miniaturadeimagen|Edición de 1867 de punch, una innovadora revista británica de humor popular que incluye una gran cantidad de sátiras de la escena contemporánea, social y política. La sátira es un género literario que expresa indignación hacia alguien o algo, con propósito moralizador, lúdico o meramente burlesco. Se puede escribir en prosa, verso o alternando ambas formas (sátira menipea). Se inspira en la poesía yámbica griega y se desarrolló sobre todo en la literatura latina.
Estrictamente la sátira es un género literario, pero también es un recurso que encontramos en las artes gráficas y escénicas. En la sátira los vicios individuales o colectivos, las locuras, los abusos o las deficiencias se ponen de manifiesto por medio de la ridiculización, la farsa, la ironía y otros métodos; ideados todos ellos para lograr una mejora de la sociedad.Robert C. Elliott, Satira en la Encyclopaedia Britannica 2004 Aunque originalmente la sátira se utilizó para la diversión, su pretensión real no es el humor en sí mismo, sino un ataque a una realidad que desaprueba el autor, usando para este cometido el arma de la inteligencia.
Es común y casi característico que la sátira se encuentre fuertemente impregnada de ironía o sarcasmo; además la parodia, la burla, la exageración, las comparaciones, las yuxtaposiciones, la analogía y las dobleces son usados de manera frecuente en el discurso y la escritura satírica. Lo esencial, sin embargo, es que "en la sátira la ironía sea militante".Northrop Frye, literary critic, quoted in: Elliott, satire La ironía militante a menudo declara abiertamente que acepta las situaciones que son blanco del ataque de la sátira. La diferencia entre la parodia y la sátira es que, mientras la parodia es la imitación burlona de una cosa seria, la sátira es la crítica humorística de un vicio. alt=|miniaturadeimagen|269x269px|Fotograma de la película The great dictator (El gran dictador) de Charles Chaplin
Orígenes Los orígenes surgieron en Grecia con los yambógrafos Semónides de Amorgos y Arquíloco de Paros principalmente, aunque también el comediógrafo Aristófanes la incluyó en sus obras, y se acercaron a ella el poeta Bión y filósofos de la Escuela cínica como Menipo de Gadara a través del género literario de la diatriba o discurso violento e injurioso para criticar personas o acontecimientos desde el punto de vista moral. Luciano de Samosata dio un gran impulso al género a través de sus diálogos (Diálogos de los muertos, Diálogos de los Dioses, Diálogos de meretrices...) que admiten la sátira como elemento fundamental en su fuente, estructura e intención; sin embargo, el género se desarrolla fundamentalmente en Roma (Ennio, Lucilio, Varrón, Catulo, Horacio, Juvenal, Persio, Marcial, por orden cronológico). Tanto es así, que Marco Fabio Quintiliano consideraba a la sátira como un género completamente romano (Institutiones X, 1, 9: «satura quidem tota nostra est». Así pues, se trata de una composición extensa con la que se critican o ridiculizan vicios humanos. Puede adoptar las formas más diversas: la invectiva, el diálogo, la prosa, el verso, el epigrama, el artículo periodístico, etc.
Estilo La sátira se suele valer del humor, de la anécdota y del ingenio para ridiculizar defectos sociales o individuales, efectuando así una crítica social; a veces adopta para ello la forma más concentrada del epigrama, que expresa un solo concepto y un único tema de burla; por el contrario, la sátira suele ser mucho más extensa y prolija. Existe una gran variedad de temas, desarrollos y tonos, pero son recursos habituales en la sátira:
La redacción de alguna cosa para hacerla parecer ridícula, o examinarla en detalle para hacer destacar sus defectos. La exageración o hipérbole: se toma una situación real y se la exagera hasta tal punto que se convierte en ridícula. La caricatura utiliza esta técnica. La yuxtaposición que compara cosas disimiles: el ayer y el hoy, la juventud y la vejez, etcétera, de forma que una adquiere menor importancia. La parodia o imitación burlesca de las técnicas o estilo de una persona, de forma que se vea ridiculizada. Puede ser utilizado en el género literario y en artes cinematográficas
La sátira en síntesis es una composición literaria en la que se realiza una crítica de las costumbres y de las conductas deshonestas de individuos o grupos sociales, con un fin moralizador, burlesco o de simple diversión. En ella, los personajes están presentados como seres de carne y hueso no como tipos.
La sátira
thumb|300px|right|"Le sátira e l'epistole di P. Orazio Flacco", impreso en 1814. Los filósofos griegos ya habían escrito sermones morales o diatribas que tenían el contenido satírico de atacar vicios morales o sociales: Epicteto, Bión de Borístenes, Menipo y Luciano de Samosata; estos autores inspiraron con frecuencia la sátira, tan característica de la literatura latina, ya que fue en Roma donde experimentó un fuerte desarrollo y popularidad; «satira» en latín significa una especie de macedonia u olla podrida de distintos y muy diversos elementos, por lo que es fácil acoger contenidos y formas satíricas en otros géneros. De hecho, se encuentra sátira en algunos "sermones" de Horacio o «sátiras» de Persio y de Juvenal, ciertos «carmina» o poemas de Catulo o los «epigramas» de Marcial, incluso en ciertos pasajes de Séneca como en el pasaje sobre el embarazo de Roma en la Cartas a Lucilio (VI, 56). La noción de género literario sería, pues, inadecuada y habría que hablar más bien de registro. Pero, en cuanto a género literario codificado, debe atribuirse su invención a Lucilio, de cuya obra sólo quedan algunos fragmentos de variable extensión, y apareció en el entre los latinos.
Los principales autores de sátiras en la literatura latina son:
Lucilio, cuya obra se ha conservado de forma fragmentaria, pero al cual aluden numerosos poetas que cultivaron el género. Varrón, autor de sátiras menipeas, clase especial de sátira reconocible por su mezcla de verso y prosa, y explícitamente colocada en la perspectiva de una herencia griega, puesto que hacen referencia a Menipo de Gádara, filósofo cínico griego del . Horacio, quien, con sus sermones o conversaciones hizo de la sátira un género amable entreverado de algunas críticas y sentencias. Persio, de estilo obscuro y de contenido influido por el Estoicismo. Séneca, que empapa sus textos de filosofía moral y de anécdotas picantes y propiamente satíricas, pero también como probable autor de una sátira menipea, La Apocoloquintosis (calabazificación) del divino Claudio. Juvenal, quien contaminó con un ácido y amargado humor sus propósitos morales atacando a la sociedad en todos sus vicios: tiranía, perversidad femenina, supersticiones, privilegios... Petronio consagró una sátira menipea extensa a criticar la sociedad en tiempos del emperador Nerón en forma de novela, su Satyricon, de la que solo han subsistido algunos fragmentos. Marcial escribió solamente epigramas, donde atacó el lujo desordenado, la ambición y la hipocresía en la Roma de los emperadores Flavios.
La sátira en la literatura En la literatura castellana e hispanoamericana Desde la Edad Media el género se cultivó en España; el primero en usarlo fue Juan Ruiz, arcipreste de Hita, que atacó el poder igualador del dinero al trastocar el inmutable orden social estamental medieval. Lo satírico entró incluso en la composición de numerosos géneros como la novela picaresca, la fábula, el artículo periodístico o la pieza teatral de costumbres, el esperpento de Ramón María del Valle-Inclán o la tragedia grotesca de Carlos Arniches; es más, forma parte esencial de obras tan importantes como el Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes.
Autores satíricos españoles fueron, en la Edad Media, fuera del ya citado arcipreste de Hita, Pero López de Ayala y El Corbacho o reprobación del amor mundano de Alfonso Martínez de Toledo. Hay que mencionar además a numerosos autores de la llamada lírica cancioneril del , entre ellos los anónimos redactores de las Coplas del provincial, de las Coplas de Mingo Revulgo y de las Coplas de la panadera; fue especialmente fuerte una sátira política como Querella de la Gobernación de Gómez Manrique, auténtico lamento por el desgobierno de Castilla en el . La Celestina, por otra parte, contiene duras diatribas contra los señores en las palabras de la meretriz Areusa. Sus continuaciones e imitaciones, en especial la mejor de estas últimas, La lozana andaluza de Francisco Delicado, abundan también en componentes satíricos.
En el el bufón Francesillo de Zúñiga pagó caros sus atrevimientos en la Crónica burlesca del emperador Carlos V siendo asesinado; don Diego Hurtado de Mendoza cultivó este género en verso y quizá también en el anticlerical Lazarillo de Tormes que se le atribuye, el cual dio origen a la novela picaresca, un género aparte de gran componente satírica; entre las novelas más importantes por su contenido satírico de este género hay que citar la Segunda parte del Lazarillo del manchego Juan de Luna, una gran sátira contra la hipocresía religiosa y la Inquisición que tuvo que publicarse en Francia, el Guzmán de Alfarache (1599) de Mateo Alemán y sus continuaciones propias o apócrifas, el Buscón de Quevedo, El siglo pitagórico de Antonio Enríquez Gómez y el Estebanillo González anónimo. Una obra cercana a la picaresca y de carácter ante todo satírico es también El diablo Cojuelo de Luis Vélez de Guevara.
Ya en 1609 Félix Lope de Vega, en su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo, advertía que en la sátira no se fuera «claro ni descubierto»: «pique sin odio, que si acaso infama / ni espere gloria ni pretenda fama»; él mismo en su poesía ataca a Góngora y al Culteranismo o Gongorismo sin mencionarlo directamente, enfrentándose con sus discípulos y con su estilo más que con él mismo; ya lo recomendaba Horacio en su Arte poética. Es fundamental también el nombre de Miguel de Cervantes, y sus obras El coloquio de los perros y el Viaje del Parnaso, entre otras; en él domina la sátira literaria y del idealismo renacentista sobre cualquier otra, aunque en sus sonetos satíricos también se burla del orgullo desmedido. Luis de Góngora compuso sátiras contra damas pedigüeñas y nobles hipócritas y Francisco de Quevedo lo superó en ese terreno atacando la decadencia de la España del Conde Duque y a lo que él llamaba "vulgacho"; también se metió con médicos y no solo con los amujerados, sino con las mujeres, como misógino que era; el Conde de Villamediana, (Juan de Tassis y Peralta), fue más osado que ambos, atreviéndose a atacar frontalmente a los Grandes de España, cuyas debilidades conocía bien; por eso ( y por varios motivos más) tal vez murió asesinado. En cuanto a los hermanos aragoneses Lupercio Leonardo de Argensola y Bartolomé Leonardo de Argensola, su sátira es más moral que social y de sesgo horaciano. Un contenido satírico muy importante es además el que acogen novelas bizantino-filosófico-satíricas como El Criticón de Baltasar Gracián y algo menos el León prodigioso de Cosme Gómez Tejada de los Reyes.