La agricultura fue la principal actividad económica de la Mesopotamia antigua. Debido a las desfavorables condiciones naturales para esta práctica en una gran parte de este territorio, recurrieron al uso de canales de riego para poder obtener buenas cosechas. Debido a estas instalaciones fueron capaces de lograr muy altos rendimientos.

A falta de excavaciones en las zonas rurales, el conocimiento de la agricultura de la antigua Mesopotamia se basa principalmente en los textos antiguos, incluidos los numerosos actos de la práctica de ventas de campos, contratos de explotación o de préstamos con destino a los agricultores, así como la abundante documentación hallada en los edificios administrativos de los palacios y templos de las ciudades de Mesopotamia

Los conjuntos regionales

thumb|350px|Las regiones agrícolas de la antigua Mesopotamia. Mesopotamia, que tenía un clima subtropical sin estación seca, estaba dividida en dos grandes zonas agrícolas. La alta Mesopotamia, extensión oriental del Creciente fértil, se encuentra por encima del límite de la isoyeta 200, lo que permitía una agricultura de secano, gracias a las lluvias de invierno y primavera. Esto se aplica también al alto Djézireh (alrededor del triángulo de Khabur), para Asiria y las estribaciones de las montañas Zagros. Al sur de una línea que va desde el curso medio del Balkin y el bajo Djézireh hasta Susa a lo largo de la cadena de los Zagros al este del Tigris es el área de la agricultura de regadío, porque no hay lluvia suficiente para que prospere una agricultura de secano.

Desde la perspectiva del relieve, el norte es una meseta, cuya parte septentrional es más alta. Por el contrario, la baja Mesopotamia es muy llana: la pendiente es muy pequeña o incluso nula en algunos lugares. El extremo sur, límite que ha cambiado en el curso de la historia antigua, es una zona pantanosa.

Los valles de Mesopotamia están bordeadas por el desierto y zonas esteparias, que desempeñan un papel importante en las actividades ganaderas. Las estepas, especialmente las de la alta Mesopotamia, y en particular las situadas cerca del Éufrates medio, se riegan a veces y se convierten en prados durante un par de semanas. El desierto, en la frontera con la Mesopotamia del oeste, recibe menos de 100 mm de lluvia por año en promedio, y por lo tanto es inservible para la agricultura, su uso como un espacio de paso estuvo limitado hasta que no se introdujo el camello en la región.

Ríos Los dos principales ríos de Mesopotamia, a los que la región debe su nombre, son el Éufrates y Tigris. El primero tiene un curso más tranquilo que el segundo, y es más rico en sedimentos. Por lo tanto, es más propicio para la agricultura. Ambos ríos drenan una alta carga sólida de sedimentos, lo que provoca una colmatación de sus cauces, que se elevan algo de la llanura. Esto significa que sus crecidas, que se producen en la primavera bajo el efecto de la fusión de la nieve, suelen ser violentas (en especial las de la cuenca del Tigris), y, en cualquier caso insuficiente para el desarrollo de una zona agrícola. Por lo tanto, era necesario desarrollar técnicas de riego artificial en la zona donde la agricultura de secano era imposible. La llanura de la baja Mesopotamia es muy plana, las inundaciones se pueden propagar muy lejos y en ocasiones a los ríos les resulta difícil recuperar el lecho, provocando un cambio de lecho.

En la alta Mesopotamia y en la región de los Zagros, otros ríos más pequeños excavan valles en las zona anexas a Mesopotamia: el Khabur y sus numerosos afluentes constituyen la región conocida como el «Triángulo de Khabur», el Balikh, afluente del Éufrates, el Gran y el Pequeño Zab y el Diyala, afluente del Tigris, el Karun y el Karkheh en Susa.

Instalaciones y paisajes Riego Hacia el 6000 a.C., las primeras comunidades agrícolas prosperaron en la baja Mesopotamia. Su supervivencia sólo fue posible mediante el establecimiento de un sistema de riego, sin que la superficie agrícola de esta región se viera limitada a las riberas de los principales ríos. La adición del limo aportado por las inundaciones de los ríos y el agua necesaria por el riego dio rendimientos significativamente más altos que los obtenidos en las zonas de secano en la zona de la alta Mesopotamia, donde el regadío también fue desarrollado para aumentar la producción agrícola.

thumb| Fragmento de cono de arcilla con inscripciones mencionando la excavación de un canal por el rey Urukagina de Lagash .

Como resultado de los estudios de Karl August Wittfogel, durante mucho tiempo se pensó en que el establecimiento del sistema de riego sólo podría hacerse en el marco de una fuerte centralización del poder dentro de una sociedad muy jerarquizada. En realidad, los más antiguos sistemas de riego fueron realizados por comunidades pequeñas. Los Estados, sin embargo, sólo se ocuparon de desarrollar sistemas extensivos, excavar canales y gestionarlos. Los gobernantes de Mesopotamia también tuvieron siempre como un deber establecer y restaurar los sistemas de riego. Los conflictos también pudieron haber sido motivados por la posesión de buenas tierras de regadío, como los que ocurrieron entre Lagash y Umma en los siglos XXV y XXIV.

El agua necesaria para el riego se llevaba a las superficies cultivadas por medio de canales. Los más grandes salían directamente de los ríos, y servían de base para una red jerárquica de pequeños canales y acequias. El sistema también podría incluir cisternas utilizadas para regular el flujo de los ríos, de canales elevados, y en ocasiones de acueductos, dependiendo del terreno. Se utilizaban esclusas para regular el flujo del agua. Los sedimentos aportados por los ríos causaban la elevación de sus lechos en relación con los campos, y, por tanto, el agua podía irrigar los campos sin equipo especial, excavando una zanja en la orilla del canal en la dirección del campo donde las acequias distribuían el agua uniformemente sobre la superficie del cultivo. Pero también hubo equipos de elevación tales como shadouf y norias a partir del I milenio. También podía regarse desde pozos en las regiones peor drenadas.

El mantenimiento de los principales canales dependía del Estado, a través de representantes locales. La limpieza y las reparaciones se llevaban a cabo en verano, en período de aguas bajas; tarea que debían llevar a cabo las personas que vivían cerca del canal. Aparte de su uso para el riego, los grandes canales eran navegables, y a finales de la primavera podían ser utilizados para el transporte de la cosecha, cuando las aguas del Éufrates eran altas. En los pequeños canales, los mismos usuarios se encargaban de su mantenimiento.

El uso del agua de riego parece reglado por las autoridades. Los administradores eran responsables de regular el flujo de canal, como el sērikum en Mari, o el gugallu en Babilonia. Esto incluía garantizar que todas las áreas de cultivo tuvieran bastante agua, incluso las zonas más remotas; las tierras cercanas a los principales canales parecían mejores, sin embargo, y tenían más valor. Surgían muchos conflictos y están documentados en las cartas y en los códigos de leyes. Estos últimos abordan sobre todo el caso de un agricultor que cierra mal la acequia que utiliza para el riego de su campo, lo que provoca la inundación de su campo y el de sus vecinos, por lo que debe pagar una indemnización.

Para tomar un ejemplo concreto, la red de canales de riego de Mari es conocida por las descripciones incluidas en algunas tablillas de la primera mitad del , describiendo los trabajos de mantenimiento necesarios. Nombran la «boca» (KA/pûm), la entrada del canal a partir de un curso de agua natural, que debe estar limpia para eliminar los depósitos de arcilla. La estructura básica a este nivel es la muballitum para controlar el desvío del río y el control del nivel de agua en el canal. Se compone de una barrera consistente en postes (tarqullum), reforzada por haces de cañas y ramas. Se distinguen los canales de derivación (takkīrum) y los pequeños canales (yābiltum). Otras instalaciones que se utilizaban para el control de los flujos: las válvulas (errātum) están situadas en el borde del canal para evacuar el agua si el nivel se eleva demasiado. Unas zanjas (atappum) se encontraban al final del canal. Se establecieron represas (kisirtum) para detener el agua. En la red de regadío se encontraban cuencas secundarias alimentadas a través de tuberías de terracota (mašallum). El mantenimiento del canal era muy pesado: el gobernador del Distrito de Terqa debía movilizar alrededor de 2000 hombres de acuerdo con una carta encontrada, y no parecían suficientes.

El riego de los campos implicaría el riesgo de salinización del suelo, la evaporación del agua hace subir los minerales que contiene, y si el contenido de sal del suelo es demasiado alto, el campo ya no puede ser cultivado. Hay que drenar el agua fuera del campo para reponer la tierra. Este problema afectaba a muchas tierras del sur de Mesopotamia, que se hicieron incultivables, resultando abandonadas después de una explotación muy intensiva. En contraste las palmeras crecen muy bien en las tierras salinizadas, lo que explica su gran crecimiento en la baja Mesopotamia.

Morfología agraria thumb|150px| tablilla con el plano de un terreno, Umma Ur III .

Diversos documentos cuneiformes incluyen descripciones de los campos, una centena presentan planos también. Se trata sobre todo de tablillas. Desde el comienzo de la escritura algunas proporcionan la localización de los campos. Bajo la Tercera dinastía de Ur aparecen las primeras tablillas con los planos de los campos, de los que nos proporcionan sus descripciones. Están destinadas para evaluar el rendimiento que de ellos se puede esperar. Posteriormente, la descripción es más precisa. La época neo-babilónica y aqueménida nos ha dado muchos documentos de este tipo, tablillas, así como kudurru ( estelas grabadas a continuación de la donación de los campos). En términos generales, los actos de venta de los campos incluyen su ubicación y su medida. Los textos más precisos especifican las medidas de los lados, los propietarios de las parcelas contiguas, y dividen los campos en diferentes partes dependiendo de la rentabilidad esperada.

Algunos de estos documentos estaban destinados a obtener la medida del campo por los inspectores, y la previsión de la cosecha. Los cálculos de la superficie de los campos se hace adaptando sus forma reales a figuras geométricas fáciles de calcular: un rectángulo en la parte más importante, y las irregularidades eran asimiladas a triángulos. La medición se hacía con cadenas ( EŠ.GID en Sumerio, eblu(m) en Babilonio, ašalu en Asirio). En la época de Ur III y del período paleo-babilónico existieron inspectores especializados, miembros de la administración real (SAG.DÙN, DUB. SAR.A.A.ŠÀ.GA, šassakum).

thumb|left| Representación de la morfología de los campos "Sumerio" (a la izquierda) y "Acadio" (a la derecha) en la forma propuesta por Mario Liverani.