miniaturadeimagen|La diferenciación de los sistemas reproductores masculino y femenino no se produce hasta el periodo fetal de desarrollo.
La diferenciación sexual o sexuación es el conjunto de fases biológicas que contribuyen a la caracterización de los individuos de una especie, tanto su sexo genético como el consecuente sexo fisiológico.
Desarrollo masculino en la gestación según los andrógenos
Durante el desarrollo de los mamíferos, al principio las gónadas pueden transformarse tanto en ovarios como en testículos.Online textbook: «Developmental Biology» 6th ed. By Scott F. Gilbert (2000) published by Sinauer Associates, Inc. of Sunderland (MA). En el ser humano, a partir de la cuarta semana ya se pueden encontrar unas gónadas rudimentarias en el mesodermo intermedio cerca de los riñones en desarrollo. Hacia la 6.ª semana, se desarrollan los cordones sexuales epiteliales en los testículos en formación e incorporan las células germinales mientras se desplazan hacia las gónadas. En los varones, ciertos genes del cromosoma Y, en especial el gen SRY, controlan el desarrollo del fenotipo masculino, incluyendo la conversión de la gónada bipotencial primitiva en testículos. En los varones, los cordones sexuales invaden por completo las gónadas en desarrollo.
A partir de la 8.ª semana de desarrollo fetal humano, aparecen las células de Leydig en las gónadas diferenciadas masculinas. Las células epiteliales derivadas del mesodermo de las cuerdas sexuales de los testículos en desarrollo se transforman en células de Sertoli cuya función será facilitar la formación de esperma. Entre los túbulos existe una población menor de células no epiteliales, las células de Leydig encargadas de la producción de andrógenos. Las células de Leydig se pueden considerar las productoras de andrógenos, que funcionan a modo de hormonas paracrinas y son necesarias para que las células de Sertoli puedan facilitar la producción de esperma. Al poco tiempo de diferenciarse, las células de Leydig empiezan a producir andrógenos, necesarios para la masculinización del feto varón en desarrollo (incluida la formación del pene y del escroto). Por influencia de los andrógenos, ciertos restos del mesonefros, los conductos mesofrénicos, evolucionan en epidídimos, conducto deferente y vesículas seminales. Esta acción de los andrógenos recibe el apoyo de una hormona de las células de Sertoli, la HAM, la cual evita que los conductos embriónicos de Müller se transformen en trompas de falopio u otro tejido del aparato reproductor femenino en los embriones masculinos. Las HAM y los andrógenos colaboran para permitir el movimiento normal de los testículos hacia el escroto.
Antes de la producción de la hormona pituitaria HL que empieza en el embrión a partir de las semanas 11-12, la gonadotrofina coriónica humana (GCh) potencia la diferenciación de las células de Leydig y su producción de andrógenos. La acción de los andrógenos en los tejidos diana suele suponer la conversión de testosterona en dihidrotestosterona 5α (DHT).
Desarrollo femenino en la gestación según las hormonas ováricas
Las hormonas ováricas son los estrógenos y la progesterona. Como función conjunta, son las responsables del desarrollo de los caracteres secundarios que marcan algunas diferencias entre el hombre y la mujer, como la contextura física, tono de la voz, distribución del vello y la grasa corporal, etc.
Son compuestos policíclicos derivados del colesterol. Estas hormonas circulan por la sangre unidas casi por completo a varias proteínas plasmáticas.
Específicamente, el estrógeno influye en el desarrollo de los caracteres y en la maduración de los órganos femeninos. El estradiol es el estrógeno más importante, encargado del desarrollo de los cambios observados en el cuerpo de la mujer en la pubertad y la edad adulta, como el desarrollo de los llamados órganos diana del sistema reproductor: mamas, y útero. También del ensanchamiento de la pelvis, crecimiento y distribución del vello corporal y la iniciación del ciclo menstrual.
Por su parte, la progesterona influye en el desarrollo de las glándulas mamarias y prepara el útero para la implantación del óvulo. Aumenta sus niveles a partir del día 14 del ciclo menstrual e induce en el útero cambios imprescindibles para la implantación del óvulo que ha sido fecundado. También interviene durante el embarazo en la preparación de las mamas para la lactancia.
Desarrollo en la pubertad
La hormona dominante en el desarrollo femenino es el estradiol, un estrógeno. Mientras el estradiol promueve el crecimiento de mamas y del útero, es también la principal hormona conductora del crecimiento pubertal y de la maduración epifiseal y cierre. Los niveles de estradiol suben más temprano y quedan más tiempo levels en mujeres que en hombres.
En la mujer Los cambios físicos en niñas son:
Crecimiento de vello púbico. Cambios en la vagina, el útero, y los ovarios. Inicio de la menstruación y fertilidad. Cambio en la forma pélvica, redistribución de la grasa y composición corporal. Crecimiento de vello facial y corporal. Aumento de estatura. Olor corporal, cambios en la piel y acné.
En el hombre Los cambios físicos en niños son: Desarrollo de la musculatura. Crecimiento de los testículos. Vello púbico en los niños. Erecciones involuntarias del pene. Vello facial y corporal. Emisión nocturna. Crecimiento del pene. Engrosamiento de la voz. Olor corporal. Crecimiento en estatura.
Sexuación del cerebro Como se ha dicho en muchas ocasiones, el cerebro es considerado el órgano sexual más importante del ser humano, y probablemente también en muchos otros mamíferos. Por ello, es necesario plantearse de qué manera el cerebro adquiere unas características sexuales, y por tanto de qué manera se producen las diferencias entre los cerebros de un mismo sexo, de diferente sexo, en una misma identidad sexual o en diferente y en una misma orientación sexual o entre diferentes.
El papel de las hormonas sexuales Diversas investigaciones realizadas entre los años setenta y ochenta por un grupo dirigido por el Dr. Günter Dörner, les permitieron llegar a un conjunto de conclusiones sobre la organización sexual del cerebro en mamíferos de laboratorio y en la especie humana¹.
En el cerebro hay regiones diferentes responsables para el comportamiento sexual masculino o femenino [sin sustento científico].
Alteraciones en los niveles de hormonas sexuales específicas de sexo producidas en periodos críticos del desarrollo dan lugar a cambios estructurales y/o bioquímicos permanentes. Tales cambios son asociados con variaciones a largo plazo en el comportamiento y orientación sexual. Así, el desarrollo de la bisexualidad o de la homosexualidad puede ser producido por una deficiencia de andrógenos en los machos y un exceso de andrógenos en las hembras durante el periodo de organización sexual del cerebro.
Los efectos de las hormonas sexuales sobre el desarrollo del cerebro están mediatizados, al menos en parte, por los neurotransmisores. Tales neurotransmisores son organizadores del cerebro dependientes tanto de los genes como del ambiente.
En cualquier caso, los efectos de los genes, las hormonas sexuales y el ambiente psicosocial sobre la diferenciación, maduración y función sexual del cerebro no pueden considerarse como alternativas, sino más bien como factores complementarios.
Los periodos críticos de diferenciación específica de sexo correspondientes a los llamados centros sexuales, centros de apareamiento y centros de rol de género del cerebro no son completamente coincidentes, pero sí solapantes. Las hormonas sexuales son responsables, al menos parcialmente, de la organización de la secreción de gonadotropinas específicas de sexo, de la orientación sexual y del rol de género:
Los centros de sexo, que controlan la secreción de gonadotropinas de tipo femenino o masculino, son organizados exclusivamente por estrógenos que derivan principalmente de andrógenos sintetizados en el propio cerebro.
Los centros de apareamiento, que controlan la orientación sexual, son organizados por la acción conjunta de estrógenos y andrógenos que pueden o no ser convertidos a estrógenos.
Los centros de rol de género, que controlan el comportamiento sexual femenino o masculino, están organizados exclusivamente por andrógenos.
La diferenciación sexual del cerebro no depende solo de los niveles de hormonas sexuales presentes, sino también de la proporción en que se encuentran. Ello explica las posibles combinaciones que pueden darse de presencia o ausencia de secreciones de gonadotropinas, orientación sexual y comportamiento sexual.
La etapa final en el proceso de diferenciación sexual del ser humano consiste en adquirir la identidad de género; es decir, tener el autoconcepto de ser varón o hembra. Este autoconcepto depende, por un lado, de la diferenciación somática y psíquica controlada por hormonas sexuales durante el periodo prenatal, y, por otro lado, de las influencias psicosociales postnatales.
A pesar de estas conclusiones, es necesario comentar que algunos autores rechazan como concluyentes dichas investigaciones sobre el posible papel de las hormonas sexuales en la sexualización del cerebro.
Dimorfismo sexual en la organización del cerebro
En general, las investigaciones encaminadas en desvelar los posibles orígenes biológicos de la orientación sexual se agrupan en dos grandes grupos, las centradas en el posible origen genético y las centradas en el origen neuroanatómico.
El primer descubrimiento relevante que apoyaba la teoría del dimorfismo cerebral entre machos y hembras fue llevado a cabo en 1978 por Roger A. Gorski y su grupo de colaboradores. En esa investigación se llegó a la conclusión de que existía un grupo de células situadas en el Área preóptica del hipotálamo del cerebro de ratas macho y que formaba un conjunto de un tamaño mucho mayor (hasta 7 veces) que en el cerebro de ratas hembra. A dicho grupo de células del área preóptica que mostraba dimorfismo sexual lo denominaron núcleo con dimorfismo sexual del área preóptica (SDN-POA). Es importante indicar, además, que desde hacía tiempo se venía relacionando el área preóptica del cerebro con el comportamiento sexual. Posteriormente se comprobó que la diferencia de tamaños del SDN-POA se debía a la distinta exposición a los andrógenos en las primeras etapas del desarrollo. Más tarde se demostró que además del SDN-POA, hay otros núcleos en el hipotálamo de diversas especies de roedores que muestran dimorfismo sexual.
En cuanto al desarrollo en la gestación, las neuronas que forman los núcleos tienen gran cantidad de receptores de hormonas sexuales, tanto andrógenos como estrógenos. Y aunque el número inicial de neuronas en el área preóptica medial es similar en las hembras, la secreción de testosterona por los testículos de feto macho poco antes del parto estabiliza la población neuronal del núcleo, mientras que la ausencia de testosterona en los fetos hembra produce la muerte de muchas neuronas con la correspondiente disminución de tamaño en el cerebro de los machos. Sin embargo hay que destacar que las neuronas de la región preóptica son sensibles a los andrógenos únicamente en los días anteriores y posteriores al nacimiento.
A partir de los anteriores descubrimientos se trató de comprobar si en la especie humana también había núcleos hipotalámicos con dimorfismo sexual. De este modo se estudiaron los núcleos intersticiales del hipotálamo anterior (es decir, INAH-1, INAH-2, INAH-3, INAH-4) en cerebros de varón y de mujer, obteniéndose como resultó que el tercer núcleo intersticial del hipotálamo anterior (INAH-3) es el que muestra un dimorfismo más claro (¹Juan Ramón Lacadena, 1998)
Sexuación de la identidad Así mismo, la identidad sexual sería tal vez el producto más importante de la sexualización