El término virtud deriva del vocablo latino vir, varón, el cual a su vez viene de vis, fuerza. De manera que la virtud, en un sentido etimológico, sería la fuerza propia del hombre. Y desde este significado físico el término fue adquiriendo una significación analógica más espiritual y finalmente moral.

La virtud es:

Una disposición permanente que inclina, de un modo fuerte y firme, a una potencia para actuar conforme a la recta razón. Por eso constituye una cierta perfección o complemento de la potencia.

“El nombre de virtud denota una cierta perfección de la potencia. Ahora bien, la perfección de cada ser se considera principalmente por orden a su fin. Pero el fin de la potencia es el acto. Por consiguiente, se dice que una potencia es perfecta cuando está determinada a su acto”.

La teología cristiana, a partir del estudio de las escrituras, en comparación a las virtudes filosóficas, ha determinado los conceptos de:

Las virtudes teologales: Fe Esperanza Caridad

Las virtudes cardinales: Prudencia Fortaleza Justicia Templanza Las virtudes capitales son las virtudes que se oponen a los pecados capitales:

Humildad, contra la Soberbia Generosidad contra la avaricia Castidad contra la lujuria Paciencia contra la ira Templanza contra la gula Gratitud contra la envidia Diligencia contra la pereza

Entre muchas otras que se pueden extraer o inferir de las escrituras cristianas.

Conforme a la Biblia Podemos encontrar en Proverbios 31:10 un elogio a la mujer virtuosa:

Si nos ponemos a analizar la primera línea, hace la pregunta ¿quien la hallará?, denotando lo difícil que es encontrar a una mujer virtuosa.

La siguiente línea nos permite ver el grande valor que la mujer virtuosa tiene al mencionar: su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.

Asimismo enumera las diferentes características que denotan a la mujer virtuosa. Pero todas estas también aplican para el hombre virtuoso

En Gálatas 5:22 y 23 se habla de las obras del Espíritu que pueden entenderse como virtudes: Pero en general la Biblia es en sí un libro de moral y por lo cual todo su contenido está orientado a formar la virtud del hombre e instruirle a este acerca de las virtudes de Dios, de tal manera que todas las leyes, alegorías, situaciones históricas y enseñanzas apuntan a la formación virtuosa del hombre con respecto a lo que se pretende presentar como las virtudes propias de Dios. Categoría:Virtudes cristianas