La primera guerra del Peloponeso (circa -) fue un enfrentamiento entre Esparta (en calidad de dirigente de la Liga del Peloponeso) y otros aliados espartanos (entre los que destacaba Tebas) y la Liga de Delos (encabezada por Atenas) que gozó del apoyo de Argos. La guerra consistió en una serie de conflictos y contiendas menores, tales como la segunda guerra sagrada. Existen varias causas que la desencadenaron, entre las que se incluyen la reconstrucción de los muros largos atenienses, el cambio de bando de Mégara y la suspicacia espartana ante el crecimiento del imperio ateniense.

A comienzos de la guerra, que se inició en , los atenienses tenían ventaja tanto en tierra como en el mar, donde obtuvieron victorias gracias a la superioridad de su flota. Esta situación se mantuvo hasta que, en , los espartanos y sus aliados vencieron al ejército ateniense en Tanagra. No obstante, los atenienses lanzaron un contraataque y obtuvieron una victoria aplastante sobre los beocios en la batalla de Enofita, que les permitió adueñarse de la totalidad de Beocia a excepción de Tebas.

Atenas siguió consolidando su posición gracias a la sumisión de Egina a la Liga de Delos y el asolamiento del Peloponeso. El ejército persa infligió a los atenienses una derrota en Egipto en que los llevó a firmar una tregua de cinco años con Esparta. Sin embargo, la guerra volvió a desatarse en con el comienzo de la segunda guerra sagrada. En , se produjo una rebelión en Beocia y, luego de derrotar a los atenienses en Coronea, la región recuperó la independencia.

La primera guerra del Peloponeso acabó con un acuerdo entre Esparta y Atenas que fue ratificado en la Paz de los Treinta Años (firmada durante el invierno de 446-). Según lo establecido en el tratado, ambos bandos conservaron los territorios principales de sus imperios. Atenas continuó teniendo el control del mar, mientras que Esparta dominaba en tierra firme. Mégara volvió a la Liga del Peloponeso y Egina se convirtió en un estado tributario de la Liga de Delos con autonomía política. La guerra entre ambas ligas se reanudó en y no concluyó hasta que Esparta ocupó Atenas en

Origen y causas Tan solo veinte años antes de que comenzara la primera guerra del Peloponeso, Atenas y Esparta habían luchado codo a codo durante las guerras médicas. En aquella ocasión, Esparta había ostentado la hegemonía de lo que los académicos actuales denominan como Liga Helénica, y logrado las victorias cruciales de y Sin embargo, con el paso de los años, el liderazgo espartano engendró un cierto rencor entre las potencias navales griegas que asumieron el mando durante la campaña que llevó la guerra a los territorios persas en Asia y el Egeo; además, a partir de los espartanos abandonaron la dirección de la guerra.Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, 1.95 (en inglés) Los espartanos y sus coligados empezaron a temer el crecimiento de Atenas cuando esta emprendió la reconstrucción de sus murallas y el reforzamiento de su flota. Las diferencias políticas hacían cada vez más difícil evitar el enfrentamiento entre las dos ciudades: Atenas aspiraba a ampliar sus territorios, mientras que Esparta deseaba acabar con la democracia ateniense. thumb|Mapa que muestra los territorios de Atenas y los de la Liga de Delos, que presidía.|izquierda|upright=2 Mientras tanto, Atenas había estado afirmándose en el panorama internacional, y codiciaba dominar el Egeo. Los atenienses ya habían reconstruido sus murallas (pese a los deseos manifiestos de Esparta)Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, 1.89–93 (en inglés) y en 479 y habían asumido un papel mucho más activo en las campañas en el mar Egeo. En el invierno de 479-, en una conferencia que reunió a estados jonios y egeos en Delos, Atenas asumió la dirección de una nueva liga, la de Delos. La reconstrucción de las murallas atenienses, llevada a cabo en secreto, se debió a la insistencia de Temístocles, que convenció a sus conciudadanos de que era la mejor manera de proteger la ciudad. Temístocles también pospuso las propuestas espartanas sobre el control de armamento; creía que si se aceptaban, Atenas quedaría en inferioridad frente a Esparta, que gozaba del poderío militar que le conferían sus hoplitas y su particular formación de combate, la falange. Tras concluir las obras de las murallas, Temístocles declaró que Atenas dejaba de reconocer la primacía espartana, desarrollaría un programa político propio y se defendería por sí misma. Por entonces apareció una de las primeras señales de animosidad entre Atenas y Esparta, la cual es relatada a manera de anécdota por Diodoro Sículo, quien señala que en 475- los espartanos ponderaron recuperar la hegemonía de la campaña contra Persia por la fuerza;Diodoro Sículo, Biblioteca histórica, 11.50 (en inglés) aunque los académicos modernos no están seguros en cuanto a la fecha y credibilidad del relato, generalmente lo han citado como prueba de que (ya por aquella época) existía en Esparta un grupo de «partidarios de la guerra».

250px|right|thumb|Los Muros Largos de Atenas, que conectaban la ciudad con El Pireo.

Pese a todo ello, durante algún tiempo continuaron las relaciones amistosas entre ambas ciudades. Temístocles, el ciudadano ateniense de este período a quien más se asocia con la política hostil a Esparta, fue desterrado a principios de los años y luego debió huir a Persia. Su sustituto, Cimón, abogó por una política de cooperación entre los dos Estados. Cimón era el proxenos de Esparta en Atenas, y era tal el cariño que sentía por aquella ciudad que llamó a uno de sus hijos Lacedemonio. Sin embargo surgieron algunos puntos de conflicto; Tucídides indica que, a mediados de los años , Esparta decidió invadir el Ática durante la rebelión de Tasos y que lo único que evitó la invasión fue un terremoto que desencadenó una revuelta por parte de los hilotas.Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, 1.101 (en inglés) Quizá fuese en realidad esta revuelta lo que impidió que los espartanos acometiesen Atenas antes de que esta terminase las obras de amurallado, aunque incluso con las nuevas murallas la superioridad de los hoplitas espartanos y de sus tácticas de combate les hubiesen permitido expugnar la ciudad rival sin dificultad.

Dicha revuelta hilota fue lo que finalmente originó la crisis causante de la guerra. Incapaces de sofocar la revuelta por sí mismos, los espartanos solicitaron la colaboración de sus aliados, invocando para ello los antiguos lazos forjados por la Liga Helénica. Atenas respondió al llamado enviando a cuatro mil hombres con Cimón de Atenas a la cabeza. Los espartanos despidieron a los atenienses (cosa que no hicieron con el resto de sus aliados),Tucídides, La guerra del Peloponeso, 1.102. luego de levantarse sospechas tras el fracaso del asalto sobre las fortificaciones hilotas. Este acto de Esparta acabó con la credibilidad política de Cimón, que ya había sido vituperado por sus adversarios atenienses, acaudillados por Efialtes; al poco tiempo de la afrenta fue desterrado. Las hostilidad de Esparta era patente y, cuando Atenas respondió, los acontecimientos se precipitaron velozmente hacia la guerra. Atenas estableció con celeridad una serie de alianzas: con Tesalia, un poderoso Estado del norte; con Argos, el enemigo secular de Esparta; y con Mégara, un antiguo aliado de Esparta que se encontraba en aprietos debido a una guerra que libraba con Corinto, otro aliado de los espartanos mucho más poderoso. Por esta misma época, los atenienses asentaron en Naupacto, en el golfo de Corinto, a los hilotas exiliados después de la revuelta. Para , Atenas se hallaba en guerra abierta contra Corinto y varios otros Estados peloponesios y era palmaria la inminencia de una contienda mayor.

Primeras batallas Al mismo tiempo que principiaba esta guerra, los atenienses intervinieron militarmente en otro sector del Egeo. Atenas había enviado un contingente a colaborar con Inaro, un rey libio que aglutinó casi todo Egipto en la revuelta contra el rey persa Artajerjes. Tanto Atenas como sus ciudades aliadas enviaron una flota compuesta por doscientos barcos para ayudar a Inaro (una cuantiosa inversión de recursos).Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, 1.104 (en inglés) Debido a ello, los atenienses entraron en guerra contra Esparta con sus fuerzas diseminadas por varios teatros bélicos. El perjuicio que esta intervención en África causó a Atenas quedó reflejado en una inscripción del 460/ en el que aparecen los fallecidos de la tribu erectea. Su particularidad reside en que lo habitual era enumerar a los caídos de las diez tribus atenienses en una sola estela funeraria o en varias con un solo encabezado. Se cree que el que aparezca una tribu separada se debió al gran número de bajas que sufrió esta en la expedición egipcia;Meiggs, R.and D.M. Lewis. A Selection of Greek Historical Inscriptions to the end of the Fifth Century B.C. Oxford 1969. la inscripción contiene ciento ochenta y cinco nombres. Antes de la lista aparece una inscripción que reza: «De la tribu erectea, estos perecieron en la guerra, en Chipre, en Egipto, en Fenicia, en Halias, en Egina, en Mégara, en el mismo año».Robin Osborne and P. J. Rhodes. Greek Historical Inscriptions 478-404 BC Oxford 2017 Esto coincide fundamentalmente con el relato de Tucídides,Tucídides 1.104-5 que menciona los tres últimos lugares en mismo orden. Este no incluye, sin embargo, a Fenicia, región que sin la estela no se asociaría a los combates que se dispuaron en la época.

En 460 o , Atenas libró una serie de batallas de relieve contra distintos estados peloponesios. En tierra, los atenienses fueron vencidos por los ejércitos de Corinto y Epidauro en Halias,Ciudad costera situada en el extremo sur de Argólida. pero en el mar obtuvieron la victoria en Cecrifalia.Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, 1.105 (en inglés) Egina, alarmada por la agresividad ateniense en el golfo Sarónico, entró en la guerra contra estos sumando su poderosa flota a la de los aliados peloponesios. En el combate marítimo que siguió, Atenas logró una victoria aplastante y arrebató setenta navíos a eginetas y peloponesios; a continuación, los atenienses desembarcaron y pusieron la ciudad bajo asedio.

Mientras gran parte de los destacamentos atenienses se hallaban ocupados en Egipto y Egina, los corintios invadieron Mégara con la intención de que Atenas abandonase el cerco de Egina para hacer frente a la nueva amenaza.Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, 1.105–6 (en inglés) Sin embargo, los atenienses reunieron un ejército de hombres demasiado viejos y muchachos demasiado jóvenes para servir en el ejército y las enviaron al mando de Mirónides para socorrer a Mégara. El resultado de la batalla entre este contingente y los corintios fue incierto, pero al finalizar el día los atenienses eran dueños del campo de batalla, por lo que erigieron un trofeo para señalar la victoria. Aproximadamente doce días después, los corintios trataron de volver al lugar para levantar su propio monumento triunfal, pero los atenienses se arrojaron sobre ellos desde Mégara y los vencieron. Durante la retirada que siguió a la batalla, gran número de soldados corintios, acosados y extraviados, se toparon con un terreno cercado por una zanja, donde quedaron atrapados y perecieron apedreados por la infantería ligera ateniense.Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, 1.106–2, 3 (en inglés)

Victorias atenienses Tanagra 250px|right|thumb|Los hoplitas griegos conformaban la mayor parte del ejército de un estado