Henry Charles Fleeming Jenkin (25 de marzo de 1833 - 12 de junio de 1885) fue un profesor de ingeniería de la Universidad de Edimburgo, de una notable versatilidad. Conocido mundialmente por ser el inventor del teleférico, fue no solo un experto en electricidad e ingeniería de cables, sino también conferenciante, filólogo, crítico, actor, dramaturgo y artista. Entre sus descendientes figuran Bernard Jenkin y Patrick Jenkin, miembros del Partido Conservador del Parlamento británico.
Formación
Su infancia y orígenes Nació en un edificio gubernamental cerca de Dungeness, Kent, Inglaterra, en una familia de antigua tradición y fama de excéntricos. Su padre -el capitán Charles Jenkin- trabajaba en el servicio de guardacostas, y del nombre de uno de sus patrones, el almirante Fleeming, le vino al pequeño Henry el apelativo de "Flemming" (en inglés, pronunciado ˈflɛmɪŋ). Se dice que su versatilidad le venía de su madre, Henrietta Camilla Jackson, una mujer de fuerte carácter que aprendió canto y dibujo. Debido a las frecuentes ausencias de su marido, la señora Jenkin se hizo cargo de la educación del hijo, y por ello lo llevó al sur de Escocia donde -principalmente en Barjarg- el joven Henry aprendió a dibujar y a montar a caballo en paseos por los páramos. Más tarde asistió a la escuela de Jedburgh, en la frontera escocesa, y posteriormente a la Academia de Edimburgo, donde recibió numerosos premios. Entre sus compañeros de clase había futuros miembros ilustres de la sociedad británica, como James Clerk Maxwell o Peter Guthrie Tait.
Tras la jubilación de su padre en 1847, la familia se mudó a Fráncfort del Meno, movidos tanto por motivos económicos como por afianzar la educación del joven. Allí, Jenkin y su padre disfrutaron de una agradable temporada, dibujando castillos medievales y observando las costumbres de los campesinos locales. Con trece años, Jenkin había compuesto un romance de 300 versos endecasílabos, una novela y multitud de poemas, ninguno de los cuales se han conservado. También aprendió alemán y después que la familia emigrase a París al año siguiente recibió clases de francés y matemáticas de M. Deluc. Durante su estancia parisina, Jenkin asistió al inicio de la Revolución de 1848. Sobre los primeros disparos oídos durante las revueltas, escribiría una carta a un antiguo compañero de clase .
Los Jenkins dejaron París para dirigirse a Génova, donde de nuevo asistieron a los disturbios revolucionarios liberales, y la Sra. Jenkin, con su hijo y su cuñada, tuvieron que recurrir a la protección de un barco inglés atracado en la bahía. Dejaron en su casa la mayoría de los bienes de sus amistades, y guardada por el capitán Jenkin. En Génova, Jenkin también tuvo la oportunidad de asistir a la universidad, siendo el primer protestante en estudiar allí. El Padre Bancalari, a la sazón su profesor de Filosofía natural y propietario de uno de los mejores laboratorios sobre el tema, impartió algunas conferencias sobre electromagnetismo que despertaron el interés de Jenkin por la ciencia. Los exámenes de Jenkin en aquella etapa venían con las preguntas en latín y debían contestarse en italiano. Fleeming asistía igualmente a la escuela de arte de la ciudad, y obtuvo una medalla de plata por su dibujo de una de las ilustraciones de Rafael. Las siguientes vacaciones las pasó dibujando, y por las noches tocaba el piano o asistía a la ópera. Por entonces, había descubierto su pasión por la interpretación.
Vocación En 1850, Jenkin pasó una temporada en una tienda de trenes de Génova propiedad del marsellés Philip Taylor, pero a la muerte de la tía Anna, que vivía con la familia, el capitán Jenkin decidió regresar a Inglaterra. La familia se asentó en Mánchester y allí fue donde en 1851 el joven Jenkin entró como aprendiz de ingeniería en los talleres de William Fairbairn, en jornadas de once horas y media dedicadas a "clasificar y astillar, con un rudo mono de trabajo terriblemente sucio". En casa continuaba sus estudios, y durante una temporada trabajó con el Dr. Bell en la definición de un método geométrico derivado de la arquitectura griega clásica. Su estancia en Mánchester fue agradable, aunque resultase tan distinta de la de Génova. Le gustaba su trabajo, tenía el buen ánimo de su juventud y trabó algunas gratas amistades, como la escritora Elizabeth Gaskell. Era un joven aficionado al debate, y su madre refería cómo con 16 años, estando en Génova, había impresionado a un cónsul en una discusión política "simplemente por estar bien informado sobre el tema, y ser honesto. Es auténtico como el acero" -escribía- "y por nadie se apartaría de su opinión... No creas que es un Bobadil, es sólo un chico muy sincero e ingenuo. Estoy muy contenta de que siga siendo, en todos los aspectos menos su conocimiento, un chico estupendo".
Tras dejar el taller de Fairbairn, se dedicó durante un tiempo a realizar una investigación sobre el ferrocarril Lukmanier, en Suiza, hasta que en 1856 accedió a los talleres de ingeniería de Greenwich como dibujante técnico, ocupándose de los planos de un barco diseñado para la Guerra de Crimea. En esta época, Jenkin se quejaba de las largas jornadas, sus rudos camaradas de trabajo y su modesto alojamiento, "al otro lado de una calle sucia, y a través de calles a medio construir, rodeadas de edificios de dos plantas....Afortunadamente" -añadía- "estoy orgulloso de mi profesión; de no ser así, no podría aguantar esta vida". Jenkin había estado siempre pegado a las faldas de su madre, y por juzgó esos cambios con más acierto. Por la noche leía tratados de ingeniería o matemáticas, o a Thomas Carlyle y otros poetas, y animaba su decayente ánimo con esporádicas visitas a Londres, donde estaba su madre.
Otra de sus distracciones sociales eran las visitas a Alfred Austin, un barrister que sería secretario permanente de la Oficina de Obras Públicas y Construcción de Su Majestad, retirado en 1868 con el título de compañero de la Orden del Baño. Su mujer, Eliza Barron, era la hija más joven de un caballero de Norwich que de niño había recibido palmaditas en la cabeza del doctor Samuel Johnson, entonces agente comercial del señor Thale. Jenkin había conocido a los Austins gracias a una carta de la señora Gaskell, y se mostró encantando con la atmósfera doméstica, que combinaba la conversación intelectual con el trato afable y cortés, desprovista por completo de clasismo o afectación. "Cada uno de los Austin", dice Stevenson en sus memorias de Jenkin, "estaba lleno de buen ánimo, y todos moderaban su lenguaje, de tal modo que nunca se oyó una palabra afilada en su casa". Los Austin eran al mismo tiempo muy hospitalarios y de excelente educación, y no simplemente en sus modales o sus apariencias. Era un privilegio muy inusual que un solitario joven en la situación de Jenkin pudiera acceder a la alta sociedad, y él reconocía su buena estrella.
Annie Austin, su única hija, había recibido una excelente formación, que incluía el aprendizaje de las lenguas clásicas. Aunque Jenkin quería y admiraba a sus padres, al principio no reparó en ella. Stevenson refiere que Annie cierto había demostrado un error de Jenkin sobre "cantidades": su carácter le predisponía a reflexionar sobre sus errores y "admirar al corrector". Aunque era pobre, ya albergaba algunas esperanzas motivadas por el fuerte afecto que los Austin sentían por él. Entró al servicio de los señores Lidell y Gordon, que promovían el tendido de cable telegráfico submarino, ofreciéndole a un tiempo la satisfacción de sus aspiraciones laborales y una prometedora carrera. Solicitó la autorización de los Austin para cortejar a su hija. Aunque la señora Austin sí dio su visto bueno, y el padre tan solo se preocupó por preguntarle por su carácter. Jenkin, sorprendido de esa despreocupación paternal, exclamaba en una de sus cartas:"¿Esta gente es igual a la demás?". La señorita Austin pareció acceder al compromiso solo por obediencia a sus padres, pero más tarde el ánimo de Jenkin la conquistó, y se mostró de acuerdo con el mismo.
Después de dejar el taller de Penn, Jenkin trabajó como ingeniero ferroviario para Lidell y Gordon, hasta que en 1857 le nombraron ingeniero de la R.S. Newall & Co. de Gateshead, que colaboraba en la construcción del primer cable transatlántico con sus socios de Greenwich, Glass, Elliot & Co. Jenkin se mantuvo muy ocupado diseñando y ajustando la maquinaria para los barcos cableadores, así como realizando experimentos eléctricos. "Estoy medio loco de trabajo", escribía a su prometida, "me gusta aunque es como una buena pelota: la emoción te transporta a otro lugar". Escribió que "mi profesión me da toda la emoción y el estímulo que podría desear"..."Estoy en el trabajo hasta las diez, y a veces hasta las once. Pero tengo una buena oficina en la que sentarme, con un fuego al lado, y multitud de dorados instrumentos científicos a mi alrededor, libros que leer, experimentos que hacer, y disfruto enormemente. Encuentro el estudio de la electricidad tan interesante que soy capaz de olvidarme de mis demás ocupaciones"..."¿Con qué te lo podría comparar?", decía de uno de sus experimentos eléctricos, "¿con una nueva canción? ¿con una obra griega?".
A bordo del Elba
Primer viaje En la primavera de 1855, Jenkin estaba preparando el S.S. Elba, amarrado en Birkenshead, para su primer trayecto cubriendo el cableado telegráfico submarino. Parece que en los meses anteriores, Henry Brett había intentado tender un cable telegráfico en el Mediterráneo, entre el cabo Spartivento (al sur de Cerdeña) y un punto cerca de Bona, en Argelia. Era un cable de gutapercha, con 6 hilos conductores, fabricado por Glass, Elliot & Co., una empresa que más adelante se asociaría con la Gutta-Percha Company para formar la Telegraph Construction and Maintenance Company. Brett había tendido el cable desde el "Result", un barco remolcado, en vez de navegar a vapor, que ofrecía una navegación más manejable. Hallando que la profundidad era de unas 600 brazas (1100 metros) a 45 km de la costa, el cable se hundía tan rápido que la madeja de cable se saltó del rollo y hubo que cortar la línea. Teniendo sólo 280 kilómetros de cable a bordo para cubrir la distancia de 260 km. que había entre ambas costas, Brett logró tras muchos forcejeos devolver el extremo perdido a cerca de la orilla, de donde lo izó de nuevo. Brett pasó ese extremo sobre el barco y así navegó un trayecto de 35 km., cortándolo más tarde y arrojándolo al fondo. Entonces cosió el cable que había a bordo con el extremo que había en la playa, y continuó tendiéndolo por más de 130 km. En ese punto de la operación, otro brusco aumento de la profundidad hizo que el cable que aún quedaba se agotase, y Brett se vio obligado a cortar la línea y abandonarla en alta mar. Aún hubo otro intento durante el año siguiente, pero también terminó en fracaso. Brett había intentado tender un cable de 3 hilos desde el vapor Dutchman, pero debido a las enormes profundidades (en algunos puntos, de 1500 brazas, 2700 km) cuando estaba a unas pocas millas de Galita, su destino en Argelia, se quedó de nuevo sin cable. Telegrafió a Londres para solicitar la fabricación y envío de un nuevo cargamento, mientras el barco anclado aguantaba el cabo de cable. Tras cinco días en esa situación, el cable se seccionó, quizás debido al roce con el fondo marino.