thumb|right|275px|La representación ascendente de Jesús en la Resurrección del Señor de Murillo (c. 1650-1660), envuelta en una luz dorada sobre la escena más tenebrista de los soldados dormidos, se considera uno de los cuerpos más bellos de la pintura de España. La resurrección de Jesús es la creencia cristiana en que, después de haber sido condenado a muerte y ser crucificado, Jesús de Nazaret resucitó de entre los muertos, como «primicias de los que durmieron», siendo exaltado como Cristo y Señor.

En el Nuevo Testamento, después de que los romanos crucificaron a Jesús, fue ungido y enterrado en una tumba nueva por José de Arimatea, pero Dios lo resucitó de entre los muertosLas referencias bíblicas son , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . y se apareció a muchas personas en un lapso de cuarenta días antes de ascender al cielo, para sentarse a la diestra de Dios Padre.Las referencias bíblicas son , , , .

Para la tradición cristiana, la resurrección corporal fue la restauración de la vida de un cuerpo transformado, inmortal o incorruptible, impulsado por el espíritu, según lo descrito por Pablo y los Evangelios,Cook, John Granger. "Resurrection in Paganism and the Question of an Empty Tomb in 1 Corinthians 15." New Testament Studies 63.1 (2017): 56–75. que condujo al establecimiento del cristianismo. En la erudición cristiana secular y liberal, las apariciones de Jesús se explican como experiencias visionarias que dieron ímpetu a la creencia en la exaltación de Jesús y una reanudación de la actividad misionera de los seguidores de Jesús.

En la teología cristiana, la muerte y resurrección de Jesús constituyen los eventos más importantes y, como consecuencia, forman el fundamento de la fe cristiana. Su resurrección es la garantía de que todos los muertos serán resucitados en la segunda venida de Cristo.

Los cristianos celebran la resurrección de Jesús el Domingo de Pascua, dos días después del Viernes Santo, el día de su crucifixión. La fecha de la Pascua se corresponde aproximadamente con el Pésaj, la observancia judía asociada con el Éxodo, y está fijada para el primer domingo de luna llena después del equinoccio de primavera.

Contexto histórico Judaísmo del Segundo Templo 300px|thumb|Resurrección de los muertos, fresco de la sinagoga de Dura Europos.

La idea de la resurrección aparece en los registros bíblicos en el Libro de Daniel durante el constituye la primera referencia clara de una resurrección concreta (corporal). El verso plantea que «muchos de los que duermen en el polvo de la tierra» (es decir, los muertos) «serán despertados» (es decir, resucitarán). Añade que «resplandecerán como el resplandor del firmamento» y «como las estrellas a perpetua eternidad». Este concepto de resurrección del cuerpo físico se repite en el judaísmo posbíblico, en la historia de la madre y los siete hermanos del Segundo Libro de los Macabeos ().

Para el , las tres principales sectas judías tenían comprensiones diferentes de lo que significaba la «resurrección». Josefo explicó sus ideas de la siguiente forma: los saduceos sostenían que tanto el alma como el cuerpo perecían al morir; los esenios, que el alma era inmortal pero no la carne; y los fariseos, que el alma era inmortal y que el cuerpo resucitaría para albergarlo. No obstante, se debe considerar que el propio Josefo trató de representar a las sectas judías como escuelas filosóficas griegas, esforzándose en alinear a los epicúreos con los saduceos, los pitagóricos con los esenios y los estoicos con los fariseos. En todo caso, de estas tres posiciones, Jesús y los primeros cristianos parecen haber estado más cerca de los fariseos.

Mason señala que para los fariseos, «el nuevo cuerpo es un cuerpo especial y santo», diferente del viejo cuerpo, «una opinión compartida hasta cierto punto por el antiguo fariseo Pablo» (). No obstante, la evidencia de los textos judíos y de las inscripciones de las tumbas apunta a una realidad más compleja. Los textos iban desde la visión tradicional del Antiguo Testamento de que el alma pasaría la eternidad en el inframundo hasta una creencia metafórica en la elevación del espíritu. La mayoría evitó definir exactamente qué podría implicar la resurrección.

Por otro lado, si bien existe un consenso de que Daniel exponía una «resurrección real de individuos de entre los muertos», Endsjø sostiene que la expresión «muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados» probablemente tiene de fondo un renacimiento como seres angelicales (descritos metafóricamente como estrellas en el cielo de Dios). Tal renacimiento descartaría una resurrección corporal, ya que se creía que los ángeles no tenían carne. Endsjø concluye que una resurrección de la carne era una creencia marginal. Sin embargo, Elledge argumenta que el texto de Daniel parece describir una forma de resurrección que sí es corporal. Lehtipuu afirma que «la creencia en la resurrección estaba lejos de ser una doctrina establecida del judaísmo del Segundo Templo».

No obstante, para la época de Jesús, Wright señala que por la mayoría de los judíos creían o eran conscientes de la existencia de la doctrina de la resurrección, gracias a la interpretación de textos como , y . Esta creencia, basada en el poder y el espíritu de YHWH, se había convertido en habitual. Incluso la Septuaginta, la traducción de la Biblia hebrea al griego, interpretaba o incluso invertía el significado de otros textos veterotestamentarios para dar a entender (implícita o explícitamente) la resurrección. Otros textos intertestamentarios (2 Macabeos, 1 Enoc, el Apocalipsis de Moisés, los Testamentos de los Doce Patriarcas, etc.) apuntaban en la misma dirección. La resurrección ocurriría al final de los tiempos, pero nadie imaginaba que individuo alguno fuera a ser resucitado antes del gran día final.

Civilización grecorromana

Los griegos sostuvieron que un hombre meritorio podía resucitar como un dios (el proceso de apoteosis o divinización), y los sucesores de Alejandro Magno hicieron que esta idea fuera muy conocida en todo el Medio Oriente a través de monedas con su imagen, un privilegio previamente reservado para los dioses. La idea fue adoptada por los emperadores romanos y, en el concepto imperial romano de apoteosis, el cuerpo terrenal del emperador recientemente fallecido era reemplazado por uno nuevo y divino a medida que ascendía al cielo. Los muertos apoteosizados permanecían reconocibles para quienes los conocieron, como cuando Rómulo apareció ante testigos después de su muerte pero, tal y como el biógrafo Plutarco (c. 46-120 d. C.) explicó este incidente, mientras que algo dentro de los humanos proviene de los dioses y retorna a ellos después de la muerte, esto sucede «solo cuando está lo más completamente separado y liberado del cuerpo, y se convierte en completamente puro, sin carne y sin mancha».

N. T. Wright resume el concepto grecorromano así: «[e]l mundo antiguo estaba, pues, dividido en dos: quienes afirmaban que la resurrección no podía darse, aun cuando tal vez lo hubiesen deseado, y quienes decían que no deseaban que se diera, sabiendo que de todos modos no podía ocurrir. [...] El mundo pagano suponía que (la resurrección) era imposible [...] La divinización no requería resurrección; se producía constantemente sin ella. Afectaba al alma, no al cuerpo».

Los registros bíblicos De acuerdo con el Nuevo Testamento, Jesús fue resucitado por Dios, ascendió al cielo, a la «diestra de Dios», y volverá de nuevo para cumplir el resto de la profecía mesiánica como la resurrección de los muertos, el Juicio Final y el establecimiento del Reino de Dios.

Los escritos en el Nuevo Testamento no contienen ninguna descripción del momento de la resurrección en sí, sino más bien dos tipos de descripciones de testigos presenciales: apariciones de Jesús a varias personas y relatos de ver la tumba vacía.

Fondo La historia de la resurrección aparece en más de cinco lugares en la Biblia. En varios episodios en los cuatro Evangelios, Jesús anuncia su subsiguiente muerte y resurrección, que él afirma es el plan de Dios Padre. Los cristianos consideran a la resurrección de Jesús como parte del plan de la salvación y la redención mediante la expiación del pecado del hombre. La creencia en una resurrección corporal de los muertos llegó a ser bien establecida dentro de algunos sectores de la sociedad judía en los siglos previos a la época de Cristo, según lo registrado por , de mediados del : «Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua». Josefo, en el , da la siguiente generalización: «Los fariseos creen en la resurrección de los muertos, y los saduceos no». Los saduceos, líderes religiosos políticamente poderosos, rechazaron la otra vida, los ángeles y los demonios, así como ley oral de los fariseos. Los fariseos, cuyos puntos de vista se convirtieron en el judaísmo rabínico, finalmente ganaron (o al menos sobrevivieron) este debate. La promesa de una futura resurrección aparece en la Torá, así como en ciertas obras judías, como La vida de Adán y Eva (c. 100 a. C.) y en el libro farisaico de 2 Macabeos (c. 124 a. C.): «el Rey del mundo nos resucitará a una vida eterna» ().

Sin embargo, el judaísmo del no tenía la concepción de un solo individuo resucitado de entre los muertos como núcleo de la historia. El concepto judío histórico de la resurrección fue el de la redención de todo el pueblo. Su concepto fue siempre que todos serían resucitados juntos al final de los tiempos. Así que la idea de una resurrección individual como centro de la historia era ajena a ellos.

Pablo y los primeros cristianos Los registros más antiguos escritos de la muerte y resurrección de Jesús son las epístolas de Pablo, que fueron escritas alrededor de dos décadas después de la muerte de Jesús, y muestran lo que los cristianos creían que había sucedido dentro de este marco de tiempo. En la epístola a los romanos, Pablo escribe que «su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos» ().

La primera epístola a los corintios contiene uno de los primeros credos cristianos que se refiere a las apariciones post mortem de Jesús y expresa la creencia de que fue resucitado de los muertos:

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. –

Es ampliamente aceptado que este credo es anterior al apóstol Pablo. Los estudiosos han sostenido que en su presentación de la resurrección, Pablo se refiere a una tradición autorizada anterior, transmitida en un estilo rabínico, que recibió y transmitió a la iglesia en Corinto. El credo también hace referencia a las apariciones a miembros destacados de la actividad de Jesús y la posterior iglesia de Jerusalén, incluyendo a Santiago, el hermano de Jesús y los apóstoles, nombrando al apóstol Pedro (Cefas). Pablo, tal y como lo describe en su epístola a los gálatas, conocía personalmente a ambos.