La inmigración italiana en Chile se desarrolló a partir del y se concentró en las principales ciudades. Los casos de colonización rural estuvieron reservados a la región del Maule y localidades del sur como Limache, Renaico o Angol y la fundación del pueblo de Capitán Pastene en el sur de Chile.
Características De acuerdo al Departamento del Interior y Ordenación del Territorio de Italia, del gobierno italiano, a 2004 el número de descendientes de italianos en Chile rondaba las 150 000 personas. No obstante, el investigador René A. Peri señalaba para 1989 la existencia de 300 000 descendientes de italianos en Chile, y Ricardo Parvex cifraba en 2014 en 600 000 los descendientes. De estos, cierto porcentaje serían inmigrantes llegados en primera instancia a Argentina y Uruguay. A diferencia de otras comunidades inmigrantes, los italianos no se concentraron en alguna zona específica del país, sino que se esparcieron a lo largo del mismo.
La inmigración italiana se produjo de manera espontánea y no correspondió a un período determinado. Italianos emigraron a Iquique en la época del salitre y a Arica después, a la actual Región de Atacama y una importante colonia venida de Trento se estableció en La Serena así como en Isla de Maipo, en Valparaíso, en algunos barrios de Santiago, Concepción, Punta Arenas, y la Región de La Araucanía.
Esta última zona recibió un buen número de inmigrantes en pocos años donde durante 1883 y 1901 llegaron más de 20 700 italianos a colonizar la zona, posteriormente llegaron unas 2600 familias más a fundar Capitán Pastene (única colonia rural italiana en el país), y poblar Lumaco y Purén.
Para el censo del año 1907, se contabilizaron 13 023 italianos viviendo en Chile. El Monumento al Genio de la Libertad fue una donación de la colonia italiana residente al pueblo chileno en conmemoración al Centenario de Chile en 1910.
Inmigración por región Tarapacá thumb|200px|Monumento regalado por el Reino de Italia a Chile en 1910, ubicado en la plaza Baquedano de Santiago. Muchos italianos se establecieron en la región, en ese entonces perteneciente a Perú y antes de la guerra del Pacífico. Terminada la guerra, el comercio en Iquique, Caleta Buena, Junín, Mejillones del Norte y otros aumentó notablemente y estaba en manos de numerosos italianos: Tomás Capella, industrial elaborador de cigarrillos, las familias Rossi, Sacco, Vallebona, Zanelli, Merani, etc. que figuraron entre los fundadores en 1882 de la Sociedad de Beneficencia y Socorros Mutuos Fratellanza Italiana. Esta y la Compañía de Bomberos Ausonia - cuyo nombre evoca la mítica tierra cantada por Virgilio en su Eneida- fundada el 3 de enero de 1874, serían las primeras agrupaciones sociales de los italianos en la zona. A ellas se agregó posteriormente la Sociedad Italiana de Instrucción, con dos escuelas de niños; el Círculo Musical Italiano y la Sociedad Republicana “Giuseppe Mazzini”, establecida en 1892 por J. B. Perasso, un entusiasta republicano dentro de una colonia que era en su mayor parte de ideas monárquicas.
En esa misma época los sacerdotes salesianos establecieron el colegio Don Bosco, orientado a la enseñanza comercial, vinculado con la colectividad italiana durante el período del esplendor salitrero. También se fundó una compañía de seguros, la Compañía Italiana de Seguros contra incendios “Cristóforo Colombo”.
En 1883 numerosas oficinas salitreras pertenecían o eran explotadas bajo concesión por empresarios italianos; entre ellos cabe nombrar las de Pedro Perfetti, “Tres Marías”, “La Santiago” y “California”; las de Juan Sanghinetti, “San José de Puntuchara” y “Tránsito”; la oficina “Santa Rosa” en la cual Gregorio Peragallo trabajaba como contratista de elaboración, “San José de la Noria” de Pío Fasola; “Santa Adela” y “San José de Devéscovi” del empresario oriundo de Dalmacia (actualmente Croacia), Pedro Devéscovi, al cual la colonia italiana consideraba su coterráneo; Sebastopol del hijo de italiano, Pedro Gamboni Vera.
El panorama de auge económico quedaría ensombrecido con los luctuosos sucesos que 1891 depararía para Iquique, durante el desarrollo de la lucha fratricida entre los partidarios de la escuadra sublevada y las fuerzas leales al Presidente Balmaceda. Los italianos, a través de la Bomba Ausonia, formaron guardias cívicas para proteger sus propiedades durante el ataque a Iquique. Dichas guardias adoptaron una estricta neutralidad. Por su parte, el intendente Salinas formó una guardia que era una legión extranjera de unos 6000 hombres, en donde militaron varios italianos.
El saldo de los combates de la Guerra Civil de 1891 produjo numerosos muertos y daños a propiedades de colonos italianos, los que ya estaban acostumbrados a adversidades de ese tipo, ya que luego de los maremotos de 1868 y 1877, habían tenido que afrontar los bombardeos de 1879 y pavorosos incendios como el de 1880, que destruyera el centro comercial “en una extensión de treinta manzanas; el de 1883 que devoró quince; el de 1884, que duró siete días y el de 1885 que abarcó en su terrible círculo de fuego los cuarteles de las bombas Germania y Ausonia”.
Tales siniestros que cambiaban poco a poco la faz de la ciudad, contribuyeron a la construcción de cada vez mejores edificios. La colonia italiana construyó en 1892 el amplio y hermoso edificio “Colombino”, inaugurado solemnemente el 12 de octubre de dicho año. En dicho local funcionarían hasta 1956 todas las instituciones sociales de la colonia italiana iquiqueña.
A finales del surgió una nueva agitación con el clima de amenaza de guerra entre Chile y Perú. De las informaciones de la prensa de la época se infiere un sentimiento de afinidad y compromiso de los italianos con la tierra que los ha acogido, expresado en él repudio hacia los italianos que en el país trasandino estarían formando legiones italianas que apoyaban la posición de Julio Roca frente a Chile.Apuntes sobre los italianos en la provincia de Tarapacá (1870-1950)
La colonia italiana de Iquique recibió un comunicado de Santiago, según el cual las sociedades italianas de la capital reunidas acordaron el nombramiento de una comisión “que acompañada del regio representante patrio se apersonará al Presidente de Chile, expresando sus sentimientos respecto al proceder de algunos italianos residentes en Perú.
Una de las actividades a la que se dedicaron frecuentemente los italianos fue el deporte, practicando mayoritariamente el ciclismo. Existía un club al que estaban afiliados los que poseían bicicletas y su directiva para 1910 estaba conformada por Lorenzo Busolino como presidente activo, Reinaldo Sessarego como vicepresidente, Pablo Arata, César Besio y Eugenio Tarssetti como directores y el Dr. Miguel Garbarini era el médico del club. También existió un Centro Sportivo cuyo vicepresidente era Carlos Viollo.
El fútbol no fue exclusivo de los ingleses ya que hubo un “Junior Foot-ball Club” cuyo presidente honorario era el dueño de la Botica y Droguería del Sol, Sr. Gennari. Los vicepresidentes y el tesorero fueron Reinaldo Sessarego, Lorenzo Delucchi y Vicente Tarssetti.
Los italianos también participaron en Actividades Mutualistas, en 1910 hallamos como tesoreros de la Sociedad Internacional de Artesanos, a Domingo Pallavicini y a César Bacigalupo. En la Unión Marítima figuraban como subtesorero Justo Badani y como vocal Carlos Pichele.
La actividad social fue un elemento importante dentro de la vida de los residentes italianos, y dentro de este punto la Bomba Ausonia fue un baluarte, fue fundada el 13 de enero de 1874, tuvo brillantes demostraciones de valor en el maremoto de 1877 y en los innumerables incendios de la historia de Iquique. Ocupaba la planta baja del Edificio Colombino de Tarapacá 44 entre 1892 y 1956.
Para 1910 su directorio estaba integrado por Jorge Romussi; Blas Arata, Antonio Onetto, Luis Tassara y Ángel Priaroni, Médicos los doctores Meriggio y Garbarini. Los oficiales eran Alejandro Pessolo, Pilo Marazzino, Pedro Bardi, Miguel Cambano, José Chiappe, Próspero Onetto, Agustín Locatelli, Victorio Tassara, Rómulo Bosso, Juan Sacco y David Besaccia.
En 1936 era Director Esteban Sacco y Capitán Mario Sfrazzani, Comandante del Cuerpo de Bomberos de Iquique era Carlos Rossi y prosecretario general Francisco Catanzaro.
Como se puede apreciar siempre la actividad bomberil fue relevante para los inmigrantes italianos. Lo anterior se ve ratificado en el hecho de que italianos participaban también en otras compañías de bomberos; Humberto Vallebona, Nicolás Polocroni y Arquímedes Bagliolis son directores de la Bomba Tarapacá en 1910. Antonio Polocroni es miembro del consejo de disciplina de la Bomba Zapadores y en la Bomba Peruana participaba Carlos Viollo.
Otra actividad en la que encontramos residentes italianos, es en la de los ferrocarriles salitreros. En 1910 encontramos a César Bacigalupo como ayudante de tráfico de The Nitrate Railways Co.; Passi era el jefe de Estación y Telegrafista de Pintados. En el Ferrocarril de Agua Santa estaba Enrique Lubini, pesador de carbón y Máximo Paniagua como recibidor y despachador de los planos. En Alto Caleta Buena, Miguel Viteri era ayudante telegrafista. En Estación Huara el jefe de estación era Rafael Lanchini.
Como hemos revisado en las líneas anteriores, los italianos y sus descendientes participaron en múltiples actividades que se desarrollaron en la región de Tarapacá, y no solamente en el comercio, aunque este último fue el ámbito en el que más se destacaron. Una de las actividades a la que se dedicaron frecuentemente los italianos fue el deporte, practicando mayoritariamente el ciclismo. Existía un club al que estaban afiliados los que poseían bicicletas y su directiva para 1910 estaba conformada por Lorenzo Busolino como presidente activo, Reinaldo Sessarego como vicepresidente, Pablo Arata, César Besio y Eugenio Tarssetti como directores y el Dr. Miguel Garbarini era el médico del club. También existió un Centro Sportivo cuyo vicepresidente era Carlos Viollo.
En el período comprendido entre 1920 y 1940, el comercio seguirá siendo una de las actividades principales de la colectividad italiana en Iquique, pese a la aguda crisis que experimentó la región a partir de 1924 a causa del cierre de la mayor parte de las explotaciones salitreras, obligando a la liquidación de algunos establecimientos y a la drástica reducción de otros. Otro factor de la decadencia del rubro fue la enorme competencia entre comerciantes que vendían lo mismo, reduciéndose al mínimo las utilidades.
Hacia 1936 el Banco Italiano ya había cerrado su Agencia en Iquique, ante la competencia de otras instituciones. En esa misma fecha don Antonio Brazzale era Consejero de la Cámara de Comercio de la ciudad. De las grandes firmas permanecieron hasta entonces Solimano, Chiappe y Compañía. El resto de las grandes casas de italianos ha desaparecido junto con el esplendor del nitrato, sus propietarios ya han fallecido, pero permanece la presencia italiana en el rubro comercial mediano y pequeño.
Los descendientes de italianos Pablo Barbagelata y Rodolfo Confalonieri representan respectivamente a la Compañía de Tabacos de Talca y a productos Carozzi. En el rubro de frutos del país están Silvio Lanata, Francisco Cerisola, Casanegra y Emilio Rossi. En el rubro ferretería: La Esmeralda, de Humberto Costa.