thumb|300px|Retrato de una mujer demente o terriblemente celosa, Théodore Géricault (1791–1824).
La envidia es un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles.Parrott, W. G., & Smith, R. H. (1993). Distinguishing the experiences of envy and jealousy. Journal of Personality and Social Psychology, N° 64, pp. 906-920. La RAE la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.«Envidia», Diccionario de la Lengua Española (22a edición)
Aristóteles definió la envidia como el dolor ante la visión de la buena fortuna de otro, provocado por «aquellos que tienen lo que nosotros debemos tener». Bertrand Russell dijo que la envidia era una de las causas más potentes de la infelicidad. Investigaciones recientes consideraron las condiciones bajo las cuales ocurre, cómo la aborda la gente y si puede inspirar a la gente a emular a aquellos a quienes envidian.
Tipos de envidia Algunos idiomas, como el neerlandés, distinguen entre «envidia benigna» (benijden en neerlandés) y «envidia maliciosa» (afgunst), lo que apunta a la posibilidad de que existan dos subtipos de envidia.
La envidia maliciosa es una emoción desagradable que surge de la comparación y el resentimiento. Hace que la persona envidiosa quiera derribar a los más acomodados, incluso a su propia costa. No solo se desea lo que otra persona posee, sino que además se quiere que lo pierda o fracase. Este tipo de envidia viene acompañada de emociones como la frustración, la ira y la hostilidad, por lo que suele generar conductas destructivas que dañan tanto las relaciones como el bienestar de la persona envidiosa. La envidia benigna o sana, como también se le conoce, se caracteriza por la admiración y el deseo de mejorar uno mismo. Implica el reconocimiento de que otros están mejor, pero hace que la persona aspire a ser igual de buena, sin desear daño al otro, por lo que suele fomentar estados como la motivación y el respeto. Esta forma de envidia puede favorecer el aprendizaje, el desarrollo personal e incluso fortalecer las relaciones ya que no inspira rivalidad.
No obstante, existe cierta discusión sobre si los subtipos deben ser vistos como formas distintas de envidia. Algunos argumentan que las tendencias de acción (para dañar la posición de otra persona en el caso de la envidia maliciosa y para mejorar la posición propia en el caso de la envidia benigna) no son factores que definen la emoción, mientras que otros piensan que las tendencias de acción son una parte integral de una emoción. Algunos psicólogos plantean que la envidia benigna o sana sería simplemente envidia, liberada del peso de emociones negativas como la ira, la frustración y la hostilidad. Básicamente, es una envidia que no ha alcanzado una valencia emocional negativa.
Por otra parte, una investigación longitudinal a gran escala sobre la envidia y sus consecuencias en la que se analizó a 18.000 personas concluyó que la envidia en general se asocia con un empeoramiento de la salud mental y el bienestar. Dicho estudio no respaldó la idea de que la envidia pueda ser un motivador útil.
Papel evolutivo
Tras el libro de Charles Darwin de 1859 en el que avanzaba la teoría de la evolución por selección natural, su obra de 1872, La expresión de las emociones en el hombre y los animales avanzaba la teoría de que ha habido una evolución de la emoción que se desarrolló en los animales por el valor de supervivencia que ofrecen las emociones. En 1998, el neurocientífico Jaak Panksepp aportó datos que demostraban que las especies de mamíferos están dotadas de cerebros capaces de generar experiencias emocionales. La investigación posterior en las ciencias del comportamiento ha proporcionado información sobre emociones como la envidia y su impacto en la cognición y el comportamiento. Por ejemplo, en consonancia con la envidia como motivación, la investigación empírica muestra que la envidia concentra los recursos cognitivos, centrando la atención del sujeto hacia la recopilación de información sobre el objetivo social y la mejora de la capacidad de recordar dicha información. En la investigación con primates, Frans de Waal llevó a cabo una investigación a largo plazo que demostró que los chimpancés, así como primates lejanamente emparentados como los monos capuchinos pardos, tienen un sentido muy afinado de la justicia dentro de su grupo social, y que la emoción clave utilizada para medir y regular los resultados justos es la envidia. La investigación de De Waal le lleva a argumentar que sin la envidia motivando nuestro interés en hacer comparaciones sociales, no habría razón para preocuparse por la equidad y la justicia.
Basándose en un modelo de respuestas evolucionadas hacia los que están mejor, Sznycer ha argumentado que la envidia aumenta el apoyo a la redistribución económica.
La envidia para el cristianismo
La envidia es considerada por la Iglesia católica como un pecado capital porque genera otros pecados; el término «capital» no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados y rompe con el amor al prójimo que proclama Jesús.
San Gregorio Magno (*ca. 540 en Roma – †12 de marzo de 604), fue el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia católica; fue quien seleccionó los siete pecados capitales, y se mantuvo por la mayoría de los teólogos de la Edad Media.
Para Santo Tomás de Aquino, la envidia es «tristeza del bien de otro».
Dante Alighieri en el poema de El Purgatorio, define la envidia como «Amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos.» El castigo para los envidiosos es el de cerrar sus ojos y coserlos con alambres de hierro, porque habían recibido placer al ver a otros caer. En la Edad Media el famoso cazador de brujas, el cardenal Peter Binsfeld le atribuyó a la envidia el demonio llamado Leviatán, un demonio marino y que era solo controlado por Dios.
En la adolescencia La envidia se manifiesta en los niños desde una etapa temprana, y los adultos, aunque igualmente susceptibles a esta emoción, demuestran un mayor nivel de habilidad para disimularla. La envidia desempeña un papel importante en el desarrollo de los adolescentes. Compararse es un aspecto universal de la naturaleza humana. No importa la edad o la cultura, la comparación social se da en todo el mundo. La comparación puede abarcar desde los atributos físicos, las posesiones materiales y la inteligencia. Sin embargo, los niños son más propensos a envidiar objetos materiales como zapatos, videojuegos, teléfonos móviles de gran valor, etc. Los niños creen que estos objetos materiales están correlacionados con su estatus.
Se ha comprobado que el estatus social está estrechamente relacionado con la autoestima. La autoestima de un adolescente es muy frágil durante los primeros años y se ve muy afectada por la opinión de los compañeros. Si un niño se siente cómodo con lo que es y tiene confianza en sí mismo, es menos probable que sienta envidia de los objetos materiales de los demás, porque no se autoidentifica con los materiales. Los objetos materiales no son las únicas cosas por las que los adolescentes sienten envidia; sin embargo, es la más frecuente.
A medida que crecen, los niños desarrollan envidias no materialistas más fuertes, como las relaciones románticas, el aspecto físico, los logros y la popularidad. A veces, los sentimientos de envidia se interiorizan en los niños, lo que repercute negativamente en su autoestima. La envidia surge de la comparación; estas comparaciones pueden servir para recordarles que no han cumplido las normas sociales y que no encajan con sus iguales. Puede surgir un sentimiento de inadecuación que se convierta en destructivo para la felicidad del niño y cause más daños internos.
La identidad de un niño se forma durante sus primeros años. El desarrollo de la identidad se considera la tarea central durante la adolescencia. Cuando los niños crecen comprendiendo quiénes son, son capaces de definir mejor cuáles son sus puntos fuertes y débiles al compararse con los demás. La comparación puede tener dos resultados: puede ser saludable para ayudar a la superación personal o puede ser malsana y dar lugar a la envidia/celos, que puede derivar en depresión. Por eso la autoexploración y el desarrollo de la identidad son fundamentales en la adolescencia.
Es importante identificar la envidia sana y malsana en un niño a una edad temprana. Si un niño muestra signos de envidia malsana, lo mejor es enseñarle formas productivas de manejar estas emociones. Es mucho más fácil enseñar a un niño a controlar sus emociones mientras es pequeño que dejar que desarrolle un hábito difícil de romper cuando sea mayor.
No obstante, como regla general se ha comprobado que los jóvenes son especialmente susceptibles a la envidia, pero que sus niveles disminuyen con la edad, probablemente debido a la madurez psicológica que se va alcanzando.
La envidia en el psicoanálisis En el psicoanálisis, la envidia se considera una emoción compleja que revela conflictos inconscientes relacionados con la frustración y la rivalidad, no un impulso ni un derivado de una pulsión. Freud la vinculó con la agresividad y el deseo de despojar al otro de lo que se percibe como una posesión valiosa, ya sea afectiva o material.
Sin embargo, para el psicoanálisis lo que se envidia no es el objeto bueno, sino aquel omnipotente e idealizado, al que se le atribuyen cualidades que el niño percibe como inalcanzables. Asociada a la frustración temprana de los deseos infantiles y al desarrollo del superyó, la envidia puede influir en la formación de la culpa y la hostilidad interiorizada.
En el ámbito del psicoanálisis la envidia es definida como un sentimiento experimentado por aquel que desea intensamente algo poseído por otro. La envidia daña la capacidad de gozar y de apreciar lo que posee uno mismo. Es el factor más importante del socavamiento de los sentimientos de amor, ternura o gratitud. La envidia es un sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseado por el individuo envidioso, quien tiene el impulso de quitárselo o dañarlo. A diferencia de los celos, que comprenden un vínculo de por lo menos tres personas, la envidia se da de a dos. La persona envidiosa es insaciable porque su envidia proviene de su interior y por eso nunca puede quedar satisfecha, ya que siempre encontrará otro en quien centrarse.
La envidia en la psicología Según refieren los investigadores en psicología evolucionista David M. Buss y Sara E. Gil, la Envidia tiene un fundamento evolucionista ya que posibilita comprender el lugar en donde la persona se encuentra para contrarrestarlo.
De este modo, la envidia, según la psicología evolucionista, sería una emoción que nos motiva a mejorar, y de ahí su lógica en el mejoramiento de la evolución. Así se entiende que la comparación social juega un papel fundamental en la manera en que nos percibimos a nosotros mismos.
Primera definición - Tristeza o pesar del bien ajeno. De acuerdo a la primera definición, la envidia es sentir tristeza o pesar por el bien ajeno. De acuerdo a esta definición lo que no le agrada al envidioso no es tanto algún objeto en particular que un tercero pueda tener sino la felicidad en ese otro. Entendida de esta manera, es posible concluir que la envidia es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor.
Segunda definición - Emulación, deseo de algo que no se posee.