La Hermandad de la Soledad es una cofradía católica de la localidad de Benacazón, provincia de Sevilla, Andalucía, España. Su nombre completo es Real, Ilustre, Antigua, Fervorosa y Venerable Hermandad Franciscana y Cofradía de Nazarenos de la Gloriosa Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y Pureza de María, Sagrado Descendimiento, Santo Entierro de Cristo y María Santísima de la Soledad.

La fundación de la Hermandad tiene lugar en la Iglesia Parroquial de Santa María de las Nieves de Benacazón (Sevilla), el 13 de abril de 1584, según consta en un traslado de 1871 de las primitivas Reglas del . En el construye la actual Capilla en una parte de lo que fue el Hospital de San Sebastián, y que venía siendo usado como almacén de los enseres desde la fundación de la Hermandad, pues el hospital había dejado de tener uso desde la reducción de los mismos decretada por Felipe II en 1582.

Su principal culto externo es la estación de penitencia, que realiza desde su fundación en la tarde-noche del Viernes Santo con dos pasos: el Santísimo Cristo Yacente en una urna, y María Santísima de la Soledad bajo palio. Posteriormente, el Domingo de Resurrección organiza la procesión con sus otros dos titulares: el Niño de Dios Resucitado y la Pureza de María.

Historia

Siglos XVI-XVII La Hermandad de la Soledad de Benacazón se funda el 13 de abril de 1584Archivo de la Hermandad de la Soledad de Benacazón. Libro de Reglas de la Hermandad de la Soledad (1871) según consta en las Reglas que conserva la corporación de 1871 escritas por D. Antonio González Escandón, afirmando que son unas copias literales de las primeras, que actualmente se encuentran en paradero desconocido. Al pie de estas figuran las firmas del licenciado D. Íñigo de Luciniana y de D. Miguel Pérez, notario y secretario. Estas reglas guardan ciertas similitudes con las redactadas entre 1555 y 1557 por la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo de Sevilla, por lo que podemos presuponer que la nueva hermandad benacazonera bebió del estilo de la sevillana para dar forma a sus reglas. De hecho, la Hermandad de la Soledad de Benacazón conserva las características típicas de las hermandades soleanas o soleaeras, heredadas de la Soledad de San Lorenzo: una procesión el Viernes Santo con un Cristo Yacente, con el cual también se celebraba la ceremonia del Descendimiento, y una Virgen dolorosa, y la celebración de la procesión de la Resurrección con un Cristo Resucitado y una Virgen de alegría. Con algunos matices que aclararemos después, todos estos detalles se conservan y se siguen celebrando en la actualidad.

Para cuando la Hermandad de la Soledad de Benacazón se funda en 1584, contando para ello con la aprobación eclesiástica, ya estaría en el pueblo la imagen del Santísimo Cristo Yacente. Esta imagen es una talla de madera de pino fechada a finales del o a principios del , aunque se desconoce su autoría. De marcados rasgos renacentistas, como el perfecto estudio de la anatomía y el tallado de la barba, se trata de una imagen articulada en sus extremidades superiores, y se relaciona con la escuela castellana de imaginería. El hecho de su articulación nos hace pensar, casi con total seguridad, que se trata de una tipología muy concreta de imaginería cristífera: los cristos del Descendimiento es decir, imágenes del Señor realizadas para efectuar con ellas la ceremonia del Descendimiento el Viernes Santo. Posiblemente, la imagen del Santísimo Cristo Yacente llegaría a Benacazón a través de los Portocarrero, señores de la villa y de ascendencia toledana, como regalo a uno de los descendientes del linaje. Y aunque, como se ha dicho, se desconoce su autoría, últimamente se le viene relacionando con el escultor toledano Cristóbal de Olarte por el parecido físico con algunas de las obras de este artista tan desconocido, como el Quo Vadis de la Catedral de Toledo. Además, debido a la conservación de algunos de sus enseres, podemos llegar a imaginar la iconografía de la imagen, la cual portaba una peluca de pelo natural y un maravilloso sudario realizado con la técnica del planchado en espiga con incrustaciones de carey. Ambos enseres, como se ha dicho, se conservan en las dependencias de la Hermandad.

Por estas fechas existía en Benacazón un hospital dedicado al mártir San Sebastián que, una vez que Felipe II suprime todas las instituciones de este tipo a finales del , queda sin uso, por lo que las tres hermandades existentes en la villa por aquellas fechas (la Soledad, la Vera-Cruz y la Sacramental) lo utilizan indistintamente para guardar sus imágenes, enseres y celebrar sus reuniones. En un documento conservado en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla (A.G.A.S), fechado el 18 de febrero de 1723, el por entonces párroco D. Juan Ramírez Méndez afirma que estas tres hermandades solamente son usufructuarias del edificio, y que “ni a esta de la Soledad se le embaraza el uso que ya ha tenido de la dicha Capilla”, pero que la advocación del mismo “y título ha sido siempre de San Sebastián”.Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Justicia o Provisorato, Pleitos Ordinarios, Hermandades y Cofradías, Caja 9968 El uso por parte de las hermandades del edificio del hospital se vendría realizando, aproximadamente, desde finales del , y así lo indica el documento, que reza textualmente que “los cofrades de dichas cofradías solo tienen el uso de haber colocado allí sus imágenes de algunos años a esta parte”, por lo que se presupone que en el momento de su fundación, la Hermandad de la Soledad residiría en la Iglesia Parroquial.

En estos momentos iniciales la Hermandad procesionaría el Viernes Santo después de celebrar el sermón de las cuarenta horas y de haber efectuado la ceremonia del Descendimiento con la imagen del Santísimo Cristo Yacente. Esta procesión la compondrían el citado paso (que en esta época no sería más que unas sencillas andas) del Santo Entierro y otro con la Virgen de la Soledad. La imagen que en estos momentos representaría esta advocación se encuentra en paradero desconocido y no se tiene dato alguno sobre ella, pues la imagen actual es del , como veremos. Suponiendo que la procesión se iniciara desde el hospital, la imagen del Cristo Yacente quedaría resguardada en la Iglesia Parroquial, mientras que la Virgen volvería a dicho edificio, y allí amanecería la mañana del Domingo de Resurrección de forma gloriosa como Virgen de alegría, desconociéndose si la Hermandad disponía de dos imágenes marianas o de dos mascarillas para el rostro de la misma imagen. Se trasladaría a la Iglesia Parroquial donde se efectuaría el encuentro con el Cristo Resucitado, el cual habría sido trasladado de forma privada hasta allí. Y esta ceremonia, con algunos matices distintos, se sigue celebrando en la actualidad, como explicaremos a continuación.

Adentrándonos en el , la centuria del seiscientos, tremendamente convulsa en todo el país, transcurre de forma tranquila en Benacazón, y resultado de ello es la poca documentación hallada sobre este período en el AGAS acerca de las hermandades benacazoneras. De vez en cuando aparece algún expediente en el que algunos vecinos solicitaban unirse como hermanos a la Hermandad de la Soledad y, por habérseles denegado por diversas razones, emprendían pleitos ante la autoridad eclesiástica. De estos expedientes se puede sacar, no obstante, alguna información de relevancia, especialmente porque se citaban continuamente artículos de las reglas vigentes en esos momentos que nos dibujan, aun someramente, el panorama de la Hermandad en esta centuria. Por ejemplo, sabemos que la Hermandad celebraba un cabildo el Domingo de Ramos para tratar todo lo relacionado con la estación de penitencia del Viernes Santo, y en el que los hermanos colaboraban con donativos para la cera, las flores e incluso la música que acompañaba a la Virgen. Además, sabemos que la Función en honor de la Virgen de la Soledad se celebraba el 15 de agosto, día de la Asunción de la Santísima Virgen María a los cielos, al mismo tiempo que se celebraba otro de los cabildos más importantes de la Hermandad, en el cual se elegía al hermano mayor por un período de un año.

El supone una centuria de importantísimos cambios en la Hermandad de la Soledad, conformando, junto al , uno de los momentos clave de la historia soleaera de Benacazón. En 1701 se añade un capítulo a las Reglas primitivas de 1584, acordado por los oficiales de la Hermandad y rubricado por el licenciado Plata, siendo todo aprobado por el Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. D. Jaime de Palafox y Cardona, arzobispo de Sevilla. Por otra parte, en el primer tercio del siglo, la Hermandad emprendió la renovación de sus imágenes procesionales, concretamente la de la Virgen. Por ello, y aunque todo esto no deja de pertenecer al terreno de la hipótesis, la Hermandad encargaría al imaginero sevillano D. Pedro Duque Cornejo, nieto de Pedro Roldán y sobrino de La Roldana, la hechura de la actual imagen de María Santísima de la Soledad, realizada en madera de pino y donde destaca especialmente la elegancia en los rasgos de su cara y en la poderosa realización de las manos, que guarda un enorme parecido estético con otras imágenes documentadas del artista, como la Gran Madre de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús del barrio de San Lorenzo de Sevilla, fechada en 1721. El historiador Julio Adame Ortiz, en un artículo publicado en el número 70 del Boletín de la Hermandad, fechaba la imagen en un arco temporal comprendido entre 1733 y 1740, debido a que por esas fechas Duque Cornejo se hallaba trabajando en la realización de las trazas del retablo mayor de la Parroquia del vecino pueblo de Umbrete, que finalmente fue ejecutado por Felipe Fernández del Castillo.

En esta primera mitad del la Hermandad se establecería definitivamente en su actual Capilla, construida en parte del lugar donde se encontraba el antiguo hospital de San Sebastián de la villa de Benacazón, con salida tanto a la calle Real como a la Plaza de la Constitución. Un edificio, el del hospital, que fue reformado para estos menesteres debido al mal estado de conservación en el que se hallaba. El eminente historiador aljarafeño, D. Antonio Herrera García, en su libro Historia de la villa de Benacazón y noticia de los antiguos lugares de Castilleja de Talara, Gelo de Cabildo y la Torre de Guadiamar, informa de que por estos años la Hermandad de la Soledad obtenía unas rentas de unos 200 reales, procedentes de las limosnas de los hermanos, que no le permitían una situación económica extremadamente boyante. Sin embargo, esto no impidió, como estamos viendo, ni la adquisición de la nueva imagen titular, ni las obras para construir la Capilla. De este siglo conserva la Hermandad una pieza de orfebrería valiosísima: un nimbo o diadema en plata de ley para el Santísimo Cristo Yacente que la Hermandad ha recuperado recientemente, así como una corona de espinas y un puñal para la Santísima Virgen. Igualmente, el canasto de la corona de salida de la Virgen de la Soledad es de esta época, realizado en plata de ley.