José Nakens Pérez (Sevilla, 21 de diciembre de 1841-Madrid, 12 de noviembre de 1926) fue un periodista y activista republicano y anticlerical español.
Padre del también periodista Javier Bueno, su vida estuvo vinculada al semanario satírico El Motín y a finales de 1924, cuando la publicación estaba ya en clara declive, varios periodistas e intelectuales —como Gregorio Marañón, Rafael Altamira, Ramón Pérez de Ayala y Luis Araquistáin— se movilizaron para recabar ayudas para Nakens, consumido por las deudas. A mediados de 1925 la Asociación de la Prensa de Madrid, presidida por José Francos Rodríguez, le concedió una pensión vitalicia de 150 pesetas al mes, «en atención a los méritos contraídos en su larga y limpia trayectoria de periodista», y meses después le otorgaba el Premio a la Vejez, dotado con 5000 pesetas. El 12 de noviembre de 1926, el octogenario periodista republicano murió de accidente vascular cerebral. El último número de El Motín se publicaría unos días después, el 6 de noviembre de 1926.
Biografía Inicios: de cabo de carabineros a periodista y autor satírico Nació el 21 de diciembre de 1841 en Sevilla. De familia humilde y liberal, su padre fue perseguido por Fernando VII durante la llamada Década Ominosa (1823-1833) y participó en la guerra carlista del lado isabelino, en la que admiró al general Baldomero Espartero, cuyas arengas «de memoria se sabía». Según confesó Nakens, a los ocho años perdió su fe religiosa tras la lectura de El judío errante, aunque, según Manuel Pérez Ledesma, parece más creíble que esto se debiera a la influencia paterna que le transmitiría su odio al carlismo y a su aliado el clericalismo.
Se enroló muy joven y por necesidad, al haber muerto su padre, en el Cuerpo de Carabineros. Destinado a la Dirección General del Cuerpo en 1866, situada en Madrid, ya traía escritas dos obras de teatro que nunca llegaron a representarse. Cuando triunfó la Revolución Gloriosa en 1868, se lanzó a la calle al frente de un grupo de carabineros portando una bandera que llevaba unos versos improvisados por él:
En ese tiempo varios periódicos le publicaron algunos sonetos de exaltación patriótica, que alcanzaron cierta fama, además de romances y artículos, lo que le inclinó a abandonar el cuerpo de Carabineros y dedicarse a las letras para llegar a ser un escritor famoso. «No es que en ese momento se creyera un poeta, ni siquiera un notable escritor; pero al menos había descubierto su facilidad para versificar y su capacidad para la sátira, dos rasgos de un estilo que ya no le abandonarían nunca». Pero lo que le permitió vivir de escribir al principio no fue el periodismo, sino el teatro, que fue donde cosechó sus primeros éxitos, dentro del llamado teatro por horas, piezas cortas generalmente de un solo acto que atraían por su facilidad a todo versificador diestro. Nakens escribió más de sesenta obras, a tres duros por pieza, pero no se ocupó de compilar y editar estas obras que ni siquiera firmaba.
En 1876 entró en el periódico El Globo, desde cuyas páginas acusó a Ramón de Campoamor, el poeta de más prestigio del momento, de plagiario de Víctor Hugo, lo que hizo sonar su nombre. «Años más tarde, una vez conseguido su objetivo («el hambre de notoriedad es muy punzante», fue la explicación del interesado), el mismo Nakens saldría en defensa de la víctima de aquellas acusaciones». Por otro lado, en el periódico publicó algunos artículos anticlericales, así como un libro contra los jesuitas que le valió su primer proceso («Los jesuitas. Su vida, costumbres, adulterios, asesinatos, regicidios, etc.», firmado con el seudónimo de "Ignacio de Loyola", el fundador de la Compañía).
Al frente del semanario satírico, republicano y anticlerical El Motín
thumb|Último retrato de Manuel Ruiz Zorrilla, aparecido en el semanario republicano y anticlerical El Motín en 1895 En 1879 abandonó el diario El Globo y para dejar el trabajo casi de esclavo del teatro por horas fundó el semanario El Motín, cuyo primer número salió a la calle el domingo 10 de abril de 1881, aprovechando la mayor libertad de prensa que había traído consigo el nuevo gobierno liberal encabezado por Práxedes Mateo Sagasta, después de seis años de gobierno de los conservadores de Antonio Cánovas del Castillo. El Motín «era un modesta publicación de cuatro páginas, repartidas entre un comentario de actualidad, un poema y algunas noticias breves, más un grabado —en principio, una caricatura de personajes y acontecimientos políticos— en las páginas centrales». Los objetivos del mismo eran la defensa de la unidad de los republicanos en un único partido y la lucha contra el conservadurismo —«¡Guerra a los conservadores! Nos parece que este grito equivale a un programa», apareció en el primer número— y el clericalismo, con la sección «Manojo de flores místicas» que se justificaba así: «Jesucristo arrojó a latigazos a los mercaderes del templo; nosotros, pecadores humildes, trataremos de imitarle, fustigando semanalmente a los que se olvidan de su ley». Fue esta sección, de cuyas noticias se hicieron ediciones en libros —el primero titulado Espejo moral de clérigos. Para que los malos se espanten y los buenos perseveren—, la que hizo famoso al semanario.
Aunque El Motín es considerado como el periódico anticlerical por excelencia, especialmente del anticlericalismo popular más zafio, en realidad era más un semanario político dedicado a criticar a conservadores y liberales que se «turnaban» en el gobierno de la Restauración y a defender la unidad de los republicanos, apostando por la vía insurreccional, defendida entonces desde el exilio parisino por Manuel Ruiz Zorrilla —lo que le llevó a criticar con crudeza a los otros líderes republicanos: Emilio Castelar, Francisco Pi y Margall y Nicolás Salmerón—.
A mediados de la década de 1890 el periódico se encontró con graves problemas económicos porque, además de la cuantiosas multas que se le impusieron por delitos de imprenta, sus ventas bajaron, entre otras razones porque ciertos sectores republicanos pensaban que su anticlericalismo virulento —como el de Las Dominicales del Libre Pensamiento— perjudicaba a la causa de la República —criticaban sus «burlas de mal gusto» y su insistencia en los relatos de amores ilícitos entre «clérigos lujuriosos y amas rollizas»—. A pesar de que Nakens rebajó el precio del periódico los problemas continuaron y a comienzos del apenas se leía. Según Nakens la culpa la tenía la "incomprensión" de los republicanos que no entendían que su objetivo era «quitarle autoridad al clero para que no pudiera valerse de ella en beneficio de D. Carlos». «¡Valiente cosa me importa a mí que los curas tengan amas, y éstas chiquillos, ni que falten al mandamiento que sigue al quinto con las feligresas que se presten a ello!», le explicó a Luis Bonafoux por esas fechas. thumb|¿En qué quedamos?, caricatura de Joaquín Costa y José Nakens discutiendo (Gedeón, 1903).
En 1898 Nakens fue redactor de la más importante revista noventayochista: Vida Nueva.
Tras la muerte de Ruiz Zorrilla en 1895, Castelar en 1899 y Pi y Margall en 1901, El Motín pasó a apoyar a Nicolás Salmerón, el único líder histórico del republicanismo español que quedaba vivo. Para ello Nakens convocó una Asamblea Republicana «con el exclusivo objeto de delegar en un solo hombre nuestros poderes: [Nicolás Salmerón]» que fue un completo éxito —aunque no por ello las ventas de El Motín aumentaron—. Se reunió el 25 de marzo de 1903 y allí casi dos mil republicanos acordaron crear un único partido (Unión Republicana) del que fue nombrado Salmerón jefe supremo, como propuso Nakens, quien pasó ocupar un cargo en la comisión directora. Pero, desilusionado, dimitió un año después del único puesto político que ocupó en su vida, y en 1905 se separó de Salmerón, ya que este se alejaba de una acción radical revolucionaria. «La Unión pactóse para preparar y realizar un acto que no se ha intentado; no para nombrar un cuerpo de coristas con destino al Teatro Parlamentario», explicó Nakens.
Multas, procesos y cárcel miniatura|Retrato de Nakens publicado en 1906 en Nuevo Mundo
A lo largo de toda su trayectoria El Motín sufrió numerosos procesos por supuestos delitos de imprenta que le supusieron multas, encarcelamiento de varios directores legales —entre otros, uno de los fundadores, Juan Vallejo— y de repartidores del periódico, especialmente cuando gobernaban los conservadores —por ejemplo, de enero de 1884 a noviembre de 1885 sufrió 84 procesos por delitos de imprenta y catorce multas de 500 pesetas—; es más, diversos obispos dictaron no menos de 47 excomuniones contra sus redactores —que a su vez excomulgaron a los obispos en nombre de Fray Motín, obispo de la religión del Trabajo en la diócesis del Sentido Común— Por otro lado utilizaron todo tipo de argucias para evitar el secuestro de los ejemplares por la policía. El periódico consiguió sobrevivir milagrosamente, pese a sus escasas suscripciones y a sus dificultades de distribución, ya que prácticamente no se podía vender en la calle.
En 1898 el gobierno conservador aprovechó la suspensión de las garantías constitucionales con motivo de la guerra de Cuba para que la censura se cebara con El Motín, a pesar de que había apoyado la guerra y había mostrado un exacerbado patriotismo. Así fue suprimido un artículo sobre el reinado de Fernando VII porque llamaba «miserable» a Fernando, «liviana» a su madre y «malvado e inmoral» a su hermano Carlos María Isidro. La respuesta de Nakens fue suspender la publicación hasta que las garantías constitucionales no fueron restablecidas en 1899.} thumb|Dibujo de la época, que reconstruye el asesinato de Cánovas en 1897|izquierda
Nakens fue acusado en 1906 de encubrir al terrorista Mateo Morral, que había arrojado el 31 de mayo de 1906 una bomba contra el rey Alfonso XIII y su esposa a su paso por la calle Mayor de Madrid, y que al día siguiente se había suicidado. Uno de los argumentos que se utilizaron en su contra fue el relato que había hecho en 1901 de la visita que había tenido en la redacción del periódico en julio de 1897 por parte de un italiano que se hacía llamar Emilio Rinaldi que le confesó que había venido a España «a matar a Cánovas, al rey o la regente» para vengar a los anarquistas encarcelados y torturados en los procesos de Montjuic. Nakens ni le creyó ni volvió a saber de él hasta que el día 8 del mes siguiente supo que el italiano que le había visitado, que en realidad se llamaba Michele Angiolillo, había asesinado al presidente del gobierno Antonio Cánovas del Castillo en Mondragón. En el artículo que escribió relatando el suceso cuatro años después Nakens reafirmó su condena del terrorismo, como lo había demostrado su periódico El Motín en reiteradas ocasiones, pero que si le hubiera creído no lo hubiera entregado a la policía porque él no era ningún delator. miniaturadeimagen|Los procesados Francisco Ferrer y José Nakens saliendo por separado de la Audiencia el día en que terminó la vista de la causa de la bomba de Morral