La segunda expedición auxiliadora al Alto Perú fue una campaña militar del Ejército del Norte ejecutada entre el 20 de agosto de 1812 y el 4 de febrero de 1814, en el marco de la guerra de Independencia argentina.

Tras ser expulsadas las tropas patriotas del Alto Perú por José Manuel de Goyeneche, es sofocada la Revolución de Cochabamba y la insurrección de los partidos de Omasuyos, Pacajes y Larecaja, por lo que pudo trasladar su ejército a Chichas para invadir Salta y Jujuy. El gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata nombró como nuevo comandante al general Manuel Belgrano en reemplazo de Juan Martín de Pueyrredón. Eustoquio Díaz Vélez fue nombrado mayor general o segundo jefe.

Antecedentes

Belgrano al frente del Ejército del Norte En 1812, con nuevo comandante, Manuel Belgrano, el Primer Triunvirato decidió emprender una nueva campaña al Alto Perú, con el objetivo de derrotar definitivamente a los realistas ganadores en la batalla de Huaqui y por consiguiente levantar la moral de la población, decaída por el avance realista.

El 26 de marzo, el coronel mayor Belgrano recibió de Pueyrredón el mando en la posta de Yatasto (Salta) e inmediatamente avanzó hacia San Salvador de Jujuy, donde estableció un perímetro de defensa. Luego situó su campamento en Campo Santo.

La tarea de Belgrano en el Norte, al igual que la anterior en el Paraguay, tuvo tanto de política como de castrense; se confiaba en él para restaurar la moral de los habitantes de la región y desarmar a los realistas que había entre ellos, de los que no se contaban pocos en la jerarquía eclesiástica y las clases más pudientes. Se lo prefirió por ello a otros militares quizá más experimentados y capaces, como Eustoquio Díaz Vélez o Juan Ramón Balcarce, ambos con el grado de coronel y veteranos de numerosos enfrentamientos. Entre los oficiales jóvenes contó con varias figuras que se destacarían en lo sucesivo, como José María Paz, Manuel Dorrego (a quien en mayo nombró Jefe del Estado Mayor del Ejército) y Gregorio Aráoz de Lamadrid. Ya en Salta, recibiría el inestimable añadido del barón de Holmberg, artillero veterano de las guerras en Europa, que se haría cargo de su escasa artillería —apenas dos cañones en un primer momento— y sobre todo de la planificación estratégica.

La dotación de campaña era también reducida; sumaba unos 1500 hombres, de los cuales dos tercios eran de caballería, y solo poco más de 600 contaban con armas de fuego. Escaseaban asimismo las bayonetas, con lo que debieron improvisarse lanzas como armamento para la mayor parte de la tropa; aquellos oficiales que no podían aportar un sable propio carecían de él. La necesidad impuso una organización estricta, y Belgrano ocupó los primeros meses de su mando en establecer un hospital, un tribunal militar, un cuerpo destinado a la garantía de la provisión, una compañía de reconocimiento y en negociar la fabricación de municiones y vestuario. La relativa hostilidad de la población ante las exigencias de los porteños no simplificó las medidas; se hizo uso de las amistades de los naturales de la región, entre ellos Lamadrid, para colaborar con el reclutamiento de tropa. Fue crucial en este aspecto el apoyo de Martín Miguel de Güemes, cuya dificultosa relación personal con Belgrano llevaría a este a despacharlo rumbo a Buenos Aires en junio, antes de tener ocasión de entrar en combate.

En Salta chocó con una red que prestaba apoyo e información a los realistas de Goyeneche, encabezada por el obispo de la ciudad, a quien obligó a abandonar el territorio controlado por las fuerzas de la Junta. Pese a padecer paludismo él mismo y buena parte de su ejército, decidió avanzar hacia Cochabamba, en riesgo de caer en manos enemigas. La vanguardia al mando de Balcarce, comprendiendo el batallón de Pardos y Morenos y los dos regimientos de caballería de Húsares y Dragones, se adelantó hasta la quebrada de Humahuaca, mientras el resto del ejército tomaba posiciones en Jujuy. Celebró allí el segundo aniversario de la Revolución de Mayo, e hizo en esa ocasión bendecir la bandera blanquiceleste; la solemnidad bien planificada de la ocasión ayudó a paliar las dificultades que provocaban el apoyo a los realistas entre los habitantes de origen peninsular y la reticencia de la tropa al régimen prusiano de disciplina al que la sometía von Holmberg. Las medidas de orden se hacían cumplir a rajatabla, y Belgrano dictó un bando disponiendo la pena capital para quienes desobedecieran una orden expresa o difundieran noticias alarmantes. Uno de los desertores por la dura disciplina fue el oriental Venancio Benavídez, que se pasó a las fuerzas de Goyeneche, que ya habían tomado Cochabamba y lo informó de la dura situación del ejército de Belgrano. Con esta inteligencia, Goyeneche, a quien acababa de reforzar Pío Tristán, decidió avanzar hacia el sur y tomar ventaja, para ello contaba con 4 batallones de infantería, 1000 jinetes y 10 piezas de artillería. Belgrano ordenó la leva de todos los varones hábiles y en edad, formando un cuerpo de caballería irregular, pero recibió del gobierno central orden de retroceder hacia Córdoba.

Historia

El Éxodo Jujeño y las batallas de Tucumán y Salta

miniaturadeimagen|Retrato de Manuel Belgrano, uno de los principales líderes revolucionarios hispanoamericanos, abogado y economista que debió improvisarse como militar para hacerse cargo de los ejércitos independentistas enviados al Paraguay y al Alto Perú. Sin embargo, la situación se volvió muy crítica y a mediados de julio de 1812 supo que las avanzadas realistas llegaban a La Quiaca y decidido a no dejar en manos del enemigo nada que le pudiese ser útil, organizó durante agosto el llamado "Éxodo Jujeño", ordenando a la población civil replegarse junto con el ejército y quemar todo lo que quedase detrás, para entorpecer el avance enemigo. El 21 de agosto Belgrano abandonó Humahuaca con la retaguardia del ejército, llegando el día 23 a la ciudad de San Salvador de Jujuy, que abandonó esa misma noche, que fue ocupada seguidamente por los realistas. El 26 de agosto se produjo el combate de Cobos, cuando la retaguardia patriota que se retiraba de Jujuy fue atacada en el Fuerte de Cobos por la vanguardia realista.

El 1 de septiembre los realistas ocuparon la ciudad de Salta. La retirada a contramarchas se produjo ordenadamente, con las tropas de Díaz Vélez formando una nutrida retaguardia y por el Camino de las Postas, pasando por Campo Santo y Cabeza de Buey en dirección a San José de Metán. Las tropas realistas, de 500 hombres al mando de los coroneles Llanos y Agustín Huici, alcanzaron a la retaguardia de Belgrano y la pusieron en fuga. El 3 de septiembre habían perseguido a la caballería irregular formada por los gauchos jujeños llamada "Los Patriotas Decididos" que era comandada por Díaz Vélez hasta las márgenes del río Las Piedras; allí se produjo el combate de Las Piedras. Aprovechando el terreno y con ayuda de von Holmberg, Belgrano decidió abrir fuego de su recién forjada artillería y revirtió la situación. La victoria de este combate dio nuevo ímpetu al ejército que continuó sin embargo su retirada hacia el sur.

Desobediencia de Belgrano El 27 de febrero el Primer Triunvirato había ordenado:

Pero Belgrano tenía otro parecer:

Sin embargo a las órdenes, Belgrano decidió retirarse hacia Tucumán. Para ello, abandonó el Camino de las Postas que lo llevaba a Tucumán siguiendo desde la Posta de Yatasto el Camino de las Carretas hacia Santiago del Estero y Córdoba como se lo ordenaba el gobierno y engañando sobre su destino al ejército realista que se detuvo en Metán. Luego de pasar el pueblo de Burruyacú, viró hacia el sudoeste deteniéndose en La Encrucijada, abandonando el camino hacia Santiago del Estero. Desde allí destacó al coronel Juan Ramón Balcarce para adelantarse hasta la ciudad de San Miguel de Tucumán y proceder a organizar su defensa, con amplias facultades para reclutar soldados.

El Cabildo de Tucumán envió una diputación a Belgrano para que defienda su ciudad, lo cual este aceptó luego de exigir una importante contribución de dinero y soldados. Para ello contó con la colaboración de la importante familia Aráoz que ya contaba en las filas del ejército con dos oficiales de destacado valor: el mayor general Díaz Vélez y Gregorio Aráoz de Lamadrid.

El 12 de septiembre, ya sobre el río Salí, escribió al gobierno:

El 21 de septiembre acampó en San Miguel de Tucumán y se dedicó a la defensa contando con la suerte de que Tristán detuvo su avance en Metán creyendo que Belgrano huía hacia Santiago del Estero. De esa ciudad y de Catamarca se le sumaron contingentes de caballería denominados los Patriotas Decididos, de Díaz Vélez.

Cuando la vanguardia realista avanzó hasta Trancas, el coronel Huici se adelantó junto a dos compañeros y fue capturado por una partida al mando del capitán Esteban Figueroa, quien ese mismo día los entregó a Belgrano.

Batalla de Tucumán

El 23 de septiembre de 1812 Tristán acampó en Las Tapias, cerca de San Miguel de Tucumán y al día siguiente avanzó sobre la ciudad, obteniendo Belgrano el triunfo en la batalla de Tucumán, donde la decisiva carga de la caballería bien mandada le dio la victoria. 1800 patriotas (800 infantes, 900 de caballería y 100 artilleros) derrotaron a 3000 realistas (2000 infantes y 1000 artilleros). Los mismos sufrieron 450 bajas, 687 prisioneros y pérdida de municiones y material. Perdió toda su artillería de 18 cañones y parque en manos del ejército argentino, para el cual sería crucial ese rico botín. Tristán rehízo su ejército y se mantuvo en las afueras de la ciudad, pero el día 26 debió retroceder hacia Salta en donde había dejado al marqués de Yavi como gobernador, perseguido por Díaz Vélez.

Los cuatro meses con que contó para reorganizarse tras la victoria de Tucumán permitieron a Belgrano duplicar el número de sus hombres y mejorar su formación y disciplina, aunque le costaron el alejamiento de von Holmberg, enemistado con otros oficiales y llamado a Buenos Aires; la falta de un jefe de Estado Mayor dotado de formación táctica se haría notar más adelante. Recibió refuerzos desde Buenos Aires al mando de los tenientes coroneles Gregorio Perdriel y Benito Álvarez.

Batalla de Salta

Bien pertrechado y con la moral alta, emprendió el 12 de enero de 1813 la marcha hacia Salta, donde Tristán se había fortificado y solicitado refuerzos a Goyeneche, este le remitió los batallones Azángaro y Paucartambo, junto con una reducida caballería y 6 cañones. Un mes después, a orillas del Río Juramento, las tropas fueron las primeras en jurar lealtad a la Asamblea General Constituyente y a la bandera recientemente creada por Belgrano (actualmente bandera oficial de la República Argentina). El pasaje de ese río, que se hallaba desbordado, le insumió ocho días al ejército. El auxilio del capitán Aparicio, natural de la región, le permitió llegar por un sendero poco conocido hasta el camino de Jujuy, llegando el 13 de febrero a la hacienda de Castañar y enfrentar a Tristán por la retaguardia el 20 de febrero. Belgrano dispuso el avance en tres columnas al mando de Díaz Vélez, Martín Rodríguez y él mismo. Tras un comienzo poco auspicioso, la victoria de los independentistas en la batalla de Salta fue arrasadora, y Tristán se rindió incondicionalmente. 3.700 patriotas con 12 piezas de artillería aniquilaron a 3.700 realistas y 10 piezas de artillería, produciendo 480 realistas muertos y 114 heridos, mientras que solamente murieron 13 patriotas y 433 resultaron heridos. A cambio del juramento de no volver a tomar armas contra las Provincias Unidas, Belgrano garantizó a Tristán y sus hombres su libertad; quedó en posesión de todo su parque y armamento, con lo que su situación mejoró sensiblemente y además los realistas se obligaban a evacuar Jujuy dejando las armas.

Consecuencias de la batalla de Salta