thumb|Guardias Rojos en 1966 Los Guardias Rojos () fueron un movimiento de masas paramilitar, compuesto en su mayor parte por estudiantes universitarios y de escuelas secundarias en China, a quienes Mao Zedong movilizó entre 1966 y 1967, durante la Revolución Cultural, en contra de los elementos elitistas de la sociedad. Estos jóvenes, como la líder estudiantil Song Binbin, a menudo vestían chaquetas verdes similares a los uniformes del ejército chino en esa época, con brazaletes rojos en una de las mangas.
Este movimiento fue promovido y manipulado por Mao en una estrategia de reconquista del poder del Partido Comunista de China (PCC) de manos de autoridades «revisionistas», es decir, líderes del partido a quienes Mao no consideraba lo suficientemente revolucionarios. El movimiento en Pekín alcanzó su máxima intensidad durante el Agosto rojo de 1966, que luego se extendió a otras áreas de China continental. Para favorecer su desarrollo, Mao clausuró escuelas secundarias y universidades de 1966 a 1972. Varios millones de Guardias rojos viajaron a Pekín a reunirse con Mao en ocho manifestaciones masivas a finales de 1966. Se estima que el número total de Guardias Rojos en todo el país alcanzó, en su apogeo, los once millones.
Mao hizo uso del grupo como propaganda y como una herramienta para lograr objetivos tales como la toma del poder y la destrucción de símbolos del pasado precomunista de China, incluidos los artefactos antiguos y tumbas de figuras chinas notables. Los estudiantes se vieron a sí mismos como nuevos rebeldes revolucionarios que juraban eliminar todos los restos de la vieja cultura en China, además de purgar todos los elementos aparentemente burgueses del gobierno. El gobierno, por su parte, fue muy permisivo con los Guardias Rojos, e incluso les permitió infligir daño corporal en las personas a quienes considerasen disidentes. Los Guardias Rojos fueron los autores de terribles acciones, las cuales abarcaron desde la destrucción sistemática del patrimonio hasta la humillación pública (las llamadas «sesiones de lucha»), el encierro en «campos de reeducación» (o laogai) y, en algunos casos, la ejecución de intelectuales.
El movimiento rápidamente se salió de control y varios cientos de miles de personas murieron en el transcurso de sus persecuciones. Para comienzos de 1967, unidades de los Guardias Rojos ya derrocaban a autoridades del partido en pueblos, ciudades y provincias enteras. Pronto, facciones dentro de los Guardias Rojos empezaron a atacarse entre ellas. Los Guardias habían entrado en conflicto frecuentemente con las autoridades y amenazaban la seguridad pública, de manera que el gobierno se esforzó en ponerle riendas a los jóvenes y Mao mismo afirmó que los estudiantes de izquierda se habían vuelto demasiados radicales. Tras los excesos, los Guardias Rojos fueron perseguidos por Mao, el cual envió al exilio a muchos de ellos a zonas rurales para que aprendieran a trabajar. Para finales de 1968, el grupo como movimiento formal se había disuelto. Para la sociedad urbana china, representaron un trauma que solo comenzó a superarse después de la muerte de Mao. Así, varios ex Guardias Rojos, desencantados con la actitud de Mao, figuraron entre los primeros disidentes chinos y los más críticos a la leyenda del «Gran Timonel», como fue el caso de Wei Jingsheng o Jung Chang.
Al contrario de lo que se piensa, los Guardias nunca constituyeron una organización con liderazgo oficial, y existieron solo como una herramienta de las fuerzas fuera de los bastidores del Estado comunista. Los Guardias rojos no tuvieron armas verdaderas y aprovecharon las tácticas de desorden civil para lograr sus objetivos. No obstante, algunos escritores de la época realmente pensaron que los Guardias rojos eran un movimiento popular con atractivo para las masas. Hoy, la mayoría de los historiadores (especialmente los biógrafos de Mao Zedong Jung Chang y John Halliday) defienden la existencia de lazos entre los Guardias, la policía secreta de Kang Sheng y otros oficiales leales a la línea dura, como el Mariscal Lin Biao y Wang Hongwen.Jung Chang y John Halliday. Mao: The Unknown Story. Nueva York: Knopf, 2005. p. 627-35
Orígenes Los primeros estudiantes que se denominaron a sí mismos «Guardias rojos» fueron un grupo de la escuela secundaria adscrita a la Universidad Tsinghua, quienes usaron el nombre Guardias rojos para firmar dos dazibaos emitidos el 25 de mayo y el 2 de junio de 1966. Los estudiantes creían que la crítica de la obra de teatro La destitución de Hai Rui era una cuestión política y necesitaba mayor atención. El grupo de estudiantes, liderado originalmente por Zhang Chengzhi y Nie Yuanzi, escribió afiches como una crítica constructiva a la administración de la Universidad Tsinghua, que era acusada de albergar tendencias «burguesas» y «elitismo intelectual»; sin embargo, fueron denunciados como «contrarrevolucionarios» y «radicales» por la administración y los condiscípulos, tras lo cual fueron forzados a reunirse en secreto en las ruinas del Antiguo Palacio de Verano. A pesar de ello, Mao Zedong ordenó que el manifiesto de los Guardias rojos fuera transmitido por la radio nacional y publicado en el Diario del Pueblo, acción que les concedió legitimidad política y originó que otros grupos estudiantiles empezaran a aparecer a lo largo de China.
Debido a que el accionalismo había comenzado a surgir en el movimiento de los Guardias Rojos, a inicios de junio de 1966, Liu Shaoqi tomó la decisión de enviar equipos de trabajo del Partido Comunista de China. Estos grupos de trabajo estuvieron dirigidos por Zhang Chunqiao, director del Departamento de Propaganda del Comité Central del Partido Comunista y constituyeron el intento por parte del Partido de mantener al movimiento bajo su control; formaron organizaciones rivales de los Guardias rojos dirigidas por hijos e hijas de cuadros con la finalidad de desviar los ataques de quienes estuvieran en posiciones de poder. Además, estos grupos rebeldes, apoyados por el PCCh, también atacaron a estudiantes con antecedentes de haber pertenecido a una 'mala' clase social, lo que incluyó a los hijos de ex terratenientes y capitalistas. Estas acciones tuvieron como finalidad preservar el gobierno y el aparato estatal existente.
Mao, preocupado porque estos grupos de trabajo estuvieran estorbando el curso de la Revolución cultural, despachó a Chen Boda, Jiang Qing, Kang Sheng y otros para unirse a los Guardias Rojos y combatir a los equipos de trabajo. En julio de 1966, Mao ordenó la retirada de los equipos de trabajos restantes (contra los deseos de Liu Shaoqi) y condenó sus "cincuenta días de Terror Blanco". Desde entonces, los Guardias Rojos fueron libres de organizarse sin las restricciones del Partido y, en unas pocas semanas, con el apoyo de los seguidores de Mao, los Guardias Rojos habían aparecido en casi todas las escuelas de China.
Rol en la Revolución Cultural
Agosto rojo y terror rojo
miniaturadeimagen|Guardias rojos en la Plaza de Tiananmen (Febrero de 1967) El 18 de agosto de 1966 ("Agosto rojo"), Mao reunió formalmente a un millón de Guardias rojos en un mitin en la Plaza de Tian'anmen, donde les entregó un brazalete especial para demostrar su apoyo al movimiento y a sus objetivos. Esta reunión significó el inicio de la participación de los guardias rojos en la implementación de los objetivos de la Revolución Cultural. Un gran número de miembros de las "Cinco Categorías Negras" fueron perseguidos e incluso asesinados.
Destruye los «cuatro viejos»
El XI Pleno del Partido, reunido en agosto de 1966, había ratificado los "Dieciséis Artículos", un documento que determinaba los objetivos de la Revolución Cultural y destacaba el rol que se demandaría desempeñaran los estudiantes en el movimiento. Tras la reunión de agosto, el Grupo de la Revolución Cultural encauzó a los Guardias rojos para que atacaran a los "Cuatro Antiguos" de la sociedad china (costumbres antiguas, cultura antigua, hábitos antiguos e ideas antiguas). Durante el resto del año, los Guardias rojos marcharon a lo largo de China en una campaña para erradicar los "Cuatro Viejos".
En este proceso, destruyeron libros y arte antiguo, saquearon museos, renombraron calles con nuevos nombres revolucionarios y adornaron estas con imágenes y frases de Mao. Muchos templos famosos, santuarios y otros sitios históricos fueron atacados y, en total, se destruyeron 4.922 de los 6.843 sitios existentes. No obstante, los ataques a la cultura descendieron rápidamente a cambio de un incremento de ataques sobre personas. Ignorando los lineamientos de los "Dieciséis Artículos" que estipulaban que debían usar más la persuasión que la fuerza para producir la Revolución Cultural, se denunció a oficiales en posiciones de autoridad y "elementos burgueses", quienes sufrieron ataques físicos y psicológicos. Los intelectuales debieron soportar la peor parte de estos ataques. Un informe oficial de octubre de 1966 detalló que los Guardias rojos ya habían arrestado a 22.000 contrarrevolucionarios.
thumb|300px|Citas de Mao escritas por los Guardias rojos en un muro de Zhuji, en la provincia de Zhejiang.También se asignó a los Guardias rojos la extirpación de todo aquel que tuviera tendencias capitalistas (con supuestas posiciones de derecha) en posiciones de autoridad. Esta pesquisa debía extenderse hasta el escalafón más alto del Partido Comunista, siendo atacados muchos oficiales de alto rango del Partido, tales como Liu Shaoqi, Deng Xiaoping y Peng Dehuai, tanto verbal como físicamente. Sin embargo, los Guardias Rojos no realizaron sus actividades sin ser cuestionados. Así, cuando ingresaron a fábricas y otros sectores de producción, encontraron resistencia en forma de grupos de trabajadores y campesinos que estaban dispuestos a mantener el statu quo. Además, hubo amargas divisiones al interior del propio movimiento de Guardias rojos, especialmente con las líneas sociales y políticas. A menudo, los estudiantes más radicales se encontraron a sí mismos en conflicto con los Guardias rojos más conservadores.
Enfrentamientos con el Ejército Popular de Liberación La diligencia en Pekín también intentó simultáneamente contener y estimular al movimiento de Guardias rojos, con lo que se agregó confusión a la ya caótica situación. De una parte, el Grupo de la Revolución Cultural reiteró sus llamados a la no violencia; pero, de otra parte, se ordenó al Ejército Popular de Liberación apoyar a los Guardias rojos con el transporte y el alojamiento y hubo ocho mítines en la Plaza de Tian'anmen entre el 18 de agosto y el 26 de noviembre de 1966 (en total, 12 millones de Guardias rojos viajaron a ver a Mao en estos mítines). No obstante, para fines de 1966, la mayor parte del Grupo de la Revolución Cultural opinaba que los Guardias rojos se habían convertido en una desventaja política. La campaña contra aquellos "de línea capitalista" llevó a la anarquía, las acciones de los Guardias rojos llevaron al conservadurismo entre los trabajadores chinos y la falta de disciplina y el faccionalismo del movimiento convirtieron a los Guardias rojos en elementos políticamente peligrosos. Por ello, en 1967, se tomó la decisión de desaparecer el movimiento estudiantil.
El fin del movimiento