La guerra aquea fue un conflicto militar que enfrentó a la República romana, apoyada por el Reino de Pérgamo y algunas ciudades cretenses, con las Ligas Aquea, Eubea y Tebana en el año 146 a. C., y que completó el dominio romano sobre Grecia. En su origen el conflicto se inició por los intentos de imponer a Esparta la permanencia en la federación, que llevaron a la guerra en 148 a. C. y a la intervención romana, que terminó por derrotar a los aqueos en la primavera de 146 a. C..

Antecedentes de la guerra thumb|La Liga Aquea en 150 a. C.|upright=2 En 151-150 a. C. resurgió en Grecia el largo conflicto fronterizo entre Argos y Esparta, ambas miembros de la Liga Aquea, lo que suscitó embajadas a Roma y el envío de una comisión senatorial a Grecia, encabezada por un representante llamado Galo. La disputa fronteriza fue rutinariamente resuelta encargando una sentencia de arbitraje al estratego aqueo, en ese momento Calícrates, el caudillo conservador prorromano. Pero esa embajada tenía un propósito ocultoPausanias, VII, Acaya 11. 3. ... también vinieron a Galo los etolios que vivían en Pleuron, quienes deseaban separarse de la confederación aquea. Galo les permitió enviar su propia embajada a Roma, y los romanos les permitieron segregarse de la Liga aquea. El senado había comisionado a Galo para separar de la confederación aquea tantos estados como pudiera.

Mientras la crisis de Oropo provocó un aumento de la rivalidad política en la Liga Aquea. En el verano de 150 un escándalo provocado por un miembro de la guarnición ateniense dio pie a la protesta de los de Oropo, y a exigir la retirada de la guarnición y la devolución de rehenes, tal y como se había pactado en un acuerdo anterior de 159. Atenas se negó en redondo, y los oropienses pidieron ayuda diplomática a la Liga. Pero la asamblea aquea rehusó comprometerse. Era por entonces estratego el espartano Menálcidas, probablemente un político pro romano del partido de Calícrates. Los de Oropo le ofrecieron diez talentos si conseguía cambiar la decisión de los aqueos, y Menálcidas ofreció a Calícrates la mitad del soborno si utilizaba su influencia política para ayudarle.Pausanias, Acaya, 11.7. Calícrates aceptó, y un decreto de Menálcidas para intervenir militarmente contra Atenas, apoyado por Calícrates, fue aprobado finalmente por la asamblea. Pero esa acción no fue al final efectiva.Pausanias, VII, Acaya 11. 8. Noticias de esto llegaron a los atenienses, quienes con toda la rapidez que pudieron fueron a Oropo, robaron de nuevo todo lo que habían dejado en saqueos anteriores y trajeron consigo la guarnición. Como los aqueos llegaron demasiado tarde para dar ayuda, Menálcidas y Calícrates les urgieron a invadir Ática. Pero se encontraron con oposición, especialmente de los espartanos, y el ejército se retiró.

Tras el fracaso Menálcidas pensó que sería estúpido repartir el soborno, que ya había recibido, y trató de convencer a Calícrates de que no se le había pagado. Calícrates obviamente no le creyó, y rompió violentamente con él, amenazándole con represalias. Este sería el germen de los acontecimientos que en los siguientes años sacudirían a la Liga.Pausanias, Acaya, 7,12,1

Entretanto en 150-149 a. C. la situación diplomática romana en el Mediterráneo occidental se agravaba. Roma se encontró sucesivamente en guerra en Hispania, la sublevación de la Lusitania, en África, la tercera guerra púnica, y en Macedonia, debido a la sublevación de Andrisco.

La crisis (149-148 a. C.) En la primavera de 149 fue elegido como estratego de la Liga Aquea Dieo de Megalópolis. El final del mandato de Menálcidas, el estratego anterior, dio la oportunidad a Calícrates de tomarse cumplida venganza del escamoteo de su parte del soborno de los oropienses. Aprovechando la pérdida de sus prerrogativas como estratego, Calícrates le acusó de uno de los delitos más odiosos para la opinión pública de la Liga.Pausanias Acaya 12. 2. Dijo que Menálcidas, cuando estuvo en una embajada a Roma, había trabajado contra los aqueos y había hecho todo lo que pudo para separar Esparta de la Liga aquea.

Desde los tiempos de Filopemén, e incluso antes, la cuestión espartana provocaba invariablemente una gran exaltación cuando era planteada en la asamblea aquea, sobre todo en los representantes de ciudades históricamente enfrentadas con Esparta, como Megalópolis y Argos. Precisamente en ese momento se había reactivado por enésima vez la cuestión de las fronteras de Lacedemonia, en este caso sus límites con Megalópolis. Los espartanos exigían la reintegración de algunas aldeas históricamente lacedemonias, pero que habían sido ocupadas por los megapolitanos en 187 a. C.. Por lo tanto, hubiera o no actuado contra los intereses aqueos, Menálcidas se enfrentaba a un juicio ante una asamblea aquea mayoritariamente hostil. Invocó entonces la ayuda de Dieo, el estratego, ofreciéndole el pago de tres talentos, provenientes del soborno de los de Oropo, si conseguía librarlo de ese trance. Dieo aceptó, y utilizó sus prerrogativas como estratego para bloquear la denuncia de Calícrates y forzar la absolución de Menálcidas. Pero al hacerlo se enfrentó a la desaprobación de la opinión pública, mayoritariamente contraria a los lacedemonios, que veía en Menálcidas, espartano, la imagen de lo que entendían como una política que buscaba la secesión y ruptura de la federación. Dieo se encontró por tanto en la necesidad de recuperar la adhesión de los aqueos. La ocasión le llegó con la vuelta de los embajadores enviados a Roma para plantear la cuestión de las fronteras entre Megalópolis y Esparta. El senado romano, hastiado de un conflicto que se renovaba de forma continua a pesar de todos los decretos emitidos y los legados enviados, zanjó el problema remitiendo a la asamblea aquea la resolución del conflicto.Pausanias, Acaya 12,4. ...el senado replicó a la apelación decretando que todos los juicios, excepto los capitales, deberían verse bajo la jurisdicción de la Liga aquea.

Ante la asamblea, Dieo le dio la vuelta al decreto del senado, quizás aprovechando un doble sentido de la traducción, o jugando con la imprecisión de los edictos senatoriales, y anunció públicamente que los romanos habían dado a los aqueos la jurisdicción en “todos los juicios, incluidos los capitalesPausanias, Acaya, 12,4. Pausanias carga aquí toda la culpa sobre Dieo, que engañó deliberadamente a la Asamblea. Pero es difícil pensar que un documento oficial romano pudiera ser manipulado. Quizás estemos ante una traducción (del latín al Griego) reinterpretada por motivos políticos. Esto permitiría a la Liga imponer a los espartanos su decisión sobre las fronteras –Dieo mismo era megapolitano–, y encausar de nuevo a Menálcidas. De esa forma el estratego se reconciliaba con la opinión pública y con el mismo Calícrates, el líder político más influyente de la Liga.

Pero los espartanos, que no aceptaron el sentido que Dieo daba a la sentencia del senado, exigieron el envío de nuevos embajadores a Roma para aclarar el equívoco. Dieo replicó vetando la aprobación de esa embajada: ninguna ciudad podía enviar por sí sola una misión diplomática, puesto que esa era una prerrogativa de la asamblea federal. Los lacedemonios se negaron entonces a acatar esa norma, y Dieo, como había hecho décadas atrás Filopemén en una situación semejante,Livio, Historia de Roma, 38,30-34; donde se observa la animosidad aquea, y sobre todo megapolitana, contra Esparta. declaró el estado de guerra con Esparta, con la aclamación entusiasta de la asamblea.

Los espartanos, por su parte, reconociéndose incapaces de rivalizar en fuerza militar con el resto de la Liga y viéndose rechazados por las principales ciudades aqueas, que expresaron su lealtad al estratego, trataron de llegar a un acuerdo con el propio Dieo. Éste respondió con un gesto que recuerda poderosamente las acciones de Filopemén de MegalópolisPausanias, Acaya 12,67. ... declaró que él marcharía a hacer la guerra no contra Esparta sino contra aquellos que la estaban afligiendo. Cuando el consejo espartano le preguntó cuántos consideraba que eran culpables, él les respondió con los nombres de veinticuatro ciudadanos de alto rango en Esparta. Para comparar con la actuación de Filopemén: Livio, Historia de Roma 38,33,1-2.

Los espartanos, ante la gravedad de la situación, arbitraron una acción desesperada para evitar la guerra. Convencieron a los veinticuatro ciudadanos acusados –entre los que se encontraba Menálcidas– de que se exiliaran voluntariamente, y una vez se hubieron marchado los juzgaron in absentia y los condenaron a muerte. Así pudieron presentar a Dieo sus exigencias como cumplidas, y sortear la amenaza de guerra. Pero en secreto instruyeron a los deportados para que se dirigieran a Roma y apelaran de forma personal al senado, convencidos de que los senadores decretarían su regreso. A su vez los aqueos votaron el envío de una embajada oficial, encabezada por sus principales líderes políticos, Calícrates y Dieo, para oponerse a los espartanos e inclinar al senado hacia sus intereses.

Mientras las embajadas de la Liga Aquea y Esparta se dirigían a Roma, probablemente en los primeros meses de 148, la política internacional continuaba agitada. Contra los cartagineses los romanos se mostraron incapaces de imponer su gran superioridad, y Cartago resistió tras sus poderosas murallas el asedio de las tropas enviadas por el senado, y alcanzó incluso algunos éxitos parciales. Por añadidura, su dominio en Grecia no era todavía seguro, debido a la revuelta todavía viva de Andrisco, el falso Filipo. Las audiencias de las embajadas en el Senado no condujo a nada y el senado, cansado de los griegos, despidió a los legados agriamente sin dar ninguna respuesta, excepto la exigencia a las dos partes de detener las hostilidades y esperar la llegada al Peloponeso de una comisión senatorial, que resolvería los conflictos definitivamente. Sin embargo la vuelta de las embajadas exacerbó aún más el enfrentamiento. Tanto Dieo ante la Liga como Menálcidas ante los espartanos intentaron aprovechar el mutismo del senado sobre su decisión finalPausanias, Acaya 12,9. Dieo engañó a los aqueos haciéndoles creer que el senado romano había decretado la completa sumisión a ellos de los lacedemonios; Menálcidas engañó a los lacedemonios haciéndole creer que los romanos les habían liberado por entero de la Liga Aquea.

Inmediatamente la guerra con Esparta se reinició. Había sido elegido estratego de los aqueos Damócrito, otro líder anti espartano, que ordenó la movilización del ejército federal. Los requerimientos de las autoridades militares romanas en Macedonia, ocupadas en la guerra con Andrisco, de detener la ofensiva fueron desoídos. Los lacedemonios trataron de presentar resistencia, pero sus tropas fueron aplastadas en las cercanías de Esparta, y los supervivientes no pudieron hacer otra cosa que refugiarse apresuradamente en la ciudad. En ese momento, cuando el ejército aqueo tenía todo a favor para conquistarla, Damócrito dio órdenes de retirarse a las fronteras, e iniciar desde allí una guerra de posiciones.Pausanias Acaya 13,4 No sabemos las causas de esa extraña decisión, que fue muy contestada entre los aqueos. Quizás un soborno espartano, quizás el miedo a la reacción romana. La asamblea aquea, hábilmente manipulada por Dieo, acusó y condenó a Damócrito por traición, y le impuso a una multa de cincuenta talentos. Incapaz de hacer frente a la enorme suma Damócrito abandonó su cargo y se exilió voluntariamente.