La guerra entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires es el conjunto de enfrentamientos ocurridos, como parte de las prolongadas guerras civiles argentinas, entre 1852 y 1862, período durante el cual los hechos más relevantes correspondieron al enfrentamiento entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, separado temporariamente de aquélla. Tuvo como resultado la reunificación de la Argentina en un solo Estado federal.

La batalla de Caseros, de 1852, significó un punto de inflexión en la historia argentina: la caída del gobierno de Juan Manuel de Rosas dejaba abierto el camino para la organización constitucional del país. Pero la división en partidos que había dominado el período anterior seguía presente, y los partidos que habían ayudado en la victoria esperaban dirigir el proceso: los federales se apoyaban en el prestigio y el poder militar y económico del vencedor, general Justo José de Urquiza, para sancionar una constitución enteramente federal. Por su lado, los unitarios, porteñistas y muchos de los dirigentes de Buenos Aires querían una constitución unitaria, o al menos que consagrara el predominio de esa provincia.

Urquiza se adelantó y, por medio del Acuerdo de San Nicolás, invitó a las provincias a la formación de un Congreso Constituyente en Santa Fe, que terminaría sancionando la Constitución de 1853.

La rebelión porteña

Revolución del 11 de septiembre

La Sala de Representantes porteña rechazó el Acuerdo de San Nicolás, ya que se oponían a cualquier organización nacional que no fuera controlada por Buenos Aires. El Acuerdo establecía que cada provincia estaría representada por dos diputados, lo que atentaba contra el predominio que hubieran alcanzado los porteños en caso de aplicarse una representación proporcional, y que no habían dudado en aplicar reiteradamente durante la época de la independencia y en el Congreso General de 1824.

La legislatura porteña se apoyó en el hecho de que el gobernador Vicente López y Planes no había solicitado autorización para firmar el Acuerdo, y agregó que los poderes concedidos a Urquiza eran excesivos, y exigió a los diputados ya elegidos que regresasen a Buenos Aires. Urquiza reaccionó con rapidez: disolvió la Sala, cerró los periódicos opositores y deportó a Bartolomé Mitre, Alsina y varios dirigentes más. De inmediato ocupó la gobernación; fue la primera intervención federal de la historia argentina.

La oposición quedó desarticulada. Pero, cuando en septiembre Urquiza abandonó la ciudad, estalló la revolución del 11 de septiembre de 1852. El gobernador delegado, José Miguel Galán, debió abandonar precipitadamente la provincia. La legislatura disuelta se reunió y eligió gobernador a Valentín Alsina.

Los porteños organizaron dos ejércitos: uno se estableció en San Nicolás, al mando del general Paz. Éste solicitó permiso para viajar al interior a tratar con los demás gobernadores. Ante la negativa santafesina y cordobesa, organizó una invasión a Santa Fe. Pero, apenas comenzadas las operaciones, llegó la noticia del sitio de Buenos Aires por las tropas del general Hilario Lagos; por orden del gobierno porteño, sus tropas fueron transportadas a Buenos Aires, y el propio Paz fue dejado de lado, marcando el final de su carrera militar.

El otro ejército invadió la provincia de Entre Ríos dividido en dos cuerpos, uno al mando de Juan Madariaga y el otro de Manuel Hornos. Pero la doble invasión fue derrotada por los entrerrianos y debieron retroceder hacia Buenos Aires.

El sitio de Buenos Aires

La mayor parte de los oficiales de campaña de Buenos Aires, excolaboradores de Rosas, se rebelaron a fines de noviembre contra el gobierno porteño dominado por los unitarios. Los coroneles Hilario Lagos, Ramón Bustos, José María Flores y Jerónimo Costa atacaron la capital, siendo rechazados. A continuación pusieron sitio a la ciudad. Poco después, el coronel Pedro Rosas y Belgrano intentó sublevar el interior de la provincia en favor de los unitarios, pero fue derrotado en la batalla de San Gregorio. Lagos, Flores y Costa fueron ascendidos a generales, y Urquiza se unió al sitio de Buenos Aires.

Por esos mismos días comenzaba a sesionar la Convención Constituyente de Santa Fe.

Pero la prolongación del sitio hizo caer gradualmente la moral de los soldados y a mediados del año siguiente el general Flores se retiró con parte de las tropas. Aunque la pequeña flota de Urquiza logró bloquear la ciudad, su comandante John Halstead Coe fue sobornado para entregar la escuadra a los porteños. De modo que Urquiza levantó el sitio en junio de 1853 y se retiró a Rosario.

Desde entonces, el Estado de Buenos Aires permaneció separado de la Confederación Argentina, sancionando su propia constitución, y dejando abierta la posibilidad para una independencia definitiva.

Guerra civil en el norte

Varios gobernadores federales habían sido derrocados en los días posteriores a Caseros. De regreso de San Nicolás, el tucumano Celedonio Gutiérrez esquivó el intento de Antonino Taboada de asesinarlo y logró reunir una pequeña fuerza, con la que intentó recuperar el gobierno, pero fue derrotado. Se retiró a Catamarca. Desde allí organizó una revolución contra el gobernador unitario Manuel Espinosa, que fue derrocado en enero de 1853. Gutiérrez regresó a su provincia y volvió a ocupar el cargo de gobernador.

Antonino Taboada invadió Tucumán para reponer a Espinosa, pero Gutiérrez logró vencerlo en el combate de Arroyo del Rey, en febrero de 1853, en que además murió Espinosa.

Derrotada la opción militar formal, Taboada apoyó y organizó varias partidas de bandoleros para que hostigaran permanentemente a Gutiérrez. De ellas formaba parte el cura de Monteros, José María del Campo. Mientras tanto, animado por el éxito de Gutiérrez, José Manuel Saravia –otro gobernador recientemente depuesto– intentó regresar a Salta, pero fue vencido por el coronel Aniceto Latorre.

En octubre, Gutiérrez invadió Santiago del Estero y ocupó la capital sin encontrar resistencia. Pero a sus espaldas, Taboada había ocupado San Miguel de Tucumán, nombrando gobernador al cura Del Campo. De modo que Gutiérrez debió retroceder hacia su provincia; de camino fue derrotado por los unitarios en el combate de Río Hondo y poco después, el coronel unitario Anselmo Rojo, derrotó en la batalla de Tacanitas a los aliados de Gutiérrez. De todos modos, Gutiérrez logró ocupar la capital tucumana, mientras Campo ocupaba el sur de la provincia.

Gutiérrez pidió la mediación de Urquiza, pero este había delegado el gobierno en el unitario Salvador María del Carril, que envió una embajada a ayudar a Campo. De modo que Campo y Taboada atacaron a Gutiérrez el día de Navidad de ese año de 1853, derrotándolo. Gutiérrez se exilió en Bolivia y Del Campo ocupó el gobierno, persiguiendo a los federales con prisiones y ejecuciones.

Como resultado de esta guerra, ni Santiago del Estero ni Tucumán participaron en las elecciones para presidente ese año.

Desde entonces, Manuel Taboada dirigió en el noroeste argentino una alianza de gobiernos "liberales" en Tucumán, Salta y Santiago, sin dejar que ninguno se destacara como para hacerles sombra. Como un ejemplo de los conflictos entre liberales que fomentaba Taboada, el cura Campo y los miembros de la familia Posse dirigieron en junio de 1856 una revolución contra el nuevo gobernador Anselmo Rojo, que fracasó.Véase: Páez de la Torre, Carlos (h), La revolución de los Posse, Revista Todo es Historia, nro. 128. También: Páez de la Torre, Carlos (h), Los Posse de Tucumán, Revista Todo es Historia, nro. 62. Estos gobiernos fueron opositores al gobierno de Urquiza y aliados del gobierno de Buenos Aires.Newton, Jorge, Manuel Taboada, caudillo unitario. Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1972.

Revueltas en Corrientes

En Corrientes, el gobernador Pujol debió enfrentar diversas rebeliones en su contra: en febrero de 1853, una revolución dirigida por José Antonio Virasoro, que fracasó cuando estaba por darse una batalla decisiva. El encargado de derrotarla fue el comandante de armas, el general Nicanor Cáceres, el mismo que había elevado a Pujol al gobierno.

Pujol desplazó a Cáceres de su puesto, por lo que el caudillo se levantó contra él en junio, aunque terminó rindiéndose a Pujol y retirándose a Entre Ríos. Una breve revolución liberal fue vencida sin lucha en noviembre de ese año.

Cáceres regresó a la provincia en agosto de 1854, pero no llegó a reunir a sus hombres y fue arrestado y enviado a Entre Ríos. Desde allí volvió en febrero de 1855, y ocupó varios pueblos del sur de la provincia. Una campaña dirigida por el propio gobernador lo derrotó una vez más en dos combates en Esquina y Goya. Cáceres huyó nuevamente, y Urquiza lo hizo arrestar.

Invasiones federales en Buenos Aires

La mayor parte de los federales porteños, en particular los comprometidos con el sitio de Lagos, emigraron a Paraná, Rosario o Montevideo. Desde allí planearon regresar por medio de una invasión. El primer intento lo dirigió Lagos, en enero de 1854, esperando que las fuerzas de campaña se pasaran a su ejército; debió evacuar la provincia a los pocos días.

En noviembre de ese mismo año, el general Costa avanzó desde Rosario al frente de 600 hombres. Pero Manuel Hornos le salió al encuentro y lo derrotó en la batalla de El Tala, obligándolo a retirarse.

En diciembre de 1855 hubo un nuevo intento, más elaborado: el general José María Flores desembarcó en Ensenada, mientras Costa lo hacía cerca de Zárate, con menos de 200 hombres. El gobernador Pastor Obligado dictó la pena de muerte para todos los oficiales implicados en esa invasión – declarándolos bandidos, para no tener que respetarlos como a enemigos – y ordenó su fusilamiento sin juicio.

Flores avanzó hacia el interior de la provincia, pero debió retirarse a Santa Fe. Insólitamente, Costa avanzó hacia Buenos Aires con sus escasas tropas. El 31 de enero de 1856 fue derrotado por Emilio Conesa en el combate de Villamayor, cerca de San Justo. La mayor parte de los soldados fueron muertos cuando se rendían, y los oficiales fueron fusilados dos días más tarde.

Pese al reclamo de los federales por venganza, la matanza de Villamayor obligó a Urquiza a ser más prudente en el control de sus aliados porteños. Buenos Aires y la Confederación conservaron la paz por unos años.Para todo el proceso y el tratado de paz firmado al final del mismo, véase Scobie, James R., La lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina, Ed. Hachette, Bs. As., 1965.

Segunda batalla de Cepeda

Desórdenes en Cuyo

La paz tan sangrientamente alcanzada a raíz de la masacre de Villamayor, a principios de 1856, no duró mucho. Los primeros desórdenes ocurrieron en La Rioja, donde el general Ángel Vicente Peñaloza, alias el "Chacho", depuso al gobernador Gordillo, reemplazándolo por Manuel Vicente Bustos. Este nombró comandante de armas de la provincia al general Peñaloza.

thumb|180px|Nazario Benavídez. En marzo de ese año estalló en San Juan una revolución federal, por la que el general Nazario Benavídez fue repuesto en el gobierno al que había renunciado el año anterior. El presidente Urquiza envió a la provincia una intervención federal, en la persona del doctor Nicanor Molinas, miembro electo de la Suprema Corte de Justicia. Este permitió a Benavídez ejercer como gobernador provisorio, pero ordenó una elección de gobernador titular. Para ese cargo fue elegido Manuel José Gómez Rufino, un unitario.