thumb|Un resumen de la cosmovisión incaica realizada a mano por el cronista Juan de Santa Cruz Pachacuti. Desde la antigüedad todas las culturas del mundo han tenido que asumir una concepción, donde se explican la existencia del mundo y de sí mismo. Esta cosmovisión consideraba que la naturaleza, los seres vivos y la madre tierra son elementos que viven perpetuamente.

Los incas tenían una manera propia de ver al mundo, dar respuestas a los interrogantes que el hombre se plantea. Es evidente que la concepción de los Incas, fue producto de un largo proceso de evolución del pensamiento que el hombre andino realizó desde los comienzos mismos del período formativo. Fue una concepción propia y diferente a la de los europeos, con lo cual enfocó y entendió su mundo y marcó su proceder, su conducta e imprimió su sello en las relaciones sociales que establecieron los hombres andinos.

Gracias a los relatos de los mitos andinos que fueron incorporados a las crónicas ha sido posible obtener una imagen de la cosmovisión inca. En ellas tanto al espacio como el tiempo eran sagrados y tenían indudablemente una explicación mítica y una representación ritual. En relación con el espacio presentan una concepción dualista.

Religiosidad andina Desde hace 5 mil años, los pueblos originarios tuvieron una manifestación profundamente religiosa integrada en la cosmovisión andina. A esto lo llamaron «Illa Teqsi» que significa «Fundamento de la Luz» «Luz Primigenia» «Luz Eterna» pues los ancestros creían que todo se originó del «Illa» que es la energía de la que se formó el universo. Illa Teqsi es incognoscible, abstracto e inmaterial, no tiene forma, ni comienzo ni fin.

En la cultura andina todo está impregnado de «Illa» y esta se considera «Sami» es decir, energía positiva. Al ser la sustancia primigenia que da «ánima» «forma» y «movimiento» al universo también lo llamaron «Pachakamaq» que significa «El que anima el cosmos» «El ordenador el universo» y según afirman los cronistas Blas Valera, Guaman Poma de Ayala y Garcilaso de la Vega, tuvieron al «Illa Teqse Wiraqucha» como única deidad, siendo la luz solar del «Inti» (El Sol) su manifestación directa y por ello tuvieron al Sol por lo más sagrado después del Illa Teqse.

Visión andina del universo La palabra quechua «Pacha» tiene múltiples significados «tiempo; época; universo; tierra; mundo; cosmos; era; suelo; espacio; naturaleza; hora; fecha; región; país; lugar; la tierra; el mundo; el tiempo; piso» pero las más importantes son «Espacio-tiempo» y «Universo» pues «Pacha» implica la manifestación de la existencia, el mundo de lo visible y lo invisible.

En la visión andina el Universo está conformado por la luz del Illa Teqse, esta da forma al Universo. Y por eso llamaron al Illa Teqse con el término de «Pachayachachiq» que significa «Maestro del Universo» puesto que el Illa Teqse se comprende como la Sabiduría que da forma y existencia al universo.

A los distintos estados de consciencia «espacial-temporal» los llamaron «Pachakuna» que incluyen: Hawa Pacha o «Espacio-tiempo de afuera o exterior»; Hanan Pacha o «Espacio-tiempo superior»; Haqay Pacha o «Más allá del espacio-tiempo»; Kay Pacha o «El aquí y ahora», «Este espacio tiempo»; Hurin Pacha o «Espacio-tiempo inferior» y Uku Pacha o «Espacio-tiempo de adentro o interior».

El Allin Kawssay: El buen vivir Desde tiempos ancestrales, los abuelos entendieron la interconexión existente en el universo, que recrea y transforma el alma de todo lo vivo, convirtiéndonos en millones de células de un mismo tejido hecho a paridad complementaria del cosmos.

Dicho de este modo, es una verdad que rebate en un párrafo único la llamada verdad absoluta acerca de nuestra vida y lo que se proyecta a partir de ella. La interconexión universal devela una fuerza suprema capaz de gobernar la naturaleza y el cosmos con presteza; la hermandad no sólo habla de seres humanos en familia y en compromiso de cuidarse y protegerse, se trata de una fraternidad extendida hasta el reino animal y vegetal, se trata del apellido que nos da el poder respirar u ocupar un espacio en el universo.

Comprendiéndolos como fuegos de una misma estrella, los pueblos indígenas originarios basaron su modo de vivir en relaciones de armonía y equilibrio; el término Allin Kawsay se aplica a quien "sabe vivir"; sin embargo, el significado exacto del término es "Buen Vivir". A partir del quechua, obtenemos la siguiente traducción:

Allin: Bien, bueno, correcto, positivo. Sumak = plenitud, sublime, excelente, magnífico, superior. Kawsay = vida, ser estando, estar siendo.

El término en ambas traducciones acuña el significado único de Vida en Plenitud, cuya práctica se llevó a cabo entre las comunidades originarias de los actuales Perú, Bolivia y Ecuador. Nuestros ancestros generaron un paradigma que dista del pensamiento individualista y hedonista de occidente; el estar siendo denota sintonía con el presente y nada más, ignorando los recuerdos que encadenan nuestro pensamiento al pasado y el estrés que genera la expectativa por un futuro incierto.

Este paradigma unifica la interdependencia de todo ser vivo; la responsabilidad que tienen sobre la creación tanto la figura masculina como la femenina en complementariedad no competitiva, proyectando esta relación a todas las que se crean entre humanos, humanos y animales, humanos y naturaleza.

El Buen Vivir de la Cosmovisión Andina tiene en cuenta las verdades inmutables de nuestra naturaleza cósmica; alguien que vive y practica esta filosofía se transmuta en la identidad de todo lo que ve y es parte de ello; cerrar los ojos y sentirse parte de la esencia del viento o una roca en la montaña que besa el cielo.

Una complementariedad que rompe el esquema del sí versus el no y que abre la posibilidad de nuevos puntos que incluyan muchas combinaciones posibles fuera de una premisa cerrada y olvidar lo meramente racional para integrarnos a lo intangible, a lo sublime, a lo que realmente rige nuestras vidas: la sensibilización y el latir acompasado a las formas que el cosmos (Pachamama) han creado.

Entendido esto sentimos entonces la necesidad de preservar el equilibrio y la armonía de todo cuanto existe, pues somos una energía en vibración compartida y continua entre los seres vivos. De este modo, la preocupación central de occidente que es acumular para un mañana incierto o escalar en base al daño que ocasionamos a otros, no encaja en la visión del Vivir Bien.

El cuidado de la tierra El paradigma andino del Vivir Bien, propio de la cosmovisión andina, establece entre sus principios un pensamiento contrario a la separación de la naturaleza que pregona Occidente. Se trata de construir una simbiosis con la naturaleza, que es el espacio-tiempo orientado a la calidad de vida.

La cultura occidental esparció el fundamento de que el hombre debía dominar la tierra, doblegarla y explotarla; en un orden de ideas similar, el filósofo Aristóteles decía que la buena vida se encontraba en las ciudades y todo aquel ubicado fuera del perímetro de la polis, se encontraba en espacio y actitudes bárbaras como la agricultura y el bosque. Oponiendo la naturaleza a la cultura.

En este aspecto, en la sabiduría andina se mantienen unidos los puntos del cuidado de la tierra y la vida en comunidad (Khuyapayaq), pues son subsidiarias. El buen vivir para los pueblos originarios tiene como centro el disfrute de las actividades de la naturaleza: el florecimiento de los cultivos, la cría de animales, tiempo para compartir festivamente, disfrutar de los bienes suficientes para la reciprocidad desde donde surgirán los valores de la comunidad como la confianza, amistad, alianza, cooperación mutua, que son productos directos de las relaciones interpersonales en el Ayllu.

El andino está en contra del abuso, maltrato o agotamiento de la tierra y aborrece la sobreexplotación de su fertilidad y riqueza, el despilfarro y el consumismo; su premisa es ayudar a parir a la Madre Tierra.

La comunidad como artífice del cuidado de la tierra, es descrita entonces como un ente que promueve la interactividad, la vivencia cotidiana de tener a la mano lo necesario y suficiente dentro de la austeridad, equilibrio y suficiencia de lo bueno y necesario de la naturaleza.

El Ayllu – vivir en comunidad Dentro del paradigma de nuestros ancestros está el de la vida en comunidad, cuyos principios parten de la conciencia de la interconexión que hay en todo lo existente, determinando que cada hermano, cada planta y animal es un componente de la comunidad y por ello un daño sobre alguno repercute en desequilibrio y caos.

El vivir bien no sólo abarca entonces la vida y relaciones de los humanos, sino la integralidad de una comunidad entera dispuesta a ser guardián y apoyo de cada hermano. Para tener consciencia de esto es preciso entender que en la sabiduría andina no existe el yo sino el nosotros (Ñukanchiq) alejados del pensamiento de la subordinación.

La meta de los pueblos originarios es el Buen Vivir; la protección y unificación de todos los miembros de la comunidad en un retorno a la memoria ancestral, pues en ella reside el principio de que la vida se genera de la relación complementaria.

En la comunidad no se aspira a la perfección, el objetivo es la crianza mutua entre todas las formas de vida: los astros, los animales y las plantas. Se promueve el trabajo como un regalo, necesidad y alegría del espíritu; es una actividad litúrgica y sagrada. El trabajo es contemplación, meditación y celebración que deviene en punto de encuentro y diálogo para los miembros de la comunidad, por tanto no existe la violencia, la subordinación o el abuso hacia el trabajador.

Cosmovisión andina La cultura andina está asociada a las estrellas; hicieron de las constelaciones trazos imaginados para representar las fuerzas o energías que favorecen la fecundidad de todo cuanto hay en la biosfera. La fertilidad es un tema vital para los andinos, pues se extiende al florecer de los cultivos, la llegada de la primavera y la reproducción de los animales. Pachamama posee el rol de Madre Cósmica; de la fertilidad de Pachamama nace el cosmos, la tierra es fecundada y luego florece.

Cada una de las fuerzas o energías que encontramos en esta naturaleza, es hija y producto de la paridad del cosmos, se consideran expresiones de Illa Teqsi y reciben un nombre propio, incluso alguna representación física.

Pachamama La Pacha, entendida como el espacio-tiempo, es todo lo que contiene y sustenta. El término es multisignificativo y multidimensional a pesar de que los significados más utilizados son espacio y tiempo, también abarca lugar, mundo, época y fecha. Representa dos fuerzas cosmotelúricas que interactúan y expresan lo que conocemos como la vida, como la totalidad de lo visible (Pachamama) y lo invisible (Pachakamaq).

La Pachamama con su fuerza telúrica crea todo lo existente mientras que el principio fecundador de Pachatata posee su propia y pura energía cósmica no visible para el ojo humano.

El paradigma de la paridad complementaria que se ha mencionado es especialmente expuesto en la formación del cosmos, como producto de una fecundación en la que participan el principio de lo masculino y lo femenino en dualidad complementaria. Por ello el cosmos se concibe como un pariverso: el todo girado en paridad. Contrario al paradigma occidental que pregona el todo girado en unidad opuesta y antagónica.

El pensamiento andino de la paridad establece el encuentro entre los opuestos complementarios.

Basados en el quechua, la idea del ser no existe en sus vocablos ni en sus símbolos; en caso de existir un equivalente, sería subsidiario de la idea de relación o vínculo, pues el vínculo es coexistente con la idea del par.

Wiracocha – Pachacámac