La muralla de Cuéllar es una cerca militar de origen románico que rodea el casco antiguo de la villa segoviana de Cuéllar. Representa uno de los conjuntos murados más importantes y mejor conservados de la comunidad autónoma de Castilla y León (España).

El conjunto amurallado consta de tres recintos diferenciados: el de la ciudad, la ciudadela y la contramuralla. Además, se han encontrado restos arqueológicos de un cuarto recinto, actualmente desaparecido. Las murallas fueron construidas a partir del y reforzadas en el por Francisco Fernández de la Cueva, segundo duque de Alburquerque y señor de la villa. Inicialmente tenían, en su conjunto, una longitud superior a los 2000 metros (2 km), de los cuales se conservan aproximadamente 1400. Poseen metro y medio de grosor y una altura media superior a los cinco metros. Se conservan siete de las once puertas que permitían el acceso a diferentes puntos de la población, destacando entre todas ellas el arco de San Basilio, de estilo mudéjar.

A partir del dejaron de tener una utilidad defensiva, y el interés por su conservación fue decayendo hasta que, en el , se comenzaron a derribar los tramos más deteriorados. Esto, junto con los hundimientos provocados por el desgaste y el abandono, hicieron que se perdiese una cuarta parte de los muros. En los años 1970 se comenzó a frenar este deterioro, rehabilitando diferentes partes.

La última restauración finalizada en 2011 gracias a un proyecto del Ministerio de Vivienda que, con un presupuesto de 3,4 millones de euros provenientes de fondos europeos, puso en valor el conjunto como atracción turística, haciendo practicables algunos tramos de muralla.El Gobierno invertirá 3,4 millones de euros en restaurar las murallas de Cuéllar, Agencia EFE, 29 de enero de 2008, consultado el 18 de diciembre de 2008.

El recinto murado, que presenta gran semejanza con la arquitectura militar toledana del , fue declarado en 1931 junto al Castillo de Cuéllar, monumento artístico nacional, distinción actualmente denominada Bien de interés cultural.

Historia Construcción: siglos - thumb|160px|Pedro Ansúrez, repoblador de Cuéllar. La muralla era el principal de todos los elementos del fenómeno urbano medieval.Olmos Herguedas, 1998, pág. 49 (Referenciado en Jaques Le Goff «Construcción y destrucción de la ciudad amurallada. Una aproximación a la reflexión y la investigación». V.V.A.A. La ciudad y sus murallas, Ed. Cátedra, Madrid, 1991, págs. 11-20). Su presencia hacía posible la existencia de un caserío resguardado con cierta densidad, y la cerca es lo primero que pone de manifiesto la dicotomía campo-ciudad. Esta necesidad inicial de defensa era más acusada en las regiones fronterizas, como es el caso de Cuéllar, en la margen del río Duero. Al igual que gran parte de los núcleos creados con motivo de la repoblación, la villa se levantó en el yermo, buscando pequeñas colinas para defenderse. A través de ellas discurre la muralla, fortificando su parte más alta, por lo que su trazado obedece a un acondicionamiento topográfico, adaptándose a la orografía del terreno.Mondéjar Manzanares, 2007, pág. 170.

La muralla de Cuéllar tiene su origen en la Alta Edad Media, cuando tuvo lugar la definitiva repoblación de la villa, encomendada por Alfonso VI de Castilla al conde Pedro Ansúrez. El inicio de su construcción puede fecharse a partir del año 1085, en dicha repoblación, tal y como atestiguan los restos más antiguos de muralla que se han encontrado, localizados en el castillo y datados en el .Mondéjar Manzanares, 2007, págs. 95-106. Esta construcción se extendió a lo largo de los siglos y especialmente en el .

La primera noticia documentada data de 29 de abril de 1264. Se trata de un documento de Alfonso X el Sabio por el cual concedió, a petición del concejo de Cuéllar, que la recaudación de ciertas multas se emplease para el arreglo de la muralla:

Nuevamente el concejo de la villa solicitó a un monarca, esta vez a Enrique II de Castilla en 1374, la concesión de las heredades situadas en la villa que habían pertenecido a Juana de Castro para la reparación de la muralla, petición que no fue aceptada por el rey.Velasco Bayón, 1996, págs. 130-133. La muestra del interés de la villa por su muralla se deduce de otra nueva petición, esta vez al infante don Fernando, quien concedió licencia al concejo el 13 de febrero de 1403 para reparar los muros, y para ello debieron pagar 30000 maravedís todos los vecinos de Cuéllar y su Tierra, sin distinción de estados:

thumb|200px|right|Hospital de la Magdalena, construido sobre la muralla. En 1427, tras la preocupación del concejo por fortalecer y restaurar sus muros defensivos, Juan II de Aragón, que era entonces señor de la villa, firmó en Valladolid un documento dirigido al concejo, para que autorizase al arcediano Gómez González a edificar adosado a la muralla el Hospital de la Magdalena, una de sus fundaciones, dejando a salvo la ronda y defensa de la misma, pero rompiendo para ello parte del muro. Al parecer existió una autorización previa pero el concejo, preocupado por la defensa de la ciudad, se opuso después a las obras. El arcediano tuvo que solicitar de nuevo permiso al rey, quien contestó que se le dejase concluir el edificio. Finalmente el arcediano no cumplió con lo que el señor de la villa le impuso, y no respetó el paseo de ronda de la muralla, pues apoyó el edificio literalmente sobre esta, sin dejar opción al paseo de ronda.

Reformas del thumb|200px|Beltrán de la Cueva en una visión pictórica del . Las murallas se reconstruyeron y ampliaron durante los siglos y con fines defensivos. Cuando Beltrán de la Cueva llegó al señorío de Cuéllar en 1464 las murallas románicas se encontraban en buen estado, pero a la vez que realizó las obras de ampliación del castillo, reforzó también el resto de fortificación. Así, en 1471 amplió la muralla norte con objeto de levantar el lienzo y la barbacana. A su vez, fortaleció el lienzo del primer recinto que transcurre desde el arco de San Basilio hasta el muro más próximo del castillo.

En esta época los Reyes Católicos iniciaron un programa general de inspección y reparación de murallas en ciudades castellanas en el que instaron a señores, priores, maestres y corregidores de las villas a que informasen de la situación de las mismas a través de maestros arquitectos, y de quantos maravedis se han de gastar para su restauración, por lo que es posible que las obras llevadas a cabo por el primer duque se debieran a esa campaña de murallas que realizaron los monarcas.

Tras la muerte de Beltrán, acaecida en 1492, su hijo y sucesor Francisco Fernández de la Cueva, II duque de Alburquerque y II señor de la villa, llevó a cabo las reformas más importantes del conjunto, siguiendo las pautas marcadas por su padre. Las obras se iniciaron hacia el año 1500 y tuvieron como principal cometido reforzar los muros existentes para poder defender sus derechos sobre la villa ante un posible ataque de su madrastra, María de Velasco, quien consideraba que tenía derechos sobre la misma.María de Velasco fue la tercera mujer de Beltrán de la Cueva, I duque de Alburquerque, después de enviudar de Juan Pacheco. Tras la muerte de Beltrán de la Cueva en 1492, su viuda intentó apoderarse de la villa, alegando una serie de derechos conferidos en su matrimonio, aunque en realidad Cuéllar fue vinculada en el primer matrimonio de Beltrán de la Cueva al mayorazgo de Alburquerque, mientras que para el tercero y su descendencia lo hizo con Roa. Finalmente el II duque consiguió que ella renunciase a sus posibles derechos sobre la villa, y tomase como acordó su padre la de Roa. La mitad del coste de las obras fue sufragado por el duque, algo inusual, ya que el pago de este tipo de reformas corría a cargo de la población, y no del señor.

Las obras llevadas a cabo por el II duque comenzaron fortaleciendo el primer recinto, desde la iglesia de San Esteban hasta el arco de San Martín, y desde este al de Santiago, elevando sus lienzos y dotando de almenado y merlones con saeteras al conjunto. También intervino en el arco de San Pedro, dotando al ábside de su iglesia de una apariencia militar, y colocó su escudo de armas, al igual que lo hizo en todas las puertas del recinto de la ciudadela que reforzó.

Abandono: siglos -

A partir del y sobre todo del , las murallas dejaron de ser una edificación principal, pasando a un segundo plano para la población. Este desuso hizo que se debilitase paulatinamente, y comenzó una época de abandono para el conjunto que llevó a la pérdida de parte del recorrido murado. La iniciativa marcada en el por el señor de Cuéllar permitiendo edificar sobre la muralla, dio pie a que se comenzase a construir de forma masiva edificaciones adosadas a ella, y así en 1587 se autorizó a Juan de Ortelano a construir una casa junto a la muralla de San Pedro; otra autorización llegó a mediados del , para hacer lo mismo junto al arco de San Martín.Velasco Bayón, 1996, pág. 261. El proceso de edificar cargando vigas sobre los muros proporcionó un gran deterioro a los mismos, pues para obtener mayor amplitud se rebajaron por el interior, y se abrieron bastantes ventanas y otros espacios rompiendo así la pulcritud y firmeza que habían poseído.Velasco Bayón, 1996, págs. 550-552. thumb|200px|right|Puerta de la Judería a finales del , donde se aprecia el uso del almenado como ventanas y otras abiertas directamente en el muro. A mediados de este siglo la población desmontó algunos paños de muralla para reutilizar la piedra en sus casas, a lo que el concejo respondió con demandas y multas, como ocurrió en 1649. En el se vio obligado a derribar el arco exterior de la puerta de Carchena, dejando únicamente el más fuerte, el interior. También se encontraba en peligro de hundimiento el arco de la Trinidad en 1777, cuya muralla había perdido ya el almenado en un derrumbe anterior.

Las murallas pertenecían al duque de Alburquerque como señor de la villa. A partir de la abolición de los señoríos en 1811 continuaron en posesión de la Casa Ducal. Esta sufrió ese mismo año uno de los cambios más importantes de su historia cuando el XIV duque falleció en Londres sin sucesión que heredase su Casa, extinguiéndose definitivamente el linaje de la Cueva en el ducado. Tras un largo pleito de diecinueve años, la Casa de Alburquerque recayó en la familia Osorio, marqueses de Alcañices y de los Balbases, en la persona de Nicolás Osorio y Zayas, defensor de la Revolución Liberal.

El nuevo duque de Alburquerque se desvinculó totalmente de Cuéllar, una tierra que había heredado de sus antepasados pero con la que no guardaba ninguna relación sentimental ni histórica, pues heredó la Casa por línea femenina,Nicolás Osorio y Zayas fue reconocido como sucesor en la Casa de Alburquerque por ser nieto de María Dominga Spínola de la Cueva, mujer del XIV marqués de Alcañices, e hija de Ana Catalina de la Cueva y de la Cerda, VI condesa de la Torre, hija a su vez de Francisco Fernández de la Cueva, X duque de Alburquerque, y de Juana de la Cerda y Aragón, su mujer (Portal Grandes de España: Genealogía del Ducado de Alburquerque). comenzando así el mayor deterioro de las murallas, y ocasionando el golpe más decisivo contra el recinto. En 1842 el paño de muralla junto al Estudio de Gramática amenazaba ruina y el ayuntamiento comunicó la situación al nuevo duque, que no quiso hacer frente a su restauración. El mismo año se acordó quitar las puertas de los arcos de San Andrés y Carchena para evitar que el peso de las mismas contribuyera al derrumbamiento de dichos arcos. Años más tarde se retiraron también las del arco de la Trinidad, que se tasaron en 320 reales y se colocaron en el corral del mesón.