thumb|right|250px|Escarlata de quermés sobre seda: detalle del «Manto de la Coronación» de Rogelio II de Sicilia, realizado en los Talleres Reales de Palermo entre los años 1133 y 1134 Escarlata es un color intermedio entre bermellón y carmín. A un nivel más específico, es una coloración roja viva (es decir, bastante saturada) que corresponde al color producido por el antiguo colorante textil «escarlata de Holanda». También se ha llamado «escarlata» al color carmesí.

thumb|220px|La Household Cavalry, antigua unidad del ejército Británico en tradicional uniforme escarlata.

Además, «escarlata» se aplica a cierta tela lujosa de ese color, y al color de la misma.«escarlata», Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Joan Corominas, 2011, consultado el 10 de enero de 2013. Específicamente, se dice que son «escarlata» aquellos tejidos que han sido teñidos con carmesí, es decir, con un tinte de color rojo intenso derivado del quermés o de la cochinilla, y generalmente mordentado con alumbre.

Etimología y semántica «Escarlata» fue en un principio la denominación de un paño fino y costoso, pasando a significar, con el tiempo, el color rojo encendido de cierto tinte para telas muy oneroso. En esta sección se ofrece un panorama de ese cambio semántico.

La palabra «escarlata» proviene: del árabe hispánico ’iskirlâṭa, ‘escarlata’ (); este del más antiguo sikirlâṭ; este del árabe siqillâṭ, ‘tejido de seda brocado de oro’ (); este del griego bizantino σιγιλλᾶτος (sigillâtos), ‘tejido de lana o lino adornado con marcas en forma de anillos o círculos’; y este del latín textum sigillatum, ‘paño sellado o marcado’.

De acuerdo con el historiador de arte John Gage, el término «escarlata» apareció en el siglo XI en las regiones germanoparlantes de Europa, donde significaba ‘paño de lana fina tundido, de gran valor’. En los primeros textos que aluden a este paño se mencionan «escarlatas» de diversos colores, como negro, blanco (sin teñir), azul y verde; sin embargo, el tinte más costoso de la Edad Media era el rojo intenso del quermés, lo que habría llevado a que la tela llamada «escarlata» fuese teñida principalmente de ese color. De acuerdo con el autor, para el siglo XIII el paño «escarlata» más usual parece haber sido de color rojo intenso, y durante el siglo siguiente el vocablo «escarlata» podía ya significar el color rojo intenso por sí mismo.

En idioma castellano, el término «escarlata» comenzó a usarse entre 1220 y 1250.

Historia

Escarlatas de la Antigüedad

Durante unos 3 000 años, desde la Antigüedad hasta la Edad Media, los colorantes textiles rojos de mejor calidad y que daban un color más vivo fueron aquellos elaborados principalmente con tinte de quermés mordentado con alumbre. Los quermés son insectos del género Kermes que viven sobre varias especies de encinas de la región del Mediterráneo y que contienen un principio colorante rojo (ácido quermésico, un compuesto del grupo de las antraquinonas) que es soluble en agua y en alcohol. El tinte de quermés fue muy utilizado antiguamente, y a pesar de ser caro, lo era menos que la púrpura de Tiro. Se lo menciona frecuentemente en textos árabes y hebreos, incluyendo la Biblia, donde es llamado tola’at shani (literalmente ‘gusanillo rojo’).

thumb|left|220px|Teñido de paños de lana. De Des Proprietez des Choses, por Bartholomaeus Anglicus (1482).

El escarlata sustituye a la púrpura

A partir de 1453, con la caída de Constantinopla a manos de los turcos otomanos, la técnica para elaborar el tinte púrpura de Tiro cayó en el olvido. Monarcas y altos eclesiásticos, entonces, vistieron en su lugar ropas teñidas de rojo con pigmentos disponibles en la región, como el quermés, y mordentadas con alumbre. Este es el origen de la «púrpura» que llevan hasta el día de hoy los cardenales de la Iglesia católica, que es de color rojo encendido.

Entre la Edad Media y el Renacimiento se acuñaron para los rojos vivos de las telas teñidas de esta manera los términos «escarlata» y «carmesí». Aunque estas adjetivaciones de color variaron en significado según lugar y época, en general se entendió por «carmesí» un color rojo vivo que se inclinaba ligeramente hacia el azul, mientras que el «escarlata» era un rojo más luminoso.

Escarlata de Venecia thumb|right|220px|Un cardenal en su estudio (tal vez el cardenal Bibbiena) hacia 1519, retrato atribuido al pintor italiano Lorenzo Costa. Habida cuenta de la fecha del retrato, es muy probable que el escarlata que luce el cardenal hubiese sido logrado con quermés.

Durante la Edad Media, los tintoreros especializados en las técnicas de teñido más costosas, como la del escarlata, no acostumbraban formar gremios, pero con el tiempo llegaron a existir gremios de tintoreros especializados en escarlata en algunas localidades, como Génova, Marsella y Venecia; esta última fue el principal centro de comercio de paños de color escarlata de la época. El tinte escarlata veneciano, conocido precisamente como «escarlata de Venecia», se preparaba con quermés, crémor tártaro y alumbre; las telas teñidas con él eran muy apreciadas en toda Europa.

Otras localidades donde se producían telas rojas de lujo durante este período eran Florencia y la región flamenca. Se debe tener en cuenta, sin embargo, que el tinte de quermés no era el único colorante rojo de que se disponía en la época: los tintoreros expertos producían telas de una variedad de tonos de rojo con la ayuda de diferentes tintes y mordientes.

En la Europa del siglo XV el color escarlata era considerado el más suntuoso y caro. Fue un colorante de primer orden en la industria tintorera toscana de la época, y a la vez un color muy estimado para las ropas de luto, junto con el carmesí y el pavonazo (un púrpura oscuro). El tinte básico para la elaboración del escarlata de esta época seguía siendo que se obtenía del quermés.

Las prendas de escarlata eran vestidas por aquellos pocos que podían pagarlas, pero a veces también estaban sujetas a protocolo, como en el caso de los cardenales católicos. En Inglaterra, los jueces y los pares solían llevar togas de escarlata, y lo mismo los jueces del Sacro Imperio Romano. En Francia tenían derecho a llevarlas los magistrados reales, mientras que el canciller del Rey vestía de carmesí. En Venecia y en Florencia, por otra parte, muchos altos cargos del gobierno incluían el escarlata y el carmesí en su vestuario.

En relación con el precio de los paños teñidos de escarlata hacia el final de la Edad Media, el estudioso de historia económica John H. Munro ha analizando el registro de los gastos de guardarropa de Enrique VI de Inglaterra para el período 1438–1439, encontrando que «los escarlatas más baratos» del monarca habían costado más de catorce libras esterlinas de la época. A fin de dar una dimensión de esta suma, Munro hace la siguiente comparativa:

A pesar de esto, desde principios del la demanda europea de paños finos teñidos con escarlata y otros tintes rojos fue en aumento, junto con la de colorantes capaces de conferir a las telas un rojo fuerte y permanente. El pintor Pompeo Molmenti (1819–1894), profesor de la Academia de Bellas Artes de Venecia, relata en su obra Venecia: nuevos estudios de historia y arte (1897) que en esa localidad, durante el , se tomaban recaudos para proteger los secretos de la tintura en escarlata, en carmesí y en otros tintes costosos. Existía un sistema judicial especial para tratar las cuestiones relacionadas con el arte de la tintura, y los extranjeros no podían ejercer de tintoreros; además, en las épocas del año, fijadas por ley, en que se preparaban las mezclas para el tinte escarlata, se hacían correr historias acerca de fantasmas que rondaban los talleres de tintura, de manera de alejar a los curiosos.«Furono create apposita magistratura per quest’arte, il cui esercizio era proibito ai forestieri. I segreti delle tinture erano così gelosamente custoditi da dar origine a una usanza singolarissima. Le leggi indicavano le stagioni nelle quali si doveano preparare la misture per lo scarlatto. Volendo che il pubblico non iscoprisse i segreti delle tinte, si solevano spacciar favole che mettessero paura alla folla. Tavolta era un fantasma bianco aggirantesi intorno alle tintorie, tal altra un omaccio col capellone, o un gigante con un lanternino in mano, ec. Da queste sciocche paure venne il motto volgare scarlato, per significare timore senza fondamento.»

thumb|left|220px|María Ana de Borbón, primera dama de Blois, hija de Luis XIV y de Luisa de La Vallière, vestida de escarlata. Óleo sobre tela de Pierre Mignard (1612–1695). Jean Hellot, en su celebrado tratado El arte de la tintura de lanas y de telas de lana (1750), refiere que en su época el escarlata de Venecia estaba en retroceso, ya que el color rojo encendido del escarlata de Holanda, elaborado con cochinilla mexicana en lugar de quermés, se había puesto de moda y lo había desplazado. Prácticamente el único lugar donde todavía se elaboraba tinte de quermés y donde el escarlata de Venecia seguía usándose profusamente era en la misma Venecia.«…On la connoît aujourd’hui sous le nom d’Écarlatte de Venise, parce qu’elle y est extrêmement en usage, & qu’on y en fait plus qu’en aucun autre endroit, le goût en étant passé en France & dans la plûpart des autres païs. Elle a effectivement moins de feu, & est plus brune que l’écarlatte à la quelle on est maintenant accoutumée; mais elle a sur elle l’avantage de soutenir plus long-temps son éclat, & de ne point se tacher par la bouë & par les liqueurs âcres. […] Cependant le Kermès n'est presque plus d'usage en aucun endroit qu'à Venice. Le goût de cette couleur a passé entiérement depuis qu'on a pris celui des écarlattes couleur de feu. On appelle présentement cette écarlatte de graine, une couleur de sang de beuf. Cependant elle a de grandes avantages sur l'autre; car elle ne noircit point & ne se tache point, & si l'étoffe s'engraisse, on peut enlever les taches sans endommager la couleur. Elle n'est plus de mode néanmoins, & cette raison prévaut à tout. Elle a fait tomber entiérement la consommation du Kermès en France. A peine y a-t'il un Teinturier qui le conoisse, & lorsque j'ai voulu en avoir une certaine quantité pour en faire les expériences ci-dessus rapportées, il a fallu le faire venir de Languedoc; les marchands de Paris ne s'en chargeant que de ce qui'ils en peuvent débiter pour l'usage de la Médecine.»

Escarlata de Holanda y escarlata Gobelinos

A partir del se comenzó a elaborar escarlata con cochinilla (Dactylopius coccus), insecto descubierto en México que contiene un colorante similar al del quermés. La grana de cochinilla (cochinillas secas, materia prima para la elaboración del tinte) comenzó a ofecerse en los mercados europeos hacia fines de la década de 1520, inicialmente en pequeñas cantidades. Durante los años 1540 esta mercancía fue puesta a prueba por tintoreros toscanos y venecianos a fin de averiguar si era comparable al quermés, fallando estos a su favor; otra fuente histórica afirma que la cochinilla sobrepasaba con ventaja al quermés en poder tintóreo, que daba un tinte más rendidor y que producía colores mucho más fuertes y permanentes que aquel. En un período de cincuenta años a partir de su introducción en Europa, la cochinilla desplazó al quermés en la tintura de paños de escarlata, conquistando los mercados de los principales centros europeos de manufactura de telas finas, como Venecia, Florencia, Milán, Ruan, Malinas, Lyon, Segovia y Suffolk.

thumb|right|250px|Vista del taller de tintura en escarlata de la Manufactura de los Gobelinos hacia 1760. Óleo atribuido a Étienne Jeaurat (1699–1789).