La masacre de Peterloo tuvo lugar el lunes 16 de agosto de 1819, en la plaza de St. Peter’s Field, en la ciudad de Mánchester, en el condado de Lancashire en Inglaterra, cuando el cuerpo de caballería de la milicia local (Manchester and Salford Yeomanry), por orden de los magistrados locales, cargó contra una multitud de unas 60 000 personas venidas de las ciudades y pueblos de lo que hoy es el Gran Mánchester. Era una manifestación pacífica del movimiento radical, de tejedores y comerciantes con sus familias, venidos para escuchar a Henry Hunt, un destacado reformista político, entre otros. El objetivo de la manifestación era analizar la posible reforma de la representación parlamentaria en un sentido democrático, ya que en ese momento solo los terratenientes ricos podían votar. Fallecieron en total dieciocho personas, y hubo centenares de heridos, incluidos niños.
A principios del , y después de las guerras napoleónicas, Reino Unido se encontraba en medio de una profunda crisis económica, social y política. La masacre de Peterloo supuso un hecho escandaloso y un mazazo para la sociedad británica. Peterloo se convirtió en uno de los símbolos sobre los que se edificarían en las décadas siguientes las reformas sociales y políticas demandadas por dicha sociedad.
Ese día se produjo el peor incidente violento jamás ocurrido en una reunión política en Reino Unido. La masacre mostró los profundos temores de las clases privilegiadas a una inminente revolución jacobina en Inglaterra en los años posteriores a las guerras napoleónicas. Para los radicales y los reformistas, Peterloo vino a simbolizar la insensibilidad y la tiranía de los tories.
El nombre de Peterloo fue acuñado cinco días después de la masacre por James Wroe, editor del Manchester Observer, el periódico radical más importante de la ciudad. El nombre pretendía burlarse de los soldados que atacaron y mataron a civiles desarmados, comparándolos con los héroes que habían luchado cuatro años antes contra Napoleón y regresado del campo de batalla de Waterloo.
Según el historiador Fabrice Bensimon, "Peterloo permanece como la masacre entre las masacres, el símbolo de una causa justa que un poder injusto quiso en vano aplastar en la sangre".
Causas y antecedentes En 1789 la Revolución francesa hizo que se difundieran por todo el mundo las ideas de “Libertad, igualdad y fraternidad”. Reino Unido, donde menos del 3% de la población podía votar y el sistema era totalmente corrupto, acogió estas ideas con entusiasmo. Thomas Paine las expresó claramente en su libro Los derechos del hombre en 1791, lo que inspiró a la gente común a cuestionar el sistema bajo el que vivían, de la misma manera que habían hecho sus vecinos franceses. El gobierno británico se preparó para una guerra contra la amenaza revolucionaria francesa, pero también para abortar cualquier atisbo revolucionario interno en su propio país.
Los ricos le tenían pavor a las masas por el espectro de la Revolución francesa. De hecho, el primer ministro Robert Jenkinson, segundo conde de Liverpool, y su secretario de Relaciones Exteriores, el vizconde Castlereagh habían estado en París en aquella época, por lo que temían que cualquier concesión condujera a algo similar en Reino Unido. Para los aristócratas, como más tarde advirtió el duque de Wellington, “el comienzo de la reforma es el comienzo de la revolución”.
En la década de 1790 no existían todavía reformistas de la clase media, sino radicales plebeyos. En los siguientes cincuenta años la dinámica del radicalismo fue trazada por los artesanos y los obreros, y no por la clase media.
Reino Unido ganó las guerras napoleónicas (1803-1815) pero con un gran costo y una enorme deuda nacional. Los soldados británicos que regresaban vivían, no en la prosperidad del vencedor, sino en la pobreza. Los salarios de los oficios se habían reducido drásticamente. Se produjo un período de hambruna y desempleo crónico, exacerbado por la introducción en 1815 de las primeras Leyes del Cereal, las Corn Laws, que inflaron artificialmente el precio del pan. Estos factores aumentaron el interés de la población y los tejedores de algodón por el radicalismo.
Agitación política en la primera mitad del en Reino Unido Desde la Revolución francesa y hasta la mitad del , hubo tres factores que tuvieron una gran influencia: Gran crecimiento demográfico en Reino Unido, pasando de 10,5 millones de habitantes en 1801 a 18,1 millones en 1841, con el mayor índice de crecimiento en el período 1811-1821. La Revolución Industrial con todos sus aspectos tecnológicos. Los instrumentos físicos de producción dieron lugar a nuevas relaciones sociales, instituciones y formas culturales. La contra-revolución política de 1792 a 1832, con la lucha de la "Vieja Corrupción" contra cualquier atisbo de reforma.
Se puede considerar que el período 1790-1830 fue el de formación de la “clase obrera”, desarrollando una conciencia de clase y las primeras formas de organización política y laboral. Fue el período también de desarrollo y evolución del radicalismo en Reino Unido (fundación de los Clubes Hampden a partir de 1812, como sociedades de debate político), de la crisis ludita de 1811 a 1813, y la época heroica del radicalismo popular entre 1815 y 1819.
El utilitarismo y el metodismo compusieron la ideología dominante durante la revolución industrial: El utilitarismo fue una filosofía moral fundada por el filósofo inglés Jeremy Bentham, que preconizaba acciones que maximizasen la felicidad y el bienestar de los individuos afectados. Esta teoría la desarrolló Bentham en su libro Introducción a los principios de la moral y la legislación, publicado en 1789. El metodismo pasó de 60 000 personas en 1789 a 248 000 personas en 1830, habiendo progresado en la clase obrera industrial y habiéndose convertido en una religión tanto para los explotadores como para los explotados. Era una religión que intentaba conseguir la sumisión de sus seguidores, que predicaba la disciplina en los trabajadores y que intentaba evitar el ofender a la autoridad. Para ello se basaron en el adoctrinamiento directo (escuelas dominicales evangélicas), en el sentido de comunidad de los metodistas (sermones del pastor, reuniones de clase, grupos de costura, actividades de recogida de fondos,…) y en un espíritu de contrarrevolución.
La Revolución Industrial mejoró la situación de las mujeres al aparecer oportunidades de empleo en los distritos textiles como asalariadas independientes. En 1818 y 1819 se fundaron las primeras Sociedades Femeninas para la Reforma en varias ciudades, entre ellas Mánchester. En esta época, se concedió a las mujeres el derecho de voto a mano alzada en ciertas reuniones de los radicales.
En 1800 y 1801 hubo muchos amotinamientos por toda Inglaterra, en gran parte motines de subsistencia debidos a la escasez y la subida vertiginosa de los precios durante el bloqueo continental de Napoleón, pero ya se vieron indicios rudimentarios de organización de la clase obrera.
Las Combination Acts de 1799, aprobadas por un Parlamento de antijacobinos y de terratenientes, prohibían toda asociación y abocaron a las trade unions a la ilegalidad y la clandestinidad. Afectaron a más de cien mil obreros en el Lancashire y Yorkshire, y la resistencia se organizó a través de comités de sindicalistas experimentados, mientras los grandes fabricantes pedían utilizar la fuerza para evitar las reuniones sediciosas. El sindicalismo registró grandes avances en este período. Con esta ley o la anterior Elizabethan Statute of Artificers (5 Eliz. c.4) que penalizaba a los trabajadores por abandonar el trabajo sin terminar, se asestaban golpes a los sindicalistas en los momentos críticos de expansión. El radical Francis Place encontró el apoyo del diputado Joseph Hume para intentar revocarlas en la Cámara, y lo consiguieron en 1824 y 1825, con lo que el sindicalismo y las huelgas ya no fueron considerados delitos.
miniaturadeimagen|“El líder de los luditas”, aguafuerte de 1812 El conflicto industrial violento estalló con el movimiento ludita, y la destrucción de telares mecánicos y tundidoras mecánicas. Las comisiones del Parlamento presentaban fantasiosas redes insurreccionales para justificar la legislación represiva del gobierno, que impedía la existencia de una organización popular a nivel nacional. Esto llevó a los reformistas a actuar de manera secreta, y al gobierno a emplear espías e informadores, que a veces pasaban informaciones y pruebas falsas, que eran aceptadas como verdaderas por el gobierno. Las pruebas acerca de conspiraciones clandestinas presentadas por el gobierno entre 1798 y 1820 son dudosas, y en algunos casos carecen de valor.
El ludismo luchaba contra ciertas injusticias de tipo laboral y era un movimiento cuasi-insurreccional de tipo espontáneo y confuso, sin ninguna dirección a nivel nacional y sin apenas objetivos de ese ámbito que fuesen más allá del descontento general y el deseo de derrocar al gobierno. Afectó a tres oficios: tundidores, tejedores de algodón y tejedores de lana. Las demandas de los luditas incluyeron en su momento un salario mínimo legal, el control de la explotación de mujeres y jóvenes, el arbitraje, el compromiso patronal de encontrar trabajo para los trabajadores cualificados que hubiesen perdido su empleo por la nueva maquinaria, la prohibición de producir a ínfima calidad y el derecho a la organización legal de las trade unions. Tuvo una fuerte actividad entre 1811 y 1813, y luego ataques dispersos entre 1814 y 1817. Las autoridades no lograron siempre identificar a los culpables de dichos ataques. Se consolidó el sentimiento popular contra los magistrados y los grandes empresarios, mientras la administración hacía concesiones a los intereses de los fabricantes. Hubo dos razones para acabar con el ludismo: primero, la revocación de las Orders in Council, que entorpecían el comercio y su rápida mejora, y segundo, la presión creciente de las autoridades (tropas, espías, detenciones y ejecuciones).
Situación económica en Reino Unido a principios del En el período 1790-1840 hubo una ligera mejora en la media del nivel de vida material, pero al mismo tiempo hubo una explotación intensificada, una mayor inseguridad y una miseria creciente.
En la década de 1790 la mayoría de la población inglesa y en el norte pasaron en su dieta de los cereales más bastos al trigo, y el pan blanco se consideraba un símbolo de posición social. A partir de 1795 se desarrolló la “batalla de la hogaza”, en la que los terratenientes, labradores acomodados, párrocos, fabricantes y gobierno intentaron hacer pasar a los labriegos de una dieta de trigo a otra de patatas. Esto se vivió como una degradación por el ejemplo de los inmigrantes irlandeses. Durante la revolución industrial, los precios del pan y la harina de avena fueron el índice principal del nivel de vida.
La primera mitad del fue un período de subempleo crónico, con los oficios especializados amenazados por la innovación tecnológica y la irrupción del trabajo juvenil no cualificado. Los salarios reales disminuyeron durante las guerras napoleónicas y el clima económico fue nefasto para las clases trabajadoras hasta como mínimo la década de 1820, con pocas mejoras económicas en ese período.
La prosperidad inicial de los tejedores a principios del alarmaba a los patronos y a los magistrados. La reducción de sus salarios se hizo por la codicia de los patronos y la teoría de que la pobreza estimulaba el crecimiento de la industria. Durante las guerras napoleónicas, con los mercados inactivos, los fabricantes contrataban a tejedores sin trabajo por un salario bajo para fabricar productos no necesarios en ese momento. Al volver la demanda, lanzaban esos productos al mercado a precio de saldo. Esas mercancías baratas permitieron a los patronos mantener los salarios bajos, hubiese o no recesión económica.