Nejapa es un distrito del municipio de San Salvador Oeste, en el departamento de San Salvador, El Salvador. Hasta 2024 constituyó un municipio independiente; como resultado de la reestructuración municipal aprobada en 2023, pasó a formar parte, junto con Apopa, del municipio de San Salvador Oeste y forma parte del Área Metropolitana de San Salvador. Tiene una superficie de 83,36 km² y, según el censo de 2024, una población de 35 673 habitantes.

El territorio del actual distrito presenta antecedentes de ocupación prehispánica, mientras que fuentes coloniales del siglo XVI documentan el antiguo poblado de Nejapa en las cercanías del río Sucio, entre Coatepeque y Quezaltepeque. La erupción de El Playón de 1658 destruyó el antiguo asentamiento y provocó el traslado de sus habitantes; al año siguiente se estableció el nuevo poblado en las proximidades de su emplazamiento actual. La población obtuvo el título de villa el 6 de febrero de 1878 y el de ciudad el 10 de noviembre de 1959.

Nejapa es especialmente conocido por la tradición de La Recuerda o Bolas de Fuego, celebrada cada 31 de agosto en el marco de las festividades dedicadas a San Jerónimo Doctor. La manifestación fue declarada Bien Cultural por el Ministerio de Cultura de El Salvador en 2019. Existen diversas versiones de carácter histórico y religioso acerca de su origen, relacionadas con la erupción de El Playón de 1658, la erupción del volcán de San Salvador de 1917 y la tradición religiosa en torno al santo patrono.

Toponimia El nombre ‘‘Nejapa’’ es de origen náhuat. En la ortografía moderna de esta lengua, sus componentes pueden representarse como ‘‘neshti’’ («ceniza») y ‘‘apan’’ («río»), de donde resulta la forma etimológica ‘‘Neshapan’’. Por ello, el nombre se ha traducido tradicionalmente como «río de ceniza», «río de las cenizas» o expresiones equivalentes. Sin embargo, esta traducción corresponde propiamente al hidrónimo incorporado en el topónimo y no expresa por completo su estructura locativa.

En los topónimos nahuas formados en ‘‘-apan’’, el elemento ‘‘-pan’’ puede tener como complemento el nombre de un curso de agua. Siguiendo este patrón toponímico, ‘‘Neshapan’’ puede interpretarse literalmente como «en el lugar sobre el río de ceniza» o «en el lugar sobre el río de las cenizas».

Las variantes históricas del nombre están documentadas desde el siglo XVI. En su relación de 1576, Diego García de Palacio registró la forma ‘‘Nixapa’’ y señaló que junto al lugar se formaba un río. Una década más tarde, durante la visita de Alonso Ponce a la provincia en 1586, se menciona primero un «río grande llamado de Nexapa» y, tras cruzarlo y continuar aproximadamente una legua, un pueblo del mismo nombre.

La forma ‘‘Nexapa’’ continuó empleándose durante el período colonial, aunque acabó coexistiendo con la grafía moderna. En una partida matrimonial de 1753 aparecen, dentro del mismo documento, las denominaciones «San Geronymo Nexapa» y «valle de Nejapa». Asimismo, el ‘‘Mapa del Curato de San Salvador’’, elaborado con motivo de la visita pastoral de Pedro Cortés y Larraz entre 1768 y 1770, registra el pueblo como ‘‘Nexapa’’ entre los anexos de la parroquia de San Salvador.

Historia Época prehispánica y antiguo asentamiento La evidencia arqueológica documenta una ocupación prehispánica en el área del antiguo Nejapa, aunque no permite atribuir a una misma población ni a una misma identidad étnica todas sus fases de ocupación. El sitio arqueológico conocido como «La Fuente-Nejapa Viejo» se encuentra unos 5 km al noroeste de Quezaltepeque, unos 700 m al sur del río Sucio, cerca de la quebrada Chuchucato, en el actual distrito de San Matías, departamento de La Libertad. El sitio fue registrado inicialmente a finales de la década de 1970 por el Proyecto Protoclásico, dirigido por el arqueólogo Payson Sheets, con la denominación «La Fuente n.º 54-2». El análisis de los materiales arqueológicos recuperados en superficie indica una ocupación probablemente comprendida entre el Clásico Tardío y el Posclásico Temprano, aproximadamente entre los años 600 y 1200 d. C.

El arqueólogo Kevin Black caracterizó «La Fuente» como un asentamiento de carácter principalmente doméstico, con una extensión máxima aproximada de un kilómetro cuadrado. Posteriormente, Paul Amaroli registró el lugar con el nombre de «Nejapa Viejo». En el sitio se conservan terrazas que probablemente delimitaban antiguos solares y se han identificado materiales culturales tanto prehispánicos como coloniales, circunstancia que permitió relacionarlo arqueológica e históricamente con el antiguo pueblo de Nejapa.

Época colonial Las primeras referencias escritas conocidas corresponden ya al período colonial. En 1573, el oidor Diego García de Palacio mencionó en su recorrido un lugar llamado «Nixapa», situado en un paisaje marcado por terrenos volcánicos, fuentes y corrientes de agua. En 1586, el franciscano Alonso Ponce, después de pasar por Coatepeque, cruzó un río grande denominado «Nexapa» y, tras recorrer aproximadamente una legua, llegó a un pequeño pueblo del mismo nombre, que describió como habitado por pipiles; desde allí continuó hacia Quezaltepeque. Esta descripción permite situar documentalmente el antiguo pueblo entre Coatepeque y Quezaltepeque, en las proximidades del actual río Sucio.

Erupción de 1658 y traslado del pueblo En noviembre de 1658 se produjo una importante erupción volcánica en las llanuras situadas al norte del volcán de San Salvador, en el sector posteriormente conocido como El Playón. De acuerdo con la reconstrucción histórica realizada por José Heriberto Erquicia a partir de crónicas coloniales y de los documentos de tierras estudiados por el geógrafo David Browning, los centros de emisión de lava y otros materiales volcánicos se localizaron en los alrededores del antiguo Nejapa, cuyo asentamiento se encontraba próximo al cerrito de El Playón. La erupción destruyó el pueblo y sus terrenos circundantes y afectó también parte de las haciendas de Atapasco y Mapilapa.

miniatura|derecha|Fachada de la antigua capilla de la hacienda Mapilapa, en el actual caserío La Portada.

La destrucción obligó a los habitantes a abandonar el antiguo asentamiento, situado al oeste de Quezaltepeque. El traslado hasta la ubicación actual no se produjo inmediatamente, sino mediante un proceso que se prolongó durante varios meses y estuvo condicionado por la búsqueda de tierras donde reconstruir el pueblo. Una reseña histórica incorporada por la Asamblea Legislativa de El Salvador a un dictamen de 2019 señala que los desplazados se refugiaron inicialmente en Quezaltepeque en enero de 1659.

La documentación sobre los ejidos estudiada por Browning permite seguir el proceso con mayor detalle. En marzo de 1659, cuando la comunidad buscaba un lugar donde establecerse de manera permanente, sus habitantes solicitaron a la Corona una porción de terreno próxima a la hacienda Mapilapa, propiedad del español Andrés Campo. La solicitud fue denegada, según la documentación citada por Browning, debido al riesgo de que el ganado de la hacienda causara daños a los cultivos de los pobladores.

Para septiembre de 1659, los desplazados habían establecido una nueva población en el sitio denominado San Antonio, al este de Quezaltepeque y próximo al emplazamiento actual de Nejapa. La propiedad de esas tierras dio lugar a un litigio entre los pobladores, los hacendados vecinos y la comunidad de Quezaltepeque. El conflicto concluyó mediante un acuerdo que permitió reconocer jurídicamente la posesión de las tierras ocupadas por la nueva población. De acuerdo con la documentación reconstruida por Browning y Erquicia, el territorio concedido al nuevo Nejapa procedía de terrenos vinculados a las haciendas de Mapilapa y El Ángel y a Quezaltepeque.

La toma formal de posesión tuvo lugar el 16 de septiembre de 1659, fecha que posteriormente se ha considerado la refundación de Nejapa en su ubicación actual. Cerca del mojón que separaba las haciendas de Mapilapa y El Ángel se levantó una cruz como parte del establecimiento de la nueva población. Sin embargo, la delimitación de las tierras comunales no quedó completamente resuelta entonces: los litigios continuaron durante las décadas posteriores y los ejidos del pueblo no fueron formalmente concedidos hasta 1736, mientras que en 1806 fue necesario realizar correcciones a las mediciones, lo que evidencia la prolongación de los conflictos de límites surgidos a raíz del reasentamiento del siglo XVII.

Aunque la erupción de 1658 afectó parte de la hacienda Mapilapa, los restos arquitectónicos conservados actualmente en el caserío La Portada no pueden identificarse de manera segura como una iglesia destruida durante aquel episodio. La investigación arqueológica los describe como la fachada y otros vestigios de una capilla perteneciente al antiguo complejo de la hacienda. La advocación de San Jorge como patrono de Mapilapa está documentada en 1696, y una visita de 1703 registra expresamente la existencia de una ermita en la hacienda donde se impartía doctrina cristiana a sus trabajadores.

Siglo XVIII y comienzos del XIX Los registros parroquiales permiten conocer con mayor detalle la composición social del nuevo asentamiento durante el siglo XVIII. Un estudio de Carlos Loucel sobre el libro de matrimonios de San Jerónimo Nexapa correspondiente a 1752-1790 documenta la convivencia de personas registradas en las categorías coloniales de indígenas, españoles, ladinos y mulatos, así como de personas libres y esclavizadas. Entre 330 registros matrimoniales clasificados por el autor, 222 correspondían a matrimonios entre personas registradas como mulatas, 82 a indígenas, seis a ladinos y tres a españoles, además de matrimonios entre integrantes de categorías diferentes. Los registros muestran asimismo una considerable movilidad geográfica, pues numerosos contrayentes procedían de localidades como Opico, San Vicente, San Salvador, Apopa, Quezaltepeque, Suchitoto, Chalchuapa y San Miguel, entre otras.

La diversidad de la población aparece también en un despacho eclesiástico de 1754, que ordenaba al cura coadjutor administrar los sacramentos tanto a los indígenas —incluidos naborías, forasteros y tributarios— como a españoles, mestizos y mulatos que residieran en el pueblo.miniatura|izquierda|Pedro Cortés y Larraz, arzobispo de Guatemala, cuya visita pastoral de 1768-1770 documentó a Nejapa como uno de los pueblos anexos de la parroquia de San Salvador.

Durante la visita pastoral del arzobispo Pedro Cortés y Larraz, en 1770, Nejapa era uno de los pueblos anexos de la parroquia de San Salvador. Cortés y Larraz consignó 85 familias indígenas, integradas por 300 personas, y 150 familias de ladinos, con 700 personas, para un total de mil habitantes según los padrones que le fueron presentados. Asimismo, el ‘‘Mapa del Curato de San Salvador’’, elaborado con motivo de aquella visita entre 1768 y 1770, registra el pueblo como «Nexapa», lo sitúa a cuatro leguas de San Salvador y lo incluye entre los seis pueblos anexos de la parroquia.

En cuanto a la situación lingüística, los testimonios de los párrocos recogidos durante la visita de Cortés y Larraz indican que la población indígena del curato hablaba pipil y entendía el castellano. En Apopa y Nejapa, sin embargo, los informantes señalaron que el castellano se hablaba «muy bien» y que entre los niños el desplazamiento lingüístico se encontraba ya avanzado, pues muchos habían dejado de hablar e incluso de entender el «mexicano». Cortés y Larraz resumió asimismo que el idioma materno de la población de los pueblos anexos de la parroquia era el «mexicano», aunque sus habitantes hablaban y entendían el castellano.