Xtabay (también llamada X'tabay, X-tabay, Ixtabay, Xtabai o Xtabal), nombre maya de una mujer mitológica. La partícula x en idioma maya, en este caso, indica género femenino pues es apócope de ix, que significa mujer. En el Códice de Dresde, aparece una mujer muerta por ahorcamiento a la que se ha llamado "Xtab", de donde algunos decían que la Xtabay era la diosa de los ahorcados, pero no se habían encontrado elementos para validarlo.

Origen miniaturadeimagen|derecha|Los orígenes de la Xtabay se encuentran en la diosa Xtab, deidad del suicidio. Originalmente, el término xtab se utilizaba para referirse a una antigua diosa maya de la muerte. Xtab, "la de la cuerda", es la diosa del suicidio y esposa del dios de la muerte, Chamer o Ah Puch, en la mitología maya. Xtab es el nombre maya de una mujer mitológica, según constata el Códice de Dresde.La Xtabay, la diosa de la muerte

También era la divinidad de la horca. Se le relacionaba con la vida futura en el paraíso y los suicidas por ahorcamiento recibían su protección. En la tradición maya, se consideraba el suicidio como una manera extremadamente honorable de morir,Higonnet, Margaret (1985). "Suicidio: representaciones de lo femenino en el siglo XIX". Poética de hoy. 6 (1/2): 104. a un nivel similar al de las víctimas humanas de sacrificios, guerreros caídos en batalla, mujeres muertas de parto, o sacerdotes.

Xtab era comúnmente representada como un cadáver parcialmente descompuesto con los ojos cerrados, colgando de un árbol. Su papel como divinidad era el de proteger a los suicidas, acompañándolos y guiándolos a un paraíso especial. A este papel se le llama psicopompo o guía de almas. También se cuenta que era la hermana de la diosa Ixchel.

Con la llegada del cristianismo y de los conquistadores españoles a México y Belice, a la diosa Xtab se le modificó como un espíritu malo que seducía a los hombres, cuya espalda es como tronco, que después revelaba un aspecto y rostro demoníaco (o de caballo, según otras variantes);ARTÍCULO: La Llorona, leyenda europea de la conquistaLa X'tabay, mujer caballo teniendo un rol importante del génesis de la vida sexual. Y así, la diosa Xtab pasó a ser desde diosa que premiaba a los suicidas, protectora de los suicidas, a una mala mujer o demonio que castigaba el suicidio en el infierno. Esto último la asimila con la leyenda de Las Lamias de la mitología grecolatina, que, según el folclore grecolatino, fueron espíritus buenos que ayudaban a los hombres y que, sin embargo, con la llegada del cristianismo a Europa, se volvieron espíritus malignos que mataban a estos (aunque esto último es, realmente, el rasgo que se le añadió a la Xtabay). Tanto las lamias como la Xtabay peinan sus cabellos, se presentan como mujeres hermosas ante los hombres para luego llevarlos a su perdición, transformándose en seres monstruosos. Igualmente, se cree también que el mito de la Xtabay está asociado con la cultura cristiana de Europa y que pudo haberse originado en la colonia.

También se le asoció con la flor del Xtabentún y con la ceiba y ahí es cuando se manifiesta constantemente ya que sabe que es el árbol que más disfrutan los mayas, además de saber el significado detrás del árbol. También sufrió variantes del origen de la leyenda, desde una mujer que muere producto de una maldición hasta una mujer infiel castigada por adulterio (o una mujer extremadamente celosa que tenía miedo de perder a su marido o novio). La leyenda también pasó a extenderse por casi toda Mesoamérica, siendo conocida por otros nombres (como Siguanaba, Cegua o Sucia), con otras ligeras variantes de la leyenda; hasta está relacionada con la leyenda de la Llorona, pues, para los mesoamericanos y/o mayas, la Xtabay era un tipo de Llorona (o la Llorona misma), aunque esto no es del todo cierto. La leyenda de la Xtab, conocida como Xtabay ('la engañadora'), se utiliza, hasta la fecha, como un método para atemorizar a los hombres y hacer que estos cambien sus malas acciones.

Leyenda La leyenda de la Xtabay la establece como una mujer que embruja a los hombres para perderlos o matarlos. En la ciudad de Tunkas, Yucatán, donde la leyenda tiene más vigencia, se dice que en general aparece en las cuevas y pasea por el parque cerca de dicha cueva.

Xkeban y Utz-Colel

La historia de Xtabay comienza con dos mujeres del pueblo: Xkeban, cuyo significado en español es prostituta o mujer dada al amor ilícito; y Utz-Colel, que en español significa una dama decente y limpia. Se cuenta que la Xkeban estaba enferma de pasión, por lo que le entregaba su cuerpo a todo hombre que se lo pidiera. En cambio, Utz-Colel era virtuosa y bondadosa; además, nunca había cometido pecado amoroso.

A pesar de los deslices de Xkeban, esta mujer era de buen corazón, ya que le gustaba de ayudar a los pobres y a los animales; incluso realizaba generosas donaciones con los regalos que le obsequiaban sus amantes. Xkeban tenía un corazón tan grande, su grandeza de alma la llevaba hasta poblados lejanos a donde llegaba para auxiliar al enfermo y se despojaba de las joyas que le daban sus enamorados y hasta de sus finas vestiduras para cubrir la desnudez de los desheredados.

Por su parte, Utz-Colel detestaba a los animales y a los pobres; además, era dura de corazón y fría.

Un día la gente del poblado no vio salir más a Xkeban, por lo que comenzaron a preguntarse qué le había pasado a la joven.

Transcurrieron días y de pronto por todo el pueblo se esparció un fino aroma de flores, un perfume delicado y exquisito que lo invadía todo. Nadie se explicaba de dónde emanaba tan precioso aroma por lo que decidieron buscar lo que los condujo a la casa de Xkeban, a la que hallaron muerta, abandonada, sola.

Pero lo que más sorprendió a los pobladores fue que junto al cuerpo de Xkeban se encontraba varios animales que lo custodiaban, mismo donde brotaba aquel perfume que envolvía al pueblo.

Utz-Colel aseguró que aquel agradable perfume no podía provenir de Xkeban, ya que ella había sido una mujer corrupta y vil, por lo que de su cuerpo solo podría salir pestilencia. Utz-Colel aseguró que aquel olor perfumado debía ser obra de los espíritus malignos, quienes intentaban engañar y provocar a los hombres.

Así mismo, Utz-Colel afirmó que, cuando ella muriese, esparciría un agradable perfume debido a sus virtudes practicadas en vida.

Después de enterrar a Xkeban, su tumba comenzó a impregnar un olor agradable; además, la tierra de la misma se llenó de hermosas flores.

Poco después murió Utz-Colel. A su entierro acudió todo el pueblo que siempre había ponderado sus virtudes, honestidad, recogimiento, cantando y gritando que había muerto virgen y pura.

Para asombro de todas las gentes que la creían buena y recta, comprobaron que a poco de enterrada comenzó a escapar de la tierra floja, todavía, un hedor insoportable, el olor nauseabundo a cadáver putrefacto. Toda la gente se retiró asombrada.

De la tumba de Xkeban nació una hermosa flor llamada xtabentún, tan humilde y bella que se da en forma silvestre en las cercas y caminos, entre las hojas buidas y tersas del agave.

En cambio, de la tumba de Utz-Colel salió una tzacam, que es el nombre del cactus erizado de espinas y de mal olor por ambas cosas, intocable, es la flor que nació sobre la tumba de la Utz-Colel; hermosa sin aroma alguno y a veces de olor desagradable, como era el carácter y la falsa virtud de la Utz-Colel.

Después de convertirse en esta flor, Utz-Colel deseaba la suerte de Xkeban, por lo que decidió entregarse al amor ilícito con los espíritus malignos. De lo que Utz-Coel no se percató es que Xkeban se entregaba a los hombres por amor natural y generoso, mientras que ella lo hacía por malicia e interés.

Con ayuda de los espíritus malignos, Utz-Colel logró regresar al mundo de los vivos cada vez que lo deseara, pero lo hacía convertida en mujer para así engañar a los hombres con amor nefasto, ya que la dureza de su corazón no le permitía otro tipo de amor.

fuente

La princesa y la hechicera La segunda versión cuenta que, al principio de la venida de las tribus mayas a tierras de Yukalpetén, existió, en uno de los cacicazgos, una preciosa indígena de noble abolengo que lucía dos hermosos ojos negros que desprendían fulgores hechizadores; y en su diminuta boca anidaba la sonrisa más subyugadora. Era la princesa Suluay.

En las tardes luminosas, perfumadas por alas flores campestres, la joven se sentaba a la puerta de su casa, desataba la mata de sus cabellos y con verdadera fruición los alisaba para aumentar su brillo; luego los dejaba caer sobre su espalda y emprendía el paseo por las ondulantes calles de la población.

Paseaba majestuosa, llevando como manto la negra cabellera que besaba sus tobillos tiernos y tibios y en las hebras se iban prendiendo los suspiros de los mozos que, palpitantes de emoción, la seguían con la mirada; ella satisfecha sonreía y pasaba como pasan las flores dejando una estela de perfumes.

Numerosos eran los donceles que codiciaban el amor de tan delicada criatura del Mayab; más la princesa permanecía indiferente ante las solicitudes, parecía que los dioses se hubieran olvidado de ponerle corazón.

Así se pasaba los días y las lunas; la joven luciendo sus encantos, los corazones consumiéndose en las llamas del amor.

En la misma población vivía una joven X-pul-yaah (hechicera) que estaba enloquecida por la prestancia de un joven guerrero y que, por medio de arte de magia, quería rendirlo a sus pies, más el valiente soldado parecía inconmovible a las acechanzas de la joven, amiga de consultar a los luceros, al Sots (murciélago) o al Tunkuluchú (búho).

El guerrero sólo vivía pensando en la de la larga cabellera, en la de los ojos inmensos y soñadores, en la de la dulce sonrisa arrobadora; y por eso todas las tardes se le veía parado, cual estatua viviente junto al tronco del Yaax-ché (ceiba) que con sus grandes y verdes ramas extendidas parecía proteger la plaza en cuyo centro se erguía desafiador; y allí contaba los instantes antes de que apareciera la esbelta figura de la dueña de sus pensamientos y de sus amores. Y desde allí la veía pasar arrogante, envuelta en negra cabellera, desafiando a la luz, con la luz de sus morenos ojos y endulzando la brisa con las mieles de su sonrisa inigualada.

La X-pulyaah quiso saber a qué se debía la indiferencia del guerrero y por qué no respondía a las llamadas que le hacía a través de los hilos de la luz lunar; y se propuso seguirle sus pasos; y así fue como una de tantas tardes, cuando el Dios Sol se arropaba en su manto de oro y de púrpura para prepararse al descanso nocturno, descubrió al bien amado bajo el Yaax-ché. Ella, a corta distancia, se ocultaba entre los bejucos del Meex-nuxib (barbas de viejo) que a la sazón estaba cubierto de flores y semejaba una sábana blanca; y desde allí observa, observa, y descubre el paso de su rival que es envuelta en las amorosas miradas del guerrero hasta que se pierde en un recodo de la población la mujer de la larga cabellera bruna.

Ahora lo ha comprendido todo; hay otra mujer que se interpone en el camino de su dicha; y la hechicera no podía permitirlo. Pondrá, en juego todos sus conocimientos y logrará perderla.

En un pequeño homá (cajete, plato hondo de barro) la X-pul-yaah coloca agua cogida en un cenote oculto en el bosque a donde no llegan los hombres y por tanto no está manchada; después va echando diversas hierbas de propiedades milagrosas; y luego coloca el envase sobre unas ramas en llamas para que el calor se forme un filtro, que será su arma vengativa.

Con toda paciencia, durante siete días con sus siete noches consecutivas, la X-pulyaah no descansa de mover y revolver el menjurje, al mismo tiempo que invoca a los espíritus malignos que son sus aliados. Concluida la operación quita del fuego la vasija y de está descanta un líquido viscoso. Ya esta preparado el filtro vengador.