thumb|400px|Países con mayoría musulmana. thumb|264px|Bandera de la yihad. El panislamismo (en árabe: وحدة إسلامية) es una doctrina política surgida en el último tercio del , que propugnaba la unión de todos los países musulmanes en un solo Estado, liderado por un califa, inicialmente identificado con el sultán otomano de Estambul. Su principal impulsor, Jamāl al-Dīn al-Afghānī, abrió el debate sobre las causas de la debilidad y el atraso del mundo islámico, que atribuyó al anquilosamiento del pensamiento y a la subordinación frente a la creciente influencia europea, cuestiones que han marcado la reflexión islámica hasta la actualidad.

Panislamistas y pensadores liberales coincidían en diagnosticar una decadencia del mundo islámico y en la necesidad de una renovación espiritual; sin embargo, diferían en los medios para alcanzarla. Mientras que los liberales sostenían que el islam debía asimilar en su esencia las ideas procedentes de Occidente, los panislamistas afirmaban que el islam originario contenía en sí mismo los principios necesarios para su regeneración y defendían que el mundo musulmán debía adoptar únicamente los métodos y los avances materiales occidentales, sin alterar sus fundamentos religiosos.

El panislamismo, entendido como un movimiento consciente y sistemático, comenzó a configurarse a mediados del a partir de dos corrientes principales. Por un lado, el movimiento senusí y, por otro, la labor intelectual y política de un grupo de pensadores encabezado por Jamāl al-Dīn al-Afghānī. El movimiento senusí se articuló en torno a cofradías organizadas en logias (zauias), dirigidas por un jefe denominado muqaddam. Estas cofradías fueron fundadas por Sidi Muhammad ibn Ali as-Senussi, nacido en Argelia y considerado descendiente del profeta Mahoma, y posteriormente dirigidas por su hijo, Muhammad as-Senussi al-Mahdi. Su objetivo inicial fue la unificación del África musulmana y, en una etapa posterior, la del conjunto del mundo islámico mediante la restauración del imanato. Este ideal se inspiraba en el islam de sus orígenes y aspiraba a constituir una gran teocracia que integrara a todos los creyentes.

Por su parte, Jamāl al-Dīn al-Afghānī desempeñó un papel central en la formulación ideológica del panislamismo moderno. Llegó a dirigir la oficina de propaganda islámica del sultán otomano Abdülhamid II, promoviendo la idea de la unidad política y religiosa del mundo musulmán frente a las potencias europeas. Sin embargo, la Revolución de los Jóvenes Turcos de 1908 interrumpió este impulso. Posteriormente, el estallido de la Revolución Constitucional persa pareció reactivar algunas de estas ideas, aunque el movimiento terminó siendo reprimido en 1912 por la intervención de Rusia y Gran Bretaña.

El 11 de noviembre de 1914, el Gobierno otomano proclamó la yihad contra Rusia, Gran Bretaña y Francia, exhortando a los musulmanes que residían en territorios bajo el dominio de estas potencias a no servir en sus fuerzas armadas y a oponerse a su autoridad. La proclamación acusaba a dichos Estados de someter y explotar a millones de musulmanes, especialmente en la India y en África Central, y presentaba la yihad como un mandato emanado del califa, enfatizando la unidad del islam como uno de sus principios fundamentales. No obstante, esta iniciativa tuvo un alcance limitado. Entre las principales causas de su escaso éxito se encuentran la ausencia de una organización panislámica estructurada capaz de canalizar la movilización y las medidas adoptadas por las potencias de la Entente para impedir o restringir la difusión del llamamiento en territorios con población musulmana, así como la desconfianza de amplios sectores del mundo islámico hacia el Imperio otomano.

El panislamismo desarrolló asimismo un programa de carácter económico, centrado en la defensa de los recursos y la riqueza del mundo islámico. Este programa puede resumirse en la idea de que la riqueza del islam debía beneficiar prioritariamente a los musulmanes, al igual que los beneficios derivados del comercio y la industria. Entre sus objetivos figuraban la sustitución del capital occidental por capital musulmán y la reducción de la influencia europea sobre los recursos naturales de los territorios islámicos, considerados sometidos a un sistema que desviaba sus riquezas hacia intereses extranjeros.

Se cree que la expresión «unidad de los musulmanes» fue empleada por primera vez en 1872 por el escritor y activista político de los Jóvenes Otomanos Namık Kemal.

Las primeras menciones al término panislamismo en Europa Occidental datan de 1877 y 1878, cuando Franz von Werner y Arminius Vambery lo utilizaron en una carta publicada en el Daily Telegraph de Londres. Su uso se generalizó en la década de 1880 gracias a Gabriel Charmes, quien viajó por el Imperio otomano y escribió varios artículos sobre la región en la revista parisina Revue des deux Mondes, incluyendo dos titulados La situación en Turquía.

En estos textos, centrados en la política del califato y sus consecuencias, Charmes describía los esfuerzos del Imperio otomano por movilizar la opinión musulmana en distintos territorios frente a la ocupación europea de Túnez. Para referirse a esta acción de solidaridad islámica contra las potencias europeas, empleó el término panislamismo, consolidando así su uso en el debate europeo sobre el mundo islámico.

Etimología El término «panislamismo» se forma a partir de «pan», un prefijo de origen griego que significa «todo», «cada» o «totalidad», e «islamismo», que combina «islam» con el sufijo «-ismo», el cual denota una doctrina, sistema, práctica, ideología o movimiento relacionado con una idea o fenómeno.

A diferencia del panarabismo, que busca la unidad y la independencia de los pueblos árabes independientemente de la religión, el panislamismo aboga por la unidad y la independencia de los musulmanes sin hacer distinciones étnicas.

Historia

Orígenes del panislamismo A finales del , casi la totalidad del mundo islámico había quedado bajo dominio europeo. Este proceso de expansión colonial coincidió con el declive político y militar del Imperio otomano. La combinación de dominación extranjera, crisis imperial y debilitamiento institucional favoreció la emergencia de nuevas corrientes intelectuales que buscaban explicar las causas de la decadencia musulmana y proponer vías de regeneración.

En este contexto surgió el panislamismo, articulado a partir de una idea central de la tradición islámica: la pertenencia de todos los musulmanes a una misma umma, una comunidad que trasciende las divisiones étnicas, lingüísticas, culturales, geográficas y políticas. Esta noción moderna de unidad musulmana se consolidó como respuesta a la subyugación colonial y promovió la creación de una identidad supranacional frente a la hegemonía europea.

Jamāl al-Dīn al-Afghānī es considerado una de las figuras más influyentes del pensamiento islámico moderno y el fundador del salafismo. Promovió la unidad entre los musulmanes para resistir la ocupación colonial y defendió la modernización de las sociedades musulmanas dentro de un marco islámico. Conviene, no obstante, distinguir el salafismo de finales del , representado por pensadores como Muḥammad ‘Abduh, Rashīd Riḍā y al-Afghānī, de los movimientos salafistas contemporáneos: los primeros buscaban un islam compatible con el progreso social y el diálogo con Occidente, orientado a transformar las sociedades musulmanas hacia la modernización.

En sus primeros años, al-Afghānī defendió la reforma interna de los Estados musulmanes bajo el liderazgo de sus propios gobernantes como medio para frenar la expansión europea. A partir de la década de 1870, su activismo adquirió un marcado carácter panislámico: sostenía que la debilidad de los Estados musulmanes solo podía superarse mediante la formación de un bloque de Estados semiautónomos que reconocieran la autoridad suprema del califa otomano. En este planteamiento, al-Afghānī buscó combinar nacionalismo y panislamismo, sin percibir contradicción entre ambos.

En un contexto marcado por la intensificación de la colonización europea y el despertar de movimientos de independencia en distintas regiones del mundo árabe, nació al-‘Urwa al-wuthqā, revista fundada por Muḥammad ‘Abduh y Jamāl al-Dīn al-Afghānī en 1884 en París. La revista perseguía varios fines: reproducir los principios del islam como ideología religiosa y reformar su interpretación, promover el estudio del Corán para obtener un conocimiento puro, luchar contra la corrupción y la ocupación extranjera, y fomentar el ijtihād, sistema de interpretación de las fuentes del derecho islámico destinado a establecer jurisprudencia que permita aplicar la sharía, regresando a las fuentes originales para revitalizar el islam.

El nombre de la revista, al-‘Urwa al-wuthqā, proviene del Corán (2:256; 31:22) y se traduce como El lazo indisoluble. En sus 129 artículos, se buscaba establecer las bases del panislamismo, entendiendo el islam como un vínculo que uniera a todos los musulmanes y los movilizara para luchar por su libertad. La ideología de la revista se sustentaba en dos conceptos fundamentales: la reforma (al-iṣlāḥ) y el panislamismo. Mientras al-iṣlāḥ buscaba reconducir el islam a su carácter original y elevar la Revelación por encima de cualquier relato histórico, el panislamismo institucionalizaba esta idea y promovía la unidad de la umma frente a cualquier factor étnico, lingüístico, cultural o geográfico.

Al-‘Urwa al-wuthqā representó un reformismo panislámico: solo mediante la renovación religiosa y la unión de los creyentes se podía enfrentar al poder colonial y alcanzar una civilización próspera. La revista exaltaba la religión y sus logros, e instaba a una comunidad unida e inquebrantable capaz de enfrentar los peligros que la amenazaban. Además de ser precursora del panislamismo, la publicación sentó las bases para la construcción de un Estado islámico moderno y constituyó un referente para los movimientos de reforma que surgirían posteriormente. Su influencia fue notable en el nacionalismo emergente egipcio y en el movimiento de la Nahḍa, a pesar de que solo se publicaron alrededor de quince números en ocho meses.

Bajo la influencia de al-Afghānī, los nacionalistas egipcios, con Muḥammad ‘Abduh a la cabeza, junto a Abd Allah Nadīm y Saad Zaghlūl, combinaron las ideas de al-Afghānī con la lucha contra el colonialismo británico, creando periódicos que fueron fundamentales para sus reivindicaciones. En 1907, El Cairo acogió el Congreso Mundial Islámico, auspiciado por el reformista tártaro Ismail Gasprinsky. Por el contrario, las doctrinas de al-Afghānī, caracterizadas por un rechazo absoluto a cualquier acuerdo con Gran Bretaña, chocaron con el ideario reformista de Syed Ahmad Khan en la India y despertaron desconfianza en las autoridades persas, que consideraban al panislamismo una amenaza para la singularidad chií del régimen del sah.

Cuando el sultán Abdülhamid II asumió el trono en 1876 y promovió una política panislámica basada en su condición de califa, al-Afghānī expresó su apoyo. No obstante, nunca fue plenamente integrado en el proyecto imperial debido a la desconfianza del sultán. El intento de elaborar una ideología panislámica supra sectaria quedó limitado a círculos intelectuales reducidos y no produjo resultados políticos significativos. Las relaciones entre ambos se deterioraron y al-Afghānī murió en Estambul en 1897.

Panislamismo como política imperial otomana (–principios del ) Durante el reinado de Abdülhamid II, el sultán promovió la defensa del califato, subrayando el prestigio de la institución y la necesidad de afirmar su autoridad espiritual incluso sobre pueblos musulmanes que no estaban bajo control directo del Imperio otomano. Para respaldar esta ideología neotradicional y fomentar un auténtico “retorno de lo religioso”, Abdülhamid contó con la participación de cofradías musulmanas, como la Qadiriya, a la que él mismo pertenecía.