La Junta Gubernativa de Montevideo fue un organismo de autogobierno creado por los españoles de la Banda Oriental luego de la invasión de España por Napoleón Bonaparte. Su creación fue resuelta el 21 de septiembre de 1808 (instaurándose al día siguiente) y funcionó hasta el 30 de junio de 1809. Es generalmente considerada como el primer exponente del movimiento juntista en la América española.
Antecedentes La invasión de España
Deseoso el emperador francés Napoleón Bonaparte de aislar a Inglaterra, procedió a extender el bloqueo continental a su aliado Portugal. Ante las reticencias del príncipe regente Juan, el ejército francés entró en España el 18 de octubre de 1807 en dirección a Portugal, tras lo cual, el 27 de octubre, Eugenio Izquierdo y el general Duroc como plenipotenciarios pactaron en el Tratado de Fontainebleau (1807) el reparto de Portugal. El 17 de noviembre entraron las tropas franco-españolas al mando de Junot y sin resistencia se dirigieron a Lisboa. El 22 de diciembre entró otro ejército liderado por Pierre-Antoine Dupont de l'Étang con 22.000 efectivos de infantería y 3.500 de caballería sin tener la anuencia de la Corte española y el 9 de enero de 1808, otro ejército al mando de Bon Adrien Jeannot de Moncey con 25.000 efectivos de infantería y 2.700 de caballería cruzó la frontera. El 1 de febrero, contraviniendo lo pactado en Fontainlebleau, Junot depuso formalmente a la dinastía Braganza y al consejo de regencia designado por el príncipe regente, y proclamó el gobierno de Napoleón sobre la totalidad del territorio portugués.
A mediados de febrero los franceses se presentaron en Pamplona y, ante la reticencia de cederles la ciudadela, la tomaron por sorpresa. Por otro lado entró un ejército dirigido por Guillaume Philibert Duhesme de 11.000 hombres de infantería y 1700 de caballería en dirección a Valencia y, bajo amenaza y temiendo la enemistad francesas, entraron en Barcelona. Y con la autorización de Manuel Godoy, el 5 de marzo se entregó San Sebastián y el 18 de marzo se rindió la ciudadela de Figueras. En marzo se formó un nuevo ejército de 19.000 hombres a las órdenes de Jean-Baptiste Bessières. Por otra parte, el general Joaquín Murat, lugarteniente de Napoleón para todos sus ejércitos en España, vino a España el 9 de marzo, llegó a Burgos el 13 y emprendió camino hacia Madrid el día 15.
En definitiva, temeroso Godoy de que ya hubiera 100.000 efectivos franceses en territorio español sin autorización y sin saber su objeto, decidió trasladar a la familia real hacia América, viaje que inició el 13 de marzo encaminándose hacia Aranjuez. Los rumores de que proseguiría la partida de los Reyes el 17 o 18 de marzo y la instigación del Príncipe de Asturias Fernando en la guardia de corps puso los ánimos alerta. Nuevas asonadas llevaron a Carlos IV a abdicar a favor de su hijo Fernando el 19 de marzo.
Teniendo noticias Murat de lo acaecido en Aranjuez, aceleró su paso y entró en Madrid el 23 de marzo. Al día siguiente lo hizo el nuevo rey Fernando VII. Habiendo recibido las nuevas el 26 de marzo, Napoleón se dispuso hacer el cambio de monarca. Al día siguiente propuso a su hermano Luis la corona y el 2 de abril salía de París en dirección a Bayona, aunque Murat extendió el rumor de que iría a Madrid.
En cambio, el trato que Murat reservaba al rey Fernando VII era de total indiferencia, negándose a reconocerlo. Por el contrario, el nuevo monarca, necesitado de apoyos y reconocimiento internacional, prosiguió la política de estrechar lazos de amistad y alianza con Francia. Así, el 5 de abril mandó a su hermano Carlos al encuentro del emperador. El 10 de abril, el rey, deseoso de contar con el beneplácito de Napoleón, partió de Madrid con su comitiva y dispuso que en su ausencia rigiera el gobierno una Junta Suprema de Gobierno presidida por su tío el infante Antonio. A su llegada a Burgos el 12 de abril, no tuvo noticias de Napoleón, y el general Savary convenció al rey para proseguir viaje a Vitoria, adonde llegó el día 14. Mientras, Napoleón entraba en Bayona el 15 y, teniendo noticias el infante Carlos, hizo lo propio. El general Savary aseguró que si el rey iba a Bayona al encuentro de Napoleón, este no tendría inconveniente en reconocerlo como Rey de España. El rey partió de Vitoria el 19 y arribó a Bayona el 20, donde nadie salió a recibirlo.
En Madrid, Murat declaró a la Junta que el emperador Napoleón no reconocía a otro rey que a Carlos IV y que iba a publicar una proclama de Carlos IV en la que indicaba que su abdicación había sido forzosa. No obstante, la Junta respondió que no se daría por enterada hasta que el propio Carlos se lo comunicara y pidió el secreto de dicha resolución. En seguida, Murat se puso de acuerdo con Carlos IV, quien desde El Escorial escribió a Napoleón poniéndose en sus manos, y a su hermano Antonio, presidente de la Junta, con la retractación de su abdicación y la confirmación de los miembros de la junta suprema tal y como la había constituido su hijo el rey Fernando VII. El 25 de abril, Carlos IV y su esposa emprendieron viaje a Bayona adonde llegaron el 30 de abril, siendo recibidos y agasajados por Napoleón como los verdaderos reyes.
Tras una comida con Napoleón el 20 de abril, el rey Fernando fue informado por Savary de que el emperador había resuelto sustituir a los Borbones por la familia Bonaparte. En Bayona, el 1 de mayo, Napoleón tras comer con los reyes padres y Godoy, citó a Fernando VII, y sus padres apoyados por Napoleón le amenazaron para que abdicase en favor de Carlos IV al día siguiente. De esta manera le fue arrancada una abdicación fechada el 1 de mayo y condicionada a la reunión de las Cortes en España y sin presencia de Godoy. Carlos IV rechazó esta idea.
El 5 de mayo el mariscal Duroc y Godoy, como plenipotenciarios, concluyeron un tratado por el que Carlos IV cedía la corona de España a Napoleón. Hechas ya las renuncias reales, faltaban las de los sucesores, que se llevaron a cabo, bajo la gestión de Duroc y Escóiquiz, el 12 de mayo en Burdeos, suscritas por Fernando, Carlos y Antonio.
El 6 de junio Napoleón dictó un decreto en el que nombraba a su hermano José como rey de España y, al día siguiente, espetó a su hermano, recién llegado a Bayona para que aceptase la corona, donde fue reconocido como tal por las autoridades españolas allí congregadas. José aceptó la corona el 10 de junio y confirmó a Murat como lugarteniente del reino.
La asamblea convocada por Napoleón debatió el proyecto de Constitución preparado por el propio Napoleón y, con escasas rectificaciones, entre el 15 y 30 de julio de 1808 fue aprobada la Constitución, llamada Estatuto de Bayona. El rey José la juró el 7 de julio y entró en España el 9 de julio. Entretanto en España ya se habían producido sublevaciones y la formación de Juntas por todo casi todo el territorio desde finales de mayo.
Las Juntas de Gobierno Las noticias de los hechos se extendieron por todo el país, provocando las primeras reacciones de indignación y solidaridad, a la vez que las primeras declaraciones a favor de un levantamiento armado general en un clima de confusión ante la fragmentación de los distintos representantes del gobierno. Surgieron órganos locales de poder o Juntas.
El llamado Bando de los alcaldes de Móstoles, promulgado por Andrés Torrejón y Simón Hernández, fue la primera iniciativa desde el ámbito local que contribuyó al desprestigio de la Junta Suprema de Gobierno designada por Fernando VII. El 9 de junio de 1808 se constituyó la Junta General del Principado, que impulsó el inicio de la rebelión en Asturias, a pesar de las presiones de la Junta Suprema de Gobierno. La rebelión se tornaría en enfrentamiento general tras la formación de un ejército de milicias populares campesinas a partir del 25 de mayo, con la formación de la nueva Junta Suprema del Principado. La Junta aprobó una declaración de guerra contra los franceses, creó un ejército y ondeó por vez primera la bandera regional.
Una vez difundidas las noticias de las abdicaciones de Bayona, la insurrección se inició en la ciudad de Valencia y en los días siguientes, en Zaragoza, José de Palafox y Melci tomó el control de la ciudad tras entregar el mando el capitán general Jorge Juan Guillelmi y Andrada a su segundo, produciéndose el primero de los Sitios de Zaragoza. Mientras en Murcia, el antiguo ministro Floridablanca presidía la constituida nueva Junta. En Sevilla, la Junta local adoptó el nombre de Junta Suprema de España e Indias, impulsora del texto considerado como la declaración de guerra formal emitido el 6 de junio de 1808.
Las Juntas en Hispanoamérica Frente a los sucesos en España, las colonias americanas reaccionaron en forma muy semejante a los reinos metropolitanos. Había dos posiciones. Los españoles, particularmente los altos funcionarios de gobierno y clero, fueron partidarios de que la situación política se mantuviera, continuando en sus cargos los virreyes y gobernadores y otras autoridades, aún en ausencia del Rey--y a partir del 31 de enero de 1810, del Consejo de Regencia formado en Andalucía.
Por otra parte, los criollos y algunos españoles, postularon la formación de juntas de gobierno, por cuanto consideraron que la Junta Suprema de España e Indias solo tenía validez para Sevilla--puesto que ni siqueira la Junta de Valencia o la de Asturias la reconocían como superior a sí mismas; y que el Consejo de Regencia establecido el 31 de enero y que sustituyó a la Junta sevillana como cuerpo unitario y ejecutivo, dirigente de la guerra contra Napoleón, solo tenía validez en la península, y que su autoridad no era extensiva a América (a pesar de contar un representante americano, como miembro de uno de los "viejos reinos"). Esgrimieron el argumento de que las colonias o reinos hispanoamericanos eran entidades político-administrativas independientes de las existentes en España, porque desde el descubrimiento habían quedado vinculadas jurídicamente a la Corona, mediante la Bula Inter caetera. Estando ausente el monarca, ellos tenían los mismos derechos de autogobierno, porque también se apoyaron en la doctrina tradicional del poder, que en tales circunstancias les devolvía la soberanía para establecer el orden político transitorio que resultase más conveniente a sus intereses.
Por ello, en la mayor parte de los territorios americanos, los criollos, a través de los cabildos, manifestaron sus intenciones y promovieron con éxito en la mayoría de los casos la instauración de juntas de gobierno locales fieles a Fernando VII, a quien reconocían como legítimo soberano. Entre 1808 y 1809 se constituyeron juntas en Montevideo, Chuquisaca, La Paz y Quito. Algunas de ellas fueron efímeras, otras perduraron en el tiempo, pero en sus inicios ninguna tuvo carácter separatista. Con el tiempo promovieron un conjunto de reformas políticas, económicas y administrativas que, en forma paulatina, fueron desencadenando el proceso que condujo finalmente a la independencia de América.
La misión Sassenay En agosto de 1808 llegó a Buenos Aires el enviado de Napoleón, el marqués Claude-Henry-Étienne Bernard de Sassenay, quien tenía por misión hacer conocer la abdicación de los reyes españoles, la instalación en el trono de José I y, además, hacer jurar lealtad al nuevo monarca. Hacia 1800, recién casado, Sassenay se había ocupado de diversos negocios mercantes marítimos que le habían llevado a Buenos Aires, donde había conocido a Santiago de Liniers.