300px|thumb|Una boletería de un cine en Lima. El cine del Perú se inició en 1911. Contó con su propia Ley del Cine en los años 1970 en donde se buscó formar su propia industria cinematográfica.

Historia Antecedentes 350px|left|thumb|Sede central del Club de la Unión, lugar de las primeras presentaciones del cine peruano. La primera función de un filme (usando el cinematógrafo de los hermanos Lumière) se realizó en febrero de 1897, en la Confitería Jardín Estrasburgo (hoy Club de la Unión), en Lima, Perú. Un mes antes, se había proyectado imágenes en movimiento con el aparato llamado vitascopio inventado por Thomas Alva Edison.

El público que presenció en un inicio, las proyecciones del vitascopio y del cinematógrafo fue de la aristocracia y las imágenes que observaron eran de paisajes de otros países (en 1899 se toman las primeras imágenes de Perú). Poco a poco las funciones fueron llegando a los sectores sociales más bajos, a través de exhibidores ambulantes que adquirían los aparatos y los llevaban a varios lugares recorriendo el país, generando el hábito y necesidad en el público que pagaba por ver las funciones, y haciendo así su negocio. Esto fue debido a que el cine traía estímulos venidos de lejos, convirtiéndose en una forma de poner al alcance de la gente paisajes geográficos y humanos que la falta de medios de transporte negaban (solo había rutas ferroviarias del , aún no se empezaba la construcción de redes de caminos esto se daría en la década de 1920). En 1907 apareció la primera construcción destinada a la producción de películas, cuya infraestructura se hizo de cartón. 1911 fue un año clave en que se instaló el cine comercial.

Críticas iniciales La principal crítica que se hacía al cine peruano en esa época era la “carencia de naturalidad”, porque el aparato reproducía las imágenes difusas y con un parpadeo (esto se corrige en 1908), además de la falta de sonido y el blanco y negro de las imágenes. Todo esto irritaba a las sensibilidades educadas en una estética armoniosa y fluida.

Según afirma Ricardo Bedoya en 100 Años del cine en Perú: una historia crítica:

Cinemas A partir de 1908, el apogeo del negocio cinematográfico, se instalan los aparatos de reproducción en muchos establecimientos levantados para ese propósito. Además se realizan las proyecciones con acompañamiento de la música de un fonógrafo. Se constituye la Empresa del Cinema Teatro (desde 1915 Empresa de Teatros y Cinemas S.A.), y construyen el Cinema Teatro de la calle Belén en 1909, y en noviembre de 1913 se traslada una nueva sala construida de la calle La Merced. La gran cantidad de público que empezó a acudir al Cinema Teatro probó que existía un mercado importante para el cine. En 1911 se forma la Compañía Internacional Cinematográfica, construyen su sala Excelsior de la calle Baquijano en 1914, y ambas compañías competían en la proyección de películas extranjeras.

Periodo silente Durante sus primeros años (hasta 1913, año de la primera película de ficción peruana), lo que el público iba a ver en los espectáculos de imágenes en movimiento eran, por ejemplo, filmaciones de corridas de toros (de España, luego de Perú) o vistas bélicas de la guerra hispanoamericana (EE. UU. y España en Cuba), como también tomas de Perú: paisajes, arquitectura y sociedad. Los sectores aristocráticos preferían películas filmadas en paisajes urbanos extranjeros, reproducción de hechos históricos y sucesos de sociedad (aristocracia) en la ciudad de Lima. Los sectores populares preferían filmaciones cómicas.

La primera película peruana de ficción fue Negocio al agua, estrenada en abril de 1913 en el Cinema Teatro de Lima. La respuesta de su rival fue la realización de Del manicomio al matrimonio estrenada en junio del mismo año. Estas dos películas fueron las únicas de ficción hechas en Perú de ese período.

220px|thumb|Un soldado chileno golpea a una enfermera, en un anuncio de la película peruana Páginas heroicas. En 1922 se estrena Camino de la venganza, de Lima Films, que reflejaba en su argumento la contradicción de la vida rural, sana y robusta, con la vida de la capital, llena de peligros. Este argumento sería recurrente en adelante. La sociedad peruana mostraba esa división entre lo rural y la urbe, y el cine la retrató por su afán de mostrar la realidad social con hechos cercanos al público, y así atraerlo. Mientras, el público peruano empezó a preferir el cine estadounidense, y se conocieron los filmes de Chaplin, que empezaba a hacerse famoso en el mundo.

En 1926 hubo una controversia porque se iba a estrenar Páginas heroicas, película sobre la Guerra del Pacífico, y el gobierno del presidente Augusto B. Leguía censuró su estreno porque ofendía los sentimientos patrióticos de Chile en el contexto de las negociaciones para la reincorporación de Tacna al Perú. Se discutió algunos meses, pero nunca llegó a estrenarse.

En 1927, Enrique Cornejo Villanueva dirigió y protagonizó Luis Pardo. Al año siguiente se estrenó La Perricholi, que fue un éxito, y que incluso fue apreciada en el extranjero. Empieza a tomar fuerza la prensa cinematográfica, salen revistas especializadas como: Cines y Estrellas, Luces y Sombras, La Semana Cinematográfica, etc. Además otras publicaciones incluyen en sus números secciones dedicadas al cine como: El Mundo en la Pantalla del diario La Prensa, El Mundo del Celuloide en la revista Variedades, etc.

Llegada del sonido y Época de Oro Posteriormente se estrenaría la primera película sonora peruana que fue Resaca (1934) dirigida por Alberto Santana ambientada en el mundo del boxeo, previamente se había sonorizado el documental La manifestación patriótica del 28 de mayo de 1933 (1933) , y se inicia el corto periodo de auge de producción llamado cine criollo. Surge la sociedad Patria Films, que realiza varias películas: solo en 1930 se hicieron siete largometrajes. En 1932 se promulgó una norma legal que creaba la Escuela de Cinemática Ambulante: su objetivo era la educación masiva y la integración de la masa indígena al proceso nacional. Lo que se hacían era llevar unidades móviles con un proyector junto con películas de índole artística y científica. Este sistema fue fugaz, debido a que su financiación fue imposible.

En 1937 se conformó Amauta Films, productora que contó con un star-system propio y realizó 14 largometrajes que incorporaban música folclórica acompañado de temática social. Las exitosas producciones de Amauta marcaron la Edad de Oro del cine peruano pero, tras la censura a la película Barco sin rumbo y el estallido de la Segunda Guerra Mundial que devino en la falta de suministro de película virgen, Amauta cerró en 1940 y la producción nacional empezó a disminuir.

miniaturadeimagen|thumbtime=21|Se inaugura un teatro en Ancón (), noticiario filmado por Productora Huascaran, parte de la colección de la Biblioteca Nacional del Perú. En la década de 1940 se dan leyes para fomentar la producción cinematográfica, pero se produce una crisis por la creciente competencia y desarrollo de la producción de otros países como México, pero aún se hacen algunas películas.

En los cuarenta, la Asociación de Artistas Aficionados (AAA) incursiona en el cine con La lunareja, una adaptación de "Una moza de rompe y raja" de Ricardo Palma; la producción, guion y dirección a cargo de Bernardo Roca Rey, y con la asesoría de Elvira Miró Quesada y el vestuario de Mocha Graña. Estrenada en 1946 en el cine Metro y considerada como una de las mejores realizaciones peruanas de su época. El reparto estuvo constituido por María Rivera, Ricardo Roca Rey, Bernardo Roca Rey, Antonio Flores Estrada (padre e hijo), Carlos Roca Rey, Rosita Serdio Velarde, Enrique García, Rodolfo Ledgard, Paquita Rodo Reda, Roberto Roca Rey y Rosa Egoaguirre.

Surgimiento del cine regional Dentro del cine del país, se desarrolló el cine de Iquitos, una ciudad septentrional y escenario principal de la fiebre del caucho en la Amazonía peruana. La industria cauchera benefició la presencia de cineastas extranjeros en la ciudad, y el interés cinematográfico en años posteriores. Antonio Wong Rengifo, en la década de 1920, es el pionero más importante del cine de Iquitos. Otro importante escenario para el desarrollo de producciones cinematográficas, durante y después de la década de 1940, es Huancayo. Esta ciudad, ubicada en la región Junín, tuvo un desarrollo económico y cultural dinámico desde la llegada del Ferrocarril Central del Perú en 1908. Así, Teófilo Hinostroza Irrazábal fue el primer realizador de esta zona. En la década de 1950, se conocieron las producciones de Augusto Rojas Hurtado, quien incursionó en los géneros de ficción y documental. También en la misma década y en la siguiente fueron importantes los trabajos de César Villanueva Dell´ Agostini, futuro miembro fundador de la Escuela de Cine del Cusco, de la cual también fueron miembros los realizadores Luis Figueroa Yábar, Eulogio Nishiyama y Manuel Chambi. De acuerdo con el escritor Wari Gálvez Rivas, la última película realizada en Huancayo durante este periodo formativo fue "Los montoneros", dirigida por Atilio Samaniego Arauco en 1970.

Década de 1950 y 1960 En los años 1950 (auge del cine estadounidense y mexicano), solo se hace un largometraje peruano, pero se hacen muchos documentales y noticiarios. Estos documentales tienen su principal representación en lo que se llama la etapa del Cine Club Cusco, quienes retrataban las costumbres de los pueblos andinos (carnavales, fiestas religiosas, etc.) y llegan en la década siguiente a filmar dos largometrajes en quechua: Kukuli (1961), dirigida por Luis Figueroa y Jarawi (1966), basados en leyendas indígenas. Luego empezarían a hacerse coproducciones con México. A fines de la década de 1950 se introduce la televisión y el cine de la siguiente década se ve provisto de personajes protagonistas de la misma, ya que habían tenido acogida en la vida doméstica.

En 1962, se promulga una ley que libera de impuestos a toda exhibición de largometrajes producidos en Perú por empresas peruanas, mas no daba alternativas de financiación, ni otorgaba otras facilidades para que empresarios jóvenes se iniciaran en la actividad cinematográfica por lo que su efecto fue escaso.

1972 Durante el gobierno militar del General Juan Velasco Alvarado, en 1972, se promulga la Ley de Fomento a la Industria Cinematográfica, que promovía la exhibición obligatoria (determinada por la Comisión de Promoción Cinematográfica) y la retribución porcentual. Esto significó que se hagan producciones nacionales, especialmente de cortometrajes. Los precios eran fijados por las municipalidades, que los mantenían bajos, pero eso se compensaba por la cantidad de gente que asistía. Sin embargo el cine peruano ha sido desde siempre un rotundo fracaso a pesar de los precios tan bajos. Esta ley se consolidaría en 2003 bajo la Ley de Cinematografía Peruana.

Poco a poco, el público fue advirtiendo que los cortos realizados eran de baja calidad y predominaba la improvisación y la inexperiencia. Además los exhibidores también reaccionaron en contra ya que veían esta ley como una imposición de un gobierno autoritario y que a expensas de sus ganancias alentaban la producción nacional. De los 15 años ocurridos en la Ley de Fomento, el mayor récord de producción de largometrajes ocurrió a mediados de los años 1980 con apenas seis por año.

Crisis de los años 1980 thumb|200px|Mario Vargas Llosa, autor de La ciudad y los perros.