thumb|Ilustración del Kama-sutra La literatura erótica es un género literario en el cual los textos, reales o ficticios, se relacionan, directa o indirectamente, con el erotismo y el sexo, con el ánimo de excitar sexualmente a las y los lectores, incorporando temas como el amor, el deseo, la sensualidad, la pasión, el placer y la intimidad. Dentro de este género pueden encontrarse habitualmente novelas de ficción de contenido erótico, historias cortas o cuentos, cómics, poesía, obras de teatro, memorias y manuales de sexo.

Evolucionando a través de las épocas y las culturas, la literatura erótica siempre ha oscilado entre la tolerancia y la censura, entre la libertad y la represión, reflejando las normas sociales y los tabúes de su época. Aunque siempre ha existido desaprobación cultural hacia la literatura erótica, su circulación no se consideraba un problema grave antes de la invención de la imprenta, ya que los costes de producción de manuscritos individuales limitaban su distribución a un grupo muy reducido de lectores adinerados y cultos. Con la invención de la imprenta, este género fue, inicialmente en Occidente, celebrado, pero también frecuentemente condenado, marginado e incluso prohibido, hasta el punto de permanecer clandestino durante mucho tiempo. La invención de la imprenta, en el , trajo consigo un mercado más amplio y, a la vez, mayores restricciones, incluyendo la censura y las limitaciones legales a la publicación por motivos de obscenidad. Debido a esto, gran parte de la producción de este tipo de material se volvió clandestina.

Las diferencias entre la literatura erótica, la llamada «erótica» y la literatura pornográfica son fluidas, difusas y están sujetas a numerosas controversias políticas y sociales, que involucran la libertad de expresión y la relación con los libros, la escritura y el público, planteando cuestiones relacionadas con la obscenidad, moralidad y decencia. En general, en la literatura erótica, el contenido sexual es una herramienta que se utiliza para explorar temas más profundos, como la psicología humana, las dinámicas de poder social o el desarrollo emocional, y por tanto estas obras se suelen enfocar en el desarrollo de personajes y la temática, siendo el sexo una consecuencia de la historia, mas no la única razón de su existencia. Asimismo, a diferencia de los otros géneros, la literatura erótica suele emplear dispositivos literarios como las metáforas, el subtexto y una prosa sofisticada. En comparación, tanto en la erótica como en la literatura pornográfica, el propósito principal es la excitación sexual, si bien con diferencias en estilo y lenguaje: en la erótica se mantiene una sólida estructura narrativa y una fuerte carga emocional, siendo el enfoque central la preparación emocional y mental hacia un encuentro sexual, que es esencial para el desarrollo de la historia, pero con personajes bien definidos con objetivos, obstáculos y un arco narrativo, mientras que la literatura pornográfica tiene como objetivo es la excitación sexual inmediata y por tanto se centra en descripciones explícitas y mecánicas de actos sexuales, por medio de un lenguaje sencillo, coloquial y muy gráfico, y una estructura a menudo episódica, donse se pasa de un encuentro sexual a otro con escaso desarrollo de los personajes. El erotismo usa con frecuencia metáforas para hacer referencia a la relación sexual sin la necesidad de ser explícito. En el caso de la literatura pornográfica el mensaje es más directo, llegando a mencionar posiciones y partes del cuerpo. Con todo, las barreras entre estos géneros son sutiles, y por tanto lo que un lector considera una obra maestra literaria, otro podría considerarlo pornografía, dependiendo de su propio nivel de tolerancia.

Historia

El erotismo y el sexo han estado asociados a la sociedad y la cultura del hombre desde los inicios de los tiempos, y el caso de la literatura no es una excepción, si bien a menudo se ha visto sometida a la censura por considerarse un tema reprobable o pecaminoso. Asimismo, también es frecuente la alusión al sexo o pasajes eróticos englobados dentro de obras mayores, no como tema principal de la obra, sino como capítulos aislados que contribuyen al devenir de la narración o al desarrollo de personajes. Así, por ejemplo, es posible encontrar fragmentos claramente eróticos en obras como el Quijote de Cervantes o el Ulises de James Joyce, sin que por ello se considere a estas obras dentro del género.

Erotismo literario en la antigüedad El poema de amor más antiguo que se ha encontrado es el Estambul 2461, que data de alrededor del año 2000 a. C., un monólogo erótico escrito por una mujer y dirigido al rey Shu-Sin.

En la antigua Sumeria, existía un ciclo completo de poemas que giraba en torno al amor erótico entre la diosa Inanna y su consorte Dumuzid, el pastor.

Ya en el Antiguo Egipto, se redactaron tratados acerca del sexo, en ocasiones meras recopilaciones de posturas sexuales, como por ejemplo en el papiro de Turín, donde se detallan las variantes del acto amatorio. Aunque poco se conserva de la época, sí se han salvado algunos fragmentos, como por ejemplo en el papiro de Leide, donde se propone la «confección de una imagen del amor».

En la Biblia hebrea, el Cantar de los Cantares, que se encuentra en la última sección del Tanaj, celebra el amor sexual, presentando «las voces de dos amantes que se alaban mutuamente, se anhelan y se invitan a disfrutar del amor».

La literatura antigua relativa al erotismo se caracteriza principalmente por la unión entre lo divino y lo terrenal. Son frecuentes las alusiones a los dioses y los cultos a la fecundidad y al falo. Las obras se encuadran habitualmente en manuales de posturas sexuales, poesía y obras de teatro. Aparte de tratar la heterosexualidad, son frecuentes también las referencias al sexo oral y al lesbianismo. Las hetairas, mujeres que elevan la práctica del amor a la categoría de arte, fueron autoras propias de tratados sobre dichas prácticas, pudiéndose enunciar los tratados de Artyanassa, vieja servidora de Helena, de Filenis de Samos y los de Elefantis. No en pocas ocasiones, el erotismo literario va asociado a la comedia o se asocia con la sátira y la crítica social.

Los primeros escritos de literatura erótica se remontan a la Antigua Grecia, en torno al año , cuando el dramaturgo Aristófanes escribió la obra de teatro Lisístrata. De alrededor del año datan los obscenos poemas satíricos de Sótades, que llegaron a acarrearle la prisión por las críticas hacia la unión de Ptolomeo II con su hermana Arsinoe. Durante un tiempo se identificó incluso como literatura sotádica a la propia literatura erótica. Hacia el se atribuye a Luciano la escritura del libro pornográfico más antiguo, Los diálogos de las cortesanas. Es Luciano, precisamente, quien emplea por primera vez el término del lesbianismo para definir la homosexualidad femenina. Numerosos poemas eróticos han llegado hasta nuestros días desde la antigua Grecia y Roma. Los poetas griegos Estratón de Sardes y Safo de Lesbos escribieron poemas líricos de temática erótica.Derek Parker 404, ed. (1980) An Anthology of Erotic Verse. London: Constable El poeta Arquíloco compuso numerosos poemas satíricos repletos de imágenes obscenas y eróticas. La poesía erótica continuó cultivándose en la época helenística y romana con autores como Automedonte de Cícico (en sus obras El Profesional y Demetrio el Afortunado), Filodemo (en su obra Charito) o Marco Argentario.

La Antigua Roma también es rica en este género literario, cultivado entre el y principios del . A esta época pertenecen los Priapeos o Priapeya, una serie de poemas acerca del dios Príapo. Aparte de los acercamientos al género de autores como Marcial, Juvenal, Plauto, Catulo y Horacio, cabe destacar El arte de amar, de Ovidio, El Satiricón, de Petronio y El asno de oro, de Apuleyo, como obras más relevantes de la época. Otros poetas eróticos romanos fueron Propercio y Tibulo. Algunos autores latinos posteriores, como Johannes Secundus, también escribieron versos eróticos.

En la Antigua China, durante el período Han (alrededor del año 200a.C.) circularon diversos manuales didácticas sobre la práctica sexual, siguiendo la fórmula literaria del diálogo entre un Emperador y sus preceptos o profesores sexuales.

En el , apareció en la India el Kámasutra, el más famoso y universal de los manuales de sexualidad. Escrito por Mal-la Naga Vatsiaiana como un texto religioso dirigido al pueblo, la obra es un compendio de técnicas y consejos en las artes amatorias, que van desde el erotismo y la sensualidad más sutiles hasta una descripción detallada y gráfica de posturas sexuales para el acto de la cópula.

thumb|El sultán perdonando la vida a Scheherezade, Las mil y una noches

La Edad Media y el Renacimiento Procedente del Oriente medio musulmán es la obra medieval Las mil y una noches, del , en la cual se trata el tema de la infidelidad. El Haft Peykar (), también conocido como Bahramnameh (), es una epopeya romántica del poeta persa Nezamí Ganyaví, escrita en 1197. Este poema forma parte del Jamsa de Nezamí. El título original, Haft Peykar, puede traducirse literalmente como «siete retratos», con el sentido figurado de «siete bellezas». El poema es una obra maestra de la literatura erótica, pero es también una obra profundamente moralista.

También de origen musulmán es El jardín perfumado, de Cheik Nefzaoui, un manual del al estilo del Kama sutra. Un segundo manual surgió en la India aproximadamente hacia el o , el Ananga Ranga, de Kalyana Malla, con una serie de consejos para evitar la monotonía en el matrimonio e impedir la separación entre hombre y mujer.

En Europa, la Edad Media fue una época difícil para el erotismo y la sexualidad en general, y la literatura se vio también influenciada por ese hecho. En el surge el ideal del amor cortés, basado en un amor servicial y desinteresado que idealiza a la mujer amada. Algunas obras englobadas dentro de este estilo son Lancelot de Chrétien de Troyes, Tristán e Isolda de Gottfried von Strassburg, el Roman de la Rose de Guillaume de Lorris y Jean de Meun y Vita nuova y la Divina Comedia de Dante Alighieri.

La literatura erótica cobró cierta importancia en Italia con la llegada del Renacimiento. Giovanni Boccaccio fue el autor del Decamerón (1353), obra que narraba las hazañas de los monjes seduciendo monjas en los conventos. El libro fue prohibido en muchos países. Aún cinco siglos después, diversas copias del texto fueron destruidas en países como Estados Unidos o Inglaterra; entre los años 1954 y 1958, magistrados ingleses dieron ocho órdenes de destrucción del libro.Hyde, H. Mongomery (1964). A History of Pornography: 71-2. Otra obra italiana importante del fue Facetiae o Facecias de Gian Francesco Poggio Bracciolini, una colección de historias breves donde los argumentos en torno a la lujuria son grandes protagonistas. Girolamo Morloni retrató las costumbres sexuales de Nápoles en Novellae (1520) y Pietro Armino cautivó a los lectores con comedias y sonetos lujuriosos y la obra Razonamiento, en la que da habida cuenta de las perversiones de la época. Todavía en Italia, destacan también la figura de Antonio Beccadelli, cuya obra de mayor fama, Hermaphroditus (1425) evocaba al erotismo de la obra de Catulo y Marcial, así como de los priapeos. Esta obra no escapó tampoco a la censura cristiana debido a su obscenidad. Otros ejemplos de la época dentro del mismo género son los poemas eróticos de Eustache Deschamps, el libro De amore de Andreas Capellanus y los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer.