200px|thumb|El papá de Roma es un hombre lobo, litografía de R. de Moraine en Les Tribunauxsecrets (1864). A lo largo de la historia y en numerosas culturas han aparecido diversas creencias sobre vampiros, tanto en la mitología como en el folclore de pueblos muy diferentes entre sí. Culturas como la mesopotámica, la judía, la griega y la romana incluyen dentro de su mitología cuentos acerca de entidades demoníacas y espíritus sedientos de sangre que se consideran precursores de los vampiros modernos.
Sin embargo, a pesar de la existencia de mitos acerca de estas criaturas en la Antigüedad, el folclore de la entidad que hoy conocemos como «vampiro» se origina casi exclusivamente a partir de principios del en el sureste de Europa,Silver & Ursini, pp. 22-23. como las tradiciones orales de muchos grupos étnicos de la región han registrado y publicado. En la mayoría de los casos, los vampiros son seres no muertos malvados, víctimas de suicidio, o brujas, pero también pueden ser creados mediante la posesión de un cadáver por un espíritu malévolo o al ser mordido por un vampiro. La creencia en tales leyendas fue tan habitual en algunas zonas que se registraron casos de histeria colectiva e incluso de ejecuciones públicas de las personas sospechosas de ser vampiros.Cohen: Encyclopedia of Monsters, pp. 271-274.
La universalidad del mito del vampiro ha llevado a algunos autores a relacionar los elementos comunes de estas creencias con los arquetipos universales, especialmente la muerte, y es considerado uno de los elementos ancestrales constituyentes del inconsciente colectivo, en el cual confluyen diversos miedos, como a la oscuridad o la enfermedad. Desde una perspectiva psicoanalítica, el vampiro es considerado una sublimación del narcisismo y el complejo de castración, con una fuerte carga sexual.
Partiendo normalmente del centro y el este de Europa, durante los siglos y circularon libremente numerosas leyendas sobre estas criaturas mitológicas, conformando mitos tan completos y numerosos que influyeron definitivamente en el resto de tradiciones europeas, sobre todo gracias a la literatura gótica y los relatos de los irlandeses Bram Stoker y Sheridan le Fanu. Estas tradiciones siguen siendo reinterpretadas en la literatura y el cine actuales.
Otras tradiciones ajenas a la influencia europea, como las propias de Asia, África o la América precolombina, se han combinado con el vampiro europeo, haciendo difícil la distinción entre las creencias autóctonas y las derivadas del intercambio cultural. El folclore propio de poblaciones dispersas en numerosos países, como los romaníes o los judíos, que incluyen tradiciones sobre espíritus malvados similares a los vampiros, han ayudado a expandir el mito hasta conformar un conjunto firme de tradiciones al que se han dedicado muchos estudios desde las más diversas disciplinas.
Características generales del mito
thumb|Estatua que representa a dos vampiros en el Templo del Mono (en el bosque de Ubud, Bali, Indonesia).
Universalidad y origen
La figura del vampiro, como monstruo nocturno, forma parte, para algunos autores,Borrmann, Vampirismo. El anhelo de la inmortalidad, p. 37. del conjunto de arquetipos universales relacionado con la muerte. Si bien en la obra de Jung no se hace mención expresa al vampiro, algunos autores lo consideran una de las imágenes ancestrales constituyentes del inconsciente colectivo. Las criaturas sedientas de sangre como espectros nocturnos, íncubos, aparecidos, nigromantes no muertos y hombres lobo emergen de la oscuridad de la sociedad primitiva, transformándose en recuerdo en el presente. Entre ellos, el vampiro es quizás la criatura más universal:
A través de este origen, que puede remontarse a la caza y al miedo a la oscuridad en las sociedades neolíticas,Erreguerena, El mito del vampiro, p. 29. se explica que aparezcan entidades «vampíricas» en tradiciones tan separadas geográficamente. Estas entidades mitológicas, si bien son diferentes en algunos de sus aspectos, mantienen una remarcable unidad en su esencia: una criatura que vuelve de la muerte para alimentarse del elixir de la vida, la sangre.
El mito del vampiro une el mundo de la muerte con el de los vivos.Erreguerena, El mito del vampiro, p. 22. Ambas experiencias, cosmogónicas, están íntimamente unidas a los temores colectivos ante el sufrimiento, la oscuridad, el vacío y la sombra, sentimientos propios de los seres humanos de todas las culturas y épocas, lo que hace que el folclore sobre vampiros vaya evolucionando y releyéndose simbólicamente. Si en la Europa medieval servía como explicación simbólica de la peste, el vampiro sigue siendo actualmente un símbolo del mal y una forma de responder ante la angustia de la muerte, ya deseando su inmortalidad o temiendo su poder. En palabras de Sigmund Freud:
Ya que el mito del vampiro se nutre simbólicamente de elementos comunes a la naturaleza humana, se comprende su universalidad presencia constante en el folclore, incluso en la literatura y el cine actuales, con frecuentes revisiones desde diversas perspectivas, sea el amor adolescente o la ficción histórica.
Elementos comunes
La sangre es el elemento central en las tradiciones acerca de vampiros. Como arquetipo, es un símbolo del alma, de la fuerza vital, además de ser central en religiones como el cristianismo. Cuando un vampiro bebe la sangre de sus víctimas consume su energía en beneficio propio, frecuentemente sin violencia, pues la propia víctima no se da cuenta del ataque. Según algunos autores, desde una perspectiva psicoanalítica la mordedura del vampiro está más relacionada con el sexo que con la violencia.
Según la interpretación psicoanalítica, otros elementos comunes como los colmillos, la estaca como símbolo fálico y la tradicional muerte del vampiro es una sublimación del narcisismo y el complejo de castración. En el mito del vampiro se construye un doble del hombre y la mujer sin las ataduras morales de la sociedad, un ser totalmente libre, vuelto sobre su libido, que solo puede ser muerto simbólicamente por el símbolo del padre, la cruz.Erreguerena, El mito del vampiro, pp. 26-27.
En la Antigüedad
En casi todas las culturas y mitologías alrededor del mundo han aparecido mitos acerca de no muertos consumidores de sangre.McNally y Florescu, In Search of Dracula, p. 117. Mientras que hoy en día se asocian mayoritariamente a la figura del vampiro, en la Antigüedad el consumo de sangre y la vuelta de la muerte se atribuían a demonios o espíritus, dependiendo de la cultura, que también consumían carne fresca o de cadáveres, como los necrófagos, y causaban plagas o desgracias naturales.Summers, «The Vampire in Greece and Rome of Old», in The Vampire in Europe. Por ejemplo, en Arabia muchos de estos elementos se atribuyeron a los gules, en el Antiguo Egipto a la diosa Sekhmet y en el judaísmo y el cristianismo primitivo al Diablo.Marigny, Vampires, pp. 24-25. De hecho, algunas de estas leyendas podrían haber dado lugar al folclore de la Europa oriental, a pesar de que no son estrictamente considerados vampiros por la mayoría de los historiadores actuales.Marigny, Vampires, pp. 14.
Mesopotamia
thumb|left|Lilith (1892), de John Collier. Mesopotamia fue una zona en la que aparecieron gran número de supersticiones acerca de demonios bebedores de sangre. Los historiadores señalan a Persia como una de las primeras civilizaciones en escribir relatos sobre estos demonios. Se han encontrado en excavaciones fragmentos de cerámica en los que aparecen representadas criaturas tratando de beber sangre de personas.
Lilith
En la antigua Babilonia existían cuentos sobre la mítica Lilitu,Hurwitz, Lilith, pp. 63-69. que dio lugar a la Lilith (en hebreo לילית) y sus hijas, las «Lilim» de la demonología judía y la Haggadah. Lilitu era considerada un demonio que subsistía gracias a la sangre de bebés recién nacidos.Hurwitz, Lilith, p. 17. Sin embargo, su equivalente hebrea también se alimentaba de carne de adultos.Hurwitz, Lilith, p. 36.
La leyenda de Lilith fue originalmente incluida en algunos textos judíos tradicionales. Según la tradición popular medieval, Marigny, Vampires, pp. 17-19. fue la primera mujer de Adán, antes de Eva. En estos textos, Lilith abandonó a Adán para convertirse en la reina de los demonios tras negarse a ser su subordinada y, por tanto, ser expulsada del Edén por Yahvé mismo.
Ya como demonio, al igual que la estirge romana, buscaba la sangre de niños y a sus madres por la noche las asesinaba y, en menor medida, de los hombres.Patai, The Hebrew goddess, pp. 236-241. Como la Ley judía prohíbe terminantemente comer carne humana o beber cualquier tipo de sangre, la conducta de Lilith se consideraba excepcionalmente malvada. Para evitar sus ataques, los padres utilizaban amuletos que colgaban de la cuna de sus hijos.
Una versión alternativa de la leyenda relata que Lilith/Lilitu (y un espíritu del mismo nombre) surgió originalmente en Sumeria, donde se asocia a una «bella e infértil doncella», una prostituta y vampiresa que, después de haber elegido un amante, nunca le deja ir.Patai, The Hebrew goddess, p. 222 Lilitu y los espíritus similares eran representados como figuras antropomorfas con patas de pájaro, demonios del viento o de la noche y depredadores sexuales que subsistían gracias a la sangre de bebés y sus madres.
Lamashtu
Otros demonios de Mesopotamia como la diosa babilónica Lamashtu, (y su equivalente Dimme en Sumeria), también son mencionadas como de naturaleza vampírica.Hurwitz, Lilith, pp. 40-41. Lamashtu es una figura cuya descripción es históricamente más antigua a la de Lilith y que influyó en su posterior mitología.Hurwitz, Lilith, pp. 34-35. Muchos hechizos la invocaban como «Malvada Hija del Cielo» o de Anu y era a menudo descrita como una terrorífica criatura sedienta de sangre, con cabeza de león y cuerpo de burro.Hurwitz, Lilith, p. 36. Como Lilitu, Lamashtu atacaba principalmente a los recién nacidos y sus madres. Se decía que vigilaba con particular atención a las mujeres embarazadas, especialmente durante el parto. Después, arrebataría el recién nacido a su madre para beber su sangre y comer su carne. En los llamados textos de Labartu se la describe así:
Gallu y utukku
Relacionados con Lilith aparecen los gallu y los utukku, aunque estos términos se utilizan en general para referirse a varios espíritus malignos llamados «malvados uttuke» o «malvados galli». En uno de los hechizos donde se les invocaba son descritos como entidades que amenazan las casas, atacan a la gente y comen su carne. Además, dejan que su propia sangre caiga como la lluvia, emponzoñando los campos. Como espíritus condenados, no pueden parar de atacar a las personas y de beber sangre humana.
Lamashtu, Lilitu, y los gallu son invocados en diferentes textos mágicos para la creación de amuletos. Posteriormente, la figura de un gallu se recupera en un mito greco-bizantino como gello, gylo o gyllo. Allí aparece como un demonio femenino que roba y asesina niños, de manera similar a las lamias.
Tradiciones árabes
Tras la decadencia de la cultura mesopotámica no se recogen más tradiciones acerca de vampiros hasta la recopilación de cuentos conocida como Las mil y una noches, donde se habla de espíritus malignos, vivos o muertos, que se pueden convertir en vampiros. Una de las historias, Historia del príncipe y la vampiresa, narra el matrimonio de un príncipe con una vampiresa, de nombre Nadilla, a la que consigue matar. En otra, Honor de Vampiro, una princesa se casa sin saberlo con un vampiro que le da de comer carne humana, hasta que es capaz de engañarlo y volver con su familia.
Antiguas Grecia y Roma
left|thumb|Lamia de John William Waterhouse (1909). Véanse las serpientes cerca del talle.