400px|miniaturadeimagen|Costas de la península ibérica. miniaturadeimagen|Costas de las islas Baleares. miniaturadeimagen|Costas de las islas Canarias.

España tiene alrededor de 7.661 km de costa (ver desglose más abajo), repartidos entre el litoral peninsular, los archipiélagos de las islas Baleares y las islas Canarias, situados en el mar Mediterráneo y el océano Atlántico respectivamente; las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y las denominadas plazas de soberanía diseminadas por el norte de África.

Características generales de las costas españolas

Orientación general de las costas

El primer rasgo que se observa es la rigidez para así ser de fiel a sus contornos, en contraste con las articulaciones de otras penínsulas mediterráneas, como la península balcánica o la península itálica, por ejemplo. Este carácter destaca sobre todo en las costas atlánticas españolas. En el mar Cantábrico, a lo largo de unos 770 km, desde el País Vasco a la Estaca de Bares, en Galicia, el punto más septentrional de la península ibérica (43°47'25"N), la costa, de dirección este-oeste, es rectilínea, y su trazado refleja un gran accidente geológico orientado en la misma dirección.

En Galicia, el ángulo noroeste queda truncado entre el cabo Ortegal y el cabo de Finisterre, para acabar describiendo un giro de 90° y tomar la dirección norte-sur, hasta la punta del cabo San Vicente, en el extremo meridional de Portugal. Dicha costa es también rectilínea durante otros 800 km, si se exceptúa el saliente de la península portuguesa de Peniche, con el cabo Carvoeiro.

A partir de aquí el litoral es más sinuoso y empiezan los óvalos mediterráneos o grandes arcos que se inician con el golfo de Cádiz, encuadrado entre las costas portuguesas, en el cabo de Santa María (Portugal) (isla da Barreta, Faro (Portugal)-Algarve) y el extremo avanzado hacia el sur (Punta de Tarifa, 39°59'50"N) con que se inicia el estrecho de Gibraltar, en una longitud de unos 295 km; sigue el óvalo del mar de Alborán, arco tendido en dirección este-oeste en unos 398 km y que tiene a Málaga en el centro; aquí la costa tuerce hacia el nordeste y dibuja otros dos óvalos muy abiertos entre los cabos de Gata y San Antonio, el primero de los cuales tiene a Cartagena en el extremo septentrional y el segundo a Alicante en el centro, con una longitud entre ambos de 453 km; y finalmente el dilatado y abierto golfo de Valencia, que se puede considerar termina con el saliente del delta del Ebro. A partir de aquí la costa vuelve a ser bastante rectilínea y corre casi paralela a la cadena Costera Catalana hasta el cabo de Bagur, en donde se adentra para formar el golfo de Rosas, extendido hasta el cabo de Creus (longitud 3° 19' 5"), extremo oriental de la Península que señala la punta saliente de los relieves pirenaicos.

Factores en la evolución del litoral peninsular thumb|240px|Vista del oleaje batiendo contra las rocas de una costa alta en San Vicente de la Barquera. thumb|240px|Las dunas de Corrubedo son un ejemplo de derrubios devueltos a tierra.

En el trazado del litoral y sobre todo en la evolución de las formas costeras hay también otros factores que entran en juego por parte del mar. En primer lugar las características de lo que se ha llamado el precontinente. El relieve continental no termina con la costa, sino que se prolonga con la parte sumergida, de la cual es en realidad su prolongación inmediata. El relieve continental sumergido termina mucho más allá, mar adentro, con una brusca ruptura de pendiente que se sitúa aproximadamente en la isóbata de 180-200 m, en donde un talud de 2500 a 4000 m de desnivel lo precipita hasta los grandes fondos oceánicos. El precontinente comprende, pues, dos partes perfectamente diferenciadas, la plataforma continental, de pendiente suave, y el talud continental, de pendiente abrupta, separados por el veril de unos 200 m.

Por otra parte, en las formas costeras influye la dinámica del mar, oleaje, mareas y corrientes marinas. Se comprende que en las costas atlánticas, con mareas importantes y fuerte oleaje, la fuerza erosiva del océano debe ser mucho mayor que en los mares semicerrados, como el Mediterráneo, con mareas insignificantes y menor intensidad del oleaje. En los primeros, los derrubios arrastrados por los ríos son removidos, transportados mar adentro y distribuidos con cierta regularidad, mientras que en los segundos se acumulan en las desembocaduras. Por eso son tan frecuentes los deltas fluviales y llanuras aluviales en las costas mediterráneas. Así, desde el delta del Ebro al estrecho de Gibraltar, los promontorios rocosos de los arcos salientes alternan con llanuras costeras formadas por aluviones y grandes o pequeños deltas, mientras en el Cantábrico los depósitos aluviales y las playas bajas escasean. Una segunda diferencia que hay que anotar entre las costas atlánticas y las mediterráneas.

El tercer factor que hay que tener en cuenta son las consecuencias de los ascensos y descensos del nivel del mar. Por de pronto, en las costas atlánticas los mares dejan al descubierto diariamente, durante la baja mar, o invaden, durante la plena mar, una franja amplia de tipo anfibio, y características especiales, casi inexistente en el Mediterráneo. Esta área costera, periódicamente sumergida, está formada en las desembocaduras fluviales por cienos o limos y arenas (Slikke), que a veces alcanzan algunas decenas de metros de espesor, los cuales empiezan a ser colonizados por plantas adaptadas a este medio salino (Schorre). Todo ascenso o descenso del nivel del mar influye sobre los procesos sedimentarios y erosivos del litoral. Una costa estable es batida constantemente por el oleaje en los mismos puntos, por lo que sus salientes retroceden y sus acantilados se suavizan. Al propio tiempo, los derrubios de origen continental o los producidos por la propia erosión marina se van depositando en los entrantes de la costa y en las desembocaduras fluviales, formando cordones litorales, bancos, dunas y llanuras aluviales que avanzan mar adentro. Así, por el juego antagónico de retroceso de los salientes y progresión de los depósitos litorales, la costa va siendo cada vez menos recortada, es decir, se regulariza.

Oscilaciones cuaternarias del nivel del mar

Durante el Cuaternario y a consecuencia de sus períodos glaciales, presenciados por el hombre prehistórico, se cambió, en los momentos de transgresión del mar, el nivel se elevaría hasta por encima del cero actual. En muchas costas españolas se reconocen como playas levantadas o formas de abrasión marina las trazas dejadas a diferentes alturas por las transgresiones del mar provocadas durante el Cuaternario por esos períodos interglaciales.

Litoral Atlántico

En las costas españolas bañadas por el océano Atlántico se pueden distinguir cuatro secciones diferentes : la cantábrica, que se extiende desde el río Bidasoa a la punta Estaca de Bares, la gallega, que comprende desde este punta hasta la frontera portuguesa, la andaluza que incluye las provincias de Huelva y Cádiz, y finalmente la costa de las islas Canarias situadas en el continente africano.

Las rasas cantábricas thumb|240px|Rasa litoral cantábrica en Liencres. El litoral cantábrico presenta las siguientes particularidades: carácter rectilíneo de su trazado general, costa de tipo longitudinal respecto a las estructuras de la cordillera, hundimiento rápido en el mar, formas acantiladas dominantes, escasez de playas y costas bajas y además algunos rasgos morfológicos juveniles tales como la existencia de pequeñas rías.

Todo induce, pues, a sospechar que se trata de una costa de hundimiento relativamente reciente. Pero en cambio, paradójicamente, a todo lo largo del litoral cantábrico se observa un escalonamiento de antiguos niveles de abrasión marina elevados hasta unos 220 m de altura. Los más altos, situados a 200-220 m, forman las llamadas «tinas» o «sierras planas»; y las inferiores, llamadas «rasas», se escalonan entre 120-140, 70-50 y 5 m. Se trata de superficies perfectamente planas horizontales o débilmente inclinadas hacia el mar, de unos centenares hasta un millar de metros de ancho, que cortan las estructuras y que no penetran en golfo en el interior de los valles, sino que terminan bruscamente ante el relieve interior. Su origen está en los movimientos horizontales y verticales que se produjeron en los periodos glaciares e interglaciares del Cuaternario.

Las rías cantábricas son generalmente cortas, de 5 a 7 km, estrechas, embudiformes y, a causa de su origen, sin ramificaciones (Foz, Ribadeo, Avilés, Navia, Pravia, San Vicente de la Barquera; etc.); las más importantes son las de Villaviciosa, de 6 km, y la de Bilbao, que alcanza 10 km de longitud. thumb|240px|Vista de la ría de Arosa desde un altiplano. thumb|240px|La ría de Ferrol desde el Coto de Ancos. No faltan tampoco en el Cantábrico los procesos sedimentarios costeros, aun cuando las playas rara vez alcanzan gran extensión: Santander, San Vicente de la Barquera, etc. Tampoco faltan los tómbolos, como los importantes de San Sebastián, Santoña, Santander y Gijón donde se asentaron en situación defensiva los núcleos iniciales de estas poblaciones

Las rías gallegas

Desde la Estaca de Bares y el cabo Ortegal, que son las puntas más septentrionales del norte de la Península, hasta la frontera portuguesa se extiende la costa más articulada del litoral español, con las profundas ensilladuras de las llamadas Rías Bajas de Galicia, muchas de las cuales penetran hasta 20 y 35 km en el interior, constituyendo tal magnífico ejemplo de un tipo de costa que ha dado nombre a la región, solamente comparable en Europa a las costas bretonas.

Las rías gallegas sumergen en el mar un relieve continental montañoso, pero no extraordinariamente enérgico, pues sus alturas en el sector costero raramente rebasan los 500 m y generalmente se mantienen alrededor de los 200 a 300 m, derivado de antiguas superficies de erosión. Este suave relieve montañoso está hendido por una serie numerosa de valles relativamente importantes, los de los ríos Tambre, Ulla, Xallas, Eume y Miño. Bien alimentados por una red nutrida de afluentes, todos bastante encajados y sinuosos, de pendiente longitudinal fuerte. Por eso, al invadir el agua este relieve litoral y penetrar el mar en el interior del continente, ha formado las ensenadas profundas, sinuosas y recortadas de las rías, rodeadas por las vertientes empinadas de los antiguos valles fluviales.

A pesar del carácter accidentado de la costa, no faltan playas, alojadas sobre todo en el fondo tranquilo de las rías, como las de Vigo, Pontevedra, etc., y algunos tómbolos, como el que alberga el núcleo antiguo de La Coruña, con la torre romana de Hércules.

Costa atlántica de Andalucía thumb|240px|Vista panorámica de la playa de la Caleta en la costa atlántica andaluza. Entre la desembocadura del Guadiana, en Ayamonte, junto a la frontera portuguesa, hasta Tarifa, a lo largo de 294 km, se extiende la planicie del golfo de Cádiz, con las desembocaduras de los ríos Guadiana, Carreras, Piedras, Tinto, Odiel, Guadalquivir, Barbate y Guadalete. Igualmente las zonas pantanosas (marismas de Isla Cristina, Doñana y San Fernando las más apreciables) son bien visibles desde satélite.