Alemanes de Rusia (en alemán: Russlanddeutsche) es el nombre genérico con el cual se conoce a los diferentes grupos de alemanes étnicos del antiguo Imperio ruso (más extenso que la Rusia actual), la Unión Soviética y la actual Federación de Rusia.
Los que -en lenguaje apropiado- se refieren como alemanes de Rusia, en lenguaje coloquial alguna vez fueron mal llamados "rusoalemanes" o "rusos alemanes". El error surgió de una mala traducción del término alemán Russlanddeutsche (alemanes de Rusia), ya que Russland no es un adjetivo en alemán, sino un sustantivo: no significa "ruso" sino "Rusia". Y Deutsche, el único adjetivo gentilicio que contiene el término, significa "alemanes". Por lo cual la traducción correcta es alemanes de Rusia.
Los diferentes grupos de alemanes asentados en la extensa Rusia, a su vez, pueden recibir un nombre más específico de acuerdo al lugar de asentamiento.
Por ejemplo: un alemán étnico nacido en alguna de las aldeas alemanas que se hallaban circundantes a la ciudad portuaria de Odesa, en Nueva Rusia (actual Ucrania), es a la vez un alemán del mar Negro, es un alemán de Ucrania y es un alemán de Rusia (la antigua, Imperio ruso). O al revés: los alemanes de Odesa pertenecen al grupo de los alemanes del mar Negro, a los de Ucrania y a los de Rusia, y menos específicamente aún, a los del este europeo.
Nótese que alemanes de Rusia no abarca a todos los diversos grupos de alemanes étnicos que vivían en el este de Europa.
A continuación se describen algunos de los grupos de alemanes de Rusia.
En Moscú El primer asentamiento alemán en Rusia se remonta al reinado de Basilio III de Moscú en el . Un grupo de artesanos y comerciantes alemanes y holandeses se establecieron en el Cuartel Alemán de Moscú (Немецкая слобода, o Nemétskaya Slobodá), proporcionando conocimientos técnicos esenciales en la capital. Poco a poco, esta política se extendió a algunas otras grandes ciudades. En 1682 Moscú tenía alrededor de 200.000 ciudadanos, de los cuales 18.000 eran Nemtsy, lo que significa alemán o extranjero occidental.
Pedro El Grande se vio muy influido por la comunidad ubicada en el barrio alemán, y se cree que gran parte de sus esfuerzos para transformar Rusia en un Estado europeo más moderno tienen su origen en la experiencia que tuvo con los asentamientos de alemanes en Rusia. A fines del , los extranjeros ya no eran poco frecuentes en las ciudades rusas, y el barrio alemán había perdido su carácter étnico a finales de ese siglo.
Alemanes del Vístula
A través de las guerras y las particiones de Polonia, el Imperio ruso adquirió una cantidad cada vez mayor de territorio en el norte, el oeste y el centro de Polonia. El río Vístula fluye de sur a norte, desemboca en el mar Báltico cerca de Danzig (actual Gdansk), y los alemanes se asentaron en este valle fluvial a partir del mar Báltico, llegando más al sur con el tiempo. Finalmente, Prusia adquirió la mayor parte de la cuenca del Vístula, y la porción central de entonces se convirtió en la Prusia del Sur. Su existencia fue breve, de 1793 a 1806, pero muchos alemanes y holandeses fundaron allí asentamientos protestantes, principalmente de carácter agrícola. Desde la ya Silesia prusiana al sudoeste, algunos alemanes católicos entraron también en la región. El mapa Breyer de 1935 (desarrollado por Albert Breyer, historiador alemán étnico de Polonia) muestra la distribución de los asentamientos alemanes en lo que hoy es la Polonia central.
Las victorias de Napoleón en la región terminaron con la corta existencia de Prusia del Sur que, junto a otros territorios, fueron incorporados al Ducado de Varsovia. Pero en 1815 el ducado se dividió con Posen-Prusia Occidental una vez más, pasando a formar parte de Prusia. Lo que ahora es el centro de Polonia se convirtió en el Zarato de Polonia, más comúnmente conocido como Polonia rusa. Muchos alemanes permanecieron en esta región central, y también permaneció su dialecto prusiano del alemán medio, similar al dialecto de Silesia, y las religiones. No obstante, con las guerras mundiales I y II y el frente oriental a la vuelta de la esquina, al aumentar las conscripciones, se incrementaron las migraciones de alemanes del Vístula del Zarato de Polonia. Algunos germanos polonizados y sus descendientes, sin embargo, permanecen en la región. Tras la Segunda Guerra Mundial, los que todavía eran germánicos sufrieron la confiscación de todos sus bienes y fueron expulsados de sus tierras por la Unión Soviética.
Las listas de los buques de pasajeros de salida y llegada suelen mostrar a los alemanes del Vístula como de "Rusia", "Alemania", "Prusia", "Polonia" o "Austria". Esto implica que no todos los inmigrantes alemanes que recibieron los países figuran como germanos. De cualquier manera, el nombre de la aldea de origen es la clave para determinar de dónde procedía el antepasado. El sitio web ShtetlSeeker, vinculado hacia el final de este artículo, es un dispositivo útil para localizar el lugar de las aldeas. Sin embargo, debido a las variaciones de nombres en ruso, polaco, alemán, inglés, castellano y la pronunciación y ortografía, la localización de muchas aldeas y especialmente los pueblos más pequeños es un reto.
Alemanes del Báltico
La presencia alemana en el margen oriental del mar Báltico se remonta a la Edad Media, cuando los comerciantes y misioneros empezaron a llegar desde la Europa Central. Los Hermanos Livonios de la Espada alemanes conquistaron la mayor parte de lo que hoy es Estonia y Letonia (antigua Livonia) a principios del . En 1237, los Hermanos de la Espada se incorporaron a la Orden Teutónica.
En el transcurso de los próximos siglos, la Orden Teutónica se solidificó en un régimen de una nobleza de mayoría de habla alemana que gobernaba a los campesinos indígenas. Las instituciones religiosas y económicas a finales de la Livonia medieval eran controladas en su mayoría por los alemanes étnicos locales y por los nuevos inmigrantes de la Europa Central. Varias ciudades de la zona se unieron a la Liga Hanseática dominada por comerciantes de habla alemana. Esta presencia alemana no solo llevó el cristianismo a Estonia y Letonia -una de las últimas partes de Europa a la que llegó el cristianismo–, sino en última instancia también el luteranismo.
La Orden Teutónica fue perdiendo territorios durante el y desapareció prácticamente como fuerza política a mediados del . Aunque los países del Báltico pasaron a manos de la Mancomunidad de Polonia-Lituania en el sur y al imperio sueco en el norte, el estatus de privilegio de la aristocracia de habla alemana permaneció inalterado por mucho tiempo. Se estima que los alemanes del Báltico no representaban más del 6% de la población de Estonia y Letonia a fines del , pero su posición dominante en la sociedad se mantuvo prácticamente invariable.
Durante el reinado de Pedro el Grande, Rusia obtuvo de Suecia el dominio de gran parte de los países bálticos en la Gran Guerra del Norte a principios del , pero dejó que la nobleza alemana los controlara. Hasta las políticas de rusificación de la década de 1880, la comunidad alemana y sus instituciones estaban intactas y protegidas por el Imperio Ruso. La nobleza alemana del Báltico era muy influyente en el ejército del Zar ruso y en la administración.
Las reformas de Alejandro III sustituyeron muchos de los tradicionales privilegios de la nobleza alemana con los gobiernos locales elegidos y reglamentos tributarios más uniformes. Las escuelas fueron obligadas a enseñar el ruso, y la prensa nacionalista rusa comenzó a calificar a los alemanes como antipatriotas e insuficientemente rusos. Los alemanes del Báltico también fueron el blanco de los movimientos nacionalistas letón y estonio.
Cuando Estonia y Letonia se convirtieron en naciones independientes tras la Primera Guerra Mundial, se concedió un grado de autonomía a las instituciones alemanas, y las escuelas y periódicos alemanes se expandieron un poco durante ese período. No obstante, todos los privilegios tradicionales de la nobleza fueron suprimidos y la mayor parte de sus tierras agrícolas fueron redistribuidas a los agricultores locales. Por ese entonces, los alemanes étnicos no representaban más del 1,5% de la población estonia y aproximadamente el 3% de la población letona, luego de haber abandonado y partido hacia Alemania durante el caos de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. La Letonia independiente practicó una política abierta de "letonización" en la década de 1930, a partir de la cual muchos nacionalistas de la Alemania Nazi comenzaron a llamar a los alemanes de Letonia para que abandonaran esas tierras y se asentaran en Alemania.
A finales de 1939 (después del estallido de la Segunda Guerra Mundial), todo el resto de la comunidad alemana del Báltico fue repatriada por Hitler a una parte de las tierras de una antigua provincia alemana, de las que la Alemania nazi había recuperado el dominio mediante la invasión del oeste de Polonia (sobre todo en Warthegau). La base legal para esto fue acordada en el Pacto Ribbentrop-Mólotov de agosto de 1939, y la posterior transferencia de población dio luz verde a la Unión Soviética para la ocupación de Letonia y Estonia en 1940.
Solo un puñado de alemanes del Báltico permanecieron bajo la dominación soviética después de 1945, principalmente los pocos que se negaron al llamamiento de Alemania de abandonar los países bálticos.
Alemanes del Volga
Catalina II de Rusia (ella misma una alemana de Rusia, nacida en Stettin, ahora Szczecin en Polonia) hizo una proclamación abierta de inmigración para alemanes cristianos que desearan vivir en el Imperio ruso, con fecha de 22 de julio de 1763. Esto marcó el comienzo de una mayor presencia de alemanes en el Imperio. Casi inmediatamente después se fundaron varias colonias en la parte baja del río. Estas primeras colonias fueron atacadas durante el levantamiento de Pugachov, que se centró en la zona del Volga, pero sobrevivieron a la rebelión.
La inmigración alemana fue motivada en parte por la intolerancia religiosa y la guerra en la Europa Central, así como por difíciles condiciones económicas. La declaración de Catalina II liberaba a los inmigrantes alemanes de prestar el servicio militar en Rusia (impuesto para algunos nativos rusos) y de la mayoría de los impuestos en un primer momento. Se colocaba a los recién llegados fuera de la jerarquía feudal de Rusia y se les concedía una considerable autonomía interna. Por aquel entonces, emigrar a Rusia daba a la mayoría de ellos los derechos políticos que no podían ejercer en su propia tierra debido al despotismo del resto de Europa. Las minorías religiosas encontraron estos términos muy aceptables, especialmente los menonitas del valle del Vístula, región que había caído en manos de Prusia durante la Primera partición de Polonia. Su renuencia a prestar el servicio militar y su larga tradición de disentir con la corriente principal del luteranismo y el calvinismo, les hacía difícil la vida. Casi todos los menonitas de Prusia emigraron a Rusia durante el siglo siguiente, pasando desde entonces a ser conocidos como menonitas de Rusia). thumb|Aldea alemana Streckerau, 1920, hoy denominada Novokámenka, en la Oblast de Sarátov, Rusia|225x225px
Otras minorías religiosas de Alemania aprovecharon el ofrecimiento de Catalina II, en particular los cristianos evangélicos, como los bautistas, si bien la declaración de Catalina les prohibía el proselitismo entre los miembros de la iglesia ortodoxa, que tenían libertad para evangelizar a los musulmanes de Rusia y a otras minorías no cristianas.