El cónclave es la reunión que celebra el Colegio Cardenalicio de la Iglesia católica para elegir a un nuevo papa (también conocido como sumo pontífice o romano pontífice), que es el obispo de Roma, y que lleva aparejado el cargo de soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano. Según la doctrina católica, el papa, por ser obispo de Roma, es el sucesor de san Pedro y la cabeza terrenal de la Iglesia.
thumb|300px|La Capilla Sixtina (aquí vista desde la cúpula de la basílica de San Pedro) es el lugar donde se celebra el cónclave.
Los problemas de interferencias políticas en la elección papal dieron lugar a varias reformas tras el interregno de 1268-1271. En 1274, durante el Concilio de Lyon, el papa Gregorio X promulgó la bula Ubi periculum, donde establecía que durante una elección papal, los cardenales electores debían ser encerrados «bajo llave» (en latín: cum clave) hasta que se eligiera a un nuevo pontífice. Hoy día, los cónclaves se celebran en la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico, en la Ciudad del Vaticano.Juan Pablo II (22 de febrero de 1996). Universi Dominici Gregis. Librería Editora Vaticana.
Desde la era apostólica, el obispo de Roma, al igual que otros obispos, era elegido por consenso entre el clero y los laicos de la diócesis.Baumgartner 2003, p. 4. En 1059, por medio de la bula In nomine Domini, el papa Nicolás II estableció a los miembros del Colegio cardenalicio como los únicos electores del romano pontífice. Desde entonces, el procedimiento de elección papal se ha ido modificando a lo largo de los siglos. En 1970, Pablo VI promulgó el motu proprio Ingravescentem aetatem, por el cual excluía del derecho de voto a los cardenales mayores de 80 años. Actualmente, el cónclave se encuentra regulado en la constitución apostólica Universi Dominici Gregis, promulgada por Juan Pablo II el 22 de febrero de 1996, a la que Benedicto XVI introdujo leves reformas en 2007 y 2013, estableciendo el requisito de una mayoría cualificada de dos tercios para elegir al papa. El último cónclave tuvo lugar en 2025, cuando el cardenal Robert Francis Prevost fue elegido papa con el nombre de León XIV, sucediendo a Francisco.
Desarrollo histórico
Las normas para la elección del papa se han desarrollado a lo largo de casi dos milenios. Hasta la creación del Colegio Cardenalicio en 1059, los obispos de Roma, al igual que los de otros lugares, eran elegidos por aclamación del clero local y del pueblo. Los procedimientos similares al actual se introdujeron en 1274, cuando Gregorio X promulgó la bula Ubi periculum, formalizando las decisiones adoptadas por los magistrados de Viterbo durante la prolongada elección papal de 1268-1271.
El proceso fue definido de forma más clara por Gregorio XV en su bula Aeterni Patris Filius (1621), que establecía el requisito de una mayoría de dos tercios de los cardenales electores para elegir a un papa,Signorotto and Visceglia 2002, p. 106 lo cual ya había sido establecido en el Tercer Concilio de Letrán (1179).Baumgartner 2003, pp. 32–33 Este requisito ha ido variando desde entonces, dependiendo de si el candidato elegido tenía permitido votar por sí mismo, en cuyo caso la mayoría requerida es de dos tercios más uno de los votos. La Aeterni Patris Filius prohibió está práctica y estableció los dos tercios como la mayoría necesaria para la elección. Tampoco eliminó la posibilidad de elección por aclamación, pero requería que se celebrara primero una votación secreta antes de elegir al papa.Baumgartner 2003, p. 145
Electorado Las primeras comunidades cristianas ya nombraban obispos, elegidos por el clero y los laicos con la ayuda de los obispos de las diócesis vecinas. Según Cipriano de Cartago (fallecido en 258), el papa Cornelio fue elegido obispo de Roma «por decreto de Dios y de su Iglesia, por el testimonio de casi todo el clero, por el colegio de obispos ancianos [sacerdotum] y de hombres buenos». Como en otras diócesis, el clero de la diócesis de Roma era el órgano electoral del obispo de Roma. En lugar de emitirse votos, el obispo era elegido por consenso o por aclamación. Después, el candidato era presentado ante el pueblo para su aprobación o desaprobación general. Esta falta de precisión en los procedimientos electorales dio lugar ocasionalmente a la existencia de papas rivales o antipapas.
El derecho de los laicos a rechazar al candidato electo fue abolido en el Concilio de Roma del año 769, pero fue restaurado más tarde para los nobles romanos por Nicolás I durante un sínodo celebrado en Roma en 862. El papa también estaba sujeto a un juramento de lealtad al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que era el encargado de mantener la seguridad y la paz pública en Roma.Baumgartner 2003, p. 14–19. Un cambio notable se produjo en 1059, cuando Nicolás II decretó en la bula In Nomine Domini que los cardenales debían elegir a un candidato para el papado después de recibir el consentimiento del clero y los laicos. Los cardenales obispos debían reunirse primero para debatir sobre los candidatos y después convocar a los cardenales presbíteros y a los cardenales diáconos para proceder a la votación propiamente dicha. En 1139, el Segundo Concilio de Letrán eliminó el requisito de la previa aprobación del clero y el pueblo; y en 1179, el Tercer Concilio de Letrán otorgó iguales derechos a todos los miembros del Colegio Cardenalicio para la elección de un nuevo papa.Guruge 2010, p. 49.
Durante gran parte de la Edad Media y el Renacimiento, la Iglesia católica tuvo un número muy reducido de cardenales, tan sólo siete con Alejandro IV (1254-1261) o Juan XXI (1276-1277).Miranda, Salvador. "Election of May 30 – November 25, 1277 (Nicholas III)" Adams, John Paul (7 de noviembre de 2010). "SEDE VACANTE 1277" Las dificultades para viajar redujeron aún más el número de cardenales que llegaban a los cónclaves. El pequeño número de electores hizo aumentar la importancia de cada voto e hizo casi imposible evitar las lealtades familiares o políticas. Los cónclaves llegaron a durar meses e incluso años. En la bula Ubi periculum (1274), que exigía que los electores permanecieran recluidos durante el cónclave, Gregorio X también limitó a dos el número de sirvientes para cada cardenal y ordenó racionar progresivamente la comida cuando un cónclave llegaba a los cuatro y a los nueve días de duración. A los cardenales no les gustaban estas normas, por lo que Adriano V las suspendió temporalmente en 1276 y Juan XXI las revocó ese mismo año mediante la bula Licet felicis recordationis. Los largos cónclaves continuaron siendo la norma hasta 1294, cuando Celestino V restauró las normas promulgadas en la Ubi periculum. En los años siguientes continuaron produciéndose largos interregnos: de 1314 a 1316, durante el papado de Aviñón, cuando los electores quedaron dispersados por mercenarios que asediaron la ciudad de Carpentras, donde se celebraba el cónclave, y no volvieron a reunirse durante casi dos años; y de 1415 a 1417, con motivo del Cisma de Occidente.
Es de destacar que hasta 1899 era una práctica habitual incluir a unos pocos miembros laicos en el Colegio Cardenalicio. A menudo se trataba de nobles importantes o de monjes que no eran sacerdotes y, en todos los casos, se establecía como requisito el celibato. Con la muerte de Teodolfo Mertel en 1899 se puso fin a esta práctica."https://cardinals.fiu.edu/cardinals.htm En 1917, el Código de Derecho Canónico promulgado ese mismo año establecía explícitamente que todos los cardenales debían ser sacerdotes. Desde 1962, todos los cardenales han sido obispos, con la excepción de unos pocos sacerdotes que fueron nombrados cardenales a partir de 1975 y que tenían 80 años o más, por lo que fueron dispensados del requisito de la ordenación episcopal. En 1975, mediante la constitución apostólica Romano Pontifici Eligendo, Pablo VI excluyó del derecho a participar en el cónclave a los cardenales que tuvieran 80 o más años, confirmando así una norma que ya había instaurado a través del motu proprio Ingravescentem aetatem en 1970.
En 1587, Sixto V limitó el número de cardenales a 70, siguiendo el precedente de Moisés, que fue asistido por 70 ancianos para gobernar a los hijos de Israel: seis cardenales obispos, 50 cardenales sacerdotes y 14 cardenales diáconos. Desde de los intentos de Juan XXIII de aumentar la representación internacional en el Colegio Cardenalicio, ese número ha aumentado. En 1970, Pablo VI dictaminó que los cardenales que hubieran alcanzado los 80 años de edad antes del inicio de un cónclave no podrían participar en él, y en 1975 limitó el número de cardenales electores a 120. Aunque éste sigue siendo el límite teórico, todos sus sucesores lo han superado durante breves períodos de tiempo. Juan Pablo II también cambió ligeramente el límite de edad, de modo que los cardenales que cumplan 80 años antes de declararse la sede vacante (no antes del inicio del cónclave) no puedan ser electores. De este modo se eliminó la idea de programar el cónclave para incluir o excluir a un cardenal que esté muy cerca del límite de edad. En 2013, el cardenal Walter Kasper, que tenía 79 años cuando comenzó el período de sede vacante, participó en el cónclave con 80 años ya cumplidos. El cónclave de 2025 fue el primero en el que participaron más de 120 cardenales electores, un total de 133.
Electores y candidatos Originalmente, la condición de laico no impedía la elección como papa. Los obispos de las diócesis a veces eran elegidos cuando aún eran catecúmenos, como en el caso de San Ambrosio, que se convirtió en obispo de Milán en 374. A raíz de la violenta disputa sobre la elección del antipapa Constantino II en 767, Esteban III decretó en el sínodo de 769 que sólo se podría elegir a un cardenal presbítero o un cardenal diácono, excluyendo específicamente a los que ya eran obispos.Baumgartner 2003, p. 13. La práctica de la Iglesia se desvió de esta regla ya en 817 y la ignoró por completo a partir de 882 con la elección de Marino I, obispo de Caere.Guruge 2010, p. 46–47. En el sínodo de 1059, Nicolás II codificó formalmente la práctica existente al decretar que se debía dar preferencia al clero de Roma, pero dejando a los cardenales obispos la libertad de elegir a un clérigo de otro lugar si así lo decidían.Baumgartner 2003, p. 21-23. En 1179, el Tercer Concilio de Letrán anuló estas restricciones de elegibilidad. El 15 de febrero de 1559, Pablo IV emitió la bula papal Cum ex apostolatus officio, una codificación de la antigua ley católica según la cual sólo los católicos pueden ser elegidos papas, excluyendo a los no católicos, incluidos los ex católicos que se hubieran convertido en herejes públicos y notorios, donde si son conservadores levantan la cruz dorada y si son progresistas levantan una cruz plateada
En 1378, Urbano VI se convirtió en el último papa elegido que no formaba parte del Colegio Cardenalicio. La última persona elegida como papa sin ser ya sacerdote o diácono ordenado fue el cardenal diácono Giovanni di Lorenzo de' Medici, elegido como León X en 1513. Su sucesor, Adriano VI, fue el último en ser elegido in absentia, en 1522.Guruge 2010, p. 36-37. Giovanni Battista Montini, arzobispo de Milán, recibió varios votos en el cónclave de 1958 aunque aún no era cardenal.Baumgartner 2003, p. 215. Como la Iglesia católica no permite la ordenación sacerdotal a las mujeres, ninguna mujer puede acceder al papado. Aunque el papa es el obispo de Roma, no es necesario que sea de origen italiano. Los cuatro cónclaves más recientes han elegido a un polaco (Juan Pablo II, 1978), un alemán (Benedicto XVI, 2005), un argentino (Francisco, 2013) y un estadounidense (León XIV, 2025).