Sabina Olmos (Buenos Aires, 3 de febrero de 1913-ib, 14 de enero de 1999) fue el seudónimo de Rosa Herminia Gómez, actriz y cantante de tango argentina, ícono de la Época de Oro del cine argentino.
Inició su carrera en la radio como cancionista de folclore y tango. Poco después, desarrolló una larga carrera cinematográfica con los estudios Lumiton, donde realizó una serie de películas dirigidas por Manuel Romero y Francisco Mugica como La rubia del camino, Mujeres que trabajan y La vida es un tango. Su rol de Felicia en Así es la vida (1939) la hizo conocida en América Latina. Se le atribuyó el apelativo de «la sufrida del cine argentino» ya que todos sus personajes tenían en común el hecho de que sufrían en forma superlativa y lloraban en igual proporción. En la década de 1940, a través de directores que explotaron aún más su temperamento, compuso papeles dramáticos más comprometidos y se destacó particularmente en Historia de una noche, La gata, Albéniz y Tierra del Fuego, por algunas de las cuales fue premiada en el rubro de mejor actriz de reparto por parte de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina. Además, fue coprotagonista habitual en varias películas encabezadas por Niní Marshall.
Ejerció como secretaria técnica del Ateneo Cultural Eva Perón, pero luego de ser censurada tras la Revolución Libertadora, Olmos y su esposo, el cantante Charlo, realizaron giras por América y España ante la imposibilidad de actuar en su país. A su regreso en la década de 1960, y producida por su marido, protagonizó Pesadilla, que fue un fracaso rotundo de taquilla. A partir de entonces, debió secundar a figuras de menor trayectoria en cine y televisión. Afectada por el derrumbe económico que significó su frustrado retorno al cine y su separación con Charlo en 1969, ejerció como asesora artística de Canal 11 durante más de 15 años y cofundó el Movimiento Argentino de Protección Animal (MAPA) en 1974. En 1983, fue convocada por Rodolfo Graziano para actuar en el Teatro de la Ribera junto a otras figuras de su época y obtuvo el reconocimiento que se le había negado durante años. Su última intervención en cine ocurrió en 1992 en Siempre es difícil volver a casa, donde interpretó a la madre de Soledad Silveyra. Sus permanentes cuadros depresivos la llevaron al suicidio en 1999, unas semanas antes de su 86.º cumpleaños.
Biografía Primeros años y comienzos profesionales (1913-1935) Sabina Olmos nació como Rosa Herminia Gómez —tal su verdadero nombre— el 3 de febrero de 1913 producto de la unión de Rafael Gómez Canillo —un conductor de coches a caballo— y de Rafaela Ramos —una ama de casa— en una casa ubicada sobre la calle Cangallo 2983 en el barrio porteño de Balvanera, cerca de la estación ferroviaria Once de Septiembre. Sus padres eran de origen español y tuvieron, al menos, otras dos hijas y un hijo: María del Carmen, Hilario Rafael y una niña que murió con alrededor de 15 años. Fue bautizada en la Parroquia Nuestra Señora de Balvanera el 26 de enero de 1914 y desde pequeña, se sintió atraída por el canto, y participó de diversos actos y festivales escolares, como así también se dedicó a la danza clásica y más tarde al estudio de vocalización con el profesor Rossi. Dada la proximidad de su hogar con el centro de la ciudad, Olmos vivió de cerca las protestas laborales que se daban con ocasión del Día del Trabajador y que tenían lugar durante el primer gobierno de Hipólito Yrigoyen, e incluso vio en una oportunidad el busto del Presidente emplazado en la sede del diario Crítica arrastrado con cadenas por la calle; esos sucesos marcaron fuertemente su pensamiento político posterior.
A los 21 años, consiguió su primer trabajo como empleada en el comercio de moda Tienda San Juan en la intersección de las calles Piedras y San Juan de la ciudad de Buenos Aires. Por esos años, su padre quedó desocupado luego de que se fundiera la empresa de carruajes en la que trabajaba, porque la presencia del automóvil iba en ascenso. En una entrevista a Jorge Abel Martín para el libro Una cierta mirada, Olmos comentó: «¡Yo era una chiquilina y le llevaba los sombreros a Gloria Guzmán, que para mí era una estrella intocable! Mi carrera fue un gran esfuerzo pero también tuve mucha suerte».
Posteriormente, su amiga, la actriz Amanda Ledesma, le consiguió una oportunidad para trabajar en Radio Buenos Aires, donde le sugirieron interpretar un tema folclórico acompañada por el dúo calchaquí Acosta Villafañe ante la superpoblación de cantantes de tango. Si bien su intención era cantar tangos como las demás cancionistas de su época, el director que tomaba las pruebas dijo no escucharía temas provenientes de otro género que no fuese el folclore. En 1934, fue contratada como intérprete folclórica para LR4 Radio Splendid, donde interpretó la vidalita «Sol y lluvia» de Adolfo Avilés, la única canción del género que sabía por entonces. Ahí, le recomendaron que adoptara un seudónimo artístico que emulara el ámbito pueblerino rural, lo que la llevó a elegir el nombre de Sabina Olmos e incorporó nuevos temas musicales a su repertorio. Se destacó por su particular estilo de canto en Radio El Mundo, una de las emisoras más importantes de la época, además de realizar presentaciones en Radio Argentina, Radio Municipal y Radio Carve. En su libro Las cantantes, la historiadora Estela Dos Santos comentó que «se la recuerda más como actriz que como cancionista. Aunque cuando se habla de la historia de la mujer en el tango, Sabina ocupa un lugar destacado». Olmos tuvo como representante artístico en sus comienzos a Héctor Quesada, que patrocinó a su vez a Hugo del Carril en Radio La Nación, donde la joven cancionista también cantaba.
Entrada al cine (1936-1938)
thumb|right|300px|Parte del elenco de Mujeres que trabajan (1938) de Manuel Romero: Mecha Ortiz, Tito Lusiardo, Niní Marshall, Sabina Olmos y Pepita Serrador.A pesar de que su primera incursión en la cinematografía en Canillita (1936) fue intrascendente, dos años después formó parte del elenco de El casamiento de Chichilo dirigida por Isidoro Navarro, donde cantó una milonga junto a Héctor Palacios. Ese mismo año, participó en otras tres películas. En La rubia del camino, una comedia protagonizada por Paulina Singerman, Olmos no sólo actuó, sino que interpretó el tema «Muchachita del campo». Si bien no contaba con estudios escénicos que sostuviesen su vocación, logró imponerse en el mundo del cine por su carácter «caprichoso y enérgico», sus condiciones vocales y su atractivo sencillo. En una entrevista brindada en su vejez, Olmos dijo que su «única escuela» fue «la vida» en alusión a sus orígenes pobres.
El director Manuel Romero, a quien siempre consideró determinante en su trayectoria, fue primordial durante los inicios de su carrera y la incorporó al elenco de Mujeres que trabajan, con Niní Marshall, y Los apuros de Claudina —ambas de 1938—, donde entonó una canción. Fernando Borel, con quien Olmos inició un noviazgo, participó del primer filme. Una reseña de El Mundo señaló que Los apuros de Claudina «descarrila hacia el dramón, tipo folletín radiotelefónico. Finalmente se transforma en una comedia musical... Un poco de todo y nada de importancia. Débilmente expuesto, tomando vacilante forma cinematográfica... Trivial, ingenua y excesivamente dialogada».
Época de oro del cine argentino (1939-1949) Consagración
La década de 1930 significó la llegada de muchas aspirantes jóvenes a actrices en la industria cinematográfica. Su consagración se produjo en 1939 cuando fue incluida en el nuevo proyecto de Romero para los estudios Lumiton, La vida es un tango, donde protagonizó junto a Hugo del Carril y Florencio Parravicini. Durante la película, interpretó «Mi noche triste», «Milonguita», «La morocha», «Pero hay una melena», y a dúo, «La payanca», «No me vengas con paradas», «Aquel tapado de armiño» y el sainete «Gabino, el mayoral». La producción tuvo críticas positivas y significó el primer éxito de Olmos, que le agradó su trabajo y la experiencia de trabajar con del Carril. De acuerdo a Domingo Di Núbila, «tuvo tanto éxito o más que Tres anclados en París por la superación de las actuaciones de los tres protagonistas». Rodrigo Tarruella lo definió como un «excelente meló con tangos» en el que «del Carril y Olmos sufren y cantan sus amores interrumpidos».
thumb|left|300px|Niní Gambier, Olmos y Alímedes Nelson en Así es la vida (1939), la película que la consagró.Su rol de Felicia Salazar en Así es la vida (1939), dirigida por Francisco Mugica, le otorgó popularidad en toda América Latina. El papel de Olmos era el de una joven cuyo novio —recreado por Arturo García Buhr— no era aceptado por su familia burguesa a causa de sus ideas socialistas y quedaba, en consecuencia, soltera de por vida. Su labor ahí le valió el premio a la mejor actriz dramática de reparto otorgado por la Municipalidad de Buenos Aires y el Heraldo del Cinematografista publicó que «pocas veces se encuentra en el teatro una obra tan apropiada como esta para llevar al cine».
En Carnaval de antaño (1940), la actriz interpretó «Zorro gris» y conoció al cantante Charlo —seudónimo de Carlos José Pérez de la Riestra—, con quien inició un largo romance. El desenlace del filme, uno de los más recordados de la historia del cine argentino, concluyó con las estrofas del tango «Margot» entonadas por Olmos: «Ya no soy tu Margarita, ahora me llaman Margot», mientras caía en los brazos de Charlo. La Nación definió a la película como una «superficial y amable evocación musical y popular, de fuertes esencias sentimentales sobre el ánimo del espectador en gravitación sobre sus recuerdos».
Discografía
thumb|right|300px|Sabina Olmos a comienzos de los años de 1940, retratada por Annemarie Heinrich.Como cancionista, Olmos realizó unas pocas grabaciones, escasas presentaciones radiales y algunas teatrales. A principios de la década de 1940, realizó sus primeras grabaciones en disco, entre las cuales destacan «Dime mi amor» y el vals «Tres recuerdos» —temas principales de Yo quiero ser bataclana—. El investigador Néstor Pinsón redactó que «fue una cantante interesante, pero que no llegó a la altura de las grandes voces femeninas de su época. Sólo despierta curiosidad entre los coleccionistas».
En Argentina, grabó doce títulos acompañada por una orquesta dirigida por Charlo, que también ejecutaba el acordeón. Ambos grabaron cinco dúos vocales y también realizaron presentaciones radiales y giras con temas musicales que no figuraban en su discografía: «Amor de mis amores», «Cuando cuentes la historia de tu vida», «Lluvia sobre el mar», «Pobre negra», «Patio mío», «La barranca», «Sin ella» y «Poema de la despedida».
El investigador Tuqui Rodríguez se refirió a su faceta como cantante: «Dueña de una voz agradable, suave, pero firme y potente, estuvo a la altura de las grandes intérpretes de su tiempo como Libertad Lamarque y Amanda Ledesma, siendo muy aceptada por el público por su personalidad y su particular estilo... Es necesario destacar que Sabina fue una mujer apasionada por el tango, por la actuación y por el amor. Tres recuerdos que viven en la memoria de la gente. Pasión que se refleja y perdura en la cálida armonía de su voz».
Partenaire de Niní Marshall
thumb|left|300px|Sabina Olmos y Niní Marshall en Mujeres que trabajan (1938).En 1939, el cine argentino había experimentado un crecimiento notable gracias a un plan de inversiones de 20 millones de pesos. Durante el año anterior, se habían producido 51 filmes y se habían lanzado muchas figuras jóvenes a la fama, lo que sustentaba gran parte de las publicaciones en las revistas de espectáculos.