José Manuel Rodríguez Delgado (8 de agosto de 1915 - 15 de septiembre de 2011) fue un médico, profesor e investigador español de fisiología y neurobiología, internacionalmente célebre por sus investigaciones pioneras en la estimulación eléctrica del cerebro. Sus estudios abrieron el camino a técnicas modernas como la estimulación cerebral profunda (DBS, por sus siglas en inglés), que hoy en día se utiliza en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson, la epilepsia y la depresión.

Biografía Primeros años y formación Rodríguez Delgado nació en Ronda (España) en 1915. Inicialmente tenía la intención de seguir los pasos de su padre y especializarse en oftalmología, pero la influencia del Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal lo llevó a interesarse por el estudio del cerebro.

Se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid en 1933 para estudiar medicina y fisiología. Realizó su tesis doctoral en 1936, pero poco antes del final de sus estudios estalló la Guerra civil española, durante la cual se desempeñó como médico de campo en el bando republicano bajo la tutela de Juan Negrín. Tras la victoria del bando sublevado, pasó cinco meses en un campo de concentración antes de poder validar y obtener finalmente sus títulos de doctorado en Medicina y Ciencias con la calificación académica de cum laude en el Instituto Cajal de Madrid. Entre 1942 y 1950 desarrolló sus primeras investigaciones en neurofisiología sobre la estimulación eléctrica en animales, publicando diversos artículos.

Carrera en Yale y el desarrollo del «estimociver» En 1946 recibió una beca para la Universidad de Yale, donde encontraría enormes facilidades investigativas que contrastaban con el escaso interés por la ciencia en la España de la época, lo que le llevó a permanecer vinculado a esta institución durante veintidós años. Fue invitado formalmente en 1950 por el prestigioso fisiólogo John Fulton para unirse al departamento de fisiología. Fulton era un pionero en la investigación que inspiró la aplicación de la lobotomía prefrontal, práctica médica que causaba un gran rechazo ético en Delgado debido a su naturaleza mutilante. En su lugar, el científico español defendió que la estimulación eléctrica de áreas específicas del cerebro era un método superior y menos invasivo para tratar ciertas patologías. Tras la muerte de Fulton, Delgado llegó a sucederle como director de investigación, asumiendo la cátedra de Fisiología en 1966.

En la Universidad de Yale, Delgado inventó y perfeccionó el «estimociver» (o stimoceiver en inglés) en los años 1960 del . Se trataba de un pequeño ingenio radiotransmisor con electrodos implantados en el cerebro que permitía la estimulación y el registro cerebral por control remoto en varios canales. En 1952, anticipándose a ensayos similares, Delgado inició pruebas clínicas en una institución psiquiátrica de Rhode Island empleando esta tecnología en humanos para tratar pacientes crónicos que sufrían esquizofrenia o epilepsia intratable y que no contaban con tratamientos alternativos efectivos.

Demostró empíricamente que la estimulación del cerebro, además de influir en el comportamiento autónomo, somático y motor, podía inducir manifestaciones psicológicas como la ansiedad, la agresividad, la euforia o el alivio terapéutico. Según documentó el propio Delgado en su momento: «La radioestimulación de diferentes puntos de la amígdala y el hipocampo en pacientes produjo una variedad de efectos, entre ellos sensaciones agradables, alegría, concentración profunda y reflexiva, súper relajación y otras respuestas». Delgado sostenía que los transmisores cerebrales podían permanecer en la cabeza de una persona de por vida y activarse de manera externa mediante radiofrecuencias.

Experimentos con animales y el toro de lidia Su investigación sobre la agresión y el comportamiento social lo llevó a realizar numerosos experimentos de implantes en animales. En la década de 1960 dirigió un estudio con una colonia de gibones y chimpancés libres en Hall Island, en las Bermudas, en colaboración con Clarence Ray Carpenter, donde logró modular la agresividad del macho dominante mediante estimulación remota. También realizó extensas investigaciones en felinos, provocando «falsa ira» o ataques agresivos dirigidos estimulando el hipotálamo anterior o lateral, respectivamente.

Su experimento más célebre a nivel mediático, conocido a menudo como el «toro teledirigido», tuvo lugar en el verano de 1964 en Córdoba (España), en la finca «La Alamirilla». Interesado por el toro de lidia debido a su naturaleza atlética y agresiva artificialmente seleccionada, Delgado implantó bajo anestesia finos electrodos en los cerebros de varios animales. Frente a un toro en plena embestida de unos 250 kg llamado «Lucero», Delgado se situó en el ruedo equipado únicamente con un pequeño radiotransmisor. Cuando el animal se encontraba a escasos metros de él, pulsó un botón que envió una señal eléctrica (100 Hz, 1 mA) directamente al núcleo caudado y al tálamo del animal. El toro frenó su embestida en seco y se detuvo apaciguado. El éxito de este ensayo acaparó la portada del The New York Times el 17 de mayo de 1965, y consolidó la fama mundial del científico, al tiempo que avivó un intenso debate ético y público sobre las implicaciones del "control mental".

Controversias y la Guerra Fría En 1969, Delgado publicó su libro El control físico de la mente: Hacia una sociedad psicocivilizada, en el que especulaba filosóficamente con que el control cerebral podría ayudar a eliminar las causas de la agresión y construir una sociedad menos cruel. Si bien sus intenciones partían de una filosofía de paz motivada por sus experiencias en la guerra civil y los horrores del siglo XX, su visión chocó frontalmente con el espíritu libertario de las décadas de 1960 y 1970.

Estuvo bajo el escrutinio de la opinión pública estadounidense tras revelarse escándalos vinculados al espionaje de la CIA y programas de manipulación psicológica como el Proyecto MK Ultra. Se acusó a Delgado de colaborar indirectamente con estos proyectos, especialmente por haber recibido financiación del Departamento de Marina y las Fuerzas Aéreas estadounidenses para el desarrollo de algunos laboratorios. Participó como investigador asociado en el denominado «Proyecto Pandora», que estudiaba el efecto de modulaciones electromagnéticas sobre la fisiología y el control en situaciones de estrés en el campo de batalla militar. Pese a que negó sistemáticamente su implicación directa en programas secretos para manipular disidentes políticos (subrayando que la estimulación del cerebro no podía crear intenciones o insertar ideologías complejas), la creciente oposición política en Estados Unidos hacia la «psicocirugía» precipitó el fin de sus investigaciones en Norteamérica.

Regreso a España y últimos años Frente a un clima hostil en las instituciones norteamericanas y debates regulatorios ante el Congreso estadounidense, Rodríguez Delgado encontró un nuevo horizonte en su país natal atraído por un proyecto ilusionante del prestigioso neurocirujano Sixto Obrador. Regresó a España a principios de la década de 1970 (las fuentes sitúan su retorno entre 1972 y 1974). Primero se instaló en el departamento de Fisiología de la recién inaugurada Universidad Autónoma de Madrid, ocupando la cátedra de la especialidad, y posteriormente pasó a ser el director del departamento de Investigación del recién creado Centro Ramón y Cajal. Allí atrajo a varios investigadores que constituirían parte de los cimientos de la neurociencia española moderna. Ejerció activamente como investigador, autor de más de 500 artículos científicos y mentor hasta su jubilación.

En el año 2004, Rodríguez Delgado y su esposa, Caroline Stoddard, se trasladaron nuevamente a Estados Unidos, estableciéndose en San Diego (California). Falleció el 15 de septiembre de 2011 a la edad de 96 años, rodeado de sus hijos José Carlos y Linda. Logró lo que él denominaba una «muerte feliz», en concordancia con los principios y la filosofía que guiaron su última etapa vital y su libro La felicidad (1988).

Legado y aportes científicos Aunque su figura atrajo polémica durante los años 70, la perspectiva médica moderna valora a Rodríguez Delgado como un visionario precursor de la neuroingeniería y las terapias de neuromodulación. El enfoque basado en fármacos psiquiátricos eclipsó inicialmente la estimulación eléctrica (ayudado por el éxito de compuestos como la clorpromazina). Sin embargo, décadas después de sus experimentos, el implante de electrodos para tratar a pacientes refractarios al tratamiento bioquímico (como el marcapasos cerebral y la estimulación profunda) se ha convertido en una práctica estándar neurológica. Además, sus bases sentaron preceptos conceptuales explotados en la actualidad por disciplinas emergentes de la neurociencia contemporánea como la optogenética.

Uno de sus grandes sueños científicos fue establecer una comunicación directa entre la mente y el ordenador. Sus postulados se adelantaron a su tiempo, anticipando el desarrollo actual de las interfaces cerebro-computadora que hoy permiten, por ejemplo, que pacientes parapléjicos puedan operar brazos robóticos y otros artilugios con el pensamiento.

En el ámbito filosófico, Rodríguez Delgado reflexionó profundamente sobre la condición humana y la mejora de la sociedad a través del conocimiento cerebral. En sus escritos llegó a afirmar que «la felicidad humana es un valor relativo que depende de la interpretación mental de la realidad que nos rodea. Si comprendemos los mecanismos mentales será fácil encontrar la felicidad y disminuir el sufrimiento innecesario».

Premios y reconocimientos Premio Ramón y Cajal en 1952. Nombrado Becario Guggenheim en 1963. Gold Medal Award de la Sociedad de Biología Psiquiátrica en 1974. Premio Rodríguez Pascual en 1975. Miembro de la New York Academy of Sciences. Miembro de la European Brain and Behaviour Society. Hijo predilecto de la provincia de Málaga el 19 de marzo de 1996.

Obras destacadas El control físico de la mente: Hacia una sociedad psicocivilizada (1969) La felicidad: Dónde se siente y cómo se alcanza. Cómo cultivar y alimentar la felicidad personal (1988) Mi cerebro y yo: Cómo descubrir y utilizar los secretos de la mente (1994)

En la cultura popular Su nombre y obra han sido citados por el autor Tom Wolfe en novelas como La hoguera de las vanidades y Soy Charlotte Simmons. También aparece mencionado en obras literarias del escritor británico Frederick Forsyth. El científico Michael Crichton se basó parcialmente en los ensayos de Delgado y sus colaboradores para escribir su novela de ciencia ficción clínica de 1972, El hombre terminal. El astrofísico y divulgador científico Carl Sagan se hace eco de sus investigaciones sobre el comportamiento primate en su aclamado libro Los dragones del Edén. En su ciudad natal, Ronda, se encuentra el Instituto de Educación Secundaria (IES) Doctor Rodríguez Delgado, el cual fue bautizado en su honor, al igual que una calle del municipio malagueño.

Véase también Control mental Electroencefalografía Estimulación cerebral profunda Historia de la medicina

Referencias

Enlaces externos Hijo predilecto de la provincia de Málaga Artículo dedicado a la biografía y figura de Rodríguez Delgado Breve reportaje del New York Times sobre el experimento público que hizo con un toro Breve fragmento de un reportaje televisivo dedicado a él Ciclo de conferencias de Rodríguez Delgado, en la Fundación Juan March, titulado: "Control físico de la mente y creatividad humana" (audio) IES Dr. Rodríguez Delgado Semblanza del profesor Rodríguez Delgado Biografía de Rodríguez Delgado en Proyecto Nosman Documentos en deRonda Fotografías en deRonda

Categoría:Neurólogos de España Categoría:Teóricos del control mental Categoría:Hijos predilectos de Andalucía Categoría:Científicos de la provincia de Málaga