400px|thumb|La creación de Adán, de Miguel Ángel (1511). La imagen de Dios (en hebreo: , romanizado: Tzelem Elohim; en latín: Imago Dei) es un concepto y una doctrina teológica en el judaísmo y el cristianismo que señala que los humanos son creados a imagen y semejanza de Dios, interpretándose de diferentes maneras, desde una alegoría hasta de forma literal.
En la tradición judía, eruditos como Filón de Alejandría y Saadia Gaon argumentaron que ser creado a imagen de Dios no significa que Dios posea rasgos similares a los humanos, sino que la declaración es un lenguaje figurado para Dios que otorga un honor especial a la humanidad, que no confirió al resto de la creación. Del mismo modo, Maimónides argumenta que es la conciencia y la capacidad de hablar la «imagen de Dios»; ambas facultades que diferencian a la humanidad de los animales y le permiten al hombre comprender conceptos e ideas que no son meramente instintivos.
En el pensamiento cristiano, la imagen de Dios que estaba presente en Adán en la creación se perdió parcialmente con la caída del hombre y que, a través del sacrificio expiatorio de Jesús en la cruz, los seres humanos pueden reunirse con Dios. Los escritores cristianos (como Tomás de Aquino) han señalado que a pesar de que la imagen de Dios se perdió parcialmente, cada persona tiene un valor fundamental independientemente de su clase, raza, género o discapacidad.
Escritos bíblicos y extrabíblicos Fuentes bíblicas Biblia Hebrea 250px|thumb|Elohim creando a Adán, de William Blake (1795). El término «imagen de Dios» (o «semejanza») se encuentra en tres pasajes de la Biblia Hebrea, en el Libro de Génesis 1–11. La primera referencia se ubica en la narración de la creación, en :
26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen (b'tsalmeinu), conforme a nuestra semejanza (kid'muteinu); y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
Las otras 2 referencias se ubican en y :
1 Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.
6 El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.
Nuevo Testamento thumb|250px|Transfiguración, de Carl Bloch (c. 1800). El término «imagen de Dios» aparece también en el Nuevo Testamento y reincide en su aplicación al ser humano (en , , y ).
7 Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios (...).
18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen (...).
9 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
Además, la frase «imagen de Dios» es utilizada como título para referirse a Jesús (Cristo) como Hijo de Dios de dos formas: exaltando a Cristo como la imagen (no creada) de Dios o aborda la renovación salvífica de la imagen en la iglesia. Los escritos paulinos son lo que hacen más hincapié en los atributos de Jesús refiriéndose a él como «imagen divina» (en griego: εἰκών, Eikon), en cuyo rostro resplandece la gloria de Dios, como en , , y :
29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo (...).
4 (...) la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.
15 Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.
3 el cual (el Hijo), siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (de Dios) (...).
Fuentes extrabíblicas Deuterocanónicos El concepto «imagen de Dios» aparecen excepcionalmente en tres ocasiones dentro los escritos deuterocanónicos, constituyendo una excepción en el periodo intertestamentario, en , y 2 Esdras 8:44.
23 En verdad, Dios creó al hombre para que no muriera, y lo hizo a imagen de su propio ser;
3 Le dio autoridad semejante a la suya, ¡lo hizo a su propia imagen!
44 así perece a hombre también, que se forma con tus manos y se llama tu imagen, porque eres como a él (...)
Pseudoepígrafos Los escritos pseudoepigráficos, escritos en o posterior a la época del Nuevo Testamento, se refieren a la creación del hombre por Dios en 2 Enoc 44:1-3, 65:2 y Testamento de Neftalí 2:5:
1 El Señor, con sus manos, creó al hombre, a semejanza de su propio rostro (...).
2 (...) (El Señor) creó al hombre a semejanza de su propia forma, y puso en él ojos para ver, oídos para oír, y corazón para reflexionar, e intelecto para deliberar.
5 no hay inclinación o pensamiento que el Señor no conozca, porque creó a cada hombre a su propia imagen.
En el cristianismo primitivo Clemente de Roma comentó en su primera epístola a los corintios, citando la historia de la creación del hombre en Génesis 1:
Sobre todo, como la obra más excelente y extraordinariamente grande de su inteligencia, con sus manos sagradas e impecables formó al hombre a la impresión de su propia imagen, porque así dice Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y según nuestra semejanza. Y Dios hizo al hombre; varón y hembra los hizo, y habiendo terminado todas estas cosas, los alabó y los bendijo, y dijo: Multiplicad y multiplicaos.
Interpretación histórica Imagen de Dios La influencia de las culturas externas sobre los escritores del Antiguo Testamento y sus ideas aún es un punto de debate. Las epopeyas mesopotámicas contienen elementos similares en sus propias historias, como el descanso de la deidad después de la creación. Muchas religiones mesopotámicas de la época contenían concepciones antropomórficas de sus deidades, y algunos estudiosos lo han visto en el uso de Génesis de la palabra «imagen». La intención del autor de Génesis 1 al describir al hombre como creado a la «imagen de Dios» no está clara; las sugerencias interpretativas incluyen:
Tener las cualidades espirituales de Dios tales como el intelecto, la voluntad, etc.; Tener la forma física de Dios; Una combinación de estos dos; Siendo la contraparte de Dios en la tierra y capaz de entrar en una relación con él; Ser representante de Dios o virrey en la tierra.
El cristianismo entró rápidamente en contacto con las tendencias e ideas filosóficas del Mediterráneo de habla griega (como se describe en Hechos de los Apóstoles). Los primeros cristianos (como Pablo de Tarso) argumentaron que las profecías del Antiguo Testamento habían preparado a los judíos para Cristo, otros argumentaron que los filósofos clásicos también allanaron el camino para la revelación cristiana de los gentiles. Este intento de cerrar la brecha entre el judaísmo y la filosofía clásica es evidente en los escritos de filósofos como Justino Mártir, Clemente de Alejandría y Agustín de Hipona, quienes argumentaron a favor de conservar los buenos aspectos de la filosofía junto con los orígenes judíos del cristianismo. La influencia de la filosofía grecorromana, particularmente neoplatónica, es evidente en la afirmación de Agustín de que la mente humana era la ubicación de la humanidad y, por lo tanto, la ubicación de la imagen de Dios.
Para Severiano de Gabala (425 d. C.) la imagen de Dios no se refiere a ninguna naturaleza humana (corporal u espiritual), sino a la relación con Dios. "De esto aprendemos que el hombre no es la imagen de Dios debido a que su alma proviene de él o su cuerpo proviene de él. Si ese fuera el caso, la mujer sería la imagen de Dios exactamente de la misma manera que el hombre, porque ella también tiene un alma y un cuerpo. De lo que estamos hablando aquí no es de la naturaleza, sino de una relación. Porque así como Dios no tiene a nadie sobre él en toda la creación, así el hombre no tiene a nadie sobre él en el mundo natural. tiene al hombre sobre ella".
La filosofía una vez más tuvo un efecto significativo en la teología cristiana occidental en la Europa medieval después del redescubrimiento y traducción de textos antiguos. La filosofía aristotélica y el énfasis en aplicar la racionalidad y la razón a la teología jugaron un papel en el desarrollo de la escolástica, un movimiento cuyos objetivos principales eran establecer una teología sistemática e ilustrar por qué el cristianismo era inherentemente lógico y racional. Tomás de Aquino utilizó presuposiciones aristotélicas para hacer argumentos racionales de la existencia de Dios, así como aspectos de la creación, la moral y la antropología cristiana, como la imagen de Dios en los seres humanos.
Los padres de la Reforma, como Martin Lutero, centraron sus reflexiones en el papel dominante que la humanidad tenía sobre toda la creación en el Jardín del Edén antes de la caída del hombre. El Imago Dei, según Lutero, era la existencia perfecta del hombre y la mujer en el jardín: todo conocimiento, sabiduría y justicia, y con dominio pacífico y autoritario sobre todas las cosas creadas a perpetuidad. Lutero rompe con la comprensión ampliamente aceptada de Agustín de Hipona de que la imagen de Dios en el hombre es interna; se muestra en la trinidad de la memoria, el intelecto y la voluntad.
En la era moderna, la imagen de Dios a menudo se relacionó con el concepto de «libertad» o «libre albedrío» y también con la relacionalidad. Emil Brunner, teólogo reformado suizo del , describió que «el aspecto formal de la naturaleza humana, como seres creados a imagen de Dios", denota ser sujeto o libertad; es esto lo que diferencia a la humanidad de la creación inferior». También analiza la relación entre Dios y la humanidad como una parte definitoria de lo que significa hacerse a la imagen de Dios. Paul Ricoeur, filósofo francés del conocido por combinar la descripción fenomenológica con la hermenéutica, argumentó que no hay un significado definido del Imago Dei, o al menos que el autor de Génesis 1 «ciertamente no dominó toda la riqueza implícita de su significado». En su opinión, «En la esencia misma del individuo, en términos de su calidad como sujeto; la imagen de Dios, creemos, es el poder muy personal y solitario para pensar y elegir; es interioridad», concluyendo que la imagen de Dios se resume mejor como libre albedrío.
Más recientemente, se aplicó el concepto de imagen de Dios a diversas causas e ideas, incluidas la ecología, la discapacidad, el género y el post/transhumanismo. A menudo, estas fueron reacciones contra los entendimientos predominantes del Imago Dei, o situaciones en las que se consideraba que el texto bíblico se usaba mal. J. Richard Middleton escribió a favor de una revaluación de las fuentes bíblicas para comprender mejor el significado original en lugar de sacarlo de contexto y aplicarlo. En lugar de varias interpretaciones extrabíblicas, Middleton se mostró a favor de una comprensión funcional real, en la que «el Imago Dei designa el cargo real o el llamado de los seres humanos como representantes o agentes de Dios en el mundo».
Imagen y semejanza «Imagen y semejanza» es un hebraísmo. En el hebreo es común, tanto en el habla como en la escritura, repetir una idea usando dos palabras diferentes para reforzar la idea dada (p. ej., tohu va-bohu). La intención del autor de Génesis 1 no era distraer la idea de «imagen» con «semejanza», sino más bien focalizar y reincidir en esa idea.