thumb|Milicianos de la Columna Ascaso en julio de 1936, antes de partir al Frente de Aragón. Durante la mayor parte de la guerra civil española, Cataluña fue el mayor bastión del anarcosindicalismo durante la guerra y donde se desarrolló con mayor profundidad la revolución social que tuvo lugar en la retaguardia republicana tras el estallido de la Guerra y que instauró un tipo de sociedad anarcosindicalista o anarcocomunista.

Antecedentes Durante 70 años el movimiento obrero en Cataluña había estado poderosamente influenciado por las ideas anarquistas. Casi todas las sociedades obreras creadas desde el habían tenido un componente anarquista bastante importante. Esta hegemonía del anarquismo se traduce en una escasa influencia del socialismo, que prácticamente hasta 1936 no contaría políticamente.

En 1910 se funda la CNT, a raíz de diversas sociedades obreras operantes en Barcelona y otros pueblos y ciudades catalanas, que habían formado Solidaridad Obrera. Pronto el sindicato comienza a crecer, con períodos de ilegalización, llegando a 1918 al Congreso de Sants. En este congreso se decide la creación de los Sindicatos Únicos, en sustitución del viejo sindicalismo gremial. Las circunstancias que se vivían y el acierto de la medida, hacen que en solamente un año después, en 1919, el sindicato se dispare englobando a cerca de 400.000 trabajadores, prácticamente toda la clase obrera organizada en Cataluña.

En esta época las organizaciones patronales, en connivencia con individuos de la delegación de seguridad de Barcelona, organizan grupos de pistoleros que se dedican a asesinar a los líderes sindicales más destacados de la organización, entre otros Salvador Seguí, secretario nacional de la CNT. Esta se ve pronto privada de sus cuadros más importantes, entre muertos, heridos y huidos, así como por las numerosas redadas contra el sindicato. Alrededor de 400 cenetistas morirán entre 1917 y 1923. Se produce poco a poco un relevo generacional entre los sindicalistas de primera hora y los nuevos sindicalistas formados al calor de las grandes huelgas como la de La Canadiense, y fogueados por los grupos de acción, que se van formando por aquel entonces (ver Los Solidarios).

Sin embargo, para acallar las huelgas (ya en retroceso hacia 1923) de Barcelona, y, sobre todo, para tapar el caso del Desastre de Annual, el capitán de la guarnición de Barcelona, Miguel Primo de Rivera da un golpe de Estado, que es aceptado por el Rey Alfonso XIII, el 23 de septiembre de 1923. Durante 7 años en España existe una dictadura. Muchos sindicatos deciden pasar a la clandestinidad, mientras que otros esperan a que los cierre el gobierno. En esta época hay toda una nueva generación de militantes anarquistas que se formará en los ateneos libertarios y grupos culturales, excursionistas, esperantistas, etc. y que en los años 30 tendrán un papel destacado en el sindicato. En 1927 se crearía la Federación Anarquista Ibérica, en Valencia, que los irá organizando políticamente.

Al terminar la dictadura, y llegar la II República, los obreros la apoyarán masivamente pensando que las cosas cambiarían en lo social. Sin embargo los anarquistas dentro de la CNT no dan tregua y comienzan un ataque sistemático contra la legitimidad de la República. En pocos meses se ven los frutos, a lo que también contribuye la crisis del 29, que se comienza a manifestar a mediados de 1931, pasadas ya las celebraciones por la República. En el Congreso de Madrid de la CNT, en junio de 1931, de Cataluña hay representados cerca de 200 000 afiliados. A finales del verano habría alrededor de 400 000.

Pero pronto la CNT se rompe en dos, ya que el impulso revolucionario de los grupos anarquistas - ya estuvieran organizados o no en la FAI - provocará choques políticos con los más moderados, partidarios de dar tiempo a que se consolide la República. Estos serán conocidos como los treintistas, que en agosto de 1931 sacaron a la luz un manifiesto llamado el Manifiesto de los Treinta apoyado por militantes conocidos como Eusebio Carbó, Ángel Pestaña o Joan Peiró. Pronto comenzarán los choques entre ambas facciones hasta que en 1932 comienzan las expulsiones y las escisiones. Además, paralelamente, se realiza una expulsión de los marxistas del BOC, que controlaban algunos sindicatos (sindicato mercantil de Barcelona, unión local de Lérida...) que terminarán confluyendo hacia 1935 en el POUM marxista y su frente sindical.

El predominio del sector más revolucionario en la CNT provoca una época insurreccional de unos dos años en los que la Organización se embarcará hasta en tres intentonas revolucionarias. Una de ellas, la primera, fue espontánea, y se produce en el Alto Llobregat, el 8 de enero de 1932, cuando varios pueblos proclamaron el comunismo libertario tras una huelga general en el sector de la minería. En otros casos la insurrección fue planificada con antelación, por ejemplo la de enero de 1933 y la de diciembre de 1933.

Pero estas insurrecciones provocan una fuerte represión del gobierno de la Generalidad que, junto con los problemas internos, terminan minando el sindicato. Para 1934, en Barcelona la CNT vivirá su momento más bajo, cosa que se reflejará en su nula participación en la huelga de octubre de 1934, que monopolizaron los republicanos catalanistas y que mientras en otras partes adquiría tintes revolucionarios en Barcelona se aprovechó para intentar proclamar el Estado Catalán. Por primera vez en ese momento se dan cuenta algunos revolucionarios que la CNT no está sola, y que tendrá que contar con todo el movimiento obrero organizado en otras centrales sindicales y con las clases medias, si quieren hacer la revolución.

La CNT llegaría a 1936 dividida en varios sectores (treintistas y faístas, sobre todo; pero conviviendo éstos con núcleos de republicanos federales, simpatizantes del POUM, socialistas o incluso catalanistas), que firmarían las paces en el Congreso de Zaragoza, en mayo de 1936. En el Congreso aunque se resuelve la escisión, la CNT catalana agrupaba a unos 130 000 afiliados. La cifra se recuperaría hasta el verano, cuando habría ya de nuevo unos 200.000 trabajadores organizados en la CNT. Pero tantas escisiones y expulsiones habían dado lugar a una renacida UGT que fue el refugio de los obreros disconformes con el anarquismo, o con cómo se habían hecho las cosas durante años. En la UGT terminó convergiendo también el frente sindical del POUM (la F.O.U.S.), que prefirió unirse a una UGT dominada por otras fuerzas marxistas (PSOE y PCE, principalmente) que volver con la CNT.

En tanto a la FAI, esta se hallaba dividida en dos facciones importantes, una en torno al grupo Nosotros (García Oliver, Ascaso, Durruti, Ortiz, Jover, Vivancos, etc.) y la otra en torno al grupo Nervio (Diego Abad de Santillán, Pedro Herrera, Fidel Miró, Germinal de Sousa, etc.). Ambos grupos tenían posiciones encontradas respecto a la toma del poder y a la creación de un ejército revolucionario. Mientras los primeros estaban a favor de tomar algún día el poder, y de que para ello, habría que crear un ejército revolucionario, los segundos estaban totalmente en contra, pensando que habría que crear una estructura sindical y social para hacer el poder redundante, en tanto al ejército eran antimilitaristas convencidos. Las posturas de ambos grupos se trastocarían durante los meses siguientes.

Comités de Defensa de la CNT

El origen de las milicias de la CNT en la guerra civil española está en los Comités de Defensa. Estos comités eran la organización militar clandestina de la CNT, financiada por los sindicatos y su acción estaba subordinada a estos. Su antecedente histórico son los diferentes grupos de acción, como Los Solidarios, que lucharon contra el pistolerismo de la patronal entre 1917 y 1923.

Las funciones esenciales de los comités de defensa eran dos: armas e intendencia, en el sentido amplio de la palabra. Los comités de defensa podían considerarse como la continuidad, reorganización y extensión de los grupos de acción y autodefensa armada de los años del pistolerismo (1917-1923).https://www.alasbarricadas.org/noticias/node/19214

No fueron la única milicia clandestina existente durante la República. El Partido Comunista había formado las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas a partir de 1934. En el Bando Nacional los Requetés (milicias carlistas) llegaron a organizar desfiles paramilitares en algunas ciudades, como en Sevilla el 15 de abril de 1934. Las fuerzas de la falange intentaron imitar la estrategia de la tensión utilizada por Mussolini en Italia. En tiempos de una gran violencia política casi todas las fuerzas políticas tenían milicias paramilitares.

Los Comités de Defensa fueron sustituidos, en agosto, por las Patrullas de Control que actuaban a las órdenes del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña. Los comités de defensa fueron reactivados en mayo de 1937.

Milicias confederales

Las milicias confederales fueron una milicia popular, organizada durante la guerra civil española por la CNT y FAI, que tuvieron un importante papel en la Guerra Civil y la sublevación de las tropas franquistas en 1936.

En Cataluña estas milicias partían directamente de la iniciativa de los comités de defensa. Los comités se organizaban por barriadas y por sindicato. Tras derrotar al ejército el 19 de julio, en Barcelona los comités de la CNT habían conquistado sus cuarteles y sus arsenales. El 20 de julio asaltaron los cuarteles de San Andrés, que tenían unos 30.000 fusiles. Además los comités de defensa se fueron instalando en el Cuartel del Bruc, en el barrio de Pedralbes, renombrándolo Cuartel Bakunin, así como en otros cuarteles. Los sindicatos, por su parte, tomaron posesión de numerosas instalaciones militares y civiles. Las fuerzas del orden no podían hacer nada, ya que cualquier reacción violenta en ese momento hubiera provocado que se les viera como fascistas.

El 21 de julio de 1936 se creó en Barcelona el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña en el que participan las distintas facciones republicanas y sindicales, teniendo mucho peso en ella la CNT-FAI. Aunque pudiera parecer una victoria, se trata, de facto, de una renuncia a la toma del poder, entendida como "dictadura" de los líderes anarquistas, y no como imposición, coordinación y extensión del poder que los comités revolucionarios ya ejercían en la calle.

A partir de este momento, es el CCMA y no la CNT-FAI quien dirige las operaciones militares en Cataluña y, desde allí, el frente de Aragón. El 24 parten las dos primeras columnas (ambas anarquistas), al mando de Durruti y Ortiz. En esos mismos días se formaron además columnas del PSUC (Trueba-Del Barrio) y del POUM (Lenin). En dos meses, el comité consiguió organizar a unos 20 000-25 000 milicianos que se repartían en un frente de 300 kilómetros. Los mencionados comités de defensa dejaron de operar en Barcelona ya que, o bien sus miembros están en los comités de barriada organizando la revolución mediante los comités de abastos, que alimentaban la ciudad, o bien estaban en los frentes de guerra. Hasta mayo de 1937 permanecieron inactivos. Por su parte, la Generalidad, al reformar su gobierno, incluirá una cartera de defensa, que estará en manos de Felipe Díaz Sandino, entonces muy cercano a García Oliver, el alma del CCMA en esos días.