miniatura|250px|Actual tumba del periodista Mariano José de Larra (1809-1837) en el cementerio de San Justo. miniatura|250px|Portada del ABC de Madrid, 6 de junio de 1911; es uno de los periódicos más veteranos y extensos del panorama periodístico español.

La historia de la prensa española, entendida más como un estudio positivista de la hemerografía histórica que como una historia del periodismo o de la comunicación, comienza en el siglo de forma dispersa con los manuscritos y la impresión en xilografía de relaciones de sucesos. Poco después, la invención de la imprenta trajo la impresión de las primeras gacetas, aunque el inicio del periodismo en España se suele colocar en 1661, año de aparición de la Gaceta de Madrid. A partir de ahí se desarrollaría el denominado «periodismo viejo» hasta 1789 caracterizado por el dominio del Estado. En el siglo comienza a aparecer la prensa de empresa que competirá con la prensa obrera y la prensa de partidos, acusando todas ellas una crisis a partir del 1898 que culminaría con la desaparición de numerosos periódicos al comienzo de la Guerra Civil. Una vez restaurada la democracia tras la Constitución de 1978, se asiste a un dominio total de las grandes empresas de comunicación sobre los diarios españoles.

Hasta el miniatura|250px|Portada de un ejemplar de la Gazeta de Amsterdam.

La historia de la prensa en España se inicia con los romances noticieros, que daban cuenta de los sucesos de la Guerra de Granada en el siglo . En el siglo la xilografía o grabado en madera permitió la difusión masiva y barata de todo tipo de escritos breves. Comienzan las relaciones de sucesos, elaboradas por personas pagadas por algún consistorio municipal para que elaborasen, en un manuscrito hermoseado, un informe o acta de cualquier festividad religiosa, inauguración, visita importante, conmemoración, celebración o hecho memorable para que sirviera de recuerdo a los habitantes, o los avisos, informes manuscritos pagados igualmente y remitidos cada cierto tiempo a nobles que deseaban saber cualquier hecho importante acontecido en la Corte durante su ausencia forzosa.

El noticierismo manuscrito comienza con cartas sobre los hechos de la conquista de Granada y continúa con los relativos a la del Nuevo Mundo, cuando se imprimen relaciones noticieras de los primeros éxitos de los conquistadores españoles en América. Acaso el primer relacionero pueda ser el humanista Pedro Mártir de Anglería, quien entre 1488 y 1526 redactó no menos de 812 epístolas que incorporaban no pocos elementos noticiosos.

Esta especie de corresponsales fueron relativamente frecuentes en el cortesano siglo , y se conservan los avisos realizados por Jerónimo de Barrionuevo, Andrés de Almansa o José Pellicer de Ossau. Las agencias de noticias de entonces eran las plazas llamadas mentideros en la Corte: las Gradas de San Felipe, especializadas en asuntos militares y de gente de armas y muy cerca de la Calle del Correo, donde llegaban las postas con las noticias; las Losas de Palacio, de donde se extraían las noticias sobre rey, familia real y nobleza, y el Mentidero de Representantes, donde solían juntarse las gentes del teatro: artistas, actores, poetas y escritores, situado en la confluencia de la Calle del Prado y Calle del León. Por eso los literatos de la época como Cervantes, Lope de Vega, Góngora o Quevedo buscaban casa en sus proximidades.

También por esas fechas surgieron los mercurios o gacetas, una especie de boletines que informaban de las novedades ocurridas en las ferias comerciales importantes o los puertos de mucho tráfico. En 1618, un impresor valenciano, Francisco Felipe Mey, tradujo del italiano e imprimió en Valencia durante los primeros años de la guerra de los Treinta Años una gaceta de Roma. En 1625 apareció en Sevilla Avisos de Italia, Flandes, Roma, Portugal y otras partes desde 28 de julio hasta 3 de agosto y en 1641 Jaume Romeu publicó una traducción de la Gazette francesa que puede considerarse el primer periódico semanal aparecido en catalán, en plena Guerra de los Segadores.

Por otra parte, interesado el Estado por la popularidad e influencia que tales gacetas iban adquiriendo en la sociedad, el valido de Carlos II, Juan José de Austria, se preocupó también de hacerse publicidad editando gacetas. En este recurso vio un medio para cimentar su posición y satisfacer sus intereses y, con tal propósito, contrató al flamenco Francisco Fabro Bremundán, primer gacetero español de nombre conocido, para escribir e imprimir la primera gaceta española en 1661, la Relación o gaceta de algunos casos particulares, así políticos como militares, sucedidos en la mayor parte del mundo, de periodicidad mensual, aunque en Zaragoza continuó como semanal en 1676. Pero la muerte de Juan José de Austria y la revancha de sus enemigos interrumpió un tiempo la publicación. Se reanudó, sin embargo, con el título de Gaceta Ordinaria de Madrid, con Fabro asociado, para publicar las Nuevas Ordinarias, con Sebastián Armendáriz. En 1697, ya muerto Fabro, su periódico siguió editándose, languideciendo, con Juan de las Hebas como gacetero mayor del Reino, hasta que el rey Carlos II decidió ceder su gestión al empresario de origen navarro Juan de Goyeneche, con la obligación de devengar rentas al Hospital General. Goyeneche le dio un nuevo impulso al periódico ahora y en lo sucesivo como Gaceta de Madrid, que continúa hoy imprimiéndose como Boletín Oficial del Estado (B. O. E.). Por otra parte hay que destacar que la prensa en español no solamente se editaba en España, y así no debe sorprender que el periódico judío más antiguo que se conoce sea la Gazeta de Ámsterdam, publicada entre 1675 y 1690 y en castellano para los hispanoportugueses que llegaban a los Países Bajos, aunque brillan en ella por su ausencia las noticias de interés judío.

Otras gacetas se publicaron en Sevilla, Zaragoza, Barcelona (con Rafael Figueró como impresor y editor destacado de la Gaceta de Barcelona hasta 1714) y, sobre todo, San Sebastián, donde especialmente Pedro de Huarte reimprimió un quincenal en español que se publicaba en Bruselas (Noticias Principales y Verdaderas) y en las otras semanas alternas dio a la luz otro periódico original, Noticias Extraordinarias del Norte. Huarte publicó otro tercer periódico semana, ya en el (Extracto de Noticias Universales), entre 1727 y 1728.

miniatura|250px|Ejemplar del Mercurio Histórico y Político (1753).

Por todas las ciudades importantes empiezan a surgir gacetas en el siglo y , y pronto el contenido se diversifica y pluraliza, si bien en esta época los periódicos eran muy caros y solo estaban al alcance de una minoría, pero constituyó sin duda alguna una de las vías más importantes por las que entraron en España las ideas ilustradas y la ideología burguesa. Teniendo en cuenta que en esta época el 80 por ciento de la población era analfabeta, los lectores de «papeles periódicos» eran una minoría ilustrada compuesta por nobles y clérigos, miembros de la burocracia real, oficiales del Ejército y algunos sectores de la clase media como médicos, abogados, profesores y comerciantes.

Durante el siglo se distinguen en general tres etapas:

Entre 1737 y 1750, consolidación de la prensa en España, con la aparición de los primeros periódicos, como el El Diario de los Literatos. Entre 1750 y 1770: época de madurez y especialización como el Diario de Madrid. Desde 1770: momento de decadencia; si bien nacen algunas publicaciones interesantes en 1774 ligadas al auge impulsado por Pedro Rodríguez de Campomanes de las Sociedades Económicas de Amigos del País, desaparecen muchas publicaciones debido a los acontecimientos políticos y la situación exterior (Revolución francesa).

Se distinguían claramente dos tipos de publicaciones diferentes: la prensa culta (papeles periódicos) y la prensa popular (almanaques, pronósticos).

La prensa culta o papeles periódicos se imprimían con el permiso del Consejo de Castilla y se sometía a la censura eclesiástica. Podían comprarse en librerías o puestos callejeros o ser leídos en cafés y eran voceados por los ciegos, que poseían el monopolio de su distribución.

La información política y militar estaba en manos de dos periódicos oficiales (Gaceta de Madrid y Mercurio Histórico y Político). Las publicaciones de iniciativa privada se dedicaban fundamentalmente a los temas culturales o económicos. Defendían casi siempre una ideología avanzada y sus lectores eran una minoría ilustrada y burguesa.

La ejecución de la familia real francesa provocó un recrudecimiento de la censura y la suspensión temporal de la prensa: el rey Carlos IV de España prohibió la publicación de toda la prensa salvo los periódicos oficiales el 24 de febrero de 1791.

miniatura|210px|Portada del volumen que recogía los discursos publicados en El Censor durante el año 1781. miniatura|210px|El Diario de Madrid, primer periódico en publicarse todos los días (diario) en España.

Pero los burgueses crearon también publicaciones de carácter popular que, ya existentes en el siglo , se desarrollaron a lo largo del XVIII: los almanaques y pronósticos. Eran libritos ilustrados con grabados que se distribuían a millares por pueblos y ciudades y ofrecían, so capa de informar del tiempo, los más variados contenidos: fuera del pronóstico meteorológico del año incluían datos sobre los cambios de la luna, pensamientos, pautas de conducta e instrucciones y enseñanzas sobre los más variados oficios. Atraían con títulos sensacionalistas y poseían dos secciones : «La introducción al Juicio del año», pronóstico de lo que iba suceder ese año según los astros, y «El Juicio del año», especie de carta astral por estaciones, meses y días. Hoy son valiosos porque constituyen una recopilación de cultura popular y una vía de difusión de los valores burgueses entre las clases bajas, pero su peligrosidad llevó a Carlos III de España a prohibir su publicación en 1767, bajo el pretexto de que constituían una lectura vana e inútil para el pueblo. Con el siglo estas publicaciones no desaparecieron, pero cambiaron su función, ya que la burguesía contaba con un medio mucho más eficaz y directo para la difusión de sus ideas: los periódicos populares. Los más famosos almanaques fueron los de Diego de Torres Villarroel, quien renovó y actualizó el género en su Ramillete de astros (1718) al convertir el Juicio del año en una narración ficticia donde unos personajes novelescos hacen el pronóstico y aprovecha para intercalar descripciones, monólogos, y otros variopintos materiales.

El Diario de los Literatos de España (1737) era una publicación de carácter cultural y literario que duró hasta 1742. Luchó contra las ideas barrocas y defendió la obra de Benito Jerónimo Feijoo e Ignacio de Luzán. Su propósito es «emitir un juicio ecuánime sobre todos los libros que se publiquen en España». Tenía 400 páginas, formato de libro, costaba de 4 a 5 reales y ponía en circulación una tirada de entre 1000 y 1500 ejemplares. En él escribieron Juan de Iriarte y otros eruditos de aquella época.

Salvador José Mañer empezó en 1738 a traducir el Mercurio Histórico y Político del francés. Juan de Iriarte, en sus obras impresas en 1774, lo criticó por las malas traducciones que hizo. En 1784, ya de mayor tamaño, tomó el título de Mercurio de España y ha sido, con excepción de La Gaceta y El Diario de Madrid, el periódico que más tiempo ha subsistido.