La Catedral de Santa Catalina de Alejandría, oficialmente Catedral Basílica Metropolitana de Santa Catalina de Alejandría, es una iglesia catedralicia colombiana de culto católico bajo la advocación de Santa Catalina de Alejandría. Se localiza en el centro histórico de la ciudad de Cartagena de Indias (Departamento de Bolívar), Plaza de la Proclamación, esquina este del Parque de Bolívar, y es la sede episcopal del Arzobispo de Cartagena de Indias, una de las sedes episcopales más antiguas del Nuevo Mundo.

La catedral es de estilo herreriano, característico del reinado de Felipe II, que corresponde con la tercera y última etapa de la arquitectura renacentista española. Fue diseñada por el maestro constructor Simón González, quien la diseñó tomando como modelo algunas basílicas andaluzas y de las Islas Canarias. Aunque, la actual torre fue diseñada por el arquitecto francés Gastón Lelarge, fruto de una remodelación realizada a principios del . El edificio es de planta basilical, dividida por tres naves, y cuenta con una serie de capillas contiguas a la nave del evangelio. Su construcción comenzó en 1577, en reemplazo de la humilde catedral “de paja y cañas”. El templo puede considerarse como una de las catedrales más antiguas de América, contemporánea de las de México. En 1586, el templo aun en construcción, alcanzó a ser afectado por el ataque del pirata Francis Drake, lo que generó severos daños y retrasó su terminación, la cual sucedió en 1612.

En 1953, el Papa Pío XII le concedió al templo el título litúrgico de Basílica Menor por breve del 20 de octubre de ese mismo año. Posteriormente, por su significado histórico, valor arquitectónico y cultural fue declarado Monumento Nacional de Colombia por el decreto 1911 del 2 de noviembre de 1995.

Historia

La actual catedral concierne al tercer edificio construido como iglesia catedralicia de la ciudad. El primero, fue impulsado por el fraile dominico Tomás de Toro y Cabrero, primer obispo de Cartagena, y quien fue nombrado por el papa Paulo III. La construcción del templo comenzó en 1535, tan solo dos años después de la fundación de la ciudad, y finalizó en 1537. Fue una humilde construcción de “paja y cañas”, estaba ubicado en la manzana que queda detrás de la actual catedral, con frente sobre la calle del Coliseo. La vida de esta edificación fue corta, pues en 1552 un incendio consumió gran parte de la ciudad y en ruinas quedó convertida la catedral. En su reemplazo, entre 1563 y 1568, se llevó a cabo la construcción del segundo templo catedralicio, realizado en madera y de techo pajizo, pues eran tiempos difíciles y no se disponía de muchos recursos, pero era más sólida que la anterior. De este segundo templo se conserva una modesta traza en el Archivo General de Indias y un remanente físico de su espadaña.

Pedro Fernández de Busto, gobernador de la ciudad, notablemente impulsor de las obras arquitectónicas que se llevaban a cabo en ese momento y quien además emprendió la labor de realizar importantes proyectos en el ámbito urbano, como el secamiento y el saneamiento de la entrada principal de la ciudad, con lo que estableció la Plaza Real (hoy la Plaza de la Aduana); la iniciación de las obras de un acueducto, que nunca fue finalizado y que dotaría a la ciudad de agua corriente; la edificación de un hospital, y la consecución de casas para la administración de justicia, la cárcel y el Cabildo. La idea de otorgar a Cartagena de una edificación digna que sirviera como iglesia catedralicia surge y es promovida también por él mismo. Además, hacia 1575 llegó el fraile dominico Dionisio de los Santos como nuevo obispo, quien envía una carta al rey, fechada el 25 de mayo de ese año, donde le describe algo sobre el culto en la catedral, entre las cuales le dice: “No hay raciones ni medias raciones ni mozos de coro, sino sacristán hábil y dos mozos de sacristía que sirven al altar en camiseta y zaragüelles, que no hay para más. Y así se sirve esta Iglesia como una triste parroquia de España”, por lo cual, el soberano da orden inmediata de reconstruirla.

En ese mismo año (1575) se convocó un concurso público para seleccionar el diseño del edificio, al cual se presentaron los maestros Eugenio de la Vega, Hernando Esteban, Juanes Guerra y Simón González. Se escogió el proyecto presentado por este último, se le designó "obrero mayor" de la obra, un cargo prácticamente de supervisión, con un sueldo de $50000 maravedís anuales, señalándole además un jornal de veintidós reales por cada día que trabajara en la construcción, permitiéndole simultáneamente ejercer aquel cargo con las demás actividades propias de su oficio. A su vez, Hernando Esteban fue encomendado por el Cabildo como director inmediato de la traza y Juanes Guerra trabajó en el proyecto y ocupó un puesto destacado. El cantero Martín de Marquina se encargó de suministrar la piedra, e igualmente trabajaron como oficiales en la obra los canteros Pedro de Aguilar, Francisco Ruiz, Juan de Medina y Gaspar Juanes.

thumb|200px|Plano de la Capilla Mayor, se puede ver la bóveda esquifada que cubre dicha capilla, también se puede ver la especie de cripta bajo el presbiterio, destinada a servir de tumba a los sacerdotes de la ciudad. Así comenzó la construcción de la tercera Catedral hacia el año de 1575, ubicada lejos del puerto por razones de seguridad, en un terreno esquinero que da frente a una angosta calle nombrada posteriormente "Santos de Piedra", junto al actual Parque de Bolívar; pero sin dar frente a él, siguiendo el modelo adoptado por Nicolás de Ovando en Santo Domingo y la antigua y fuerte tradición de la iglesia rodeada, con el tiempo, por las edificaciones más destacadas de la ciudad, como son las sedes del poder civil y las casas de los personajes más prestantes.

En 1577, cuando aún se estaba trabajando en los cimientos, se discutió en el Cabildo la viabilidad de cambiar su orientación y girar su eje noventa grados, como lo proponía el regidor y capitán Sebastián Pérez. Los cabildantes estuvieron de acuerdo con la propuesta, notaron que así quedaría mejor, pero para ello era necesario adquirir unas propiedades y el Cabildo no disponía de fondos extra para comprarlas. Por lo cual, el capitán Pérez ofreció donar 200 pesos para tal fin, pero esa cantidad no era suficiente, entonces el gobernador se reunió con los vecinos (entre los cuales se había hecho un repartimiento para financiar la obra), y como todos votaron por continuar la obra tal como estaba iniciada, el cabildo se decidió por esto, además el gobernador indicó que no era posible hacer un nuevo repartimiento para adquirir las casas, pues el rey solo lo autorizó a hacerlo solo para costear la obra. Es así que la idea de girar el proyecto se descartó y se continuaron los trabajos tal cual como estaban previstos.

La obra prosiguió activamente, pues, un año más tarde, "cinco arcos que se han de hacer en la capilla están ya para comenzar sobre los pilares que están hechos". El maestro González, al ver la poca resistencia y firmeza de la piedra, resolvió agregar un soporte más para el techo y modificó en plena marcha el diseño original que era de seis pares de columnas, el cual quedó de siete pares. Durante el transcurso de la obra se generaron algunas dudas sobre el material de los arcos y la altura de la nave principal con relación a la capilla mayor, pero siempre se escuchó y se respetó el punto de vista del autor del diseño: los arcos se construyen en piedra, y la nave principal de la misma altura que la capilla mayor.

En 1579, más de la mitad de los muros se encontraban al nivel del enrase y la parte restante se hallaba a una altura de cinco tapias. En ese mismo año es nombrado como nuevo obispo Fray Juan de Montalvo. Ya para 1585, diez años después de iniciados los trabajos, consta que el volumen del edificio se encontraba cubierto y, aunque faltaban las dependencias aledañas y la torre, la obra estaba prácticamente finalizada.

Ataque de Drake thumb|left|250px|Mapa de la flota de Drake en Cartagena. No obstante, al año siguiente (1586), el corsario inglés Francis Drake, “El Draque”, se presenta ante las costas de Cartagena con una flota de hasta 23 navíos de guerra y más de 3.000 hombres, y ataca la ciudad, en la que fue la más importante acción militar realizada en el contra los puertos de América. Cartagena fue tomada y El Draque se dedicó al saqueo: redujo a cenizas algo más de la mitad de la ciudad y, ante la negativa de sus habitantes de pagar el jugoso rescate que exigía, amenazó con derribar a cañonazos la catedral, que en ese momento debía ser el bien más preciado de la ciudad. Entonces hizo el primer disparo de advertencia, el cual fue suficiente para afectar seriamente su estructura, pues la bala dio en una de las columnas, derribándola y llevándose consigo otras dos. Igualmente se desplomaron los cuatro arcos que soportaban las tres columnas y parte del techo. La parte más afectada fue la nave de la Epístola. Finalmente, los cartageneros pagaron 110000 ducados de plata y El Draque convino en no continuar con la destrucción de la ciudad, después de tenerla en su poder durante 6 semanas.

De manera fortuita y coincidencial, en su viaje en dirección a Quito, pasó por la ciudad el maestro Benito de Morales, quien por pedido del gobernador examinó la catedral y evaluó los daños sufridos. De esa manera comprobó la buena cimentación de los muros y columnas, dio indicaciones para la reconstrucción y recomendó que se terminara el edificio de tal manera que no se cambiara el proyecto original. Así, lentamente por la falta del dinero que se llevaron los ingleses y que estaba destinado al proyecto, se iniciaron las obras de reparación y terminación del templo. Además, después del ataque y saqueo de la ciudad, el obispo Fray Juan de Montalvo murió el 10 de septiembre de 1586, de pena moral luego del derribo de su catedral.

Las obras de reparación y terminación transcurrían muy lentamente. En 1591, el obispo Fray Antonio de Hervías escribe una carta al rey, en la cual decía:

No obstante al pesimismo del obispo (que refleja la frecuente enemistad entre las autoridades militares y eclesiásticas de la colonia), se trabajaba en la reconstrucción, aunque lentamente; pese al buen deseo del gobernador, no se había adelantado mucho, pues no se disponía de fondos ya que la ciudad quedó muy mal económicamente después del ataque del Drake.

Un derrumbe, la culminación y la decadencia Sin embargo, después de tantos problemas y cuando la catedral se encontraba por segunda vez casi terminada, ocurre otro lamentable suceso: en la noche del 7 de agosto de 1600, los techos de la nave principal y de la nave del Evangelio se desplomaron, no por efecto de algún fenómeno natural, como un sismo o huracán, sino, según el diagnóstico del momento, porque las cubiertas originales de las naves laterales, de azoteas planas, generaban mucho peso para la estructura, y se resolvió entonces cambiarlas por tejados. Acto seguido, el cabildo se querelló contra el maestro Simón González, a quien se consideró responsable de la calamidad, quien más adelante, se libró de los cargos. El templo se cubrió provisionalmente con paja, la cual no servía de mucho cada vez que había fuertes precipitaciones, pero aun así se continuó utilizando para los servicios religiosos.

thumb|280px|Apariencia original de la catedral desde mediados del cuando se terminó la torre, hasta principios del , antes de las remodelaciones. Nótese la torre original, además la fachada principal no tenía entradas laterales.