thumb|Ubicación de la provincia de Salamanca en la España de la época

La guerra civil española (1936-1939) tuvo un desarrollo desigual en las provincias de la actual comunidad autónoma de Castilla y León. En la provincia de Salamanca, que contaba con dos regimientos, los sublevados declararon el estado de guerra el 19 de julio de 1936 y se hicieron con el control de la ciudad y la provincia en unos cuantos días, con no mucha dificultad salvo por la resistencia en Béjar y Ciudad Rodrigo. Después de ello, se formaron algunas columnas de militares y voluntarios falangistas para unirse a las fuerzas que desde Valladolid pretendían tomar la capital de España. Casi de inmediato se organiza una sangrienta represión siendo asesinados la mayoría de los alcaldes electos del Frente Popular y son frecuentes las "sacas", siendo ajusticiados sin juicio ni garantías campesinos en lugares cómo la Orbada, la finca de Llen,la Finca de la Rad.

Fuerzas militares

Salamanca formaba parte de la VII división orgánica, con cuartel general en Valladolid. La guarnición estaba formada por el Regimiento de infantería «La Victoria» n.º 28, dirigido por el coronel Manuel Palenzuela Arias, y el Regimiento de caballería «Calatrava» n.º 2, comandado por el teniente coronel Enrique Salazar Ibáñez .El regimiento "Calatrava" n.º 2 había sido trasladado a Salamanca solo dos meses antes del estallido de la guerra desde su anterior base en Alcalá de Henares como consecuencia de los serios altercados que el 15 de mayo de 1936 enfrentaron a piquetes de obreros exaltados con varios oficiales de la guarnición de dicha ciudad y tras los cuales el Gobierno decide decretar la salida de la misma de la primera brigada de Caballería, allí acantonada, y que el Regimiento "Calatrava" n.º 2 integraba conjuntamente con el regimiento "Villarrobledo" n.º 1 -el cual a su vez fue trasladado a Palencia-. El Regimiento "Calatrava" n.º 2 ocupó el cuartel "General Arroquia", situado en la Carretera General Villacastín-Vigo (hoy N-630), relevando al Batallón de Zapadores n.º 7, que lo había venido ocupando desde 1931, unidad que fue a su vez enviada a la antigua base del "Calatrava" en Alcalá de Henares. En el momento del alzamiento este regimiento estaba mandado por el coronel Carlos Caballero Méndez, de ideología republicana, quien fue puesto al mando de la unidad el día 4 de junio de 1936 tras la detención y destitución de su anterior jefe como consecuencia de los sucesos descritos. El día que se produjo el alzamiento, Caballero Méndez se hallaba fuera de Salamanca, quizás alertado por el Gobierno de la situación, por lo que el mando del regimiento lo ejercía interinamente el Teniente Coronel Enrique Salazar Ibáñez. El Coronel Caballero Méndez permaneció fiel a la república, siendo destinado a Cataluña a los pocos días de comenzar la guerra; fue nombrado juez instructor de la causa formada por rebelión contra los generales Goded y Fernández Burriel en la que estos fueron condenados a muerte y posteriormente ejecutados. Caballero permaneció en Cataluña durante casi toda la guerra, siendo capturado por las tropas sublevadas durante la toma por éstas de Barcelona, pues al parecer se negó a dejar la ciudad; murió fusilado pocos días después de la caída de la capital catalana. Había también dos compañías del Cuerpo de Seguridad y Asalto —Guardia de Asalto— y una comandancia de la Guardia Civil. Comandante militar de la plaza era el general Manuel García Álvarez (jefe de la 14.ª brigada de infantería) y gobernador civil Miguel Cepas López, de Izquierda Republicana.

Situación política

Provincia ganadera, su centenaria universidad era el emblema que la había hecho famosa, sobre todo —en los últimos tiempos— por la figura de su rector, Miguel de Unamuno. Otros famosos políticos salmantinos eran José María Gil-Robles, jefe nacional de la CEDA, y Filiberto Villalobos, del Partido Liberal Demócrata. El Bloque Agrario había logrado montar una poderosa organización en la provincia, si bien la UGT, a través de la FNTT, también había conseguido establecer la Casa del Pueblo en numerosas localidades de la provincia, al albur de la reforma agraria. En Béjar –la única ciudad industrial de la provincia- los obreros estaban bien organizados alrededor del sindicato socialista. Los dirigentes más cualificados de la izquierda eran el diputado socialista José Andrés y Manso, profesor de la Normal de Magisterio, el ugetista Manuel de Alba Ratero, ferroviario, y el catedrático Casto Prieto Carrasco, alcalde de la capital, de Izquierda Republicana.

En las elecciones de febrero de 1936 la provincia había enviado a las Cortes cuatro diputados de derechas sobre siete posibles, y tres del Frente Popular, siendo uno de ellos José Andrés y Manso. Sin embargo, en el proceso de revisión de las actas fueron anuladas las de tres diputados de la candidatura contrarrevolucionaria (Ernesto Castaño Arévalo, Ramón Olleros Gregorio y José María Lamamie de Clairac), que fueron sustituidos por dos del Frente Popular (Casto Prieto y Valeriano Casanueva) y un republicano independiente, el doctor Filiberto Villalobos.

En abril de 1936 se estableció en Salamanca el comandante retirado Fortea, enlace del general Mola, quien logró organizar un grupo conspirador, del que el comandante de infantería Francisco Jerez era uno de los impulsores, junto con el funcionario municipal y periodista Francisco Bravo Martínez, jefe de Falange Española en Salamanca, grupo que apenas contaba con un puñado de afiliados. Bravo y varios falangistas más estaban en la cárcel como detenidos gubernativos cuando estalló el alzamiento.

El golpe de Estado

Al tenerse noticia de la sublevación militar en África, en la tarde del sábado 18 de julio, se reunieron en el Gobierno Civil el gobernador, el diputado Andrés y Manso, el alcalde y el comandante militar, quien dio garantías de que reinaba la tranquilidad en los cuarteles. Pero después el general García Álvarez recibió una llamada del general Saliquet desde Valladolid instándole a unirse a la sublevación, lo cual hizo el primero sin dudarlo. Al mediodía, una compañía de la guardia de asalto, al mando del capitán Jesús Valdés Oroz, salió para Madrid, siguiendo las órdenes del Gobierno. A mediodía del domingo 19 una compañía de infantería leyó en la Plaza Mayor el bando declarando el estado de guerra, en el que se establecía, entre otras cosas, la disolución del Ayuntamiento, dirigido por el Frente Popular. Al finalizar la lectura del bando se produjo un confuso altercado que dio como resultado que la tropa disparara indiscriminadamente contra la gente concentrada en la plaza, muriendo cuatro hombres y una niña .Suceso conocido popularmente como "El tiro de la plaza", en el cual se produjeron también un número indeterminado de heridos, ocho de los cuales acabarían falleciendo también en los días posteriores, elevando el número de víctimas mortales a doce.

thumb|300px|right|Plaza Mayor de Salamanca.

Esa misma mañana, los militares tomaron el Edificio del Ayuntamiento, el Gobierno Civil, Correos, la Telefónica, la emisora Inter Radio Salamanca y la estación del tren, y distribuyeron destacamentos por distintos lugares de la ronda interior y de las vías férreas que pasaban por la ciudad. Los falangistas que había en la cárcel fueron liberados y su jefe, Francisco Bravo, comenzó de inmediato a organizar sus milicias y grupos de choque. El general García Álvarez designó a los militares de su confianza que deberían sustituir a los cargos civiles: el comandante Francisco del Valle Marín, pasó a ser nuevo alcalde de la ciudad, el teniente coronel Rafael Santa Pau Ballester fue nombrado gobernador civil y el también militar Ramón Cibrán Finot, nuevo presidente de la Diputación.

Se declaró espontáneamente la huelga general, que duró varios días. Grupos obreros del barrio popular de Pizarrales y del vecino pueblo deTejares mantuvieron tiroteos esporádicos con los militares, sin conseguir nada. Mientras tanto, los socialistas trataban de organizar la resistencia en Ciudad Rodrigo, donde lograron mantener a la Guardia Civil dentro del cuartel hasta el lunes 20, pero finalmente llegó un grupo de guardias de refuerzo y se hicieron con el control de la ciudad, deteniendo al alcalde y a varios significados dirigentes del Frente Popular. En Béjar los obreros lograron también impedir que los guardias civiles salieran del cuartel y se hicieron fuertes en los accesos a la ciudad, impidiendo que el día 21 entrara un piquete falangista que había venido desde Salamanca. Como respuesta, ese mismo día marchó sobre Béjar una compañía de falangistas y otra de soldados de infantería, ocupando la ciudad sin resistencia. Se produjeron más de 400 detenciones.

Hubo conatos de resistencia más o menos simbólicos en Peñaranda de Bracamonte (donde hicieron descarrilar el tren correo) y otras pequeñas poblaciones, a la espera de que llegaran tropas leales al gobierno de la República o el convoy de mineros asturianos, pero la Guardia Civil logró hacerse con el control absoluto de la provincia en muy poco tiempo sin encontrar resistencia.

De inmediato fueron detenidos los principales dirigentes del Frente Popular, así como cientos de personas más en toda la provincia, que llenaron a rebosar la prisión provincial.

Falange Española formó en poco tiempo varias compañías, y Acción Popular y el Bloque Agrario formaron otra. La Cámara de Comercio creó una guardia cívica con seis compañías de "gentes de orden". El viernes 24 salió un batallón del regimiento de infantería La Victoria hacia el Alto del León, en la sierra de Guadarrama, teniendo un primer choque, de poca importancia, en Villacastín, y acampando finalmente en El Espinar. En él formaron como voluntarios unos doscientos muchachos falangistas.

El sábado 25 se constituyó el nuevo ayuntamiento golpista, del que formaban parte Miguel Íscar Peyra y Miguel de Unamuno. En ese mismo acto se izó por vez primera en los balcones del ayuntamiento la bandera bicolor roja y gualda. El domingo 26 salieron hacia Guadarrama varios camiones con soldados y milicianos, despedidos con grandes muestras de júbilo, y el lunes 27 salió para Ávila otro batallón del regimiento La Victoria. Este batallón se quedó en Ávila, que carecía de guarnición militar y estaba expuesta a los ataques de las fuerzas gubernamentales. El día 29 salieron dos escuadrones del regimiento de caballería Calatrava con la misión de ocupar Villacastín, y una columna motorizada organizada por el comandante de la Guardia Civil Lisardo Doval, compuesta por unos ochocientos hombres, entre guardias civiles, falangistas y requetés de Salamanca, Zamora y Cáceres, además de cinco sacerdotes y dos frailes dominicos del convento de San Esteban, con la intención de ocupar los pueblos de Ávila que se encontraban bajo control del Gobierno.