroca— tuvieron un papel especialmente importante en la música en Aragón hasta el . Los archivos de las catedrales todavía contienen auténticos tesoros musicales, que incluyen copias de los mejores músicos europeos de su época, lo que demuestra que los músicos aragoneses estaban bien documentados sobre lo que ocurría fuera de las fronteras.

Cada catedral —incluyendo el Pilar— mantenía un coro de infantes, base del culto religioso, un maestro de capilla, un organista y varios ministriles (instrumentistas). En Huesca, el colegio de infantes está documentado en el y en Zaragoza continúa la tradición hasta nuestros días, en los Infanticos del Pilar. Los infantes, habitualmente hijos de familias de probada religiosidad, eran educados por el maestro de capilla, que convivía con ellos. Los maestros de capilla eran seleccionados en unas rigurosas oposiciones entre los candidatos seleccionados por el cabildo catedralicio.

Una particularidad aragonesa es la exigencia de que el maestro de capilla diera personalmente clases públicas y gratuitas de música, considerada como una de sus funciones más importantes. Así, la escuela catedralicia de canto gregoriano de Huesca se fundó en 1450. Este ejemplo fue seguido por otros, como Jerónimo Muniessa que daba clases públicas de música, creando una agrupación con sus alumnos que actuaba «por la ciudad en cada fiesta por el interese y ganancia que de ellos sacaba».

La importancia de la música durante esta época se puede ejemplificar en el número de agrupaciones. Hasta el , se cuentan solo en Zaragoza hasta nueve capillas musicales: la Capilla Real de los reyes de Aragón en la capilla de San Martín, en el palacio real de la Aljafería; la de los arzobispos de la Casa Real de Aragón, aproximadamente entre los años 1479 a 1530; la del Hospital de Nuestra Señora de Gracia; la de Jerónimo Muniessa, integrada por jóvenes estudiantes y que actuaba en fiestas privadas de nobles; la del Virrey de Aragón, Juan José de Austria, ya en el ; la del Conde de Guimerá; la del Conde de Pavías; la del Pilar y la de la catedral de la Seo, ambas iniciadas hacia el . En el índice de profesiones de Zaragoza de 1723 se cuentan 14 músicos, 4 organeros, 4 organistas, dos guitarreros y un escritor de libros de coro. En la provincia de Zaragoza se cuentan más de cien órganos históricos.

Este ambiente musical dio pie a la formación de muchos teóricos, entre los que se cuentan Hurtado de Mendoza, Lucero Clariana, Ferrer y Gonzalo Martínez de Vizcargui. También hubo numerosos impresores musicales, comenzando por los que publicaron el Canto de Pasión, J. Coci, L. Hutz, B. de Nájera, Vidué de Nájera, Lanaja y Quartanet, y siguiendo por Lupo de Appenteger, Mateo Flandro, Agustín Milán, Diego Dormer, Tomás Gaspar Martínez, Pedro Verges y Domingo Gastón. Entre los fabricantes de órganos están García Civera, García Baylo, Johan de Verdún y Johan de Ximeno Garcés en el , Enrique de Colonia en el , Mahoma de Monferriz, «el moro de Zaragoza», Martín de Córdoba, Guillaume de Lupe en el y Jusepe de Sesma, la dinastía de los Longás, con Miguel Longás y Juan Pascual de Longás a la cabeza, en el .

El thumb|250px|Órgano de la Colegiata de Borja, datado en 1569. Todas las grandes iglesias debían tener un órgano cuya música acompañaba la misa. El renacimiento aragonés fue de gran esplendor, no solo en la arquitectura y la escultura, sino también en la literatura y la música.

El primer gran autor de la escuela aragonesa de música polifónica fue Melchor Robledo, que a pesar de ser castellano de origen, su enorme influencia le ganó el sobrenombre de Melchor de Aragón. Se han conservado algunas de sus obras, «magnificats», «salmos vesperales», misas, motetes, etc., una parte de las cuales debió componer durante su dirección de la capilla del Pilar (documentada en 1531) y más tarde al frente de la Seo (documentado en 1569), donde permanecería hasta su muerte. Se cree que Robledo fue maestro de otros dos grandes figuras de la música aragonesa: Aguilera de Heredia y Pedro de Ruimonte.

Durante esos años trabaja en Zaragoza otro gran músico, Juan Pujol, de origen catalán. Pujol fue maestro de capilla en el Pilar de 1595 a 1613, año en el que se trasladó a la catedral de Barcelona para ejercer de maestro de capilla, a pesar del aprecio que le mostró en diversas ocasiones el cabildo zaragozano.

El trío de grandes músicos que trabajaron en Zaragoza durante el se cierra con Juan García de Basurto, cuya estancia como maestro de capilla en el Pilar se documenta en 1521. Basurto murió en 1548 ostentando el cargo de maestro de la capilla real de Felipe II, lo que da una idea de su calidad.

El Durante el se alcanzó la culminación de la escuela polifónica aragonesa. El contrapunto de Heredia, severo, de voces independientes y consonancias estables de quintas y octavas, evolucionó hasta llegar hacia 1650 a formas barrocas. Los contrapuntos de voces aumentan, llegando a alcanzar las diez, doce, dieciséis y hasta veinticuatro voces, repartidos en dos, tres, cuatro o más coros. Según avanza el siglo, la estética se hace cada vez más conservadora, llegando a su decadencia en el .

La primera gran figura del trío que corona este siglo fue Pedro de Ruimonte, que es uno de los autores que, sin participar plenamente del Barroco, prepara el cambio. Posiblemente alumno de Robledo, hacia 1601 ya era «Maestro de Música de la Cámara de los Serenísimos Príncipes Alberto y doña Isabel Clara Eugenia, Archiduques de Austria» en Bruselas. En 1627 vuelve a Zaragoza, donde permanecerá hasta su muerte. La evolución en la obra de Ruimonte es evidente en su vanguardismo, señalando el camino hacia la polifonía coral o en su acercamiento a la homofonía, un nuevo estilo instrumental en el que se realza una voz, quedando las demás de acompañamiento armónico. Entre sus obras conocidas, la que mejor se ha conservado es El Parnaso Español, una colección de villancicos polifónicos, que el musicólogo Pedro Calahorra ha considerado «la culminación de la música polifónica española en ese género».

Otro probable alumno de Robledo, Sebastián Aguilera de Heredia, es la segunda gran figura musical del . Aguilera destaca como organista, en Huesca hasta 1603 y luego como titular del órgano mayor en la Seo de Zaragoza. Entre sus composiciones, destacan sobre todo los Magnificats, considerados unas de las cumbres de la época. Tanto Ruimonte como Aguilera murieron en 1627.

Además de Ruimonte y Aguilera, en las primeras tres décadas del hay que mencionar a los maestros de capilla Bernardo Peralta Escudero y Francisco Berges, ambos en la Seo, y el trabajo de Pujol, que se mantuvo en el Pilar hasta 1613.

A partir de 1650 comienzan las formas barrocas plenas, siendo su gran figura sin duda fray Manuel Correa, posiblemente de origen portugués, considerado una de las cumbres de la música barroca española. Correa fue maestro de capilla del Pilar de 1650 a 1653, año de su muerte. Es conocido principalmente por sus villancicos, donde introduce técnicas novedosas como las disonancias naturales sin el retardo. Correa tomaba la posición en el Pilar de otro gran compositor, como fue Diego Pontac, que se trasladó en 1950 a la catedral de Valencia. Originario de Loarre, en el norte de Aragón, fue alumno de Pujol, Berges y Ruimonte, dando fe de su talento que ganara la oposición de maestro de capilla del Hospital de Nuestra Señora de Gracia a los diecisiete años. Sebastián Alfonso, natural de Hecho, en el Alto Aragón, también fue maestro de capilla en la Seo durante largos años, destacando sus villancicos polifónicos. También debe ser mencionado entre los músicos de la Seo Andrés de Sola.

Entre los músicos que trabajaron en el Pilar se deben destacar Urbán de Vargas, Juan Marqués y Joseph Ruiz de Samaniego, que venía de Tarazona. También fueron maestros del Pilar los compositores más destacados del último tercio del : Diego de Casseda y Zaldivar, maestro de capilla de 1667 a 1694, Jerónimo Latorre y Miguel Ambiela, todos dentro del polifonismo barroco, aunque Ambiela ya conecta con el .

Música instrumental del 250px|thumb|Gaspar Sanz, Instrucción de música sobre la guitarra española y método de sus primeros rudimentos, hasta tañerla con destreza, Zaragoza, hros. de Diego Dormer, 1674.